EL DIOS PERSONAL (2)

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Sal. 139: 1-2

Señor, tú me examinas, tú me conoces.

Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto;

aún a la distancia me lees el pensamiento.

Sal. 139: 23-24

Examíname, oh, Dios, y conoce mi corazón;

pruébame y conoce mis pensamientos;

y ve si hay en mí camino de perversidad,

y guíame en el camino eterno.

ESQUEMA

1. El Dios omnisciente (1-6).

2. El Dios omnipresente (7-12).

3. El Dios omnieficiente (13-18).

4. Una doble oración (19-24).

CONTENIDO

Se trata de uno de los salmos más notables y bellos, por la profundidad de su

contenido, que recuerda algunos pensamientos de Job, así como del libro de

Eclesiastés.

1. El Dios omnisciente (1-6).
El verbo hagar, que se traduce por “examinar”, significa literalmente “cavar”.
Se usaba para la excavación en busca de metales preciosos (Job 28: 3), así como
para todo acto de investigación o exploración minuciosa.
El salmista se refiere a la indagación de lo que hay en la mente de la persona, en lo más oculto de sus pensamientos.
Dios sabe desde lo más cotidiano: “mi sentarme y mi levantarme”, hasta lo más íntimo de “mis pensamientos”.
Por eso conoce incluso nuestras palabras antes de ser pronunciadas. Nuestros actos, expresiones, pensamientos y la vida entera están completamente desnuda delante Dios.
La mirada divina observa todo lo bueno, pero también lo pecaminoso que hay en
nuestra vida.
Como señala el Salmo 130: 3: Dios, si mirases a los pecados
¿quién, oh, Señor, podrá mantenerse? Nadie puede escapar al examen divino
puesto que Él lo sabe todo.
Esto, que podría parecer terrorífico, es, sin embargo, maravilloso para el
salmista.
El ser mismo de Dios, sus atributos, son tan “altos que no los podemos
comprender”. Nuestra mente finita.
¿cómo abarcará al Infinito? La razón humana.
¿cómo comprenderá al Santo? Las especulaciones de los hombres temporales.
¿cómo podrán apreciar correctamente la grandeza del Eterno? Por tanto, ante Dios sólo cabe una actitud de adoración reverente.
2. El Dios omnipresente (7-12).
Es inútil huir de Dios. Es imposible escapar a la realidad de su presencia.
El Creador ocupa todos los espacios posibles.
Tanto la dimensión vertical de la omnipresencia divina, desde la altura de los cielos a las profundidades del abismo, como la dimensión horizontal, desde el oriente hasta el extremo del occidente, absolutamente todo está empapado de su presencia.
En el reino de uno se podía hallar refugio y protección contra el otro. Pero esto no funciona con el Dios verdadero. Ni siquiera las tinieblas sirven para esconderse de Dios.
Aunque haya momentos y situaciones en la vida humana, en los que se actúa con
torpeza y el error o el pecado brotan de nuestro comportamiento, en esos
instantes de ofuscación en los que creemos estar solos, porque aparentemente
nadie nos ve, ahí se encuentra Dios observando lo que hacemos, con su visión
capaz de atravesar cualquier tipo de oscuridad.
Él tiene siempre delante nuestro pasado, presente y futuro, nada puede apartar de su mente la visión de nuestra maldad; nada, excepto la sangre de Cristo, si es que por la fe hemos sido rescatados a través de ella. Esta es la maravillosa redención que Dios proveyó para el ser humano.
3. El Dios omnieficiente (13-18).
El Dios omnisciente y omnipresente es también el Dios omnieficiente. El hacedor de todas las cosas.
El artesano de todo lo que existe, incluido el propio ser humano.
En el versículo 13, el salmista explica que fue Dios quién lo formó en el vientre de su madre. Allí fue tejido su cuerpo de forma admirable. Células, tejidos, órganos, todo fue dispuesto con sabiduría y arte.
El pensamiento del salmista trasciende los límites de la embriología para remontarse a la esfera de la teología. Por encima de todo el desarrollo embrionario está la acción divina.
Durante la época moderna, sin embargo, en el mismo proceso que el salmista
veía a Dios, muchos científicos creyeron ver todo lo contrario: la ausencia de
Dios.
Algunos naturalistas del siglo XIX, influidos por la famosa teoría de la
evolución de las especies, pensaron que el desarrollo del embrión en el útero
materno pasaba por etapas que reflejaban los hipotéticos cambios evolutivos
que, según Darwin, se habrían producido en el transcurso de la evolución.
A semejante pretensión se le llamó la “ley biogenética de Haeckel” y se la definió
con esta difícil frase: “la ontogenia es una recapitulación de la filogenia”. Es
decir, que los cambios del embrión en el vientre de la madre (ontogenia),
recordarían a los hipotéticos cambios evolutivos sufridos por su especie a lo
largo de las eras (filogenia).
Pues bien, hoy la ciencia reconoce que esta ley es falsa. Los embriones se
