Milagros de la lentitud

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Detenerse

Esta es una palabra buena que es mal vista.
Detenerse es visto hoy como pereza, procrastinación, vagancia, conformismo.
Sin embargo, la detenerse es un mandamiento Bíblico:
Salmo 46:10 NBLA
10 Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios; Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.
¿Han notado cuánto nos cuesta detenernos? Hemos aprendido a acelerar, hemos aprendido a ir más rápido, a buscar mejores actualizaciones, mejores rutas y autos más veloces.
Optimizar el tiempo es contenido obligatorio en los cursos de gestión del tiempo, pero el descanso no.
Jesús solo tenía tres años para iniciar un movimiento que durará más de dos mil años y con el que cambiara el mundo y nunca estuvo acelerado.
Más bien Jesús parece no ser provocado ni por la muerte de un amigo, supo que Lázaro estaba enfermo y se quedó dos días más.
Como no sabemos detenernos, hemos dejado de ver a Dios.
Los milagros están en la lentitud, yendo más lento, no acelerándonos para ver más actos de Dios.
Dios está presente, pero vamos tan rápido que podríamos no ver dónde está.
La prisa nos impide ver la obra de Dios porque la obra de Dios suele ser invisible, ordiaria y progresiva.

Dios no es populista

Dios nos demuestra, a través de su palabra, que él se mueve en lo imperceptible de la vida.
La Biblia no es la historia del hombre donde Dios interviene, es la historia de Dios utilizando al ser humano.
Solemos no entender el plan de Dios y muchas veces ni siquiera lo conocemos, pero Dios actúa de las formas en las que no nos gustan.
Un estudiante tenía como tarea ir a traer agua con dos baldes, ponía un trozo de madera en sus hombros y ponía los baldes en los extremos. Otros estudiantes también lo hacían pero en menos viajes transportaban más agua. Entonces se dio cuenta que uno de sus baldes tenía agujeros y por eso llegaba prácticamente vacío. Fue donde su maestro a quejarse y la respuesta fue que debía aceptar lo que se le dio y cumplir con su misión sin compararse. Lo hizo a regañadientes y al paso de los meses, cuando ya no soportaba las burlas y su propia crítica fue a renunciar a su tarea y el maestro lo guió por el camino que siempre recorría, entonces lo entendió todo: de un lado, por donde pasaba el balde lleno de agua, el camino estaba seco y polvoriento; del lado donde el balde roto pasaba estaba todo floreado y colorido. El maestro le dijo: tu misión no solo era traer agua, era regar el camino.
Gota a gota, es así como Dios trabaja. Usa lo que no esperas, lo que tú dejas pasar es la gota con la que produce flores.
Cuando lees la Biblia te das cuenta que Dios pobló el mundo usando a dos, liberó a un pueblo de la esclavitud utilizando a un hombre desarmado y tartamudo, cambió al mundo usando a doce, evangelizó Asia utilizando a un misionero y te ha elegido para cumplir una misión.
Dios se caracteriza por hacer más con menos.
1 Corintios 1:25–29 NVI
25 Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana. 26 Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. 27 Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. 28 También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, 29 a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse.
Bajo esta perspectiva, el que estés aquí hoy es un milagro de Dios que, si te detienes lo suficiente, podrás notarlo.

La gratitud nos desacelera: Diez leprosos

¿Cómo detonamos la desaceleración para ver los milagros?
Lucas 17:11–19 NBLA
11 Aconteció que mientras Jesús iba camino a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea, 12 y al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia, 13 y gritaron: «¡Jesús, Maestro! ¡Ten misericordia de nosotros!» 14 Cuando Él los vio, les dijo: «Vayan y muéstrense a los sacerdotes». Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. 15 Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz. 16 Cayó sobre su rostro a los pies de Jesús, y le dio gracias; y este era samaritano. 17 Jesús le preguntó: «¿No fueron diez los que quedaron limpios? Y los otros nueve, ¿dónde están? 18 »¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?». 19 Entonces le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha sanado».
El problema fue que solo uno se percató y fue capaz de cambiar el rumbo.
La velocidad dificulta cambiar el rumbo. Si intentas girar en U a 120 km/h te vas a estrellar, pero si desaceleras puedes girar.

El ritmo de la gracia

La gracia no va al ritmo humano, el ritmo humano está acelerado, es desproporcionado y solo genera ruido.
El ritmo de la gracia es el ritmo de la presencia de Dios en la vida, nos enseña a detenernos y contemplar su obra.
La velocidad nos ha robado la capacidad de asombrarnos, de detenernos y contemplar.
La velocidad es enemiga de los milagros, no porque los impide, sino porque nos hace pasar desapercibidos.
Vivimos tan ocupados persiguiendo el proóximo objetivo que dejamos de percibir la presencia de Dios en el presente.
Necesitamos bajar el ritmo humano y aprender el ritmo de la gracia.
Salmo 46:10 NBLA
10 Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios; Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.
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