Un antes y un después...

Tiempo después de Pentecostés  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Romans 6:12–23 NVI
12 Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal ni obedezcan a sus malos deseos. 13 No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia. 14 Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la Ley, sino bajo la gracia. 15 Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos ya bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera! 16 ¿Acaso no saben ustedes que cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte o de la obediencia que lleva a la justicia. 17 Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. 18 En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia. 19 Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad. 20 Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. 21 ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! 22 Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mientras que el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Introducción

La lectura de hoy nos plantea lo que significa una nueva vida en Cristo. Comienza haciendo una advertencia importante: “no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal ni obedezcan a sus malos deseos” (v. 12).
La lectura nos enfrenta con la realidad del pecado porque, en los primero versículos de este capitulo, Pablo se ha referido al bautismo como momento de unión con Cristo participando de su muerte (v. 2).
En ese sentido, el testimonio de la muerte y de la resurrección en Cristo, toma sentido para nosotros en el hecho de que al dar testimonio público en el bautismo también nosotros estamos muriendo con Jesús, si el murió por nuestros pecados, como lo traza la teología paulina, pues nosotros hacemos lo mismo en el bautismo acogiéndonos a la esperanza de la resurrección de la cual participaremos con Cristo. Esto es lo que se conoce como la tensión escatológica entre el ya, porque hemos recibido los beneficios de la justificación y el todavía no, porque esperamos nuestra plena resurrección.
Cuando Pablo habla sobre el bautismo, nos pone de frente a la realidad de la nueva vida. La muerte y resurrección de Jesús abrieron el paso para la nueva humanidad y la nueva comunidad. Pablo comprende muy bien este asunto, recordemos que era Saulo y ahora es Pablo. De igual manera como la humanidad era heredera de la naturaleza de Adán y ahora, por el bautismo (muerte a los pecados) recibe la naturaleza de Cristo y la condición de hijos e hijas de Dios.
Ahora bien, ¿Qué significa esto en la vida de los creyentes hoy? Conforme a la lectura podemos concluir lo siguiente:

1. Un antes y un después en la comprensión del ser

Pablo comprende al ser humano como un instrumento, una palabra que se podría usar también es “arma”. Cuando Pablo habla del cuerpo, en realidad está hablando del ser, un ser que puede relacionarse con los demás, no solamente de la carne, en términos generales, el cuerpo es la persona humana.
Desde esta perspectiva, Pablo nos pregunta ¿Para que estamos usando nuestro ser? o ¿qué tipo de instrumento somos? ¿cuál es el propósito de nuestra existencia?
Lo viejo, esta relacionado con el pecado, aquello que daña la dignidad del ser humano e impide la relación con Dios, aquello que roba nuestra humanidad. Es decir que la naturaleza vieja hace que las personas actúen como instrumentos del pecado; dañando las relaciones consigo mismo, con el prójimo y, en consecuencia con Dios.
Pero la vida nueva, es decir, el después de la persona humana que ha sido traspasada por la gracia usa su ser, su cuerpo, como quien ha vuelto a vivir, Pablo dice como quien ha vuelto de la muerte a la vida.
Esta nueva relación es importante, porque nos debería invitar a pensar sobre qué sería nuestra vida sin la enseñanza del Señor. El punto clave para Pablo, entre el antes y el después es el bautismo, porque es el testimonio público que una persona daba y para ello debía pasar por un proceso que se llamaba catecumenado.
Pablo deja claro que debemos ofrecer nuestro ser como un instrumento para la justicia, asunto que veremos en el siguiente punto.

