EL PODER DE LA RENOVACIÓN INTERIOR
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Serie: Abraza la Vida
TEXTO BASE:
El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.
INTRODUCCIÓN
¡Alabado sea el nombre del Señor! ¡Muy buenas noches, mi amada iglesia, mis queridos hermanos y valientes amigos que hoy nos honran con su presencia en esta segunda noche de nuestra gran jornada "Abraza la vida"! Qué alegría ver este templo con rostros nuevos, ver que los hermanos no se quedaron de brazos cruzados, sino que salieron a buscar a las almas que Cristo quiere salvar. Bienvenidos todos a la casa de Dios en esta noche de domingo.
Yo quiero que tú mires al cielo por un momento con los ojos de la fe. El día de ayer, sábado por la mañana, abríamos esta serie entendiendo que somos una obra de arte, un diseño perfecto entretejido por el Creador en el vientre materno. Pero seamos sinceros en esta noche: el viaje de la vida es duro. El camino por este mundo herido por el pecado cansa, agota y desgasta.
A veces nos levantamos por la mañana con el deseo de comernos el mundo, con el deseo de ser los mejores esposos, las mejores madres, los mejores cristianos, los mejores ciudadanos. Pero los golpes de la vida, las decepciones amorosas, los fracasos financieros, las crisis familiares y el peso de nuestros propios errores van minando nuestras fuerzas. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, nos empezamos a sentir pesados. Nos empezamos a sentir como si las alas ya no nos dieran para volar alto. El gozo de vivir se apaga, la fe se debilita y caemos en una rutina gris, viviendo por vivir, arrastrando los pies en el lodo del desánimo.
Hay un misterio hermoso en la creación de Dios que ilustra perfectamente lo que muchos de los que están aquí sentados están viviendo en secreto. Es la historia del águila, la reina de las aves, un diseño majestuoso del Creador. Los biólogos nos enseñan que el águila es el ave que posee la mayor longevidad de su especie; puede llegar a vivir hasta setenta años. ¡Setenta años desafiando las tormentas, setenta años volando por encima de las nubes! Pero para llegar a esa edad, mi querido amigo, cuando el águila cumple aproximadamente cuarenta años, tiene que enfrentar una crisis terrible, una encrucijada de vida o muerte.
A los cuarenta años, sus garras se vuelven blandas y flexibles, por lo que ya no puede aferrar a sus presas para alimentarse. Su pico, antes afilado y poderoso, se alarga y se curva hacia su pecho, apuntando a su propio corazón, volviéndose completamente inútil. Sus alas están envejecidas, pesadas, con las plumas gruesas y pegadas al pecho por el paso del tiempo; volar se vuelve una tarea casi imposible. En ese momento, el águila solo tiene dos opciones: o se deja morir de hambre y aislamiento, o se somete a un proceso de renovación extremadamente doloroso que durará cerca de ciento cincuenta días.
¿Y sabes qué hace el águila, iglesia? ¡El águila no se rinde! El águila abraza la vida. Vuela alto, hacia la cumbre de la montaña más alta, busca un nido cercano a una roca sólida donde no tenga necesidad de volar, y allí comienza su proceso. Lo primero que hace es golpear su pico viejo contra la roca con vehemencia, una y otra vez, con fuerza, hasta que logra arrancárselo por completo. ¡Imagínate el dolor! ¡Imagínate la sangre! Pero ella espera con paciencia a que le nazca un pico nuevo, fuerte y afilado. Con ese nuevo pico, comienza a arrancarse una a una sus garras viejas y desgastadas. Y cuando las nuevas garras comienzan a brotar, empieza a arrancarse las plumas viejas, pesadas y sucias que le impedían volar. Después de cinco meses de dolor, de aislamiento, de transformación, el águila sale de la roca rejuvenecida, renacida, levanta sus alas majestuosas y se lanza al vacío para vivir treinta años más de victoria, de vuelo alto y de gloria.
¡Ay, mi hermano! El profeta Isaías no estaba jugando cuando escribió bajo la unción del Espíritu Santo: "Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas...". ¡Y el salmista David exclamaba que Dios nos rejuvenece como el águila!
