De la Culpa a la Gracia

Jose Pablo Daza
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La semana pasada, por medio de nuestro pastor Javier, fuimos recordados de que la seguridad y la ayuda del pueblo de Dios no se encuentran en nuestras fuerzas, capacidades o méritos, sino en Aquel que hizo los cielos y la tierra, en el Dios que no duerme y nos resguarda...
Pero ¿qué sucede cuando nos apartamos de Él? ¿Qué ocurre cuando escogemos los deseos de nuestra carne por encima de su voluntad? ¿Qué pasa cuando dejamos de depender de Dios, y nuestro corazón comienza a endurecerse y, como consecuencia, caemos en pecado?
El Apóstol Pablo en la carta a los hebreos nos presenta una seria advertencia en Hebreos 6:4-8 acerca del peligro de un corazón que resiste continuamente la gracia de Dios. El pasaje describe a personas que han experimentado las bendiciones del Señor, pero que se apartan de Él, llegando a ser como una tierra que produce espinos en lugar de fruto. Esta advertencia nos recuerda que el mayor peligro después de pecar no es simplemente haber caído, sino negarse a arrepentirse y permitir que el corazón se endurezca ante la convicción de Dios.
El Salmo 51 nos presenta el cuadro opuesto. Después de su adulterio con Betsabé y el asesinato de Urías, David se encontraba culpable delante de un Dios santo. Sin embargo, cuando fue confrontado con su pecado, no puso excusas ni trató de justificarse. En cambio, vino quebrantado delante del Señor, clamando por misericordia, limpieza y restauración.
Mientras que hebreos 6 nos advierte sobre la tragedia de un corazón que rechaza el arrepentimiento, el Salmo 51 nos muestra la belleza de un pecador que se arrepiente sinceramente y encuentra gracia en la misericordia de Dios. Ese será nuestro enfoque en esta mañana.
Psalm 51:1–17 NBLA
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a Tu misericordia; Conforme a lo inmenso de Tu compasión, borra mis transgresiones. 2 Lávame por completo de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. (V3-5) Porque yo reconozco mis transgresiones, Y mi pecado está siempre delante de mí. 4 Contra Ti, contra Ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de Tus ojos, De manera que eres justo cuando hablas, Y sin reproche cuando juzgas. 5 Yo nací en iniquidad, Y en pecado me concibió mi madre. 6 Tú deseas la verdad en lo más íntimo, Y en lo secreto me harás conocer sabiduría. (V7-8) Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. 8 Hazme oír gozo y alegría, Haz que se regocijen los huesos que has quebrantado. (V9-11) Esconde Tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis iniquidades. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. 11 No me eches de Tu presencia, Y no quites de mí Tu Santo Espíritu. (V12-13) Restitúyeme el gozo de Tu salvación, Y sostenme con un espíritu de poder. 13 Entonces enseñaré a los transgresores Tus caminos, Y los pecadores se convertirán a Ti. (V14-15) Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación, Entonces mi lengua cantará con gozo Tu justicia. 15 Abre mis labios, oh Señor, Para que mi boca anuncie Tu alabanza. (V16-17) Porque Tú no te deleitas en sacrificio, de lo contrario yo lo ofrecería; No te agrada el holocausto. 17 Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; Al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás.
Antes de desempacar este salmo, permítanme brindarles un poco de contexto sobre esta historia, una historia llena de drama, pecado y, finalmente, gracia.
David no era un hombre perfecto antes de escribir este salmo, pero sí era conocido por su humildad, su paciencia, su adoración y su confianza en Dios. Fue un rey que gobernó con justicia, un guerrero valiente y un hombre conforme al corazón de Dios, y en la oración que nos presenta en el SALMO 51 nos mostrara porque lo fue. Sin embargo, poco a poco comenzó a bajar la guardia.