2. Del antes del pecado al después de la obediencia a la justicia

Además de la comprensión de la naturaleza del ser, Pablo suma dos categorías que son muy importantes para poder comprender como nuestro ser es instrumento para lo uno o para lo otro. Pecado y justicia se contraponen entre sí. esto es interesante porque generalmente hablamos de pecado versus santidad, pero no eso lo que Pablo esta expresando.
Para esto, vamos a dejar la noción de santidad de lado por un momento y nos vamos a enfocar en lo que Pablo está pidiendo a los cristianos: “No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia.
Esta relación pecado - injusticia es muy importante porque nos pone de frente a una nueva concepción moral que va más allá de lo ritualista. Para los judíos la ley escrita determinaba la santidad de una persona, por ejemplo; una persona que tenía contacto con un muerto debía cumplir el rito de purificación si no lo hacía sería contado como pecado.
Pero en la comprensión del bautismo, la persona se libera de la ley y debe buscar la justicia. Las obras del pecado, las obras deshumanizantes, el relacionamiento social de una persona que es egoísta conduce a la muerte por la injusticia.
Ahora bien, el cristiano debe presentar su ser como un instrumento para la justicia; es decir, que la persona bautizada, que ama y conoce a Dios, y que comprende la gracia responde con amor a Dios imitando la vida de Cristo luchando contra toda injusticia. Ahora el seguidor de Cristo obedece a Dios no por temor, ni para obtener el amor de Dios sino como respuesta al amor eterno de Dios. En ese sentido, la justicia en la vida del creyente es lo que le acercará a la noción de santidad, aspecto que veremos en el siguiente punto.

3. El antes de la impureza y el ahora de la santidad

Entre el antes y el ahora, está el catecumenado, el versículo 17 refiere que las personas que antes eran esclavas del pecado se han sometido de corazón al modelo de enseñanza que les fue transmitida. Estamos hablando de procesos que duraban años antes de tomar la decisión de bautizarse.
También era un proceso político porque las personas recibían a Jesús como el Señor y eso les implicaba, de alguna manera, una renuncia a su ciudadanía romana que no aceptaba fidelidad a otro “Señor” que no fuera el Cesar.
Pablo refiere que en el “antes” las personas ofrecían su ser para servir a la impureza que conducía a la maldad (v. 19). De alguna forma, el termino impureza se ha comprendido desde una percepción puritana, es decir, lo que está en “el mundo” que no conviene y de lo que se debe apartar, encontrando personas desconectadas de la realidad social y política.
No obstante, si el pecado está ligado a la noción de injusticia, la impureza que conlleva a la maldad cada vez mayor tiene que ver con actos que destruyen al ser y a la comunidad. la comprensión de este tipo de impureza, de pecado y de vicio moral se puede apreciar en Romanos 3: 12-19: Corrupción, engaño, violencia y daño del bien común.
Así las cosas, Entonces el pecado o la impureza habita en nosotros cuando no actuamos con justicia. La santidad, dice Pablo, se encuentra mediante el servicio que conduce a la paz, que dignifica al ser humano, enseña la solidaridad y comprende la justicia como un referente del amor de Dios que la humanidad está esperando.
Romans 3:12–19 NVI
12 Todos se han descarriado; juntos se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!». 13 «Su garganta es un sepulcro abierto; de su lengua salen engaños». «¡Veneno de víbora hay en sus labios!». 14 «Llena está su boca de maldiciones y de amargura». 15 «Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; 16 dejan ruina y miseria en sus caminos, 17 y no conocen la senda de la paz». 18 «No hay temor de Dios delante de sus ojos». 19 Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la Ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios.

Conclusión

Al igual que como lo hace Moisés, Pablo nos pone en frente de lo bueno y lo malo. Advierte que el resultado del pecado es la muerte. Porque la injusticia es asesina. Puede matar a las personas no solo físicamente sino moral y emocionalmente, vivir en el pecado practicando la injusticia implica que no se ha comprendido o valorado la gracia de Dios.
De otro lado, nos anima recordándonos que el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. Nos lleva Pablo a recordar el señorío de Cristo a quien nos debemos, pues por su gracia podemos comprender el amor de Dios y responder en gratitud amando, trabajando por la justicia y por la paz, construyendo una mejor sociedad con la enseñanza del evangelio de Cristo.
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