Niños y niñas... ¡Qué bendición!

Tiempo después de Pentecostés  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Introducción

Hoy hemos dedicado nuestro servicio para reflexionar acerca de la niñez. En el entorno de nuestras iglesias, hablamos sobre la ausencia de la niñez y la juventud como problema que nos atañe directamente.
La sociedad se construye sobre la base de las familias y, dentro de esas familias, la realidad vinculante de la niñez es imperante para la construcción social. Sin embargo, en la realidad de nuestros contextos, la niñez, al igual que en los tiempos bíblicos a quedado relegada.
Es importante recordar que en los tiempos antiguos, la niñez representaba más bien un problema. El niño o la niña no tenía un lugar predominante en la escala social. Esa es una de las razones por la que Jesús pone a los niños en el centro y nos invita a ser como ellos para alcanzar el Reino de los Cielos.
Una mirada a nuestro contexto nos deja ver que aunque el tema de la niñez se ha vuelto relevante en las diversas disciplinas humanistas, en la práctica, se sigue excluyendo a los niños en espacios familiares y sociales. Por ejemplo: muchas comunidades tienen personas y espacios dedicadas al cuido de niños, pero en algunos lugares se han creado para que los padres puedan estar tranquilos en su entorno. Reuniones sociales como matrimonios y otras celebraciones se han clasificado como solo para adultos relegando a la niñez al cuidado de una nana o niñera.
Aunque muchas personas manifiestan que los niños y las niñas son una bendición, en la práctica, nos ocupamos de infinidad de cosas buscando recursos económicos para que estén bien pero los dejamos al cuidado de la niñera, en ocasiones solos y, hoy en día, bajo la tutela de un dispositivo digital.
Por está razón, hoy vamos a reflexionar apropósito de lo que significa la niñez para Dios y la importancia de ver a los niños y niñas como compañeros de camino, maestros de la vida, hijos de Dios bajo nuestra tutela sin minimizarlos, rescatando algunas ideas que los textos que hoy hemos leído nos sugieren.

1. Dios en la construcción social

El salmo 127 es un pasaje conocido por todos nosotros. Los dos primeros versículos nos ponen de frente a dos categorías: la casa y la ciudad. Estas categorías nos ayudan a percibir la noción de la construcción social.
La casa, se refiere, en términos generales al hogar, la familia, el espacio en donde aprendemos a amar, confiar, donde encontramos refugio en medio de las tempestades de la vida. La casa es el lugar donde están las personas que amamos y con quienes aprendemos a convivir, a respetar la norma y a descubrir la escala de valores.
Por su parte, la ciudad da la noción de una estructura social que esta compuesta por diversas familias, hogares o casas. La noción de ciudad nos brinda una visión macro de lo que significa el hogar.
Cuando leemos este texto, tendemos a interpretar que Dios es quien edifica y cuida, hacemos una lectura literal en la que tendemos a descansar de nuestra responsabilidad ciudadana. Sin embargo, ¿De que manera Dios edifica la casa y cuida la ciudad? Debe haber en este salmo una idea de que Dios hace a través de nosotros.
En ese sentido, el Salmo no nos desprende de nuestra responsabilidad. Nos deja ver que como hijos e hijas de Dios necesitamos mirar a Él, a su amor, su ética, su comprensión del servicio y de la bondad para poder edificar casas fundamentadas en nuestra relación con Dios.
Dios no viene para hacernos las cosas, sino para darnos el discernimiento que necesitamos para construir hogares firmes y ciudades que permanecen seguras en los valores del Reino.
En ese sentido, el mayor esfuerzo consiste en valorar la casa como punto de encuentro familiar. Dedicar tiempos para el dialogo, para compartir la mesa, reconocernos y desarrollarnos en la firmeza de las enseñanzas de Dios que repercutirán en la convivencia social.
En la práctica esto quiere decir que la sociedad necesita familias entregadas a Dios, que hacen las cosas a la manera de Dios y que aman y sirven como Dios lo ha enseñado. Significa que la sociedad está esperando el espíritu reconciliador de los creyentes y que la iglesia es la presencia de Dios, por su Espíritu Santo, en la sociedad.