En la primavera, mientras el ejército de Israel se encontraba en campaña militar, David permaneció en Jerusalén. En lugar de estar donde debía estar, liderando a su pueblo, se encontraba paseando por la azotea de su palacio. Desde allí vio a una mujer muy hermosa que se estaba bañando. Al preguntar quién era, le informaron que se trataba de Betsabé, hija de Eliam y esposa de Urías.
David sabía exactamente quién era. Sabía que pertenecía a otro hombre. Sin embargo, envió mensajeros para traerla a su presencia y se acostó con ella. Tiempo después, Betsabé le envió un mensaje con una noticia que cambiaría todo: estaba embarazada.
Intentando ocultar su pecado, David llamó a Urías de regreso del campo de batalla y procuró que regresara a su hogar para estar con su esposa. Su plan era sencillo, si Urías dormía con Betsabé, todos asumirían que el hijo era suyo.
Pero Urías mostró una integridad que en ese momento David había perdido. Mientras sus compañeros arriesgaban sus vidas en la guerra, él se negó a disfrutar de las comodidades de su hogar. Durmió a la entrada del palacio y rechazó regresar con su esposa.
David intentó nuevamente. Lo invitó a comer y beber hasta embriagarlo, pero ni siquiera así logró que abandonara sus convicciones.
Cuando sus intentos de encubrir el pecado fracasaron, David tomó una decisión aún más terrible. Ordenó la muerte de Urías. Envió una carta al comandante Joab con instrucciones de colocarlo en la parte más peligrosa de la batalla y luego retirarse de su lado para que fuera herido y muriera.
 Después de que Urías murió, Betsabé guardó luto por su esposo. Una vez terminado el tiempo de duelo, David la llevó a su casa y la tomó por mujer. A los ojos de los hombres parecía que todo había sido resuelto. El pecado había sido ocultado.
Pero hay una frase en el relato que cambia toda la historia:
"Mas esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos del Señor."
David intento todo por ocultarlo, pero Dios había visto todo, Iglesia podemos engañar a nuestros padres, hermanos, amigos,  pareja, hijos, jefes, incluso a nosotros mismos peor jamás a Dios. 
Por eso el Señor envió al profeta Natán para confrontar a David y fue lo mejor que le pudo haber pasado a él en realidad. 
Natán no llegó con una acusación directa. Con sabiduría le contó una parábola
2 Samuel 12:2–4 NBLA
El rico tenía muchas ovejas y vacas. 3 Pero el pobre no tenía más que una corderita Que él había comprado y criado, La cual había crecido junto con él y con sus hijos. Comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su seno, Y era como una hija para él. (V4) Vino un viajero a visitar al hombre rico Y este no quiso tomar de sus ovejas ni de sus vacas Para preparar comida para el caminante que había venido a él, Sino que tomó la corderita de aquel hombre pobre y la preparó para el hombre que había venido a visitarlo.
 RESPUESTA DE DAVID 
2 Samuel 12:5 NBLA
Y se encendió la ira de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: «Vive el Señor, que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir;
Al escuchar la historia, la ira de David se encendió. Sin darse cuenta, estaba pronunciando juicio sobre sí mismo. y ahí le responde Natán: TU, Tu eres aquel hombre David. E inmediatamente David responde: 
2 Samuel 12:13 NBLA
Entonces David dijo a Natán: He pecado contra el Señor. Y Natán dijo a David: «El Señor ha quitado tu pecado; no morirás.
A continuación veremos la oracion de David, y por medio de cuatro características veremos cómo se ve un verdadero arrepentimiento bíblico. 

