¿Qué deben creer los hombres para ser salvos?

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¿Qué deben creer los hombres para ser salvos?

Texto base: Marcos 16:16"El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado."

Introducción

Vivimos en una época donde existen innumerables creencias, filosofías, religiones y opiniones acerca de Dios. Muchos afirman que todas las creencias conducen al mismo destino, pero la Biblia enseña algo muy diferente. Nuestro Señor Jesucristo declaró con absoluta claridad que la salvación está ligada a la fe, y la condenación está ligada a la incredulidad.
La pregunta más importante que un ser humano puede hacerse no es qué iglesia debe asistir, ni qué tradición debe seguir, sino: ¿Qué debo creer para ser salvo? De la respuesta a esta pregunta depende no solamente nuestra vida presente, sino también nuestro destino eterno. La Palabra de Dios no deja esta cuestión en la incertidumbre. Dios ha revelado claramente aquello que el pecador debe creer para ser justificado y reconciliado con Él.

I. Debemos creer que la salvación solo es posible por la fe

La primera verdad que debemos comprender es que nadie puede acercarse a Dios ni recibir salvación sin fe. La fe no es un complemento de la vida cristiana; es el fundamento mismo de nuestra relación con Dios. Desde Génesis hasta Apocalipsis, la Escritura enseña que el hombre es incapaz de justificarse por sus propios méritos, obras o esfuerzos religiosos.
El problema fundamental del ser humano es el pecado, y ningún esfuerzo humano puede borrar su culpa delante de un Dios santo. Por esa razón, Dios estableció que la justificación fuera recibida mediante la fe. La incredulidad mantiene al hombre bajo condenación, mientras que la fe lo coloca en la esfera de la gracia divina.
Versículos clave:
Hebreos 11:6"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan."
Romanos 5:1"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."
Marcos 16:16"El que no creyere, será condenado."
La fe verdadera reconoce que no existe esperanza fuera de Dios. Es abandonar toda confianza en uno mismo para descansar completamente en la provisión divina. Mientras el hombre siga confiando en su moralidad, en sus buenas obras o en su religión, permanecerá lejos de la salvación. Pero cuando deposita su confianza en Dios, encuentra la puerta abierta hacia la vida eterna.
Aplicación: Muchos desean la paz de Dios sin ejercer fe en Dios. Sin embargo, la paz, el perdón y la justificación solo llegan cuando el corazón cree lo que Dios ha dicho y descansa en Su promesa.

II. Debemos creer en el Hijo de Dios como el único Salvador

La fe salvadora no es una fe vaga ni indefinida. No basta creer que Dios existe. La pregunta no es simplemente si creemos en algo espiritual, sino si creemos en Jesucristo. La Escritura dirige toda la atención al Hijo de Dios como el único medio de salvación para los pecadores.
Cristo vino al mundo para cargar sobre Sí el pecado de la humanidad. Su muerte en la cruz satisfizo la justicia divina, y Su resurrección confirmó la victoria sobre el pecado y la muerte. La fe que salva es aquella que descansa en la persona y obra de Jesucristo.
Cuando el Señor declara que el que no cree será condenado, el contexto bíblico muestra que la incredulidad más grave es rechazar al Hijo de Dios. Dios ha dado un único Salvador para el mundo, y rechazarlo equivale a rechazar el único remedio para el pecado.
Versículos clave:
Juan 3:36"El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él."
Juan 14:6"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí."
Hechos 4:12"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos."
La fe salvadora mira a Cristo como suficiente. No añade otros mediadores, méritos personales ni sistemas religiosos. Reconoce que solamente la sangre de Cristo puede limpiar el pecado y solamente Su justicia puede presentarnos aceptables delante de Dios.
Aplicación: La pregunta decisiva no es cuánta religión posee una persona, sino qué ha hecho con Jesucristo. La eternidad depende de nuestra respuesta al Hijo de Dios.

