Aniversario 2026

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Llevar a la Iglesia a reconocer la Mano de Dios en toda actividad y celebrar aniversarios recordando quién nos ha llevado hasta ese lugar

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TODO LO QUE DIOS CONSTRUYÓ

La próxima semana es nuestro aniversario, pero antes de celebrar lo que somos vamos a ver lo que Dios hizo, porque la gratitud no es emoción, es reconocer y actuar. La gratitud no es sólo algo que sentimos, es una historia que reconocemos, por eso antes de celebrar lo que somos tenemos que ver lo que Dios ha hecho.
Les confieso que llevo días preparando el tema y entre más lo preparaba, más me daba cuenta de algo: Los aniversarios pueden ser peligrosos. Les explico por qué antes de las fotos, abrazos, tejate. Son 19 años de Casa de Fe que merecen ser celebrados, pero hay una trampa escondida en toda celebración -que es dónde está el peligro-, y lo quiero comentar.
La trampa es que, en medio de la celebración, sin darnos cuenta terminemos felicitándonos a nosotros mismos, que veamos lo que hay hoy, la congregación, banda, ministerios, lo que Dios ha levantado y por dentro pensemos ¡Mira lo que logramos! ¡mira lo que hemos hecho!
Ese es el problema, porque la pregunta más importante de un aniversario no es ¿qué logramos? la pregunta más importante es ¿cómo llegamos aquí? la respuesta a esa pregunta lo cambia todo. Esa pregunta la puedes hacer para tu vida, empresa, negocio, puesto. ¿Cómo llegamos aquí? ¿cómo llegamos a este aniversario de bodas? ¿cómo llegamos al 2026?
Si creemos que llegamos solos, vamos a celebrar nuestra propia grandeza, habilidad, fortaleza, inteligentes, pero si reconocemos quién nos trajo, la celebración es totalmente distinta ¡será adoración!
Así que hoy, una semana antes quiero que recordemos que la gratitud en este aniversario no es algo que sentimos, es algo que reconocemos.
Hagamos algo, por favor se ponen de pie quienes tengan los 19 años de vida de Casa y se sientan. 15, 10. 5. 3. Y quienes tengan menos de 1 año. Así de diversos somos en Casa.
Vamos a un salmo escrito por gente que sabía exactamente lo que significa mirar atrás y reconocer la Mano de Dios. Salmo 126 era una canción de peregrinos que la cantaban al ir subiendo a Jerusalén, pero detrás de esa canción hay una historia oscura del pueblo de Dios.
La deportación de Judá comenzó en 605 a.C. bajo Nabucodonosor II el templo de Salomón fue arrasado en 586 a.C. en las llamadas “Crónicas de Babilonia”, tablillas que se conservan en el Museo Británico confirman estas campañas militares.
Es el año 539.C. El rey de Persia: Ciro, derrotó y conquistó Babilonia en 539 a.C. emite un edicto, es un documento que se conoce como “Cilindro de Ciro”, autorizó a los pueblos deportados regresar a su tierra y reconstruir sus templos: “Los judíos, que llevaban 70 años deportados en Babilonia ¡podían volver a casa!” Imagínalo ¡70 años! Una generación entera nació y murió sin ver Jerusalén. Hubo niños que crecieron oyendo historias de un templo que nunca conocieron, de una ciudad que solo existía en los recuerdos de sus abuelos, mientras tanto los pueblos vecinos se burlaban ¿dónde está su Dios? si era tan poderoso ¿por qué los venció Babilonia? Regresar a Jerusalén para los judíos no fue un movimiento político, fue la Mano de Dios moviendo a un rey pagano a su favor.
Ahora escucha cómo lo describe el escritor del salmo y veamos una frase en particular.