I. El arrepentimiento verdadero es una suplica por misericordia

Psalm 51:1–2 NBLA
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a Tu misericordia; Conforme a lo inmenso de Tu compasión, borra mis transgresiones. 2 Lávame por completo de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
-Me gustaría traer una ilustración para que podamos entender la postura de David al clamar misericordia
Imagina a un hombre atrapado en el océano durante una tormenta. Las olas lo han vencido. Está agotado. Ya no puede nadar.
En ese momento no discute con el rescatista sobre quién tuvo la culpa.
No presume cuánto sabía nadar.
No presenta un historial de las veces que había nadado exitosamente.
 
Sólo grita:
 
“¡Ayúdame!”
 
¿Por qué?
 
Porque cuando alguien comprende la gravedad de su condición, deja de defenderse y comienza a suplicar.
 
Eso es exactamente lo que ocurre en Salmo 51.
 
David finalmente ve la gravedad de su pecado y la única palabra que sale de sus labios es:
 
“Ten piedad de mí.”
 
El arrepentimiento verdadero comienza cuando dejamos de justificarnos y empezamos a pedir misericordia.
Psalm 51:1 NBLA
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a Tu misericordia; Conforme a lo inmenso de Tu compasión, borra mis transgresiones.

1. Antes de siquiera mencionar su pecado, David apela al carácter de Dios.

Él sabe que es culpable. Sabe que merece el juicio divino. No intenta justificarse, minimizar su falta ni presentar excusas. Su única esperanza descansa en la misericordia de Dios.
Observe las palabras que utiliza: CONFORME A TU "misericordia", CONFORME A TU "compasión". David entiende que el perdón no se basa en los méritos del pecador, sino en el amor del Señor, en el carácter del señor y aun así después de su pecado podemos ver que confía en el señor. Por eso acude a Dios con confianza, aun después de haber cometido pecados tan graves.

2. La confianza de David no surge de sí mismo, sino de lo que Dios ha revelado acerca de Su propio carácter. 

Mientras Moisés recibía la Ley en el monte Sinaí, el pueblo se rebeló y fabricó un becerro de oro en forma de ídolo para adorarlo. 
La ira de Dios se encendió contra Israel por romper el pacto tan rápidamente. Sin embargo, Moisés intercedió por el pueblo, pidiendo misericordia. Dios perdonó a Israel y renovó el pacto. Luego, Moisés pidió ver la gloria de Dios y en respuesta Dios se reveló a él proclamando Su propio carácter en
Exodus 34:6 NBLA
“El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad.”
Iglesia, en ese Dios confiaba David, y en ese mismo Dios podemos confiar nosotros hoy. No importa cuán profundo haya sido nuestro pecado; la misericordia de Dios es más grande que nuestra culpa.
Psalm 51:2 NBLA
Lávame por completo de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
David entiende que el pecado no solo produce culpa; también contamina. Por eso no pide simplemente sentirse mejor. Pide ser lavado y limpiado por completo.
Las expresiones "lávame" de mi maldad y "límpiame" de mi pecado comunican una limpieza profunda, no superficial.

3. David reconoce que el pecado ha manchado cada área de su vida y que solamente Dios puede purificarlo.

“EJEMPLO DE LIMPIEZA PROFUNDA”
De la misma manera, el verdadero arrepentimiento no consiste únicamente en sentir remordimiento. Muchas personas lamentan las consecuencias de su pecado, pero nunca buscan la limpieza que Dios ofrece. El arrepentimiento genuino reconoce la contaminación del pecado y clama por la purificación divina.
Esta verdad encuentra su cumplimiento en la promesa de 1 Juan 1:9
1 John 1:9 NBLA
Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.

4. Dios no solamente perdona al pecador arrepentido; también lo limpia y restaura completamente.

Pablo en la carta a los hebreos 14-15 nos dice:
Hebrews 4:15–16 NBLA
Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. (V16) Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.
Iglesia al pedir piedad, y misericordia estamos pidiendo lo que el señor es

