¿Estoy administrando bien lo que Dios me dio?
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Introducción:
Introducción:
Hola mis amados hermanos, el Señor Jesucristo les bendiga en esta hermosa mañana del día del Señor, hoy domingo 31 de mayo. Ya entramos a junio y vamos en la mitad del año prácticamente.
Hoy quiero compartir con ustedes el primer tema de la Vigilia sobre «¿Estoy administrando bien lo que Dios me dio?». Aquí quiero hablar sobre un versículo clave que está en Lucas 12:34. Ciertamente para entender este pasaje les recomiendo en sus casas leer desde el versículo 22.
A demás, hoy hablaremos en otra parte del sermón de Mateo 25:21, para que así la Palabra de Dios nos lleve a encontrar una respuesta a esta pregunta del título del sermón.
Así que quiero empezar con esta ilustración:
Imaginen a un hermano de nuestra iglesia aquí en Bogotá. Trabaja duro, madruga, atraviesa trancones, paga cuentas, ahorra, invierte, mejora su apartamento, cambia de carro y poco a poco siente que por fin está “asegurando su futuro”. Un día, mirando sus cuentas desde el celular, piensa: “Ahora sí puedo descansar; tengo para mí, para mis planes, para mi comodidad”.
Pero esa misma noche, mientras la ciudad sigue encendida y muchos duermen preocupados por el mañana, Dios le hace una pregunta que atraviesa su alma: “Todo esto que llamas tuyo, ¿para quién será? ¿Y qué hiciste con lo que yo puse en tus manos?”. Entonces descubre que el problema no era tener bienes, trabajar o planear, sino haber administrado la vida como propietario y no como mayordomo.
Porque se puede tener la agenda llena, las cuentas organizadas y el corazón completamente lejos del Reino de Dios. Y esto es justamente lo que vamos a revisar hoy en los tres temas de esta enseñanza.
Con esto en mente, vamos a ver tres puntos en nuestro sermón de hoy:
¿Qué es un administrador según la Biblia?
¿Cuál es el tesoro que más atesora tu corazón?
¿Cuál será el resultado de tu administración?
I. ¿Qué es un administrador según la Biblia:
I. ¿Qué es un administrador según la Biblia:
Para responder la pregunta de sí, «¿Estoy administrando bien lo que Dios me dio?», tengo que entender primero: ¿qué es un administrador según la Biblia?
No es según el diccionario, ni los hombres más ricos del mundo, o tal vez la revista Forbes o el consenso humano. Aquí es menester ir a nuestra única y máxima fuente de autoridad, fe y conducta: ¡Las sagradas Escrituras!
Vamos a leer el siguiente pasaje de Lk 12:42
42 Respondió el Señor: —¿Dónde se halla un mayordomo fiel y prudente a quien su señor deja encargado de los siervos para repartirles la comida a su debido tiempo?
Aquí vemos esta palabra “mayordomo”. Quiero darles una definición de esta palabra.
οἰκονομέω, οἰκονομία, οἰκονόμος
oikonomeō: administrar, gestionar asuntos;
oikonomia, gestión de un hogar, una ciudad o el mundo;
oikonomos, mayordomo, administrador del hogar, tesorero de la ciudad
Oikonomos y oikonomia se derivan de oikonomeō, un compuesto de oikos, “casa”, y por extensión “cosas pertenecientes a la casa”, y nemō, “distribuir, asignar”, y luego “administrar, gobernar”.
Oikonomeō puede significar “administrar los propios asuntos” (Sal 112:5) así como “hacer un inventario” (2 Mac 3:14), “hacer arreglos, organizar”; “distribuir” partes de animales sacrificados.
Pero en el sentido literal de la palabra, oikonomia, que sugiere buen orden, es tanto un arte (technē) como una ciencia (epistēmē), ya sea que signifique cuidar la propiedad o atender las relaciones entre amo y esclavos.
En el siglo I, oikonomia significa la gestión de un hogar (oikos), la administración de una ciudad (polis), el funcionamiento del mundo (kosmos) y, en un sentido religioso, el gobierno del universo por Dios.
Les comparto esta definición que saque en mis propias palabras, la cual esta basada en las funciones del administrador. También les diré otra en relación a las cualidades del administrador. Vamos con la primera:
“Un administrador es aquella persona que se le ha confiado bienes y recursos–en dinero y materiales– para que los organice, utilice y distribuya de forma ordenada, responsable conforme a los intereses y propósitos de su dueño”. – funciones.
Ahora, cuando alguien nos confía o entrega algo es por que ve en nosotros una serie de cualidades mínimas o necesarias para llevar a cabo esa labor.
Aquí vale la pena entonces preguntarnos, cuáles son las cualidades que debe gozar o cultivar el administrador. Se las comparto con una definición simple:
Fidelidad: es la virtud fundamental. Pablo establece que la condición principal para ser mayordomo es la fidelidad, y se espera que todo mayordomo sea confiable. (1 Cor 4:2)
2 Ahora bien, lo que se requiere además de los administradores es que cada uno sea hallado fiel.
2. Responsabilidad y rendición de cuentas: un mayordomo debe dar cuenta del uso que hace de todo lo que se le ha confiado; en la parábola de Jesús, el dueño insiste: “¡Dame cuenta de tu mayordomía!” Lk 16:2
2 Así que lo mandó a llamar y le dijo: “¿Qué es esto que me dicen de ti? Rinde cuentas de tu administración, porque ya no puedes seguir en tu puesto.”
