¿ACASO NO ERES SANTO?
Serie de verano: Habacuc • Sermon • Submitted • Presented
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Lectura: Habacuc 1:12-2:20
Oración
Adorno: ¿Alguna vez han escuchado la frase: “el remedio es peor que la enfermedad”?
Normalmente usamos esa expresión cuando la solución a un problema termina causando más daño que el problema mismo. En lugar de arreglar la situación, la empeora. Es como intentar apagar un fuego echándole con gasolina en vez de agua: el resultado no es menos fuego, sino más fuego; no menos destrucción, sino más destrucción.
Cuando llegamos al libro de Habacuc, descubrimos que esa es precisamente la lucha del profeta.
A diferencia de muchos otros profetas, Habacuc no comienza hablando al pueblo, sino a Dios. Y lo hace llevando delante del Señor una profunda queja. Judá, el pueblo del pacto, se ha apartado de Dios. La idolatría se ha extendido, la violencia es común, la corrupción domina y la injusticia parece triunfar.
Lo que hace esta situación tan difícil para Habacuc es que él conoce a Dios. Sabe que Dios es santo. Sabe que Dios es bueno. Sabe que Dios es todopoderoso y que no tolera la maldad. Sin embargo, cuando mira a su alrededor, Dios pareciera estar inactivo y de ahí surge su pregunta: “¿Hasta cuándo, oh Señor?”
Habacuc no está cuestionando la existencia de Dios; está luchando por entender sus caminos. Su queja nace de una fe confundida, no de la incredulidad. Y así le pide a Dios que intervenga y haga algo respecto al pecado de Judá.
Y Dios le responde, pero no le da la respuesta que Habacuc espera. No porque Dios haya respondido que juzgará el pecado de Judá, sino por la forma en cómo se llevará a cabo este juicio. Dios lo hará levantando a los caldeos, una nación violenta, despiadada y temible, para ejecutar su juicio sobre su propio pueblo.
Y es aquí donde entramos en nuestro pasaje de hoy.
Habacuc escucha la respuesta de Dios y, en vez de sentirse aliviado, queda aún más confundido. Es como si dijera: “Señor, entiendo que hay una enfermedad, pero este remedio parece peor que la enfermedad”.
¿Cómo puede un Dios santo usar una nación más perversa que Judá para corregir a Judá? ¿Cómo pueden la justicia y la santidad de Dios encajar con un plan que parece tan desconcertante?
Y estoy seguro de muchos de ustedes se preguntan exactamente lo mismo en medio de situaciones que estén enfrentando, ¿cómo puedo reconciliar el carácter de Dios con la forma en cómo Dios está lidiando con mi situación? ¿Con mi pecado? ¿Con mi dolor?
Y espero que Habacuc nos ayude a seguir adelante en fe mientras luchamos por buscar respuestas.
Al igual que el domingo pasado, hoy seguiremos la misma estructura del texto, veremos la segunda queja de Habacuc que viene en forma de pregunta, ésta vez no preguntando ¿hasta cuando? Sino cuestionándose cómo un Dios Santo puede usar a un pueblo tan perverso como los caldeos.
Y en segundo lugar, veremos la respuesta de Dios, que de nuevo, no desecha al profeta sino que atiende su causa.
Así que son dos puntos los que tendremos en nuestro sermón de hoy:
La santidad de Dios bajo la lupa del profeta.
La santidad de Dios vindicada en su respuesta.
Te invito a leer conmigo Habacuc 1:12-2:1
LA SANTIDAD DE DIOS BAJO LUPA DEL PROFETA (Habacuc 1:12-2:1)
LA SANTIDAD DE DIOS BAJO LUPA DEL PROFETA (Habacuc 1:12-2:1)
Una de las mayores tentaciones que enfrentamos cuando atravesamos situaciones difíciles o nos encontramos viviendo en medio de circunstancias donde la maldad parece reinar sin oposición, es la tentación de cuestionar el carácter de Dios. Podemos comenzar a dudar de quién es Él, de sus intenciones, de sus propósitos, de su justicia o incluso de su voluntad para nuestras vidas.