II. El Arrepentimiento Verdadero es una confesión honesta sin excusas ni justificación 

Psalm 51:3–6 NBLA
Porque yo reconozco mis transgresiones, Y mi pecado está siempre delante de mí. 4 Contra Ti, contra Ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de Tus ojos, De manera que eres justo cuando hablas, Y sin reproche cuando juzgas. (V5-6) Yo nací en iniquidad, Y en pecado me concibió mi madre. 6 Tú deseas la verdad en lo más íntimo, Y en lo secreto me harás conocer sabiduría.
Verso 3
En estos versículos vemos a David reconociendo plenamente su pecado. Note las palabras que utiliza: "mis transgresiones", "mi pecado", "mi maldad.” Repetidamente David asume la responsabilidad de sus acciones. En ningún momento culpa a Betsabé, a las circunstancias o a su condición como rey.
En donde podríamos ver a alguien que si culpo alguien más, que luego culpo a alguien mas? Si vamos a el inicio en el en el jardín del Edén. Cuando Dios lo confrontó por su pecado, respondió: "La mujer que Tú me diste". Adán culpó a Eva e indirectamente a Dios. David, en cambio, no presenta excusas; reconoce que el problema está en él y aquí podemos ver porque se le conocía como un hombre que era conforme al corazón de Dios. 
Además, David dice: "Mi pecado está siempre delante de mí". Aunque probablemente había pasado cerca de un año desde su pecado hasta la confrontación de Natán, su conciencia no lo dejaba en paz y vemos que muy seguramente había un deterioro físico, de la misma forma que lo podemos ver con el alcoholismo, abuso de drogas. Como él mismo declara en el Salmo 32:
Psalm 32:3–4 NBLA
Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió Con mi gemir durante todo el día. 4 Porque día y noche Tu mano pesaba sobre mí; Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. (Selah)

5. David había ocultado su pecado delante de los hombres, pero no podía ocultarlo delante de Dios. 

Debemos entender que sentir culpa no es suficiente e incluso solo la culpa puede ser mal, ya que hay personas que de culpa han preferido acabar su vida. La convicción es una obra del Espíritu Santo, pero debe llevarnos a la confesión. Muchas personas reconocen su pecado, pero pocas están dispuestas a confesarlo y apartarse de él.
 Verso 4
David declara: "Contra Ti, contra Ti solo he pecado”.
Esto no significa que David no pecó contra Betsabé, Urías, su familia o su pueblo. Claramente lo hizo. Su pecado produjo dolor, tragedia y muerte.

6. Lo que David reconoce es que todo pecado es, en última instancia, una ofensa contra Dios.

Antes de ser una falta horizontal contra otros, el pecado es una rebelión vertical contra el Señor.
Por eso David reconoce que Dios es justo en Su juicio y que no tiene ninguna excusa que presentar delante de Él.
La confesión nos libera, no debemos ocultar el pecado. 

III. El Arrepentimiento Verdadero se ve como un deseo por Limpieza y Restauracion

Psalm 51:7–12 NBLA
Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. 8 Hazme oír gozo y alegría, Haz que se regocijen los huesos que has quebrantado. (V9-10) Esconde Tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis iniquidades. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. (V11-12) No me eches de Tu presencia, Y no quites de mí Tu Santo Espíritu. 12 Restitúyeme el gozo de Tu salvación, Y sostenme con un espíritu de poder.
Cuando el arrepentimiento es verdadero, debe producir un cambio evidente, si usted se confiesa y no hay un cambio, esta perdiendo el tiempo. 
Versos 7-9
Después de confesar su pecado, David clama por limpieza.

7. David entiende que no puede limpiarse a sí mismo y que solamente Dios puede quitar la contaminación de su pecado.

Cuando dice: "Purifícame con hisopo", hace referencia a los rituales de purificación del Antiguo Testamento. David reconoce que está espiritualmente impuro y necesita que Dios lo haga limpio nuevamente. Por eso también pide: "Lávame, y seré más blanco que la nieve". No está buscando una limpieza superficial, sino una transformación completa. David desea que Dios borre por completo sus transgresiones, pero eso no es lo único. 
Verso 8
David continúa diciendo: "Hazme oír gozo y alegría".
El pecado había robado el gozo de su comunión con Dios. Durante meses había vivido bajo el peso de la culpa y por eso ahora anhela ser restaurado y volver a disfrutar la cercanía con Dios.
Verso 10-12

8. David reconoce que necesita algo más que perdón; necesita un corazón nuevo, y por eso clama "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí."

