SERIE: PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS (6)

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TÍTULO: EL PELIGRO DE NO CRECER (Hebreos 5:11-6:20)

INTRODUCCIÓN

La carta a los Hebreos fue escrita a creyentes que estaban cansados. Pero no eran personas que hubieran abandonado la fe de golpe. Eran personas que simplemente... habían dejado de avanzar. Seguían asistiendo a las reuniones. Seguían escuchando la Palabra. Seguían formando parte de la comunidad. Pero por dentro, algo se había enfriado.
Esta comunidad Judía había creído en Jesús como el Mesías prometido, pero bajo la presión del rechazo social, la persecución y el cansancio, estaban considerando regresar a las prácticas religiosas del judaísmo que conocían desde niños. Estaban tentados a retroceder hacia lo cómodo y conocido.
Y el escritor entiende algo fundamental:
El estancamiento espiritual nunca es neutral. Nadie permanece quieto en la vida cristiana. O avanzamos hacia la madurez, o comenzamos a deslizarnos lentamente hacia atrás. Vivimos en una época donde muchos creyentes conocen mucho acerca de Dios, pero crecen poco en Dios. Muchos han sustituido la madurez por la comodidad. La profundidad por el entretenimiento. La perseverancia por la emoción del momento. Por eso este texto nos confronta con una pregunta importante:
¿Estoy avanzando hacia la madurez en Cristo, o me estoy alejando sin darme cuenta?

1. EL PELIGRO DE LA INMADUREZ ESPIRITUAL (5:11-14)

Hebreos 5:11–12 RVR60
Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.
A) Veníamos avanzando sobre una línea que marcaba a Jesús por encima de los Angeles, Moisés, Josue y dábamos la entrada ahora como sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, un personaje que vimos brevemente hace dos semanas, pero ahora el escritor hace un respiro y desde lo más profundo lanza una exhortación que apunta no al crecimiento sino al peligro de no crecer espiritualmente.
b) La expresión "tardos para oír" es clave. En el griego original, la palabra usada es nōthroi, que significa perezosos, lentos, apáticos. No es que no pudieran entender. Es que habían perdido el hambre espiritual.
Observe el contraste que hace el autor:
"Debiendo ser ya maestros..." Habían pasado suficientes años. Habían recibido enseñanza. Habían tenido todas las oportunidades. Y sin embargo, seguían necesitando leche espiritual — lo más básico, lo elemental — cuando ya debían estar comiendo alimento sólido.
c) No era un problema de tiempo. Era un problema de madurez. Y esto tiene una consecuencia práctica muy concreta, que aparece en el versículo 14: la falta de discernimiento.El discernimiento es la capacidad de distinguir entre lo que es verdadero y lo que es falso, entre lo que edifica y lo que destruye, entre lo que viene de Dios y lo que viene del mundo. Y esa capacidad solo se desarrolla cuando crecemos espiritualmente.
d) La pregunta no es cuántos años llevamos en la iglesia.Un creyente puede llevar veinte años asistiendo y estar tan inmaduro como el primer día si nunca ha tomado en serio su crecimiento espiritual. La pregunta correcta es: ¿cuánto he crecido en Cristo? ¿Entiendo la Biblia mejor que hace un año? ¿Tengo más capacidad de resistir la tentación? ¿Mi carácter se parece más hoy a Jesús que antes?

2. EL LLAMADO URGENTE A AVANZAR (6:1-3)

Hebreos 6:1 RVR60
Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios,
a) Dos palabras de este versículo necesitan explicación para entender bien lo que el autor está diciendo."Rudimentos" es decir, los principios básicos, el ABC de la fe cristiana: el arrepentimiento, la fe, el bautismo, la resurrección. Son el fundamento. Son esenciales. Sin ellos no hay nada. “Perfección" esta palabra en el griego original no significa que debamos vivir sin pecado. La palabra es teleiótēs, y significa madurez, desarrollo completo, plenitud. Es la imagen de un adulto que ha crecido hasta alcanzar su estatura completa.
El autor no está diciendo que abandonen las doctrinas básicas. Está diciendo que construyan sobre ellas. Piénsalo así: los cimientos de una casa son absolutamente necesarios. Sin ellos, no hay casa. Pero nadie construye unos cimientos y luego se instala a vivir ahí, al aire libre. Los cimientos existen para que sobre ellos se levante algo.
b) Hay creyentes que llevan años repitiendo las mismas luchas. Los mismos pecados sin resistencia. Las mismas excusas. Las mismas preguntas de principiante. No porque sean malas personas. Sino porque nunca han decidido crecer intencionalmente.
c) La vida cristiana no es un estacionamiento espiritual. Es un camino de transformación continua, donde cada etapa nos prepara para la siguiente. Crecer no es automático. Requiere decisión. Requiere disciplina. Requiere hambre. ¿Qué estás haciendo hoy deliberadamente para crecer?