Y, en cierto sentido, es una tentación comprensible. Después de todo, Dios se ha revelado en las Escrituras como un Dios justo, amoroso, compasivo, santo, todopoderoso y completamente opuesto al pecado. Sin embargo, muchas veces las circunstancias que vemos a nuestro alrededor parecen contradecir esa realidad. La injusticia prospera, la violencia aumenta, los malvados parecen triunfar y el sufrimiento de los justos continúa. En esos momentos, podemos llegar a preguntarnos cómo encajan nuestras experiencias con lo que sabemos acerca de Dios.
Sin embargo, Habacuc responde a esta tentación de una manera admirable. Aunque está profundamente confundido por la respuesta que ha recibido de Dios, no permite que su confusión lo lleve a abandonar lo que sabe que es verdad acerca del Señor. De hecho, en medio de su segunda queja, lo primero que hace no es cuestionar el carácter de Dios, sino afirmarlo. Antes de presentar sus dudas, reafirma la santidad, la justicia y la fidelidad de Dios, expresando su confianza en Él aun cuando el juicio que se avecina parece extraordinariamente severo.
Por esta razón afirma: Habacuc 1:12 "¿No eres Tú desde la eternidad, Oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección."
Es impresionante todo lo que Habacuc afirma acerca de Dios en una sola pregunta retórica. Al dirigirse al Señor, lo reconoce como el Dios eterno, el Dios soberano, el Dios santo y la Roca de su pueblo. Cada uno de estos títulos está cargado de significado. Dios es eterno; nunca ha dejado de existir y nunca dejará de existir. Dios es soberano; siempre ha estado y siempre estará gobernando sobre todas las cosas. Dios es santo; es perfectamente puro y justo, incapaz de aprobar, tolerar o pasar por alto la maldad ni la injusticia ni la violencia. Y Dios es la Roca de su pueblo, el refugio seguro, el protector fiel y el fundamento inquebrantable de aquellos que le pertenecen.
Lo más notable es que Habacuc afirma todas estas verdades precisamente cuando está luchando por entender los caminos de Dios. Antes de expresar su dificultad, se recuerda a sí mismo quién es Dios. Antes de plantear sus preguntas, se aferra a las certezas que conoce acerca del carácter del Señor.
Por eso continúa diciendo: "No moriremos". Con estas palabras, Habacuc expresa su confianza en que el juicio venidero no significará la destrucción definitiva del pueblo de Dios. Judá será disciplinada severamente, pero no será exterminada por completo. Dios había hecho promesas a su pueblo, y Habacuc sigue confiando en que el Señor permanecerá fiel a ellas. Aunque no comprende todo lo que Dios está haciendo, sigue creyendo que los propósitos divinos son buenos y que finalmente prevalecerán.
De hecho, Habacuc reconoce que Dios tiene razón al juzgar a Judá. Lo vemos cuando dice: "Oh Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección". El profeta no está discutiendo la necesidad del juicio. No está defendiendo el pecado de la nación ni minimizando la gravedad de su rebelión. Habacuc sabe que Judá merece ser corregida y reconoce que Dios tiene todo el derecho de disciplinar a su pueblo.
Habacuc 1:12 "¿No eres Tú desde la eternidad, Oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección."
El verdadero problema de Habacuc no es el juicio en sí, sino el instrumento que Dios ha escogido para llevarlo a cabo.
Es como si Habacuc le estuviera diciendo al Señor: «Tú eres santo, y Judá merece castigo. Pero ¿cómo puede una nación tan impía como Babilonia ser el instrumento de tu justicia? Desde mi perspectiva, parece que el fin no justifica los medios».
Aquí encontramos el resumen de la queja de Habacuc:
Habacuc 1:13 "Muy limpios son Tus ojos para mirar el mal, Y no puedes contemplar la opresión. ¿Por qué miras con agrado A los que proceden pérfidamente, Y guardas silencio cuando el impío devora Al que es más justo que él?”
En otras palabras: «Señor, sé que eres soberano, eterno y santo. Sé que tus ojos son demasiado puros para aprobar el mal; lo sé y no lo pongo en duda. Entonces, ¿cómo es posible que toleres que los caldeos arrasen con tu pueblo?».
Habacuc no está diciendo que Dios observe con agrado lo que está sucediendo, como si se complaciera en ver a los caldeos devorando a los judíos. Más bien, está utilizando un lenguaje poético para expresar una pregunta mucho más profunda: «¿Cómo puedes permitir que esto ocurra?».
La descripción que hace el profeta de los caldeos coincide con la que Dios mismo ha dado de ellos. Verdaderamente son un pueblo imponente, poderoso y temible.