David entiende que el problema no está solamente en sus acciones, sino en su corazón. Por eso pide que Dios haga una obra interna de transformación. y finalmente, clama: "Restitúyeme el gozo de Tu salvación".
El verdadero arrepentimiento no busca simplemente aliviar la culpa o evitar las consecuencias del pecado. Busca ser restaurado a una relación correcta con Dios y volver a encontrar gozo en Él, y no volver a cometer la falta.

IV. El Arrepentimiento Verdadero se ve como un deseo de adorar y obedecer al Señor

Psalm 51:13–17 NBLA
Entonces enseñaré a los transgresores Tus caminos, Y los pecadores se convertirán a Ti. 14 Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación, Entonces mi lengua cantará con gozo Tu justicia. (V15-16) Abre mis labios, oh Señor, Para que mi boca anuncie Tu alabanza. 16 Porque Tú no te deleitas en sacrificio, de lo contrario yo lo ofrecería; No te agrada el holocausto. (V17) Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; Al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás. 
Versos 13-15

9. Después de pedir misericordia, confesar su pecado y clamar por restauración, David desea vivir para la gloria de Dios.

David entiende que la gracia recibida debe producir una vida transformada.
Quiere que otros conozcan al mismo Dios que lo perdonó y restauró.
También declara: “Abre mis labios, oh Señor, para que mi boca anuncie Tu alabanza."
El arrepentimiento verdadero siempre produce adoración.

10. Cuando comprendemos la grandeza de nuestro pecado y la inmensidad de la misericordia de Dios, no podemos permanecer en silencio y lo que un día fue pecado, hoy se convierte en testimonio de restauración.

Versos 16-17
David reconoce que ningún sacrificio podía resolver realmente su problema, David en su corazón conocía que Dios provería un cordero.
"Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás."
Dios no estaba buscando rituales externos, que en ese tiempo eran temporeros, sino un corazón quebrantado que reconociera su necesidad de gracia, y que ese mismo corazón pudiera ser restaurado por completo. 
¿Si usted fuese la familia de Urías, como se sentiría? Es justo que nos preguntemos, como puede un Dios justo perdonar a alguien como David?
John Piper dice: 
“La sabiduría de Dios ha ordenado un camino por el cual el amor de Dios nos libra de la ira de Dios sin comprometer la justicia de Dios.”
“¿Y cuál es esa sabiduría? ¡La muerte del Hijo de Dios por los pecadores! “Nosotros predicamos a Cristo crucificado… poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:23–24).
“La muerte de Cristo es la sabiduría de Dios mediante la cual el amor de Dios salva a los pecadores de la ira de Dios, mientras al mismo tiempo sostiene y demuestra la justicia de Dios en Cristo.”
Y es aquí donde vemos el evangelio. David sabía que era culpable, pero todavía no podía ver claramente cómo Dios podría perdonar justamente a un pecador como él. Nosotros sí lo sabemos.

11. De este lado de la Cruz sabemos que Cristo es el cumplimiento del Sacrificio que place al Señor, es decir que si hubo un pago, y de la misma forma que David no pago, nosotros tampoco.

Jesús es el cumplimiento de todo aquello que David anhelaba:
David pidió ser lavado, Cristo nos limpia por medio de Su sangre.
David pidió misericordia, la misericordia fluye por medio de la cruz.
David pidió un corazón limpio, Cristo da nueva vida por medio del Espíritu Santo.
David temía ser desechado de la presencia de Dios, Cristo fue abandonado en nuestro lugar para que los creyentes nunca lo sean.

12. David anhelaba recuperar el gozo de la salvación, Cristo nos restaura a una comunión plena con Dios.

El evangelio nos enseña que el verdadero arrepentimiento no nos salva porque el arrepentimiento tenga algún mérito en sí mismo. El arrepentimiento es la mano vacía que corre hacia Cristo. Es abandonar toda confianza en nosotros mismos y aferrarnos únicamente a Aquel que puede perdonar nuestros pecados, limpiarnos de toda maldad y reconciliarnos con Dios.
Romans 5:8 NBLA
Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
1 John 1:9 NBLA
Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.
Iglesia esa fue la esperanza de David, y esa sigue siendo nuestra esperanza hoy. Amén.
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