“Cuando el SEÑOR trajo a los desterrados de regreso a Jerusalén, ¡fue como un sueño! Nos llenamos de risa y cantamos de alegría. Y las otras naciones dijeron: «Cuántas maravillas ha hecho el SEÑOR por ellos».” (Salmo 126:1–2, NTV)
Fue como un sueño, no lo podían creer, 70 años de oscuridad y de pronto ¡la luz! Pero veamos algo más importante: los primeros en reconocer que Dios había hecho algo no fueron ellos ¡fueron los vecinos! los mismos que se burlaron, ahora dicen: “Cuántas maravillas ha hecho el Señor por ellos”.
Cuando Dios actúa a favor de Su pueblo, el mundo se da cuenta, los que te conocen se dan cuenta. La pregunta es si ¿nosotros nos damos cuenta? A veces los de afuera ven la Mano de Dios sobre ti con más claridad que tú mismo, porque ya te acostumbraste al milagro, por eso la gratitud no es algo que sentimos, es algo que reconocemos.
La razón por la que algunos no celebran aniversarios importantes no es que olviden las fechas, es que olvidan ¡quién hizo qué! Ese olvido no es nuevo, es tan antiguo como el pueblo de Dios.
Escucha lo que Moisés advierte a Israel ANTES DE que entren a la Tierra Prometida, -no después del fracaso-, sino antes del éxito.
“»Sin embargo, ¡ese es el momento cuando debes tener mucho cuidado!…Pues cuando te sientas satisfecho y hayas prosperado y edificado casas hermosas donde vivir, cuando haya aumentado mucho el número de tus rebaños y tu ganado, y se haya multiplicado tu plata y tu oro junto con todo lo demás, ¡ten mucho cuidado! No te vuelvas orgulloso en esos días y entonces te olvides del SEÑOR tu Dios…” (Deuteronomio 8:11–14, NTV)
¿Puedes ver el momento exacto del peligro? No es la escasez ¡es la abundancia! El olvido no llega cuando nos falta, llega cuando nos sobra. Cuando ya construimos las casas hermosas, ya tenemos el negocio amarrado, cuando la pareja ya cedió, cuando la iglesia ya se estableció, cuando la salud se ha recuperado, cuando llegar deja de sentirse como un milagro y empieza a sentirse como algo normal.
Eso sucede hasta en las mejores personas, familias, iglesias. La Iglesia de Éfeso en apocalipsis experimentó eso, el Señor Jesús les escribe una carta y les dice: Son una iglesia admirable, paciente, trabajadora, con buena doctrina y aun así les dice algo que debió sacudirlos:
“»Pero tengo una queja en tu contra. ¡No me amas a mí ni se aman entre ustedes como al principio!” (Apocalipsis 2:4, NTV)
No los acusa de un pecado escandaloso ¡los acusa de olvido! De haber construido algo bonito, impresionante y haberse olvidado de por qué lo construyeron. Ahora veamos el remedio que les da y va acorde con la idea del Salmo y Deuteronomio.
“¡Mira hasta dónde has caído! Vuélvete a mí y haz las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, vendré y quitaré tu candelabro de su lugar entre las iglesias;” (Apocalipsis 2:5, NTV)
Recuerda, mira atrás, no con nostalgia o romanticismo sino con reconocimiento. El olvido es peligroso precisamente porque no es algo dramático, ruidoso, escandaloso, no llega de golpe, llega como el polvo que se acumula en un mueble que no se limpia, poco a poco se llena de polvo hasta que ya no es posible ver la superficie.
Por eso recordar no es sentimentalismo, recordar es una disciplina espiritual, es la manera en que un pueblo pelea contra el orgullo. Mirar atrás y nombrar lo que Dios hizo es lo que nos mantiene humildes para ver lo que viene. Si no lo reconoces, si no lo admites, si no ves a Dios, te volverás orgulloso y auto suficiente y la Biblia dice:
“El orgullo va delante de la destrucción, y la arrogancia antes de la caída.” (Proverbios 16:18, NTV)
La gratitud no es algo que sentimos, es algo que reconocemos, porque nos permite ver que Dios estaba ahí, incluso cuando no lo vimos.