Habacuc describe a las naciones como peces en el mar, criaturas indefensas que no tienen gobernante ni protector, es decir, que no tienen quién las dirija ni quién las defienda. En contraste, presenta a los caldeos como pescadores que arrasan con esos peces utilizando sus redes.
Leer Habacuc 1:14-15.
Pero el problema no es solamente su violencia; también lo es su idolatría.
Los caldeos adoraban su propio poder militar. Veían en su fuerza y en sus conquistas un reflejo de lo divino. Dios ya había señalado este pecado en Habacuc 1:11 «Entonces pasará como el viento y seguirá, y se le tendrá por culpable, porque hace de su poder su dios».
Ahora el profeta retoma esa misma idea y la refuerza describiendo cómo los caldeos rinden culto a su propia fuerza en Habacuc 1:16 "Por eso ofrece sacrificio a su red Y quema incienso a su malla, Pues gracias a ellas su pesca es abundante, Y suculenta su comida."
Habacuc concluye su queja con una última pregunta: «¿Vaciará, pues, su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?». En otras palabras: «Dios, ¿vas a permitir que continúen en su idolatría y violencia? ¿Los dejarás seguir conquistando y destruyendo sin que rindan cuentas?».
Después de plantear esta pregunta, el profeta adopta una actitud de espera. Como vemos en Habacuc 2:1, se coloca en su puesto de vigilancia dispuesto a escuchar la respuesta de Dios.
APLICACIÓN PUNTO 1
APLICACIÓN PUNTO 1
Amados hermanos, creo que hay mucho que podemos aprender en medio de esta queja de Habacuc. Y quiero ayudarte a reflexionar con el mismo corazón que lo hace este profeta confiado pero confundido:
Cuando las circunstancias de tu vida no tienen sentido, ¿qué tiene más peso en tu corazón: lo que ves con tus ojos o lo que sabes de Dios por su Palabra?
Cuando Dios responde a tus oraciones de una manera diferente a la que esperabas, ¿sigues confiando en su carácter o comienzas a sospechar de sus intenciones?
¿Hay alguna situación en tu vida en este momento que te esté tentando a cuestionar la bondad, la sabiduría o la justicia de Dios?
Pero también, ¿cuál es tu actitud mientras esperas una respuesta? La expresión: “velaré a ver qué Él me dice” es evidencia de una perseverancia hasta conseguir respuesta.
LA SANTIDAD DE DIOS VINDICADA EN SU RESPUESTA (Habacuc 2:2-20)
LA SANTIDAD DE DIOS VINDICADA EN SU RESPUESTA (Habacuc 2:2-20)
La actitud de Habacuc refleja su confianza en que Dios responderá, y efectivamente así lo hace. La respuesta la encontramos a lo largo de todo el capítulo 2.
Dios ordena a Habacuc que escriba la visión y le asegura que esta se cumplirá. No debe preocuparse si parece tardar, porque la promesa es segura. Esta advertencia inicial viene acompañada de una comparación:
El orgulloso no es recto, sino que su caminar está lleno de injusticia.
Pero el justo vivirá por la fe.
La fe implica perseverancia y confianza. Dios está llamando a Habacuc a confiar en su respuesta y en sus promesas, aun cuando las circunstancias de su vida parezcan indicar lo contrario.
Y entonces Dios responde a su queja. Ante la pregunta: «¿Cómo puedes Tú, que tienes ojos tan limpios, contemplar lo que los caldeos harán a tu pueblo?».La respuesta de Dios es clara: los caldeos no son sus aliados; los caldeos también serán juzgados. Son instrumentos en las manos de un Dios soberano, pero no son aliados ni representantes del Dios santo. En esto vemos la soberanía y el poder de Dios para usar a cualquier nación con el fin de cumplir sus propósitos sin comprometer su santidad, porque también juzgará a las naciones por los pecados que ellas mismas cometan.
Y es precisamente aquí donde la santidad de Dios queda vindicada en su respuesta.
Aquella nación que abre su garganta como el Seol y que, al igual que la muerte, nunca se sacia de destruir y matar, será juzgada.
El Señor da su respuesta denunciando cinco males de esta nación que veremos a continuación:
PRIMER ¡AY! (Habacuc 2:6-8): Por cobrar impuestos sobre los pueblos y la sangre por medio de la cual han obtenido su botín.