III. Debemos creer con una fe que produzca una entrega genuina a Dios

La fe bíblica no es simplemente aceptar ciertos hechos intelectuales. Los demonios creen que Dios existe, pero no son salvos. La fe que justifica transforma el corazón, produce obediencia y conduce al pecador a una relación viva con Dios.
Cuando una persona cree verdaderamente, deja de debatirse en la incertidumbre y descansa en la promesa divina. Ya no vive en la duda ni enfrenta la muerte sin esperanza. La fe genuina abraza la verdad de Dios y se aferra a ella con confianza absoluta.
La gran tragedia del hombre incrédulo es que permanece bajo condenación porque rechaza la única verdad que puede salvarlo. Pero quien cree encuentra perdón, adopción, paz y vida eterna.
Versículos clave:
Romanos 10:9-10"Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo."
Juan 5:24"El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida."
Santiago 2:17"Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma."
La verdadera fe no es una simple opinión religiosa; es una confianza del corazón que cambia la dirección de la vida. Donde hay fe auténtica, habrá amor por Dios, deseo de obedecerle y perseverancia en Su camino.
Aplicación: No basta saber acerca de Cristo. Es necesario confiar en Él personalmente. La fe salvadora no consiste en conocer la verdad, sino en rendirse a la verdad.

Conclusión

La pregunta más importante de la vida sigue siendo: ¿Qué deben creer los hombres para ser salvos?
La respuesta bíblica es clara:
Deben creer que sin fe nadie puede agradar a Dios ni ser justificado.
Deben creer en Jesucristo como el único Salvador de los pecadores.
Deben creer con una fe genuina que transforme el corazón y produzca una entrega real a Dios.
Cristo declaró: "El que no creyere será condenado." Esta advertencia es solemne, pero también encierra una gloriosa esperanza: todo aquel que cree en el Hijo tiene vida eterna. Hoy Dios extiende Su gracia. La pregunta no es si Cristo puede salvar; la pregunta es si creeremos en Él. Quien deposita su confianza en Jesucristo encuentra perdón, reconciliación con Dios y una salvación eterna que jamás será quitada.

II. Debemos creer la verdad de Dios y no conformarnos con una religión vacía

Después de establecer que la salvación depende de la fe, surge otra pregunta fundamental: ¿poseen realmente esa fe quienes afirman ser creyentes? El texto denuncia una realidad alarmante: muchas personas hablan de fe, pertenecen a una iglesia e incluso participan activamente en actividades religiosas, pero nunca han examinado qué creen realmente. Han heredado costumbres peligrosas, tradiciones familiares o preferencias denominacionales, pero no poseen una convicción bíblica personal acerca de la verdad que salva.
Esta situación era preocupante en los días del autor y sigue siendo igual en nuestros tiempos. Muchos se identifican como cristianos porque nacieron en un hogar cristiano, porque asisten regularmente a una congregación o porque simpatizan con cierto grupo religioso. Sin embargo, cuando se les pregunta qué enseña el evangelio acerca de la salvación, el pecado, la gracia o Jesucristo, no saben responder. Su religión descansa en costumbres y emociones, no en una fe fundamentada en la Palabra de Dios.
Versículos clave:
Oseas 4:6"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento."
Romanos 10:17"Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios."
2 Timoteo 3:15"Las Sagradas Escrituras te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús."
El texto muestra que muchos eligen una iglesia por razones superficiales: la música, las amistades, la tradición familiar o la reputación social. Ninguna de estas cosas es necesariamente mala, pero ninguna de ellas puede salvar el alma. La salvación no viene por admirar una iglesia, sino por creer la verdad revelada por Dios. Una persona puede conocer cada rincón de un templo y aun así desconocer al Salvador de ese templo.
El peligro de esta religión superficial es que produce una falsa seguridad. El individuo piensa que es creyente porque pertenece a un grupo religioso, cuando en realidad nunca ha depositado su confianza en las verdades fundamentales del evangelio. Se considera salvo porque está cerca de las cosas de Dios, aunque jamás haya rendido su corazón a Cristo.
Jesús confrontó precisamente este problema cuando habló de aquellos que honraban a Dios con los labios mientras su corazón permanecía lejos de Él. La fe verdadera no consiste en una afiliación religiosa externa, sino en una confianza interna y personal en la verdad divina.
Versículos clave:
Mateo 15:8"Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí."
Juan 8:31-32"Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres."
Además, el texto denuncia las divisiones y discusiones religiosas que muchas veces ocupan el lugar que debería tener el evangelio. Personas discuten sobre sistemas teológicos, tradiciones o etiquetas denominacionales sin siquiera comprender aquello que defienden. Se identifican con una posición doctrinal, pero desconocen las verdades esenciales que conducen a la salvación.
La gran pregunta no es: "¿A qué grupo pertenezco?", sino: "¿He creído realmente en Jesucristo y en el evangelio que salva?". Las diferencias humanas jamás podrán sustituir la necesidad de una fe personal en Cristo.
Aplicación práctica:
Cada creyente debe examinarse honestamente. No basta preguntar: "¿A qué iglesia pertenezco?". Debemos preguntarnos: "¿Qué creo acerca de Cristo? ¿He comprendido el evangelio? ¿Mi fe está basada en la Palabra de Dios o solamente en tradiciones religiosas?". La fe que salva no descansa en una denominación, sino en la verdad de Jesucristo revelada en las Escrituras. Allí es donde debemos fundamentar nuestra esperanza eterna.