3. Reconocer que Dios es el dueño de todo: la relación del hombre con su dinero y Dios se manifiesta en dos principios: todas las cosas pertenecen a Dios, y el hombre tiene mayordomía sobre lo que Dios le da; el hombre no posee nada, sino que es cuidador de las bendiciones que Dios le provee. Ps 115:16
16 Los cielos le pertenecen al Señor, pero a la humanidad le ha dado la tierra.
4. Generosidad sacrificial: Pablo reveló el secreto de la generosa mayordomía de los cristianos macedonios cuando escribió que “primero se dieron a sí mismos al Señor”. 2 Cor 8:5
5 Incluso hicieron más de lo que esperábamos, ya que se entregaron a sí mismos, primeramente al Señor y después a nosotros, conforme a la voluntad de Dios.
5. No ser arrogante, colérico, violento o codicioso, sino más bien hospitalario, amante de lo bueno, prudente, íntegro, con autocontrol y devoto. Un cristiano que ha sido fiel en el uso de su tiempo, talentos y medios acogerá con gozo el rendimiento de cuentas de su mayordomía.
Ahora pasamos al segundo punto…
II. ¿Cuál es el tesoro qué más atesora tu corazón?:
II. ¿Cuál es el tesoro qué más atesora tu corazón?:
Vamos a leer lo que dice Lk 12:34
34 Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón.
Aquí vemos al Señor Jesucristo hablando sobre el afán, la ansiedad y la preocupación en la que vive el mundo, y que nosotros como sus discípulos debemos evitar seguir al máximo.
En el versículo 22 dice que “No se preocupen”, particularmente por dos cosas:
Por nuestra vida, qué comeremos.
Por nuestro cuerpo, qué vestiremos.
Para cada preocupación Él da unas respuesta maravillosas.
Sobre la vida dice, en relación a la comida dice:
Miremos los cuervos y las aves que no siembran ni siegan, pero Dios las alimenta.
Sobre el cuerpo en relación a la ropa dice:
Miremos los lirios como crecen, no trabajan e hilan, pero Dios los viste de una forma más majestuosa que Salomón en toda su gloria.
En ambos da una promeas asombrosa:
En relación a la vida de qué comeremos nos dice: “¡Cuánto más valen ustedes que las aves!”.
En relación al cuerpo que vestiremos dice: “¡cuánto más hara por ustedes, hombres de poca fe”.
Así que el Señor dando estos dos argumentos de peso, nos vuelve a decir que: “no se afanen por lo que han de comer o beber, dejen de atormentarse”, versículo 29. Afirma que el mundo pagano hace esto, más nosotros debemos buscar el reino de Dios primeramente y estas dos cosas serán añadiduras.
Luego declara que vendamos nuestros bienes y los demos a los pobres, versículo 33 y nos exhorta a acumular tesoros en el cielo para llegar a la declaración del versículo 34 (Lk 12:34)
34 Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón.
Este versículo empieza, en nuestras traducciones con un “pues”. Esta conjunción es la conclusión de todo lo que les acabo de resumir del versículo 22 al 33.
Ahora, aquí es importante preguntarnos, porque Jesús quiere concluir con esta declaración. ¿Qué tiene que ver la vida, la comida, el cuerpo, el vestir, la ansiedad, el afán, la preocupación, el vender todas las cosas y hacer tesoros en el cielo con esta declaración?
¿Qué creen ustedes?
Bueno, en lo que el texto bíblico muestra, Jesús dice esto porque el ser humano–por naturaleza– suele atesorar cosas materiales en esta vida tan efimera, a través de su vida, la comida, el cuerpo, y el vestir. Hace de estas cosas su mayor tesoro, al punto de que su corazón se entrega a estas cosas por completo.
Sumado a esto, el hombre al creerse autosuficiente, fuerte y capaz, quiere afanarse y preocuparse por buscar estas cosas, que en este mundo le dan status, poder, reconocimiento, respeto, significado, propósito, identidad, pertenencia y orientación.
Así que hace de estas cosas su mayor tesoro en la vida, entregando a esto su corazón por completo.
De forma conciente, aunque no lo admita, el hombre hace de las necesidades materiales la forma de definir su existencia en este mundo.
Ahora la pregunta clave para nosotros hoy es esta:
¿Tu corazón atesora más la vida, la comida, el cuerpo, el vestir, el dinero y lo material, que el reino de Dios?
¿Es tu mayor tesoro el reino de Dios que tu propia vida, la comida, tu cuerpo, tu vestido, el dinero y lo material?
Y aquí es muy importante hacer un alto, una pausa hermanos. Porque sí la respuesta es no, nos estamos comportando como el mundo pagano, somos hombres de poca fe. Estamos invirtiendo el orden de Dios.