Los babilonios conquistaban pueblos y no siempre arrasaban con ellos sino que simplemente los sometían violentamente para imponer grandes impuestos sobre estos pueblos a fin de enriquecerse como nación. De hecho, esto se cumplió en el tiempo de Joacim, el rey que gobernaba en los tiempos de Habacuc.
2º Reyes 24:1 "En los días de Joacim subió Nabucodonosor, rey de Babilonia, y Joacim fue su siervo por tres años; después se levantó y se rebeló contra él."
Por tres largos años los Babilonios conquistaron el reino del sur pero no se llevaron a todo el pueblo sino que a algunos los dejaron vivir en su tierra mientras imponían grandes impuestos.
Éste es el primer ¡ay! Se refiere a aquellos que aumentan lo que no es suyo. Habacuc usa la figura de préstamos para referirse al juicio sobre quien impone un pago. Y Dios los juzga diciendo: “Yo levantaré acreedores en tu contra, y gente que te cobrará por tu deuda”
En esto vemos el principio de justicia retributiva. Recibes lo que das. Has cobrado impuestos, levantaré otros que cobren impuestos de ti. Has usado la violencia y has derramado sangre para hacerte con los recursos de otra nación, esto mismo vendrán contra ti.
SEGUNDO ¡AY! (Habacuc 2:9-11): Por buscar estabilidad y seguridad pisoteando a otros.
Dios usa la figura de un nido alto, dando como ejemplo a las aves, que ponen sus nidos en lo más alto de los árboles para escapar de los depredadores. Esta misma actitud la tenía los babilonios, sin embargo, ellos lo hacían al pisotear a otros. Su seguridad o estabilidad no venía de un trabajo duro o esfuerzo diligente, sino de procurar su propio bien al hacer mal a otros.
Quizás un ejemplo moderno sería aquellas personas que comienzan a hablar mal de otros en la oficina para que no sean promovidos en la empresa y así tener ellos más oportunidad de ascender.
Los caldeos vivían de otra forma, garantizaban para sí un lugar seguro al pisotear otras naciones. Procuraban librarse de la calamidad trayendo ellos calamidad sobre otros.
Por eso el Señor los juzga, has destruido a muchos pueblos para edificar tu casa, pues la destrucción y la ruina vendrá contra tu casa. La piedra contestará desde el muro y la viga desde el armazón son figuras que denotan la destrucción de la casa que ha procurado edificar.
TERCER ¡AY! (Habacuc 2:12-14): Estos son aquellos que desean perpetuarse en el poder por medio de la violencia. Aquellos que por medio de la violencia quieren hacerse un nombre y mantenerse en lo más alto.
Que no les importa usar cualquier medio para hacerse con el poder y mantenerlos. Están dispuestos a asesinar.
Esto sigue ocurriendo en nuestros días, muchos políticos están dispuestos a matar a sus oponentes políticos para no tener rivales. No son dictaduras claras y evidentes pero sí acumulan cuerpos en su armario para mantener en el poder.
Ejemplos menos extremos, son aquellos que desprestigian o perjudican a otros para ellos conversar su propia posición e influencia.
Dios les recuerda que el único que están en Poder es el Señor. Él es el único soberano, no hay nadie como Él.
El Señor no necesita matar a nadie para mantenerse en el poder, porque no hay competencia contar el Señor. De Él vienen todas las cosas. Por eso termina, tu nombre, Babilonia, no será nada, pero la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor.
CUARTO ¡AY! (Habacuc 2:15-17): Contra aquellos que humillan a los demás, y les dan un trato pervertido al embriagarlos y mostrar la desnudez de los demás.
No solo conquistaban de forma violenta, sino que eran sádicos en su trato con sus víctimas.
Las humillaban y los exhibían con vergüenza. Disfrutaban de estas cosas.
Tú también beberás y serás avergonzado (v.16), en vez de gloria serás lleno de deshonra. Tu has dado bebida y has embriagado a los pueblos para humillarlos, ahora beberás la copa del Señor.
QUINTO ¡AY! (Habacuc 2:18-20): Y finalmente, llegamos al último ¡ay! Aquellos que son idólatras
El Señor muestra que los ídolos y los dioses de los babilonios, y en realidad, de todos los pueblos no son nada. Absolutamente nada.