III. Debemos creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios

Después de descartar las tradiciones humanas, las divisiones denominacionales y los sistemas teológicos como fundamento de la salvación, el texto finalmente llega al corazón del asunto: ¿qué es exactamente lo que Dios exige que el hombre crea para ser salvo? La respuesta no se encuentra en un "ismo", ni en una escuela de pensamiento, ni en una etiqueta religiosa. La respuesta se encuentra en una Persona: Jesucristo.
Cuando el Señor envió a sus discípulos al mundo, les ordenó predicar el evangelio. Luego declaró que quien creyera sería salvo y quien no creyera sería condenado. Esto significa que el objeto de la fe salvadora no son las opiniones humanas, sino el evangelio de Dios. Por eso, la pregunta fundamental no es si una persona acepta determinado sistema doctrinal, sino si ha creído verdaderamente el mensaje que Dios ha revelado acerca de Su Hijo.
El apóstol Juan nos ofrece una respuesta clara y definitiva cuando explica el propósito por el cual escribió su evangelio. Él no escribió para promover una corriente teológica, ni para defender una denominación, sino para conducir a los hombres a una fe que produce vida eterna.
Versículos clave:
Juan 20:30-31"Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre."
Mateo 16:16"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente."
Hechos 16:31"Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa."
La gran verdad salvadora es que Jesús es el Cristo prometido, el Mesías enviado por Dios, el Hijo eterno del Dios viviente. Creer esto no significa simplemente aceptar un dato histórico. Significa confiar en Él como el Salvador enviado por el Padre, reconocer Su autoridad divina y descansar completamente en Su obra redentora.
El texto enfatiza que muchas controversias giran alrededor de doctrinas secundarias, pero ninguna iglesia verdaderamente cristiana rechaza esta verdad central: que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Allí se encuentra el núcleo del evangelio. Allí descansa la esperanza del pecador. Allí se encuentra la fe que justifica.
La salvación no depende de comprender todos los misterios de la teología ni de resolver cada debate doctrinal. Un creyente puede ignorar muchas cuestiones complejas y, aun así, poseer una fe genuina. Pero nadie puede ser salvo rechazando a Jesucristo. Él es el fundamento sobre el cual descansa toda la esperanza de vida eterna.
Versículos clave:
Juan 3:16"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."
1 Juan 5:1"Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios."
Romanos 10:9"Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo."
La fe salvadora, por tanto, tiene un objeto específico: Jesucristo. No se trata de una fe en la fe misma, ni de una confianza en las obras personales, ni en una organización religiosa. Es una confianza viva en la persona del Hijo de Dios. Quien cree de corazón que Jesús es el Cristo recibe vida en Su nombre, perdón de pecados y reconciliación con Dios.

