David y los amalecitas

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Introducción

Usualmente esperariamos que alguien que trabaja para Dios sea inmune a las circustancias adversas de la vida. No dimensionamos el “buen comportamiento” con situaciones que nos pongan en peligro a nosotros o a nuestros seres queridos. Algunos asumen que el Señor puede proteger a la familia y a nuestros bienes siempre y cuando nosotros estemos obrando bien.

Volviendo a vivir

David regresa despachado de la guerra, su antiguo amo no lo quiere usar en la batalla por miedo a que traicione a los filisteos. Y una vez llegada a su casa (Siclag) se da cuenta que las familias de todos sus hombres incluida la suya, han sido llevadas como cautivos (literalmente conducidos como ganado).
Esto genera que todo el pueblo (incluido David) entre en pánico ante el temor de no volver a ver a su familia por lo cual lloran y gritan hasta quedarse sin fuerza. Su ejército incluso se encuentra tan adolorido que hablan de matar a David. Al enterarse de que existe la posibilidad de que sus hombre lo maten el corazón de David se llena de temor tal y como Saul lo hace en 1º Samuel 28:15 “Samuel le dijo a Saúl: —¿Por qué me molestas, haciéndome subir? —Estoy muy angustiado—respondió Saúl—. Los filisteos me están atacando, y Dios me ha abandonado. Ya no me responde, ni en sueños ni por medio de profetas. Por eso decidí llamarte, para que me digas lo que debo hacer.”
Este pasaje busca un contraste entre David y Saul, por su parte Saul tiene motivos para estar angustiado al igual que David, solamente que David consulta a Dios mientras que Saul lo hace con la adivina. Si a Saul el Señor le niega su voz, a David le contesta su pregunta (Debo perseguir - Los voy a alcanzar) y la respuesta de Dios es: Persiguelos, los vas a alcanzar y vas a ganar.
El contraste en este relato se encuentra en la relación cercana que David y el Señor tenían. En la profecía ofrecida a Saul se le dijo que el Señor estaba buscando a alguien conforme a su corazón. En el relato del cap. 28 notamos que el corazón soberbio y arrogante de Saul lo llevó a pensar que había una chance de burlar al Señor, que podía consultar su voluntad y mantener intacto su orgullo. Esto no es asi, David por su parte dice el texto en el v.6 que consultó al Señor SU DIOS. Una vez que ha llorado y se ha lamentado por su desgracia, el texto dice que “cobró ánimo” y “puso su confianza” en el Señor su Dios.
Hacer del Señor nuestro Dios es un proceso que nos debe permitir recordar que incluso cuando la circunstancia excede nuestro razonamiento e intelecto, aún ahí el Señor está cercano a nosotros. No hay motivos para suponer que nos ha dejado a nuestra desgracia. Vivimos en un mundo que constantemente muestra los signos de la maldad pero el Señor tiene el control en sus manos y nos permite encontrar consuelo. Por lo tanto, nuestra actitud debe ser similar a la de David, cobrar ánimo y poner nuestra confianza solo en el Señor.

Un mayordomo de la gracia

La Biblia describe al Señor como generoso y compasivo. Quizá la descripción mas concreta la encontramos en el himno de Filipenses 2. Por esta razón todas aquellas personas que han sido cercanas al Señor comparten el corazón de Él. Abraham, David, Elias, Eliseo, etc, todos compartieron esta caracteristica.
En el texto que nos ocupa el dia de hoy vemos que tras emprender su campaña para recuperar a sus esposas, David y sus hombres llegan a un pequeño río llamado Besor. En este rio algunos hombres de David se quedan “sin fuerzas” para seguir. David que no está dispuesto a esperar a nadie decide avanzar con solo 400 hombres. En el camino encuentran a un egipicio cuyo amo amalecita abandonó por estar enfermo. David y sus hombres le dan de sus provisiones (provisiones que bien podrían servirles a ellos mas adelante).
Finalmente, cuando llega el momento de la batalla, David y sus hombres recuperan a sus familias. El texto nos dice en el v.19 que no les hizo falta nada, ni chico, ni grande, ni hijos ni hijas, ni ninguna cosa, al contrario se apoderaron de ganado y ovejas. Tanta era su alegría que los hombres de David gritaban “este es el botín de David.
Aquí observamos una de las tentaciones mas frecuentes en los seres humanos. Olvidar que ha sido Dios quien nos provee todo lo que nosotros tenemos. En este libro hemos descubierto que la ingratitud es un pecado serio ante los ojos de Dios. En el libro anterior, que fue Jueces también vimos la importancia de ser personas que no olviden los beneficios que vienen del Señor.
Por lo tanto, aqui veremos una prueba de fuego para David. Cuando este y sus hombres regresan al arroyo de Besor, la gente que se quedó sale al encuentro y David los saluda como de costumbre. El texto nos dice que hay personas “perversas y malas” entre el ejército de David. La maldad de estas personas radica en su incapacidad para ser generosos. Ellos argumentan que dado que estos 200 hombres no fueron a la batalla, entonces no se les debe dar nada, al contrario, deben tomar a sus esposas e irse de manera forzada.
En este punto David toma la decisión correcta, habla con ellos y les dice: Fue el Señor quien nos ha dado todo, quien nos protegió y quien puso en nuestras manos a quien nos había atacado. De esta manera David ha reaccionado de manera diferente (una vez mas) a lo que hacía Saúl. David no se ha dejado intimidar por lo que sus hombres dicen y proponen, antes bien decide ser generoso con aquellos que se quedaron.
La gracia que Dios nos concede nunca debe administrarse de manera mezquina. Tenemos que dar de lo que Dios nos da. Ponerle “peros” a lo que está a nuestra dispocisión es una expresión de mezquindad, es decirle a Dios:“estás equivocado” esta persona no necesita de mi.
El acto de bondad de David no quedó solo ahí, se extendió también hacia las otras personas de Judá. El texto menciona otros lugares en donde él y sus hombres habían estado, por lo tanto les concede a ellos también participar de su botín.

Conclusión

La búsqueda constante del Señor nos da la capacidad de poder acercarnos a Él y tener una relación más allá de un quid pro quo. Te doy para que me des. El caracter del Señor y su Voluntad tienen que iluminar nuestras vidas y deben estar presentes en nuestra toma de decisiones diarias.
Hay diversas oportunidades para sentirnos desconsolados o deprimidos, pero recordar que el Señor es nuestro Dios nos tiene que hacer recobrar el ánimo y las fuerzas. Asi mismo, cuando la prosperidad inunde nuestros dias, es justo que nosotros compartamos generosamente lo que tenemos. Ser ingratos y negar ayuda a quien lo necesita es contrario al corazón del Señor.
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