Esto es importante, porque la victoria de Babilonia sobre Judá podía ser interpretada por los israelitas como una victoria de los dioses paganos sobre el Señor. Si el dios de ellos que es la violencia les ha dado la victoria sobre Judá, significa esto que, entonces, sus dioses son más poderosos?
Dios claramente muestra que no, y el contraste entre: pedir a los ídolos que hablen y la actitud que deben tener delante del Señor de callar.
Aquellos que ponen su confianza en su poder o su propia capacidad y hacen de su poder su dios, serán también humillados con sus ídolos.
Toda esta respuesta es una vindicación de la santidad del Señor. Él usará a los caldeos, pero de ningún modo ellos son sus aliados y sus representantes, Dios traerá juicio sobre ellos por su maldad.
Ahora Habacuc no vio esta profecía cumplida. Él no presenció con sus ojos este juicio hacerse realidad.
La experiencia del profeta terminó con la gran conquista de Babilonia sobre Judá. Pero quienes tenemos el privilegio de conocer la historia completa sabemos que la profecía sí se cumplió.
Daniel 4-5 nos muestran la humillación de Nabucodonosor, el rey que había conquistado Judá. Y posteriormente la caída del imperio babilónico.
Daniel 5:18–21 "»Oh rey, el Dios Altísimo concedió a tu padre Nabucodonosor soberanía, grandeza, gloria y majestad. »Y a causa de la grandeza que Él le concedió, todos los pueblos, naciones y lenguas temían y temblaban delante de él. A quien quería, mataba, y a quien quería, dejaba con vida; exaltaba a quien quería, y a quien quería humillaba. »Pero cuando su corazón se enalteció y su espíritu se endureció en su arrogancia, fue depuesto de su trono real y su gloria le fue quitada. »Fue echado de entre los hombres, su corazón se hizo semejante al de las bestias y con los asnos monteses tuvo su morada. Se le dio a comer hierba como al ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que pone sobre él a quien le place."
Pero el hijo de Nabucodonosor no reconoció al Señor.
Daniel 5:22 "»Pero usted, su hijo Belsasar, no se ha humillado su corazón aunque sabía todo esto,"
Y finalmente, llegó el juicio.
Daniel 5:25–28 "»Esta es la inscripción que fue trazada: Mene, Mene, Tekel, Ufarsin. »Esta es la interpretación del escrito: Mene: Dios ha contado su reino y le ha puesto fin. »Tekel: ha sido pesado en la balanza y hallado falto de peso. »Peres: su reino ha sido dividido y entregado a los medos y persas»."
Dios vindicó su santidad no solo en la respuesta sino en la historia. Trajo juicio sobre Nabucodonosor como rey y Babilonia como nación.
El imperio cayó, Ciro el Grande, rey de Media y Persia los conquistó y se convirtió en la potencia mundial.
Conexión con el evangelio: Todos somos Babilonia. Es fácil leer este capítulo y alegrarnos porque Babilonia será juzgada. Pero antes de señalar a Babilonia debemos examinarnos a nosotros mismos. Los ayes denuncian el orgullo, la codicia, el abuso de poder, la explotación de otros y la idolatría. Y la pregunta no es solamente: "¿Están estas cosas en Babilonia?" La pregunta es: "¿Están estas cosas en mí?" ¿Estoy construyendo mi seguridad a costa de otros? ¿Estoy usando a las personas para mi beneficio? ¿Estoy buscando mi propia gloria? ¿He convertido alguna cosa en mi dios?
De la misma forma que Dios trajo juicio sobre Babilonia lo traerá también sobre todos aquellos que espiritualmente sea babilonios. Pero amados amigos, por eso el corazón de nuestro texto lo encontramos en Habacuc 2:4 "»Así es el orgulloso: En él, su alma no es recta, Mas el justo por su fe vivirá."
Pablo en Romanos 1:16–17 "Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá."
APLICACIÓN
Habacuc no vio esto pero tuvo vivir a la luz de esta promesa, esperándola con fe.
Hebreos 10:35–39 "Por tanto, no desechen su confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque ustedes tienen necesidad de paciencia, para que cuando hayan hecho la voluntad de Dios, obtengan la promesa. Porque dentro de muy poco tiempo, El que ha de venir vendrá y no tardará. Mas Mi justo vivira por la fe; Y si retrocede, Mi alma no se complacerá en él. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma."
No confundas la paciencia de Dios con indiferencia
Vive por fe cuando no puedes ver la respuesta
Oremos,