Conclusión

La pregunta que inició este mensaje ha sido respondida por la propia Escritura: ¿Qué deben creer los hombres para ser salvos?
No deben confiar en tradiciones humanas, ni en sistemas religiosos, ni en credos meramente denominacionales. Deben creer el evangelio de Dios. Deben creer que Jesucristo es el Cristo, el Hijo de Dios, el único Salvador de los pecadores.
La fe que salva no consiste en conocer muchos argumentos, sino en abrazar a Cristo con todo el corazón. El que cree en Él tiene vida eterna; el que lo rechaza permanece bajo condenación. Por eso hoy el llamado sigue siendo el mismo que resonó en tiempos apostólicos: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo." Que nadie salga confiando en una religión, sino en la persona gloriosa de Jesucristo, porque solamente en Él hay salvación, vida y esperanza eterna.

IV. Debemos creer y confesar que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente

Después de demostrar que la fe salvadora consiste en creer que Jesús es el Cristo, el texto avanza un paso más y muestra que esta verdad no solamente debe ser creída en el corazón, sino también confesada públicamente. La fe genuina nunca permanece oculta. Cuando una persona ha sido convencida por Dios de quién es Jesucristo, esa convicción transforma su interior y se manifiesta en una confesión abierta de su Señor.
El apóstol Pablo enseña que la salvación está ligada tanto a la fe del corazón como a la confesión de los labios. Creer que Dios levantó a Jesús de entre los muertos es aceptar que Él es verdaderamente quien afirmó ser: el Mesías prometido, el Hijo eterno de Dios. La resurrección es la gran evidencia divina que confirma todas las declaraciones de Cristo. Si Jesús hubiera sido un engañador, Dios jamás lo habría resucitado. Pero al levantarlo de los muertos, el Padre selló con Su propia autoridad la verdad de Su misión y la autenticidad de Su mensaje.
Versículos clave:
Romanos 10:9-10"Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo."
Romanos 1:4"Que fue declarado Hijo de Dios con poder... por la resurrección de entre los muertos."
Hechos 17:31"Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo... habiendo dado fe a todos con haberle levantado de los muertos."
La resurrección no es un detalle secundario del evangelio; es la prueba celestial de que Jesús es el Cristo. Cuando una persona cree verdaderamente en el Cristo resucitado, está aceptando todo lo que Dios ha declarado acerca de Su Hijo. Está reconociendo que Cristo venció el pecado, derrotó la muerte y reina para siempre como Señor y Salvador.

La fe apostólica tenía un contenido claro y definido

El ejemplo del funcionario etíope ilustra perfectamente la sencillez y profundidad de la fe salvadora. Felipe no lo condujo a una discusión filosófica ni a un complejo sistema doctrinal. La Escritura dice simplemente que "le anunció el evangelio de Jesús". Cuando el etíope manifestó su deseo de ser bautizado, Felipe le presentó una sola condición: creer de todo corazón.
La respuesta del hombre fue clara, directa y suficiente: "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios." Esta confesión constituyó la evidencia de su fe. No encontramos largas declaraciones teológicas ni exámenes extensos. El centro de todo era Cristo. Los primeros conversos eran recibidos sobre la base de esta convicción fundamental acerca de Jesús.
Versículos clave:
Hechos 8:37"Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios."
Hechos 8:35"Felipe... le anunció el evangelio de Jesús."
1 Juan 4:15"Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios."
Esto nos recuerda que la fe que salva no descansa en la comprensión de todos los detalles doctrinales, sino en una confianza sincera y completa en la persona de Jesucristo. El evangelio apunta al Salvador, y la fe se aferra a Él.

