IAM VENIT REX
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Clavo: La llegada del Rey revela la condición de mi adoración.
INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Hay una frase latina que ha sobrevivido dos mil años:
Veni, Vidi, Vici.
"Vine, vi, vencí."
Fue la famosa declaración de Julio César después de una victoria militar relámpago.
Tres palabras.
Tres verbos.
Tres movimientos.
Llegó.
Observó.
Conquistó.
Pero detrás de aquella frase existía toda una cultura imperial.
Cuando un emperador, un general victorioso o un heredero imperial llegaba a una ciudad importante, se celebraba un evento conocido como Adventus.
El Adventus era la llegada oficial de un rey.
La ciudad era preparada.
Las calles eran adornadas.
Las multitudes salían a recibirlo.
Había gritos, cantos, celebraciones y demostraciones públicas de lealtad.
El mensaje era claro:
"Nuestro rey ha llegado."
En Marcos 11 encontramos otro Adventus.
No el Adventus de César.
No el Adventus de Roma.
No el Adventus de un emperador.
Aquí encontramos el Adventus Messiae Dei.
La llegada del Mesías de Dios.
La llegada del verdadero Rey.
Y Marcos nos muestra algo sorprendente:
Cuando Jesús llega a Jerusalén, no solamente revela quién es Él.
También revela quiénes somos nosotros.
Porque cada vez que el Rey aparece, queda expuesta la condición real de nuestra adoración.
Por eso el mensaje de hoy se resume así:
La llegada del Rey revela la condición de mi adoración.
I. PATUIT
I. PATUIT
He Revealed Himself
(Él se reveló)
As Jesus and his disciples approached Jerusalem, they came to the towns of Bethphage and Bethany on the Mount of Olives. Jesus sent two of them on ahead. “Go into that village over there,” he told them. “As soon as you enter it, you will see a young donkey tied there that no one has ever ridden. Untie it and bring it here. If anyone asks, ‘What are you doing?’ just say, ‘The Lord needs it and will return it soon.’ ”
The two disciples left and found the colt standing in the street, tied outside the front door. As they were untying it, some bystanders demanded, “What are you doing, untying that colt?” They said what Jesus had told them to say, and they were permitted to take it.
La entrada triunfal no fue un accidente.
No fue improvisada.
No fue una coincidencia.
Jesús está organizando cuidadosamente cada detalle.
Envía a dos discípulos.
Les indica exactamente dónde encontrarán un pollino.
Les dice qué responder.
Les dice qué sucederá.
Y todo ocurre exactamente como Él lo anunció.
¿Por qué?
Porque Jesús está revelando deliberadamente su identidad.
Hasta este punto del evangelio de Marcos encontramos lo que muchos llaman el "secreto mesiánico".
Una y otra vez Jesús ordenaba silencio.
No digan quién soy.
No lo anuncien todavía.
No es el tiempo.
Pero ahora algo cambia.
Ahora sí quiere ser visto.
Ahora sí quiere ser reconocido.
Ahora sí quiere ser identificado.
No porque las multitudes hayan descubierto quién es.
Sino porque Él mismo está decidiendo revelarlo.
El Rey se revela cumpliendo las Escrituras
La imagen del burrito no es casual.
Detrás de ella está la profecía de Zacarías 9:9
Rejoice, O people of Zion!*
Shout in triumph, O people of Jerusalem!
Look, your king is coming to you.
He is righteous and victorious,*
yet he is humble, riding on a donkey—
riding on a donkey’s colt.
Jesús está diciendo:
"Yo soy ese Rey."
No mediante un discurso.
No mediante un milagro.
Sino mediante una acción profética.
Cada paso del asno está predicando un sermón.
Cada metro recorrido está anunciando:
El Rey prometido ha llegado.
Aplicación
El problema de muchos no es la falta de evidencia.
Es la resistencia a reconocer la evidencia que ya existe.
Jesús se ha revelado.
Se ha revelado en la Escritura.
Se ha revelado en el evangelio.
Se ha revelado en la cruz.
Se ha revelado en la resurrección.
La pregunta no es:
"¿Se ha dado a conocer?"
La pregunta es:
¿Estoy dispuesto a reconocerlo como Rey?
Porque uno puede admirar a Jesús como maestro.
Respetarlo como personaje histórico.
Apreciarlo como ejemplo moral.
Y aun así negarse a coronarlo.
La adoración verdadera comienza cuando reconocemos quién es Él realmente.
II. PERVENIT
II. PERVENIT
He Arrived
(Él llegó)
Then they brought the colt to Jesus and threw their garments over it, and he sat on it.
Many in the crowd spread their garments on the road ahead of him, and others spread leafy branches they had cut in the fields. Jesus was in the center of the procession, and the people all around him were shouting,
“Praise God!*
Blessings on the one who comes in the name of the Lord!
Blessings on the coming Kingdom of our ancestor David!
Praise God in highest heaven!”*
La multitud explota en celebración.
Mantos sobre el camino.
Ramas agitadas.
Voces elevadas.
Alegría colectiva.
Todo parece perfecto.
Todo parece un gran avivamiento.
Todo parece una explosión de adoración.
Pero Marcos nos obliga a mirar más profundamente.