Yo sé que en esta noche de domingo, sentados en estas bancas, hay hombres y mujeres que se sienten exactamente como el águila a los cuarenta años. Te sientes pesado. Sientes que tu "pico espiritual", tu capacidad de comunicarte con Dios a través de la oración, está deformado y ya no tienes palabras. Sientes que tus "garras", tu capacidad de aferrarte a las promesas de Dios, se han vuelto blandas y te estás soltando de la fe. Tus "alas", tu fe, tus sueños, tu matrimonio, tu juventud, están cargados del polvo del pecado, del cansancio y del desengaño. El enemigo te está susurrando al oído: "Ya no sigas luchando, déjate morir, tú ya estás muy viejo para cambiar, tú ya has fallado demasiado, quédate ahí en la cueva del fracaso".
¡Pero yo vengo a decirte en el nombre de Jesús que el diablo es un mentiroso! ¡Tú no naciste para morir en una cueva de desespero! ¡Tú naciste con el diseño de un águila! Dios te trajo hoy aquí, en esta noche de domingo, para decirte: "¡Llegó la hora de subir a la Roca! ¡Llegó la hora de la renovación interior!". Sí, va a doler; sí, requiere dejar atrás el pasado; sí, requiere arrancar viejas costumbres y pecados que te pesan; pero te garantizo por la autoridad de este Libro Santo que, si hoy te refugias en la Roca que es Cristo Jesús, tú vas a salir de este lugar renovado, rejuvenecido y listo para volar más alto que nunca antes en tu vida.
Iglesia, amigos, preparen sus corazones, dejen caer sus cargas, porque la presencia del Dios que renueva las fuerzas del cansado ya está en este lugar. ¡Bienvenidos a la noche de la transformación! ¡Vamos a orar con poder...!
DESARROLLO TEMÁTICO
I. El Diagnóstico del Desgaste: ¡Iglesia amada, miremos de frente la realidad de nuestra condición! Pasemos al punto número uno: El Diagnóstico del Desgaste.
El profeta Isaías, en el capítulo 40, versículo 29, escribe una verdad que nos describe a la perfección: "Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas". Escúchame bien: para que Dios te dé esfuerzo, primero tienes que reconocer que estás cansado. Para que Él multiplique tus fuerzas, tienes que admitir que se te han acabado por completo.
¡Ay, mi hermano! El enemigo de las almas es experto en camuflar el desgaste espiritual. Vivimos en una sociedad que nos empuja a ponernos máscaras. Nos ponemos la máscara de que todo está bien, la máscara del éxito, la máscara de "soy fuerte y yo puedo con todo". Venimos el domingo a la iglesia, saludamos con una sonrisa, pero por dentro cargamos un cansancio que no se quita durmiendo ocho horas. Es el cansancio del alma. Es el peso de los años arrastrando decisiones equivocadas.
Pensemos en el águila a sus cuarenta años. Su desgaste no ocurrió de la noche a la mañana. No fue que se levantó un día y de repente su pico estaba torcido y sus alas pesadas. ¡No! Fue un proceso lento, imperceptible, día tras día, vuelo tras vuelo. El polvo del camino, la grasa de las presas, el calcio acumulándose en el pico... poco a poco, milímetro a milímetro, el arma más poderosa del águila se convirtió en su propia prisión. Su pico curvo ahora amenazaba su propio pecho.
¿Cuántos de los que estamos aquí hoy nos encontramos en esa misma encrucijada? Tus propias decisiones, que al principio parecían inofensivas, hoy se han vuelto contra ti. El diablo te dijo: "Prueba esto, no pasa nada, es solo una mentira pequeña, es solo un negocio dudoso, es solo una aventura pasajera, es solo un cigarrillo, es solo un trago para pasar el estrés". Y tú pensaste que tenías el control. Pero hoy, los años han pasado y esa "costumbre inofensiva" se convirtió en un pico de hierro que apunta a tu corazón y te está matando espiritualmente. ¡Te has convertido en esclavo de lo que creías dominar!
Mira tus garras. El águila tiene garras poderosas para aferrarse a la roca y capturar su alimento. Pero a los cuarenta años, esas garras se vuelven blandas, flexibles, débiles. Ya no puede sostenerse. ¡Cuántos hermanos de la iglesia, cuántos amigos que hoy nos visitan, sienten que sus garras espirituales están blandas! Antes tenías la fuerza para aferrarte a las promesas de Dios; antes abrías la Biblia y temblabas de gozo; antes venías al culto de oración con hambre de su presencia. Pero hoy te sientes frío, apático. Te da lo mismo orar que no orar, te da lo mismo venir a la iglesia que quedarte en casa viendo televisión. Las pruebas de la vida, la pérdida de un ser querido, la enfermedad, la traición de alguien que amabas, ablandaron tus garras y sientes que te estás soltando de la mano de Dios.