Dios mismo dio testimonio de que Jesús es Su Hijo

El texto concluye mostrando que esta verdad fundamental no fue inventada por hombres ni desarrollada por una institución religiosa. Fue revelada directamente por Dios. En el bautismo de Jesús, cuando el Espíritu Santo descendió sobre Él, el Padre habló desde el cielo declarando: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." Más tarde, en el monte de la transfiguración, Dios volvió a proclamar la misma verdad y añadió una orden solemne: "A él oíd."
Estas declaraciones constituyen el testimonio supremo del cielo acerca de Jesucristo. El Padre mismo identificó públicamente a Jesús como Su Hijo amado. Por eso, cuando Pedro confesó: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente", Jesús respondió que esa verdad no había sido descubierta por sabiduría humana, sino revelada por el Padre celestial.
Versículos clave:
Mateo 3:17"Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia."
Mateo 17:5"Este es mi Hijo amado... a él oíd."
Mateo 16:16-17"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente... no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos."
2 Pedro 1:16-17"Fuimos testigos oculares de su majestad."
La fe salvadora descansa sobre esta revelación divina. No creemos en Cristo porque una tradición humana lo afirme, sino porque Dios mismo lo ha declarado. El Padre ha dado testimonio del Hijo, los apóstoles dieron testimonio del Hijo, las Escrituras dan testimonio del Hijo, y el Espíritu Santo sigue dando testimonio del Hijo.

Aplicación final

La pregunta no es simplemente si admiramos a Jesús, respetamos a Jesús o conocemos acerca de Jesús. La pregunta es: ¿Creemos de todo corazón que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente? Esa fue la confesión de Pedro, del etíope, de los apóstoles y de la iglesia primitiva.
La verdad fundamental del evangelio sigue siendo la misma hoy: Jesucristo es el Hijo de Dios, el Salvador resucitado y el único Señor capaz de salvar al pecador. Quien cree esta verdad con el corazón y la confiesa con la boca posee la fe que conduce a la justicia, a la vida eterna y a la salvación.

V. La resurrección de Cristo confirma el fundamento de nuestra fe

Después de revelar que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, el texto nos conduce a una verdad inseparable de esa confesión: la resurrección de Jesucristo. No basta afirmar quién es Cristo; es necesario comprender que Dios confirmó públicamente Su identidad al levantarlo de entre los muertos. La resurrección es la prueba suprema de que Jesús es verdaderamente el Mesías prometido y el fundamento inquebrantable de la salvación.
Cuando Pedro confesó: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente", Jesús respondió hablando de una roca sobre la cual edificaría Su Iglesia. El énfasis del texto no recae en Pedro como persona, sino en la verdad que acababa de ser confesada: que Jesús es el Cristo. Esa verdad constituye el fundamento de la nueva institución divina. Sobre esa confesión descansa la esperanza de la Iglesia y la salvación de los creyentes.
Versículos clave:
Mateo 16:16-18"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente... sobre esta roca edificaré mi iglesia."
Efesios 2:20"Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo."
1 Pedro 2:6"He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado."
La declaración de Jesús acerca de las puertas del Hades apunta hacia la gran batalla que se aproximaba: Su muerte, Su sepultura y Su resurrección. Todo parecía quedar suspendido en una sola pregunta: ¿podrían los poderes de la muerte retener al Hijo de Dios? Si Cristo permanecía en la tumba, Su afirmación de ser el Mesías quedaría desacreditada. Pero si resucitaba, quedaría confirmado para siempre que Él era exactamente quien decía ser.
Por eso Jesús aseguró de antemano que las puertas del Hades no prevalecerían. La muerte no tendría la última palabra. El sepulcro no podría retener al Autor de la vida. La resurrección demostraría que el fundamento de la fe cristiana jamás podría ser destruido.
Versículos clave:
Hechos 2:24"Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella."
Apocalipsis 1:18"Estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos."
Romanos 1:4"Declarado Hijo de Dios con poder... por la resurrección de entre los muertos."

