Algo más que proveer
Tiempo después de Pentecostés • Sermon • Submitted • Presented
0 ratings
· 1 viewNotes
Transcript
4 Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. 5 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. 6 Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. 7 Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Átalas a tus manos como un signo, llévalas en tu frente como una marca y 9 escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.
1 Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. 2 «Honra a tu padre y a tu madre» —que es el primer mandamiento con promesa— 3 «para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra». 4 Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor.
Introducción
Introducción
Comercialmente, hoy es el día de los padres. Es el día en que reconocemos la labor de padres esforzados y valientes que trabajan por y para sus familias. Sin embargo, la palabra “padre” es problemática para muchas personas. Estamos rodeados en un mundo de ausencias paternas y de presencias no interpretadas.
Cuando pensamos en los padres, generalmente, conectamos con la idea de familia. Padre es aquel que tiene hijos y, en consecuencia, soporta, acompaña, guía y trabaja por una familia. No obstante, la idea de la paternidad en la Biblia supera a la idea del padre en la familia tradicional.
De otro lado, el “título de padre” no estaba designado únicamente al padre de familia. Se le llamaba padre y se honraba como tal a los abuelos quienes mantenían unidos a los hijos en una misma casa conformando clanes. Se aplicaba el título también a los antepasados de mucho respeto, por ejemplo “nuestro padre Abraham” y a hombres de mucho respeto.
En un tiempo en donde entendemos la paternidad como provisión económica, la cultura hebrea nos deja ver que la paternidad va mucho más allá. Al pensar en las personas mayores y respetadas del contexto, incluso en los antepasados, la idea de paternidad debe aportar más elementos en la práctica de la vida. Elementos que hoy queremos revisar a la luz de las Escrituras y que nos enseñan que ser padre es más que proveer.
1. Ese “algo más” es cuidado y presencia activa
1. Ese “algo más” es cuidado y presencia activa
Sin duda, el padre de familia es un proveedor. Aporta económicamente para las necesidades de su familia. Una sociedad patriarcal como la de Israel, y en el pasar de los tiempos la del imperio de Roma, pone en el padre la responsabilidad del cuidado y la provisión de la familia.
El Pater Familias era el responsable del cuidado de toda la casa, todo lo que había en ella le pertenecía y en consecuencia debía no solamente proveer sino proteger. La familia era una unidad básica de producción en donde el padre debía responder ante Dios y ante la sociedad por la buena administración de la misma.
Desde esa perspectiva, la paternidad se asociaba con la expresión “la casa del padre” (bet ‘ab). Y hacía referencia a una unidad familiar específica, fuera familia, clan o tribu. La expresión indicaba que el padre de familia tenía autoridad sobre la esposa, los hijos y todo lo que significaba la casa; es decir, negocios, servidumbre, propiedades, etc.
De otro lado, al padre de la casa se le reconocía un rol jurídico que con el tiempo se traslado a la corte. Los padres eran quienes juzgaban los problemas que se presentaban, incluso, definiendo la vida o la muerte de sus hijos.
Pensar la paternidad desde esta perspectiva sí indicaba que el padre debía proveer, no solo a sus hijos, sino a todas las personas y animales que estuvieran bajo su techo y cuidado. Pero esta tarea implicaba no solamente tener recursos económicos para alimentar a las personas sino que, además, saber orientar a las personas, animar, apoyar y cultivar un buen espíritu de familia en su casa.
Cuando leemos la carta a los efesios y, particularmente, el versículo 4 comprendiendo lo que significaba administrar la casa, es más fácil entender lo que el Señor le pide a los padres de familia: no hagan enojar a sus hijos sino críenlos en la disciplina e instrucción del Señor. Hacer enojar a los hijos se podía constituir en una provocación y, por lo tanto, un abuso en la autoridad.
Pablo plantea una norma ética muy interesante en el cuidado de los hijos al decirle a los padres que deben criarlos conforme la enseñanzas del Señor, la cual incluye enseñar la disciplina. Los hijos, son un regalo de Dios y como tal deben ser tratados con dignidad y amor.
2. Ese “algo más” es liderazgo espiritual
2. Ese “algo más” es liderazgo espiritual
Otro aspecto que aporta el padre de familia es el liderazgo espiritual. El padre de familia cumplía con las funciones sacerdotales. En el escenario de la pascua los padres de familia fueron los encargados de hacer el sacrificio y preparar a sus familias para lo que iba a suceder (Ex 12:11-28). El libro de Job (Job 1:1-5) también nos deja ver a un hombre que se preocupaba y se encargaba de la purificación de sus hijos como una costumbre cotidiana.
La dirección espiritual de la casa no es un asunto menor, constituye la identidad de la casa y la confianza que las personas desarrollan cuando son criados y formados bajo la guía de Dios.