Tal vez no llevas tu mejor año hasta ahora, tal vez has trabajado y este año no ves resultados, tal vez has servido en la iglesia, empresa, en la relación con lágrimas que nadie vio, diste lo que tenías, oraste sin respuesta, sostuviste algo que parecía a punto de romperse; esto que sigue es para ti, porque también estás reflejado en este salmo:
“Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha.” (Salmo 126:5–6, NTV)
En las sociedades agrarias del antiguo Israel y algunos lugares actuales, la semilla guardada para la siguiente siembra era lo más valioso que poseía una familia, perderla significaba ¡hambre! En años de escasez, sembrar era enterrar literalmente el último grano que podías haber comido hoy, a cambio de una cosecha que ¡tal vez no llegará! Por eso “sembrar con lágrimas” no es una metáfora poética, describe un acto de fe radical para ellos, es enterrar, sembrar tu seguridad presenten, en la esperanza de un futuro que todavía no ves.
Esta es la verdad más difícil de aceptar: la presencia de Dios no siempre es visible en medio de la crisis, se vuelve visible después. Eso no significa que no estaba, significa que la fe ve distinto que los ojos:
“No temas ni te desalientes, porque el propio SEÑOR irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará».” (Deuteronomio 31:8, NTV)
La historia confirma esto. Veamos 3 momentos cuando el pueblo de Dios pensó que todo había terminado y lo que parecía una tumba, en realidad era una siembra.
Era el año 1170, un comerciante llamado Pedro Valdo dejó todo en Lyon Francia para predicar el evangelio en el idioma de su pueblo; sus seguidores, los Valdenses fueron excomulgados y perseguidos durante siglos, a finales del siglo XV, el papado convocó una cruzada militar contra ellos. Se refugiaron en los valles de los Alpes donde transmitían las Escrituras de memoria de padres a hijos, escondidos. Hoy siguen existiendo: La Iglesia Valdense y permanece activa en Italia; una de las comunidades de fe más antiguas de Europa Occidental. Lo que parecía exterminio, fue preservación.
La Iglesia en China. Cuando el régimen comunista expulsó a los misioneros extranjeros ente 1949 y 1951, había alrededor de 1 millón de cristianos protestantes. Durante la Revolución Cultural (1966-1976) se prohibió todo culto y millones de creyentes quedaron en la oscuridad. Muchos pensaron que la iglesia en China había muerto, pero cuando el país se abrió en los 80’s, el mundo descubrió que había crecido ¡en la oscuridad! Las cifras se debaten, el propio gobierno reconoce hoy unos 38 millones de protestantes y organizaciones internacionales calculan que podrían acercarse a los 100 millones. Aun tomando el cálculo más conservador, Dios había estado construyendo lo que nadie podía ver.
Hace un siglo, predicar el evangelio en muchos pueblos de Oaxaca podía costarte la familia, el trabajo y hasta te podían correr de la comunidad. Los protestantes eran minoría perseguida. Hoy, según el Censo del INEGI 2020, México tiene cerca de 14 millones de protestantes evangélicos y Oaxaca está entre las 8 entidades del país con mayor proporción de creyentes.
¿Ves el patrón? Se repite constantemente, lo que el mundo lee como una derrota, Dios lo usa como siembra. El tiempo entre que la semilla muere y la cosecha llega, nunca fue un tiempo de ausencia de Dios, fue tiempo de trabajo escondido bajo la tierra.
Esto es cierto para tu vida, tu familia, empresa, negocio, y para Casa de Fe, estos años que recuerdas como los más difíciles de tu trabajo, empresa, familia, de Casa, no fueron años en que Dios se ausentó, fueron los años en que estaba sembrando:
“Pues el SEÑOR tu Dios vive en medio de ti. Él es un poderoso salvador. Se deleitará en ti con alegría. Con su amor calmará todos tus temores. Se gozará por ti con cantos de alegría».” (Sofonías 3:17, NTV)
TESTIMONIO DE QUIEN ESTANDO EN CASA VIVIÓ ALGUNA CRISIS Y VIERON LA MANO DE DIOS.