Y lo peor de todo, iglesia: las alas están pesadas. El águila acumula capas y capas de plumas viejas, llenas de lodo y secreciones sebáceas. Sus alas se vuelven tan gruesas que ya no puede batirlas con ligereza. El vuelo se vuelve un tormento y prefiere quedarse en el suelo. ¡Esa es la radiografía del pecador! El pecado acumulado y no confesado te vuelve pesado. La culpa de lo que hiciste hace cinco, diez o veinte años atrás te tiene atado al suelo. El resentimiento, el odio contra ese padre que te abandonó, contra esa pareja que te traicionó, contra ese amigo que te apuñaló por la espalda, funciona como el lodo en las plumas del águila. ¡Estás demasiado pesado para volar! Quieres levantarte, quieres cambiar, quieres ser feliz, pero sientes un lastre invisible que te amarra a la miseria del pasado.
Dios te está mirando hoy y te hace el diagnóstico exacto. Él sabe que tus fuerzas humanas se agotaron. Él sabe que con tus propios métodos —con psicólogos, con filosofías humanas, con promesas de año nuevo— no has podido cambiar. Tu pico está torcido, tus garras están blandas y tus alas están pesadas. Pero dale gloria a Dios, porque el diagnóstico del cielo no es para condenarte; ¡el diagnóstico del Creador es el primer paso para tu milagrosa renovación!
II. La Decisión de la Altura: Esto nos mueve de inmediato al punto número dos: La Decisión de la Altura.
¿Qué hace el águila cuando se descubre moribunda, pesada y hambrienta? Ella no se queda en el valle quejándose. Ella no se sienta a esperar que la compadezcan. El águila toma una decisión radical, una decisión con vehemencia: ¡Vuela hacia lo alto! Busca la cumbre de la montaña más alta y se refugia en una roca sólida.
¡Escúchame bien, amigo mío, hermano de la iglesia! La renovación no ocurre en el valle del pecado; ocurre en la altura de la santidad. La transformación no va a suceder si te quedas en el mismo entorno que te destruyó. Si quieres un cambio real en tu vida, tienes que tomar la decisión de subir a la altura de Dios. Tienes que salir del terreno del enemigo y refugiarte en la Roca.
¿Y quién es la Roca? ¡La Biblia lo declara con letras de oro! El salmista dice: "Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré". ¡La Roca es Cristo Jesús! La renovación interior no es el resultado de un esfuerzo mental tuyo; es el resultado de refugiarte en los brazos de Jesús, la Roca de la eternidad.
El águila sube a la roca porque sabe que allí abajo, en el valle, desarmada, sin pico y sin garras, es presa fácil para los depredadores. Ella entiende que necesita la protección de la roca para poder enfrentar su proceso. ¡Alguien tiene que entender esto hoy en esta iglesia! El diablo te quiere hacer creer que tú puedes cambiar solo, allá afuera, en el mundo. Te dice: "Primero arréglate tú, deja los vicios tú solo, y cuando ya estés bien, entonces vas a la iglesia y te bautizas". ¡Esa es la trampa mortal del enemigo! Si te quedas allá afuera desarmado, el león rugiente te va a devorar. ¡Tú tienes que venir a la Roca tal como estás! Tienes que subir a la presencia de Dios con tus alas pesadas, con tu pico torcido, con tus garras débiles, y decirle: "¡Señor, aquí estoy, me refugio en ti porque ya no tengo fuerzas para defenderme solo!".
Subir a la montaña implica oración, implica consagración, implica apartarse del ruido del mundo. El águila se aísla por ciento cincuenta días. Hay momentos en la vida, mi hermano, donde tienes que desconectarte de las voces terrenales para escuchar la voz del Espíritu Santo. Tienes que apagar el televisor, tienes que soltar las redes sociales, tienes que alejarte de los amigos que te arrastran al pecado y decirle al Señor: "Me quedo a solas contigo en la Roca, porque mi vida depende de este encuentro".