Las familias eran comunidades básicas no solo de producción, sino también de adoración y los padres estaban al pendiente, como lo hemos visto en los ejemplos anteriores de la relación entre su casa y Dios.
Ahora bien, guiar a las familias en la vida espiritual no se limita no se limita a aprender un rito, una formula de oración o una liturgia. El liderazgo espiritual da respuestas contextuales de la fe. El padre de familia debe vivir la fe que va a enseñar a su familia. Debe conocerla de tal manera que pueda responder no solo el qué sino el por qué se hacen las cosas. Éxodo 12:26-27, es una muestra de esta ordenanza.
Como padres de familia, estamos llamados a orientar y enseñar a nuestros hijos en nuestra vivencia espiritual porque lo espiritual deja valores que son imprescindibles en la persona humana.
En nuestro tiempo, debemos tomar el rol de padres y líderes espirituales, debemos enseñar la fe que nos ha sostenido y construir altares a Dios. En este tiempo la familia también debe ser una unidad básica de adoración. Cada casa debe ser un lugar de adoración y aprendizaje de la Palabra de Dios. Nuestro hijos deben aprender con el ejemplo que la comunión con Dios es tan importante, o quizás más, que las rutinas diarias.
3. Ese “algo más” es la pedagogía del amor
3. Ese “algo más” es la pedagogía del amor
Cuando, como padres, proveemos y estamos presentes, así como cuando enseñamos la fe, estamos conduciendo a nuestras familias mediante la pedagogía del amor a una vida con identidad definida y, por lo tanto, con un sentido de vida claro y realizable.
La educación no comienza en la escuela, comienza en nuestra casa, en el altar familiar y en el comportamiento diario de nuestro día a día. Como padres, somos maestros de la vida. Estar presentes, extender la mano a nuestros hijos, edificar el altar para Dios es en gran parte la enseñanza que los padres dejan a sus familias.
El Shema, es la confesión de fe de Israel. Allí los judíos expresan la verdad más importante acerca de Dios; Dios es uno y la persona humana le debe amar con todo el corazón, con toda la mente y con todas las fuerzas.
La práctica de amar a Dios tiene connotaciones éticas importantes porque da la pauta de como debemos amar a los demás y del cuidado que debemos tener hacia nosotros mismos, en ese sentido, el Shema no es una formula sino una declaración de forma de vida, todo lo que somos y tenemos debe agradecerse desde el amor a Dios.
Así las cosas, los padres deben enseñar esa forma de vida, no solo en el momento de la adoración, sino en la cotidianidad de la vida: en la casa, en el camino, al acostarse y al levantarse. La vida, se convierte en preparación para el momento de la adoración y el padre enseña a sus hijos a prepararse.
La pedagogía del amor comienza por el amor a Dios, pero se expande al amor al prójimo, a sí mismo y a la creación. Cuando enseñamos a nuestros hijos el amor a Dios y vivimos de tal manera que nuestros actos reflejan dicho amor, ellos construirán su identidad y comprenderán cuales son los límites que no deben atravesar.
Desde esa perspectiva, la pedagogía del amor es la pedagogía de los valores que pasan de la teoría una práctica continúa que se graba en la mente, en el corazón, en la casa y en la ciudad. Es la pedagogía que permite la convivencia familiar, entre clanes y tribu.
Al día de hoy, la pedagogía del amor hace que nuestros hijos se sientan seguros a nuestro lado, que puedan convivir en paz y armonía con la humanidad y que sepan establecer límites para evitar dañar y ser dañados en su integridad física, moral y espiritual.
Conclusión
Conclusión
Presencia activa, dirección espiritual y pedagogía del amor son ese “algo más” que nos hace padres virtuosos y realizados. Para lograrlo también nosotros necesitamos depender del mayor de los Padres, Dios.
Toda la línea de enseñanza, entrega y amor de los padres está direccionada a la presencia de Dios, pues la Biblia también nos enseña que él es el Padre por excelencia. Si bien, la noble tarea de ser padres se hace imperfecta en esta tierra y en nosotros por el hecho de ser humanos. Encontramos en Dios un punto de reconciliación y encuentro que nos brinda sanidad, libertad e identidad.
La Biblia nos recuerda que ahora todos somos hijos de Dios y podemos clamar “Abba Padre”. Aún cuando algunas experiencias paternales no han sido las mejores. Dios se presenta para adoptamos y reconocernos como sus hijos a través de nuestro Señor Jesucristo.
Que hoy sea un día para dar gracias a Dios por los padres de familia, los padres adoptivos, aquellos hombres que no tienen hijos pero que han sido padres para muchas personas y aquellos que han dejado huella en nuestra vida, muchos de ellos, quizás, ya no nos acompañan. Pero también que sea una oportunidad para sanar relaciones y dar gracias a Dios por los padres que nos ha dado agradeciendo, por que si en algo ellos han fallado, Dios suple nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