La resurrección sostiene toda la fe cristiana

El apóstol Pablo entendió perfectamente que toda la estructura del evangelio descansa sobre la realidad de la resurrección. Por eso, cuando algunos en Corinto comenzaron a negar la resurrección de los muertos, Pablo les mostró las terribles consecuencias de esa creencia.
Si Cristo no resucitó, entonces la predicación apostólica es falsa. Si Cristo no resucitó, la fe de los creyentes es inútil. Si Cristo no resucitó, los pecados no han sido perdonados. Si Cristo no resucitó, los que murieron confiando en Él se han perdido. Todo el evangelio depende de este acontecimiento glorioso.
Pero Pablo no termina en la duda. Después de presentar las consecuencias de negar la resurrección, proclama una de las declaraciones más triunfantes de toda la Escritura: "Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos."
Versículos clave:
1 Corintios 15:14"Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe."
1 Corintios 15:17"Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados."
1 Corintios 15:20"Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos."
La resurrección valida cada promesa del evangelio. Confirma que el sacrificio de Cristo fue aceptado por Dios. Garantiza que el pecado fue vencido. Asegura que la muerte no tiene la victoria final. La fe cristiana no descansa en una filosofía, sino en un Salvador vivo.

La resurrección exige una respuesta de arrepentimiento y fe

El texto concluye mostrando cómo Pablo utilizó esta verdad al predicar en Atenas. Frente a filósofos y pensadores, no presentó argumentos humanos complejos; presentó la realidad de Cristo resucitado. Dios manda a todos los hombres en todas partes que se arrepientan porque ha establecido un día en que juzgará al mundo por medio de Jesucristo.
¿Y cuál es la prueba de que Cristo será el Juez de todos? Su resurrección. Al levantar a Jesús de entre los muertos, Dios dio una evidencia pública e irrefutable de que todo lo que Cristo enseñó es verdad. Si Cristo resucitó, entonces sus advertencias son verdaderas, sus promesas son verdaderas y su evangelio es verdadero.
Versículos clave:
Hechos 17:30-31"Dios... manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia... habiendo dado fe a todos con haberle levantado de los muertos."
Juan 11:25"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá."
Romanos 4:25"El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación."

Aplicación final

La fe salvadora no descansa en sentimientos, tradiciones o razonamientos humanos. Descansa en un hecho histórico y eterno: Jesucristo resucitó de entre los muertos. Esa resurrección confirma que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Confirma que Su sacrificio fue suficiente. Confirma que el evangelio es verdadero. Confirma que habrá juicio, pero también confirma que hay salvación para todo aquel que cree.
Por eso, el creyente puede permanecer firme en medio de cualquier prueba. Mientras Cristo viva —y vive para siempre— nuestra fe tiene fundamento seguro. El sepulcro está vacío, el Salvador está vivo, y la esperanza del cristiano jamás será avergonzada.

VI. La fe salvadora descansa en Cristo y no en la comprensión de todas las dificultades

Al llegar a esta parte del mensaje, encontramos una verdad que trae gran consuelo al creyente sincero. La salvación no depende de que una persona pueda responder todas las preguntas difíciles de la Biblia ni resolver cada objeción presentada por los incrédulos. A lo largo de la historia han surgido cuestionamientos acerca de diversos pasajes bíblicos, acontecimientos históricos y doctrinas profundas. Sin embargo, la fe salvadora nunca ha descansado en la capacidad humana para explicar cada detalle de la revelación divina.
El texto señala que muchos ataques contra la fe nacen más de la ignorancia que del conocimiento. Quienes han estudiado con mayor profundidad las Escrituras suelen encontrar respuestas satisfactorias a muchas de las supuestas contradicciones o dificultades. Pero aun cuando existieran preguntas que todavía no comprendemos completamente, la base de nuestra fe permanece firme porque no descansa en nuestra comprensión perfecta, sino en la persona perfecta de Jesucristo.
Versículos clave:
Deuteronomio 29:29"Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre."
2 Pedro 3:16"Hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen."
Proverbios 3:5"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia."
La fe cristiana comienza y termina en Cristo. El creyente no fundamenta su esperanza en haber resuelto todos los misterios bíblicos, sino en haber encontrado al Salvador resucitado. Cuando estamos convencidos de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, entonces podemos confiar plenamente en todo lo que Él enseñó. Si Él es quien afirmó ser, entonces Su autoridad está por encima de cualquier duda humana.