Yo reto en el nombre de Jesús a cada hombre y mujer en este lugar a tomar hoy la decisión de la altura. Deja ya de arrastrarte como un ave de corral en el patio del pecado, conformándote con las migajas que el mundo te tira. ¡Tú fuiste diseñado para las alturas! Fuiste creado para volar por encima de las tormentas. Toma hoy la firme decisión de subir a la Roca, porque en la presencia de Cristo Jesús hay refugio seguro, hay poder absoluto y está a punto de comenzar el milagro de tu restauración. ¡Alaba al Señor si tienes fe, iglesia!
III. El Dolor del Desprendimiento: ¡Llegamos al punto central de esta noche, mi amada iglesia! Pasemos al punto número tres: El Dolor del Desprendimiento.
Yo quiero que tú entres por un momento conmigo a ese nido en lo alto de la montaña. El águila ya está resguardada en la roca. Pero ahora viene la parte más difícil, la parte que requiere un coraje sobrehumano. El águila mira su pico torcido, ese pico que ya no le sirve para comer, que solo le causa dolor y le impide vivir. ¿Y qué hace? No espera que el pico se caiga solo. No espera una solución mágica. El águila levanta su cabeza con vehemencia y comienza a golpear su viejo pico contra la roca. Golpea una vez, golpea dos veces, golpea con furia, hasta que el pico se quiebra, se desprende desde la carne viva y cae al vacío, dejando su rostro ensangrentado y expuesto.
¡Ay, mi hermano! ¡Qué lección tan desgarradora y tan real para nosotros en esta noche! La renovación espiritual no es un juego de niños. La transformación interior duele. El desprendimiento del pecado requiere valor, requiere carácter, requiere estar dispuesto a sangrar con tal de salvar la vida eterna.
Muchos quieren el "pico nuevo", quieren las bendiciones de Dios, quieren la paz en el hogar, quieren el bautismo, quieren la vida eterna, pero no quieren golpear el viejo pico contra la Roca. Quieren seguir abrazando las viejas costumbres. Quieren seguir con el rencor guardado en el corazón, quieren seguir con los negocios fraudulentos, quieren seguir coqueteando con la inmoralidad sexual, quieren seguir con el orgullo intacto.
Escúchame bien, mi querido amigo que estás estudiando la Biblia: para que nazca lo nuevo de Dios en tu vida, lo viejo tiene que ser destruido. Y la única manera de romper el viejo pico es estrellándolo contra la Roca que es Cristo Jesús. Cuando tú vienes a los pies de Cristo, la santidad de la Roca choca contra la inmundicia de tu viejo hombre. Romper el viejo pico significa confesar tus pecados con dolor en el alma. Significa decirle al Señor: "Señor, admito que soy un mentiroso, admito que soy un adúltero, admito que el orgullo me está matando, admito que destruí mi hogar con mis arranques de ira. ¡Hoy estrello mi carácter podrido contra ti, Señor, para que lo rompas por completo!".
¡Sí, mi hermano, va a doler! Duele pedir perdón a quien pisoteaste; duele cortar de raíz con esa relación prohibida que te aparta del cielo; duele renunciar a ese trabajo o a ese dinero que consigues violando el santo sábado del Señor; duele dejar atrás los vicios y las amistades del mundo que te hunden en el fango. El diablo te va a decir: "No lo hagas, vas a sufrir, te vas a quedar solo, la gente se va a burlar de ti". ¡Pero escúchame bien! Es mil veces mejor sangrar un momento en la Roca de la salvación, que morir de hambre espiritual y perderse en el fuego del infierno por mantener un pico viejo que ya no sirve para nada.
Y miren el proceso del águila: una vez que se quita el pico y este le vuelve a nacer, fuerte y afilado, ella no se detiene ahí. Con ese nuevo pico, comienza a arrancarse una a una sus garras viejas y desgastadas. Esas garras con las que antes se aferraba al lodo del mundo. Y luego, empieza a arrancarse las plumas viejas y pesadas. Ella misma se despoja de su pasado. El apóstol Pablo entendía esto perfectamente cuando escribió en la epístola a los Efesios: "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente".
¡Llegó la hora del desprendimiento en esta iglesia! Llegó la hora de arrancarte las plumas del resentimiento, las plumas de la pornografía, las plumas de la hipocresía, las plumas de la religiosidad barata que te tiene estancado en la misma banca año tras año sin dar frutos para el reino de los cielos. ¡Estrellalo todo contra la Roca esta noche!
IV. El Brote de la Nueva Vida: ¡Pero alábale, iglesia, porque la historia no termina en la sangre y el dolor! Esto nos lleva al punto número cuatro: El Brote de la Nueva Vida.
