Contra toda esperanza
Tiempo después de Pentecostés • Sermon • Submitted • Presented
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Transcript
13 En efecto, no fue mediante la Ley como Abraham y su descendencia recibieron la promesa de que él sería heredero del mundo, sino mediante la fe, la cual se le tomó en cuenta como justicia. 14 Porque, si los que viven por la Ley fueran los herederos, entonces la fe no tendría ya ningún valor y la promesa no serviría de nada. 15 La Ley, en efecto, trae castigo. Pero donde no hay Ley, tampoco hay transgresión. 16 Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham; esta promesa no es solo para los que son de la Ley, sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común 17 delante de Dios, tal como está escrito: «Te he confirmado como padre de muchas naciones». Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran. 18 Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: «¡Así de numerosa será tu descendencia!». 19 Su fe no se debilitó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. 20 Ante la promesa de Dios no dudó como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. 22 Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia. 23 Y esto de que «se le tomó en cuenta» no se escribió solo para Abraham, 24 sino también para nosotros. Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. 25 Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.
Introducción
Introducción
La carta a los Romanos es la más extensa de las cartas de Pablo, se considera, además, un tratado teológico que argumenta la justificación por la fe y la unidad del pueblo de Dios.
No se sabe exactamente quien fundó la iglesia de Roma, pudo haber sido una iglesia fundada por personas que vivieron la experiencia de Pentecostés y que se movieron por todo el mundo, se podría ver como parte del cumplimiento de Hechos 1:8; ser testigos desde Jerusalén hasta lo último de la tierra.
Uno de los problemas que enfrentó la iglesia de los primeros siglos tenía que ver con el pensamiento supremacista de los judíos conversos sobre los gentiles conversos. El judío pensaba que para llegar al perfecto conocimiento de Cristo se debía adoptar la ley judía.
Pablo escribe a los romanos aclarando algunos aspectos usando las categorías de ley, pecado y juicio por un lado, y de justificación, gracia y fe por el otro. La carta está escrita a los amados de Dios llamados a ser santos (1:7), esto es a los que Dios justificó.
Los tres primeros capítulos traen a la mente del lector al Dios que se revela en la creación, al ser humano que se ha rebelado contra Dios y a un Dios que mantiene su pacto mediante la justificación por la fe. Nos pone de frente la gracia que esta por encima de la ley, una gracia que explicará más adelante como sobreabundante (Rom 5:20).
Ahora bien para comprender las categorías de Justificación, gracia y fe, Pablo pone el ejemplo de Abraham, dos veces refiere Pablo que la promesa de Dios es también para nosotros (vv 16,24).
En ese orden de ideas, la justificación, la gracia y la fe se constituyen como una promesa para nosotros. No obstante, es un tema que necesitamos mirar desde la realidad de nuestro contexto pues tenemos la seguridad de la ganancia espiritual de la salvación.
¿Qué significa para nosotros tener fe, saber que somos justificados, es decir que hemos sido aceptados y recibidos por Dios?
1. Significa que somos llamados por Dios y para Dios
1. Significa que somos llamados por Dios y para Dios
Pablo trae el ejemplo de la fe de Abraham para recordarnos que somos llamados por Dios y para Dios. Un llamado que es mediante la fe.
La historia en Génesis es la historia de un llamado y una promesa que está por fuera de la ley. Cuando Dios llama a Abraham, el no había sido circuncidado, la ley no había sido presentada pero la promesa si fue dada.
Abraham no necesitaba tener muchos conceptos de Dios, solo necesitaba creer. Tener fe es creer y para creer se necesita confiar. Uno de los problemas de este tiempo es que las personas no confían y, en consecuencia, no creen.
Las personas no confían en Dios, ni en el vecino, ni en la iglesia,ni en la política y por lo tanto no creen. Sin embargo, la confianza es la base para el buen desarrollo de todas las relaciones.
Abraham fue llamado a ser padre de muchas generaciones. Cuando Abraham fue llamado por Dios, ni siquiera se podía hablar de un pueblo escogido. Él vivía en Ur de los Caldeos, de allí, de lo recóndito del mundo lo sacó Dios con una promesa (Gen 12:1-3). La promesa para Abraham estaba ligada a una descendencia que él mismo no tenía clara, pero lo que si tenía claro es que el Dios que lo llamó cumpliría esa promesa.
Nosotros también hemos sido llamado por Dios y para Dios, más adelante, Pablo contextualizará la categoría de la gracia: justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Rom 5:1).
Nuestro llamado es a ser santos (Rom 1:7). Santidad significa ser apartados para Dios, una vida consagrada y liberada del pecado, recordemos que pecado es todo aquello que vulnera la dignidad humana y rompe la comunión con Dios.
Desde está perspectiva también nosotros hemos sido llamados, desde la fe, a ser testigos de Cristo, a llevar su Palabra y a transformar el mundo por el Espíritu Santo.
2. Significa creer contra toda esperanza
2. Significa creer contra toda esperanza
Tener fe, ser justificado por Dios, significa creer en ese llamado. Ahora bien, la acción de creer se sazona en los momentos y las experiencias en que es difícil hacerlo. Por eso también nosotros debemos creer contra toda esperanza.
El ejemplo de Abraham resulta muy significativo para la humanidad. Las condiciones no eran favorables ni para él ni para Sara, su esposa. Eran personas mayores, Sara era estéril, el cuerpo de Abraham ya estaba cansado.
¿Cómo un par de ancianos podrían tener un hijo? Sara ya había dejado de menstruar. De otro lado, criar un niño implica energía que ni Sara ni Abraham tenían ya. Pero contra toda esperanza Abraham creyó y le fue contado por justicia.
Pablo nos dice que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran (v. 17).
La fe y la justificación en nuestro contexto sirven para creer a Dios. Es posible construir una mejor sociedad, tener una iglesia fortalecida, desarrollar trabajos importantes con la juventud y la niñez, hacer obra social, dedicar tiempos a la fe y al servicio.
Es posible amar, perdonar, acompañar en el dolor del prójimo, extender la mano al necesitado, pero es necesario creer contra toda esperanza.
En un mundo que no cree, que no confía y que no ama, nosotros, los hijos de Dios estamos llamados a creer a pesar de estas situaciones.
Creer, entonces, es un ejercicio de fortaleza espiritual, no creemos como al vacío, no es un optimismo superficial basado en dogmas, es la experiencia de la fe, de la intimidad con Dios, de su amor que nos convoca a serles fieles y estar convencidos de que él está haciendo una obra nueva. En un mundo de desesperanza, estamos llamados a llevar esperanza.
Conclusión
Conclusión
Finalmente, ser justificados y tener fe implica no dudar de Dios. Debemos construir una espiritualidad que nos permita ver como Dios está actuando en medio nuestro. Es imprescindible recordar que el milagro de Abraham y Sara es solo la sombra de lo que Dios hizo por nosotros, por medio de Jesucristo al vencer a la muerte mediante la resurrección.
La fe fue tomada por justicia para Abraham. La promesa de la justificación por la fe, se traslada a nosotros. En Cristo Jesús somos llamados a una nueva vida; su entrega, servicio y compasión marcan la pauta para que nosotros podamos caminar en la promesa de Dios.
Una promesa de la gracia, de la fe, en la que construimos el Reino de Dios para el beneficio, no de unos pocos, sino de la humanidad completa. Una humanidad que se desangra en el desconocimiento de Dios.
Creer se convierte en un estilo de vida en el que resucitamos con Cristo.