Porque la llegada del Rey no solamente produce adoración.
También la pone a prueba.
La multitud celebra al Rey que ellos quieren
Observemos sus palabras.
"¡Hosanna!"
La expresión significa:
"Sálvanos ahora."
No era una palabra incorrecta.
El problema era lo que ellos esperaban que significara.
Muchos esperaban un libertador político.
Un nuevo David.
Un nuevo conquistador.
Alguien que expulsara a Roma.
Alguien que restaurara el reino nacional.
Alguien que resolviera sus problemas externos.
Querían un rey.
Pero no necesariamente el Rey que Dios había enviado.
La diferencia entre entusiasmo y adoración
La misma multitud que hoy grita:
"¡Hosanna!"
En pocos días estará ausente.
Y algunos se unirán al clamor:
"¡Crucifícale!"
¿Por qué?
Porque el Jesús que llegó no cumplió sus expectativas.
Ellos querían un rey que cambiara las circunstancias.
Jesús vino a cambiar corazones.
Ellos querían liberación política.
Jesús vino a traer reconciliación con Dios.
Ellos querían un trono.
Jesús venía hacia una cruz.
Aplicación
Es posible emocionarse con Jesús sin someterse a Jesús.
Es posible cantar acerca de Jesús sin seguir a Jesús.
Es posible celebrar a Jesús mientras siga apoyando mis planes.
Pero la verdadera adoración comienza cuando sigo adorándolo incluso cuando contradice mis expectativas.
Muchos aman al Jesús que bendice.
Pocos aman al Jesús que gobierna.
Muchos aman al Jesús que da.
Pocos aman al Jesús que manda.
La llegada del Rey expone si nuestra adoración está centrada en Cristo o en nuestros deseos.
III. PERCENSUIT
III. PERCENSUIT
He Evaluated
Él evaluó
So Jesus came to Jerusalem and went into the Temple. After looking around carefully at everything, he left because it was late in the afternoon. Then he returned to Bethany with the twelve disciples.
Y aquí encontramos uno de los finales más sorprendentes del pasaje.
Después de toda la celebración.
Después de toda la emoción.
Después de toda la multitud.
Después de todos los Hosannas.
Marcos escribe:
> "Y entró Jesús en Jerusalén y en el templo; y después de mirar todo alrededor..."
Qué frase tan extraña.
Uno esperaría:
"Y comenzó a enseñar."
"Y comenzó a sanar."
"Y comenzó a gobernar."
Pero Marcos dice:
"Miró todo alrededor."
El Rey llega.
Y observa.
El Rey entra.
Y evalúa.
El Rey contempla.
Y examina.
El Rey inspecciona su templo
La palabra utilizada por Marcos implica una observación cuidadosa.
Minuciosa.
Detallada.
No una mirada superficial.
Jesús está examinando.
Está evaluando.
Está juzgando.
Y lo que ve lo llevará al día siguiente a limpiar el templo.
La celebración del domingo no impresionó al Rey.
Porque Él podía ver más profundo que la superficie.
Podía ver más allá de los cantos.
Más allá de las ramas.
Más allá de los mantos.
Más allá de la emoción.
Él podía ver el corazón.
El mismo Rey sigue evaluando hoy
Nothing in all creation is hidden from God. Everything is naked and exposed before his eyes, and he is the one to whom we are accountable.
Nada le impresiona externamente.
Nada puede engañarlo.
Él ve nuestra adoración privada.
Él ve nuestros motivos.
Él ve nuestras prioridades.
Él ve aquello que ocupa el trono de nuestro corazón.
La pregunta del texto
Cuando Jesús entra en Jerusalén, observa el templo.
Cuando Jesús entra en nuestra vida, observa nuestro corazón.
Y la pregunta ya no es:
"¿Estoy cantando?"
"¿Estoy asistiendo?"
"¿Estoy sirviendo?"
La pregunta es:
¿Qué encuentra el Rey cuando examina mi adoración?
¿Encuentra rendición?
¿Encuentra obediencia?
¿Encuentra reverencia?
¿Encuentra amor genuino?
¿O encuentra una religión llena de actividad pero vacía de devoción?
CONCLUSIÓN
Roma tenía sus Adventus.
Los generales llegaban.
Las multitudes celebraban.
Las trompetas sonaban.
Los pueblos aplaudían.
Pero todos esos reyes terminaron en una tumba.
Sin embargo, el Rey que entra en Marcos 11 es diferente.
Él vino humildemente.
Se reveló.
Llegó.
Y evaluó.
Pero pocos días después haría algo que ningún César pudo hacer.
Tomaría una cruz.
Moriría por sus enemigos.
Y resucitaría victorioso.
No para conquistar una ciudad.
Sino para redimir un pueblo.
No para recibir solamente aplausos.
Sino para recibir adoración verdadera.
Por eso hoy el texto nos confronta.
La llegada del Rey revela la condición de mi adoración.
Porque cuando el Rey se revela, debo reconocerlo.
Cuando el Rey llega, debo recibirlo.
Y cuando el Rey evalúa, debo rendirme.
IAM VENIT REX.
El Rey ya ha llegado.
La pregunta es:
¿Qué revela Su llegada acerca de tu adoración?
ERES AMADO