Dice el Salmo 103, versículo 5, con una promesa que debe hacer temblar los cimientos de este lugar: "Él es el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila".
¡Aleluya! Después de los ciento cincuenta días de aislamiento, de dolor y de transformación, ocurre el milagro de la creación de Dios. Al águila le ha crecido un pico completamente nuevo, fuerte, capaz de desgarrar cualquier obstáculo. Le han crecido garras nuevas, poderosas, listas para aferrarse con fuerza implacable a la cumbre más alta. Sus alas se han cubierto de un plumaje nuevo, brillante, ligero, sedoso, impregnado del aceite de la juventud.
Yo me imagino a esa águila, mis amados hermanos, saliendo de la cueva de la roca. Ya no está pesada, ya no está moribunda, ya no está condenada a muerte. Se para en el borde del abismo, mira el horizonte, siente el viento golpear su rostro renovado, abre sus alas majestuosas y se lanza al vacío. ¡Y ya no se cae! ¡Ahora vuela! Vuela más alto que antes, corta las nubes, desafía la tormenta y se eleva hacia el sol, porque ha nacido de nuevo. ¡Ha abrazado la vida!
¿Habrá alguien aquí en esta noche de domingo que quiera experimentar el brote de esa nueva vida? Déjame decirte algo maravilloso: cuando tú le entregas tus pedazos rotos a Jesucristo, cuando tú pasas por el proceso de la verdadera conversión, el Espíritu Santo opera un rejuvenecimiento espiritual instantáneo en tu ser.
La gracia de Dios te devuelve el gozo que el pecado te robó. Te devuelve la pureza que el mundo te quitó. Te devuelve la fuerza para vencer la tentación. El diablo pensó que te tenía liquidado, pensó que te ibas a quedar para siempre en la cueva del desánimo, pero cuando Cristo te toca con su poder renovador, tú te levantas de las cenizas. Tus garras espirituales se vuelven de acero para aferrarte a la Palabra de Dios y nadie te puede mover de la fe. Tus alas se vuelven ligeras porque Cristo ya cargó con toda tu culpa en la cruz del Calvario. ¡Ya no tienes que caminar agachado! ¡Ya no tienes que vivir con vergüenza!
Amigo que estás estudiando la Biblia, hermano que te has sentido cansado: la promesa del cielo para ti hoy es real. Dios no quiere parchar tu vida vieja; Dios quiere darte una vida completamente nueva. Una vida donde la oración vuelva a tener poder, donde la alabanza brote con libertad, donde tu matrimonio sea restaurado, donde tus hijos vean en ti a un hombre o a una mujer transformados por el poder del Dios Vivo. ¡El brote de la nueva vida está disponible hoy en la Roca del Calvario! ¡Alabado sea el nombre del Señor!
CONCLUSIÓN
Mis amados hermanos, amigos del alma, la mesa está servida y la palabra ha sido declarada con poder. Hemos visto al águila sangrar en la Roca, pero también la hemos visto volar con gloria hacia el sol. Hemos desnudado el desgaste que el pecado produce, pero sobre todo, hemos exaltado el poder de la gracia que rejuvenece y restaura el alma humana.
Ya no hay excusas en esta noche de domingo. Tú no puedes salir de este templo diciendo que nadie te advirtió, ni puedes salir diciendo que tu caso no tiene solución. El mismo Dios que programó las leyes de la naturaleza para que la reina de las aves no muriera en su vejez, es el Dios que hoy ha abierto las ventanas de los cielos para decirte a ti: "¡Yo no he terminado contigo! Tu historia no va a terminar en el fracaso".
Miren lo que dice el apóstol Pablo en la segunda epístola a los Corintios, capítulo 4, versículo 16. Es una declaración de victoria que debe retumbar en tu mente: "Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día".
¡Escúchame bien, iglesia! El cuerpo físico puede envejecer, las arrugas pueden llegar, las fuerzas de la carne pueden mermar por los años; ¡pero el hombre interior, el hombre que está escondido con Cristo en la Roca, no conoce el envejecimiento espiritual! Ese hombre se renueva cada mañana, se levanta con el fuego del primer amor, camina con la frente en alto y abraza la vida con la fuerza del Espíritu Santo.