Volviendo al Salmo, hay una frase que aparece 2 veces y en poesía hebrea, cuando algo se repite es porque el autor quiere clavarlo en el corazón. La primera vez lo dicen los extranjeros, la segunda el propio pueblo de Dios:
“¡Así es, el SEÑOR ha hecho maravillas por nosotros! ¡Qué alegría!” (Salmo 126:3, NTV)
Antes leímos: “Cuántas maravillas ha hecho el Señor por ellos”; ahora “El Señor ha hecho maravillas por nosotros”, esa es toda la distancia que recorre este tema: del “ellos”, al “nosotros”.
Hay una diferencia enorme entre que alguien dice de ti: “Dios lo ha bendecido”, pero ¿vas a reconocer, vas a actuar y decir: “Dios me ha bendecido”? Lo primero es una observación, lo segundo es una confesión, es gratitud con nombre propio y es justo a dónde quiero que lleguemos antes del domingo.
La palabra que usa el salmo para maravillas es “Gadol”, es grande, se refiere a lo que excede la capacidad humana, no a las cosas que puedes lograr por tus fuerzas, las cosas que solo tienen una explicación: “La provisión llegó cuando no había de dónde, la persona exacta en el momento exacto, la crisis que iba a matarte, terminó fortaleciéndote, la enfermedad, te purificó, la familia restaurada, la vida transformada”, esas son las grandes maravillas del Señor para tu vida y para Casa de Fe.
Quiero pedirte que antes del siguiente domingo, tomes 10 minutos para hacer esto: escribe en tu teléfono, papel, libreta, una sola cosa que Dios hizo en tu vida a través de Casa de Fe. Un momento específico, una persona que Dios usó, una crisis de la que saliste distinto, una oración respondida. Te pido que me lo envíes y vamos a usar esas frases como un recordatorio de la Fidelidad de Dios. No pondremos nombres, solo la frase resumida. Y si no lo quieres enviar, no lo hagas, pero ¡nómbralo! Porque la gratitud que no tiene nombre se queda en emoción y se evapora. La gratitud con nombre se convierte en adoración y eso es lo que vamos a traer el siguiente domingo.
La gratitud no es algo que sentimos, es algo que reconocemos, es nuestro “Ebenezer”.
Hay una escena que resume todo lo que hemos visto hoy; después de una victoria que parecía imposible el profeta Samuel toma una piedra, la levanta en medio del campo y le pone nombre:
“Luego Samuel tomó una piedra grande y la colocó entre las ciudades de Mizpa y Jesana. La llamó Ebenezer (que significa «la piedra de ayuda») porque dijo: «¡Hasta aquí el SEÑOR nos ha ayudado!».” (1º Samuel 7:12, NTV)
¡Hasta aquí el Señor nos ha ayudado! Es una frase que mira atrás para poder caminar hacia adelante. No es nostalgia, es combustible, es la razón de ser de nuestro aniversario 19.
Casa de Fe es nuestro Ebenezer, este lugar, estas personas, estos 19 años son la piedra que levantamos hoy para decir, sin vergüenza, sin orgullo: ¡Hasta aquí el Señor nos ha ayudado!
Esto es importante, porque el mismo Dios que construyó los primeros 19 años, es el que va a construir los próximos, el Dios que sostuvo en las crisis pasadas, estará en las que vengan, el que sembró en la oscuridad ¡sigue sembrando! recordar lo que hizo no es vivir en el pasado, es saber en quién confiar para el futuro.
El próximo domingo tendremos una sola reunión a las 11:00 y vamos a celebrar, pero hoy hacemos el trabajo más importante, el que hace que la celebración sea adoración y no auto complacencia. Hoy recordamos, hoy nombramos, hoy reconocemos.
La gratitud no es algo que sentimos, es algo que reconocemos.
“Ebenezer, gracias Señor por ayudarnos hasta aquí”
«¡Hasta aquí el Señor nos ha ayudado!» — 1 Samuel 7:12 (NTV)
El próximo domingo terminamos este tema, en la semana ora por alguien para que acepte tu invitación para el domingo, una sola reunión a las 11:00.
Palabra de Dios
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