3. EL PELIGRO DE RETROCEDER DELIBERADAMENTE (6:4-8)

Hebreos 6:4–6 RVR60
Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.
A) Llegamos al texto más debatido de toda esta sección. Y hay que abordarlo con honestidad. Muchos se preguntan: "¿Está enseñando este pasaje que un creyente verdadero puede perder la salvación?" Antes de responder, necesitamos aplicar un principio básico de hermenéutica — que es el arte y la ciencia de interpretar correctamente la Biblia. La hermenéutica nos enseña que nunca debemos construir una doctrina sobre un versículo aislado, sacado de su contexto. Cada texto debe leerse a la luz de:
Su contexto inmediato ¿qué dice el párrafo antes y después?
El argumento del libro completo ¿qué está intentando comunicar el autor?
La enseñanza del resto de la Escritura ¿qué dice la Biblia en su totalidad?
b) Y cuando hacemos eso, encontramos textos como estos: “Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano." (Juan 10:28) “Nada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 8:38-39)
Entonces, ¿qué está advirtiendo Hebreos 6? El autor no habla de una caída momentánea. No habla de la lucha normal del creyente con el pecado. No habla del que falla y regresa arrepentido. La palabra que usa describe algo mucho más grave: la apostasía — que significa un abandono deliberado, consciente y persistente de Cristo. No es tropezar. Es dar la espalda conociendo perfectamente a quién se rechaza.
El argumento es este: si alguien ha recibido toda la luz, ha experimentado la obra del Espíritu, ha sido parte de la comunidad de fe... y después de todo eso decide rechazar a Cristo de manera definitiva y deliberada, ¿con qué más podría Dios llamarlo? No es que Dios no pueda. Es que esa persona ha cerrado todas las puertas desde adentro.
c) Luego el autor usa una ilustración agrícola poderosísima La misma lluvia cae sobre dos terrenos. Uno produce fruto y bendición. El otro produce espinos y es inútil. La diferencia no está en la lluvia — que representa la Palabra y la gracia de Dios. La diferencia está en la respuesta del terreno — que representa el corazón de cada persona.
d) Estar cerca de las cosas de Dios no es lo mismo que pertenecer a Dios. Se puede crecer en una familia cristiana, asistir toda la vida a una iglesia, conocer la Biblia de memoria... y nunca haber tenido una fe genuina y personal. La evidencia de una fe verdadera es la perseverancia y el fruto a lo largo del tiempo.