Hoy tienes las dos opciones del águila frente a ti. Puedes elegir quedarte abajo en el valle, con tu pico torcido, con tus garras blandas, quejándote de tu suerte, arrastrando las plumas sucias del pasado y esperando que la muerte espiritual te alcance. O puedes tomar la decisión valiente, radical y bendita de subir hoy mismo a la Roca, romper con lo que te destruye y reclamar el brote de una vida completamente nueva. ¿Qué vas a elegir en esta noche?
LLAMADO
(El predicador disminuye el tono de la voz, adoptando una postura de profunda solemnidad y ruego pastoral, mirando fijamente a los ojos de los asistentes)
Con cada rostro inclinado, con cada ojo cerrado... Hermanos de la iglesia, intensifiquen su oración en este segundo. Nadie se mueva, por favor. Estamos pisando terreno santo. El Espíritu de Dios está pasando banca por banca, tocando los hombros de hombres y mujeres que hoy se sienten cansados.
Yo sé que en esta noche hay un amigo, hay una hermana, hay un joven que vino hoy arrastrando los pies. Te sientes pesado. Sientes que el lodo del pecado y de los problemas familiares te han quitado el deseo de volar. Has intentado cambiar muchas veces, pero tu viejo carácter siempre vuelve a traicionarte. Pero hoy el Alfarero, hoy la Roca de la eternidad te dice: "Dame tu pico torcido, dame tus dolores, déjame arrancarte esas plumas viejas que te pesan".
Si tú estás aquí en esta noche de domingo, y tú le dices a Jesús: "Señor, admito mi desgaste. Confeso que ya no tengo fuerzas para seguir luchando solo afuera. Hoy decido subir a la Roca. Hoy quiero que comiences mi proceso de renovación interior". Si ese es tu clamor, ponte de pie inmediatamente allí en tu lugar. No lo pienses dos veces. Ponte de pie como un acto de rendición ante el Creador... ¡Gloria a Dios! Allá se pone de pie un caballero, allá veo a una madre de familia, allá veo a un joven con lágrimas en los ojos. Dios les bendiga. El Espíritu Santo está operando el milagro ahora mismo.
(La voz del predicador recobra la fuerza, la vehemencia y el carisma de un general en batalla espiritual)
Pero el Espíritu Santo me dice que hay algo más en esta noche. Entre los que están de pie, y entre algunos que todavía están sentados sintiendo un nudo en la garganta, hay personas que están estudiando la Biblia, personas que ya entendieron que el sábado es el día del Señor, personas que saben que Cristo viene pronto, y el diablo les ha estado diciendo: "No te bautices todavía, tu vida está muy enredada, el proceso va a doler demasiado".
¡Déjame decirte que sí duele romper el viejo pico, pero el resultado es la libertad eterna! El bautismo es el momento exacto donde te metes en la cueva de la Roca, donde el agua de la gracia sepulta al viejo hombre desgastado y pecador, y donde sales de las aguas rejuvenecido, con plumas nuevas, listo para volar hacia los cielos. ¡El bautismo es tu declaración de que abrazas la vida de Dios!
Yo hago un llamado directo, ardiente y desafiante al altar en esta noche. Si tú eres esa visita que está estudiando la Palabra, si eres ese alma que quiere sellar su pacto con Dios y prepararse para el santo bautismo en esta campaña, o si eres un hermano que necesita reconciliarse con el Señor y nacer de nuevo, te voy a pedir que dejes tu banca ahora mismo. Da un paso al frente. Camina con decisión hacia este altar. Vence el temor, rompe la cadena del orgullo. ¡Ven a la Roca!
(El predicador extiende sus manos hacia el pasillo central, llamando con carisma y amor pastoral)
¡Ven ahora! Mientras la iglesia ora y el canto de invitación resuena, da ese paso de fe. No te quedes en la cueva del desánimo. Camina al frente... ¡Eso es! Gloria a Dios, mi hermano, pasa adelante, la Roca te abraza. Gloria a Dios por ti, joven valiente. Miren el poder de la Palabra, hermanos. ¡Las almas están saliendo del valle del desgaste!
Si tú sabes que tus alas están rotas y necesitas que Cristo te renueve hoy, ven al frente. No dejes para mañana lo que el cielo te ofrece hoy. Pasa al altar, entrega tu vida, rompe con el pasado en el nombre de Jesús, ¡y prepárate para levantar alas como las águilas y volar hacia la eternidad! ¡Ven al frente, que Cristo te está esperando! ¡Amén!