Díganme, ¿cómo podremos cultivar las cualidades y funciones de un mayordomo, que les mencione en el punto anterior, si nuestro corazón atesora más nuestra vida, la comida, nuestro cuerpo, el vestir, el dinero y lo material?
Para lograr encaminarnos hacía las cualidades y funciones de un mayordomo, primero tengo que encaminar mi corazón a buscar primeramente el reino de Dios como mi más grande tesoro en esta vida y en el mundo.
De lo contrario, me estoy engañando y conformando con cosas que neciamente no son nada, ¿saben?
Quiero que nos preguntemos, poniendo a Dios como testigo, las dos preguntas que ya las hice. Tomemos un tiempo esta semana para hallar una respuesta clara y con la ayuda de Dios confrontar esos pecados para arrepentirnos, creer y obedecer, como nos lo ha enseñado el pastor recientemente en su serie.
Vamos con el tercer punto…
III. ¿Cuál será el resultado de tu administración?:
III. ¿Cuál será el resultado de tu administración?:
En este punto, quiero que sigan el hilo conductor que llevamos:
Es imperativo saber qué es lo que más está atesorando tu corazón en este momento.
Luego, tenemos que encaminar nuestro corazón hacía cultivar las cualidades y funciones que debe tener un mayordomo de Dios.
Y por último, esto traera un resultado a nuestra administración de parte de nuestro Señor.
Quiero que leamos estos dos pasajes:
15 »A pesar de todo, fue nombrado rey. Cuando regresó a su país, mandó llamar a los siervos a quienes había entregado el dinero, para enterarse de lo que habían ganado.
21 Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”
Tenemos aquí dos parábolas de Jesús sobre la mayordomía y el rendir cuentas de ella. En Lucas 19, el evangelista habla de 10 siervos que le fueron entregados minas para producir mientras el amo iba a recibir un reino que le habían dado, y en Mateo 25 tenemos la parábola de los talentos donde cada siervo recibe una cantidad de talentos y al regresar el amo, pide cuentas de cuántos resultados producieron estos siervos.
Hay otros pasajes donde se habla de que nosotros tendremos que dar cuentas de nuestra mayordomía, no solo del dinero, sino también del tiempo, los bienes, los dones, talentos, el hogar y todas las cosas que Dios nos a entregado.
Ahora, la pregunta clave en este tercer punto es esta hermanos:
¿Cuál será el resultado de tu administración?
Les comparto la parte final de lo que dije en la enseñanza de la Vigilia:
Si el Señor Jesucristo viniera hoy mismo a pedirte un informe detallado de la administración de cada moneda que ha puesto en tus manos, ¿te recibiría diciendo: "Buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré", o descubriría que has estado usando sus recursos como si fueran puramente tuyos?
Esto es para meditarlo también y sobre todo, buscar tener una expectativa, más de la eternidad, que de la realidad. ¿A qué me refiero?
En otras palabras, lo que quiero decir es que yo debería vivir mi vida terrenal pensando más en la eternidad y sus implicaciones futuras, que con los ojos puestos en este mundo que pasará junto con sus riquezas.
¿Saben? Yo en ocasiones he vivido pensando que lo que tengo me lo gane, lo trabaje, el resultado de mi tiempo, de mi trabajo, de mis habilidades, de mi esfuerzo.
Pero… Eso es tan absurdo, tan ingenuo y pretensioso al mismo tiempo. Le digo a Dios en su cara: esto que tengo es mío, me pertenece, yo lo trabaje, yo lo conseguí sin ayuda de nadie. Es de mi propiedad, esta a mi nombre.
Más Dios me dice James 1:17
17 Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación.
7 ¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado? 8 ¡Ya tienen todo lo que desean! ¡Ya se han enriquecido! ¡Han llegado a ser reyes, y eso sin nosotros! ¡Ojalá fueran de veras reyes para que también nosotros reináramos con ustedes!
Díganme: ¿qué de lo que tienen, lo tienen como si no lo hubiesen recibido de Dios?, ¿qué de lo que tienes hoy, no lo has recibido de lo alto? La respuesta contundente e irrefutable es: ¡NADA!
Bueno, entramos a las conclusiones para ir cerrando…
Conclusiones:
Conclusiones:
La ilustración nos recordó el peligro de vivir como propietarios y no como mayordomos: tener planes, cuentas y bienes en orden, pero un corazón lejos del Reino de Dios.
En el primer punto vimos que un administrador bíblico no es dueño absoluto, sino mayordomo fiel, responsable y generoso, llamado a ordenar todo según los propósitos de Dios.
En el segundo punto entendimos que la administración comienza en el corazón: si nuestro tesoro está en lo material, viviremos afanados; si está en el Reino, obedeceremos con libertad.
En el tercer punto recordamos que toda administración tendrá resultado: Cristo volverá a pedir cuentas, y nuestra mayor esperanza debe ser escuchar: “Buen siervo y fiel”.
Pregunta de reflexión:
Pregunta de reflexión:
Esta semana, delante de Dios y sin justificarse, pregúntese: si Cristo revisara hoy su tiempo, dinero, dones y prioridades, ¿qué área revelaría que usted ha vivido como dueño y no como mayordomo?
Oremos…