4. LA ESPERANZA QUE SOSTIENE AL CREYENTE (6:9-20)

Hebreos 6:9 RVR60
Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así.
Hebreos 6:19 RVR60
La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo,
a) Después de la advertencia, viene el consuelo. Y la diferencia de tono es notable. “Pero en cuanto a vosotros, amados..." El autor no cree que sus lectores hayan apostatado. Al contrario — ve evidencias de la obra de Dios en ellos: su amor hacia otros creyentes, su servicio, su esfuerzo. Y eso le da confianza. Pero quiere que entiendan algo más. Quiere que entiendan que su seguridad no depende de lo bien que se sienten espiritualmente en un día determinado.
b) Entonces les recuerda tres verdades que funcionan como pilares:
Primero: Dios no olvida. Cada acto de amor, cada momento de fidelidad, cada sacrificio que nadie más vio — Dios lo recuerda. No lleva registro de nuestros fracasos para condenarnos, sino de nuestra fidelidad para recompensarnos.
Segundo: Dios cumple sus promesas. El autor menciona a Abraham, quien esperó años la promesa de Dios. No la vio cumplida de inmediato. Pero Dios cumplió. Y la misma fidelidad que tuvo con Abraham la tiene contigo.
Tercero: Cristo ya entró detrás del velo como nuestro precursor. En el templo judío había un velo grueso que separaba el lugar santo del lugar santísimo — la presencia de Dios. Solo el sumo sacerdote podía entrar, y solo una vez al año. Jesús, con su muerte y resurrección, rasgó ese velo y entró al cielo mismo. Y fue como precursor — una palabra que en el griego significa el que va adelante para abrir el camino a los que vienen detrás. Jesús fue primero para que nosotros pudiéramos seguir.
c) Por eso la esperanza cristiana no depende de nuestras emociones. No depende de nuestras fuerzas. No depende de las circunstancias. Nuestra esperanza está anclada en Cristo. Y un ancla no sirve cuando el mar está en calma. El ancla sirve precisamente cuando llega la tormenta

Conclusión

El Faro y el Barco

Había un marinero experimentado que conocía perfectamente las costas peligrosas de su región.
Cada noche, el faro encendía su luz y él sabía exactamente dónde estaba.
Pero hubo una temporada en que las noches eran tranquilas.
Sin tormentas. Sin peligro visible.
Y el marinero comenzó a navegar un poco más lejos del faro.
No porque quisiera perderse.
Sino porque la calma le hizo creer que ya no lo necesitaba tanto.
Una noche, nublada y oscura, levantó la vista.
Y el faro apenas era un punto diminuto en el horizonte.
No había notado cuánto se había alejado.
Porque no fue en una noche.
Fue en cientos de noches tranquilas, en cientos de pequeñas decisiones de alejarse un poco más.
Así es la vida espiritual.
Cristo es el faro.
Nadie apaga el faro.
El faro siempre está encendido.
Lo que cambia es la distancia desde la que decidimos navegar.
Y muchas veces no es la tormenta lo que nos aleja de Cristo.
Es la calma.
Es la rutina.
Es la comodidad.
Es el "ya sé suficiente".
Es el "mañana me comprometo más".
Es el "con lo que tengo basta".
Y poco a poco... el faro se hace más pequeño en el horizonte.

Llamado al Altar

Hoy quiero que hagamos una pausa.
No una pausa religiosa.
No un ritual.
Una pausa honesta.
Quiero que cada uno, en silencio por un momento, responda estas tres preguntas ante Dios:
Primera: ¿Cuándo fue la última vez que genuinamente crecí en mi fe y no solo asistí a ella?
Segunda: ¿Hay algo — una actitud, un hábito, una distancia — que me ha ido alejando del faro sin que yo lo notara?
Tercera: ¿Estoy dispuesto hoy a cambiar de rumbo?
Si hoy reconoces que te has alejado...
Si hoy sientes que el faro está más lejos de lo que debería estar...
Si hoy hay algo en tu interior que te dice "necesito volver"...
Esa voz no es casualidad.
Esa voz es el Espíritu Santo llamándote.
Y la buena noticia — la mejor noticia de todas — es esta:
El faro no se movió.
Cristo sigue exactamente donde siempre ha estado.
Con los brazos abiertos.
Con la luz encendida.
Esperando que gires el timón.
Hoy, si quieres hacer ese compromiso público, te invito a hacer algo sencillo.
Si estás aquí y reconoces que te has alejado — no del todo, quizás, pero sí más de lo que deberías — y quieres decirle a Dios "Señor, quiero volver a navegar cerca del faro"...
Te pido que te pongas de pie donde estás.
No como un acto de perfección.
Sino como un acto de honestidad.
Como el marinero que levantó la vista, vio el faro a lo lejos, y tomó la decisión más valiente de todas:
Girar el timón.
Y si hoy es la primera vez que escuchas de Cristo...
Si nunca has encendido esa relación con Él...
Si nunca has dicho "Señor, quiero que seas mi faro"...
Hoy es tu momento.
Porque el mismo Cristo que sostiene a los que regresan, recibe con los brazos abiertos a los que llegan por primera vez.
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