2. La niñez como foco importante en la construcción social

Si comprendemos que la participación de Dios en la construcción social se da por medio de nosotros, los creyentes, como parte de su misión compartida. Entonces podemos avanzar a los siguientes versículos del salmo.
En está sección, Salomón, a quien se le atribuye la escritura del Salmo, pone en el centro a los hijos. Sin duda, tener un hijo es la misión más importante que una persona pueda tener porque implica cuidar, amar y formar. En un mundo como el nuestro, en donde muchos hijos son el resultado del placer pasajero y no del amor y el deseo de pareja, es posible que se olvidé la importancia de la niñez.
No obstante, los niños y las niñas, son una bendición. Sin importar como llegaron al mundo, la humanidad debe reconocer en la fragilidad de un niño o una niña el inmenso amor de Dios por nosotros. Al fin de cuentas, igual de vulnerables somos nosotros, quienes encontramos en Dios el Padre por excelencia.
Decir que los niños y niñas son bendición de Dios tiene una connotación muy grande. En primer lugar, porque nosotros debemos ver a nuestros hijos e hijas como un regalo de Dios. El salmo refiere que son herencia y que son fruto. Pensemos por un momento en los momentos de gestación, cuando hemos esperado a nuestros hijos y cuando los hemos visto por primera vez. Seguramente, hemos notado que la emoción más frecuente es la de ternura.
Cuando tenemos niños y niñas a nuestro cargo, la prioridad que tenemos es su cuidado y su protección, eso hace que la sensación de felicidad que ellos expresan mediante el sueño y la sonrisa produzca en nosotros una sensación de ternura y amor. Más haya de eso, lo que resultaría ser incomodo, cambiar un pañal, bañarlos, lavar sus manos o cortar las uñas se experimenta desde la esencia misma de la responsabilidad frente a la que estamos.
Cuando lo vemos así, está herencia, también esta siendo edificada y cuidada por el Señor. Su desarrollo y formación nos dejan la seguridad y la tranquilidad de que estamos compartiendo con quien dejaremos nuestro legado en el futuro y quienes, seguramente, completaran lo que nosotros hemos comenzado. Allí se puede ver como las familias evolucionan desde las diversas dimensiones: social, política, económica, cultural, académica, religiosa, etc.

3. Los valores en la práctica de la construcción social

Finalmente, poner las bases y los cimientos de nuestros hogares en los valores que Dios nos enseña y comprender que los niños son parte importante en nuestro entorno social nos permite ver la manera como la fe madura y la formación se convierte en parte de la vida de ellos.
El Evangelio de Juan nos presenta un episodio que resulta muy interesante porque Jesús pretende poner a prueba a Felipe y a los discípulos. Por lo general centramos este pasaje en el milagro y su desarrollo. No obstante, el texto nos presenta a un jovencito cuya acción nos permite ver de manera gráfica lo que el salmo nos enseña teóricamente.
Para Felipe el problema tenía dos matices; en primer lugar, la falta de pan. Teniendo en cuenta que el texto se desarrolla en el contexto de la pascua, es posible que no hubiera mucho pan en el pueblo más cercano (Betsaida). Lo segundo, es la falta de dinero; Felipe argumenta que ni con el salario de seis meses de trabajo (200 denarios) se podría alimentar a tantas personas. En el fondo, el problema radicaba en la dificultad para poner en acción las enseñanzas de Jesús, lo que se traduce en falta de visión, de imaginación e incluso, de inocencia.
En contraste, un muchacho aparece con cinco panes y dos peces, esto era todo lo que él tenía y era suficiente para alimentar a la multitud. La voz de los discípulos es poco alentadora; “¿Qué es esto para tanta gente?” Pero, al parecer, Jesús ve en la disposición del muchacho la posibilidad de solucionar el problema. En efecto, toma lo que trae el jovencito, lo bendice y lo comparte.
Esta lectura sencilla nos permite reconocer a un Jesús que sigue poniendo en el centro a los niños, niñas y adolescentes. Una idea que pudo parecer absurda para los adultos fue genial en la presencia de Jesús. Este muchacho debía tener visión, imaginación y una gran capacidad de desprendimiento. Pero este jovencito también nos deja ver que las ideas y acciones de los niños y niñas pueden ser apoyo para nosotros en tiempos de crisis.
En la practica, es una invitación a escuchar a las generaciones más jóvenes, a abrir nuestra mente ante su comprensión del mundo, a caminar con ellos y sentirlos como compañeros en el camino y a dejarnos enseñar por ellos.

Conclusión

La Escritura hoy nos deja ver la importancia de la niñez en nuestra casa, en la sociedad y en la comunidad de fe. Cuando yo era pequeño, mi abuelo participaba de reuniones de los Alcohólicos Anónimos, en muchas ocasiones mientras compartía su testimonio contaba a sus compañeros que yo era una especia de bastón para él en el que se podía apoyar para permanecer firme en su propósito.
De la misma forma, nuestros niños y niñas, son apoyo que están creciendo en los valores del Reino de Dios y que caminan con nosotros en el peregrinaje de la fe. Si queremos ver jóvenes desprendidos e ingeniosos como el que leímos en el evangelio de Juan, necesitamos trabajar con Dios, reposar y descansar en él, dedicar tiempos importantes a relacionarnos familiar y socialmente y construir relaciones duraderas que se fundamentan en el amor con nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
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