Cristo es el fundamento de toda la revelación divina

El hombre sabio comienza examinando a Jesucristo. Si Dios lo resucitó de entre los muertos, entonces todo lo que dijo es verdad. Si Él es el Hijo eterno de Dios, entonces sus palabras poseen autoridad absoluta. Cuando llegamos a esta conclusión, las Escrituras dejan de ser simplemente una colección de libros antiguos y se convierten en la revelación autorizada del Dios vivo.
Jesús confirmó la autoridad de Moisés, de los profetas y de las Escrituras del Antiguo Testamento. Asimismo, envió y autorizó a sus apóstoles para anunciar el evangelio al mundo. Por eso, toda la autoridad bíblica descansa finalmente en Él. Cristo es la piedra angular sobre la cual se sostiene toda la estructura de la revelación divina.
Versículos clave:
Efesios 2:20"Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo."
Colosenses 1:16-17"Porque en él fueron creadas todas las cosas... y todas las cosas en él subsisten."
Juan 14:9"El que me ha visto a mí, ha visto al Padre."
Cuando el creyente se acerca a Cristo y reconoce Su autoridad, encuentra una base firme para toda su fe. Ya no necesita vivir dominado por las dudas ni por los ataques de la incredulidad. Sabe en quién ha creído y sabe que Aquel en quien ha confiado es digno de toda confianza.
El Antiguo Testamento apunta hacia Él. El Nuevo Testamento revela Su obra. Los apóstoles testifican acerca de Él. Los profetas anunciaron Su venida. Toda la Biblia converge en una sola persona: Jesucristo.

La verdadera fe está puesta en Cristo y produce obediencia

El texto concluye corrigiendo una expresión común pero equivocada. Muchas personas dicen que creen en la oración, creen en el bautismo o creen en la Cena del Señor. Sin embargo, bíblicamente hablando, la fe no está puesta en esas prácticas. La fe está puesta únicamente en Cristo.
No somos salvos por creer en el bautismo, sino por creer en Cristo y obedecer Su mandato de bautizarnos. No oramos porque tengamos fe en el acto de orar, sino porque tenemos fe en el Dios que escucha la oración. No participamos de la Cena del Señor porque confiemos en el rito mismo, sino porque confiamos en Aquel que la instituyó.
La fe verdadera siempre tiene un objeto: Jesucristo. Y cuando esa fe es genuina, produce obediencia. El creyente sigue los mandamientos del Señor porque reconoce Su autoridad divina.
Versículos clave:
Juan 14:15"Si me amáis, guardad mis mandamientos."
Hechos 4:12"Y en ningún otro hay salvación."
Juan 14:6"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí."
Apocalipsis 1:18"Yo soy el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos."
Cristo es el centro del evangelio, el fundamento de la Iglesia, la autoridad de las Escrituras y la esperanza de la salvación. Toda verdadera fe descansa en Él. Toda obediencia surge de Él. Toda esperanza apunta hacia Él.

Aplicación final

La pregunta decisiva no es si podemos responder todas las objeciones de los incrédulos ni resolver todos los misterios bíblicos. La pregunta es: ¿Qué pensamos de Jesucristo?
Si creemos que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente; si creemos que murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación; si confiamos plenamente en Su autoridad y obedecemos Su palabra, entonces estamos edificados sobre el único fundamento que jamás será removido.
Cristo sigue siendo la piedra angular de la fe. Todo puede cambiar a nuestro alrededor, pero Él permanece para siempre. Por eso el creyente puede decir con confianza: "He creído en Cristo, y sobre esa roca descansa mi esperanza eterna."
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