modifican en función de sus necesidades fisiológicas y no, como se pretendía,
porque estén rebobinando la película de la evolución de su especie.
De la misma manera, la mente del salmista no puede dar cabida al agnosticismo. Resulta mucho más difícil creer que la formación del cuerpo humano sea el resultado de un mecanismo biológico ciego, que reconocer la presencia y el diseño de Dios en
todo el proceso del desarrollo embrionario del cuerpo humano.
Según el versículo 16, la omnisciencia divina conoce anticipadamente los días
del hombre y los enmarca en el cuadro de sus propósitos. De modo que, a
medida que se va desarrollando el curso de la vida, en cada etapa acontece lo que
Dios tenía previsto.
Esta idea aparece también en Pablo (Gal. 1: 15): Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su Gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles.
Tal pensamiento nos sitúa frente a la presciencia divina. Dios lo sabe todo.
¡Qué hermosa es la segunda frase del versículo 18: ¡Despierto y aún estoy
contigo!
¿Quiere decir el salmista que, meditando en lo maravilloso de la acción
de Dios, se quedaba dormido y que, al despertarse, los mismos pensamientos
llenaban todavía su mente? Este es el secreto de la auténtica relación personal
con Dios.
Él se hace, así, cotidiano, doméstico, conoce los aspectos íntimos de
nuestra existencia porque vive a nuestro lado.
4. Una doble oración (19-24).
De pronto, el poeta desvía bruscamente el curso de su meditación y se centra en
sus enemigos.
Le resultan intolerables, puesto que también son enemigos de Dios.
Acaba de extasiarse contemplando los prodigios del Todopoderoso e
inmediatamente descubre que hay hombres que se atreven a deshonrar su
nombre.
¡Cómo puede ser esto! Su razonamiento es precipitado: ¡tales individuos deben ser raídos de la tierra! En estas frases el salmista demuestra no conocer suficientemente la grandeza del amor de Dios.
Nos recuerda otro pasaje del Evangelio, en el que Jacobo y Juan dijeron ¡que baje fuego y los consuma!
Pero Dios no está de acuerdo. Él permite a sus enemigos seguir viviendo porque
“sus pensamientos no son nuestros pensamientos”. La paciencia y la compasión de Dios trasciende todas las pautas humanas: Vosotros no sabéis de qué Espíritu sois, porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los
hombres, sino para salvarlas.
Cuando el salmista le pide a Dios que lo examine es porque está convencido de
que merece la aprobación de Dios. Nadie está dispuesto a examinarse si sabe que
va a suspender.
El salmista está decidido a actuar de tal modo que su vida merezca la aprobación divina. “Guíame en el camino eterno” que es el camino justo.
Pero para poder andar en ese camino hay que pagar un precio: la renuncia a todo camino de perversidad, mentira, injusticia, orgullo, ambiciones malsanas e indiferencia espiritual.
Sin embargo, vale la pena pagar lo que cuesta.
El camino eterno es el camino de Dios, en el que el creyente halla plenitud de
gozo, delicias a su diestra para siempre, (Sal. 16: 11). Y al final del trayecto de la
vida terrena, el camino se prolonga en el más allá.
Tal como se ilustra en la experiencia de Enoc: Caminó pues Enoc con Dios, y desapareció porque le llevó Dios. ¡Que esa sea también la experiencia de cada uno de nosotros!
III. IMPLICACIONES TEOLOGICAS Y PASTORALES.
.- DIOS NO ES INDIFERENTE: SU CONOCIMIENTO LLEVA A CUIDADO Y GUIA.
. - LA INSPECCION DIVINA NO ES PARA CONDENAR SINO PARA RESTAURAR.
. – LA RESPUESTA ADECUADA ES LA HUMILDAD: INVITAR A DIOS A EXAMINAR, CONFESAR Y SER GUIADOS.
IV.- APLICACIONES PRACTICAS (CON PASOS CONCRETOS)
1.- ORACION DIARIADE EXAMEN: DEDICA 3 A 5 MINUTOS PIDIENDO A DIOS QUE REVELE LO OCULTO.
2.- CONFESON INMEDIATA: CUANDO EL ESPIRITU SEÑALA ALGO, CONFESAR Y APARTARLO SIN DEMORA.
3.- REVISAR MOTIVOS: ANTES DE ACTUAR, PREGUNTAR ¿Por qué LO HAGO? BUSCAR GLORIA A DIOS.
4.- COMUNIDAD: PERMITIR A HERMANOS PIADOSOS ACOMPAÑAR EN RENDICION DE CUENTAS.
5.- BUSCAR DIRECCION PRACTICA: PASOS CONCRETOS TRAS LA CONFESION (RECONCILIACION, LIMITES, CAMBIOS DE HABITOS)
V.- ILUSTRACIONES BREVES.
. – EL ESPEJO: UN ESPEJO MUESTRA MANCHAS; EL PROPOCITO ES LIMPIARLAS, NO AVERGONZAR.
. -EL MEDICO: EXAMINA PARA SANAR; LA PRUEBA DE DIOS LLEVA A RECUPERACION ESPIRITUAL.
VI. LLAMADO CIERRE.
. – INVITACION A LA AUDIENCIA: PEDIR A DIOS QUE EXAMINE AHORA CONFESAR AQUELLO QUE EL MUESTRE, Y PEDIR DIRECCION PARA SEGUIR EL CAMINO ETERNO.
. – ORACION SUGERIDA (BREVE): SEÑOR TE INVITO A EXAMINARME; CONOCE MI CORAZON Y MIS PENSAMIENTOS. PERDONAME DONDE HAYA PECADO, LIMPIAME Y GUIAME EN TUS CAMINO ETERNO...AMEN…
CONCLUCION: SALMO 139 NOS CONFRONTA CON LA VERDAD CONSOLADORA Y EXIGENTE: DIOS NOS CONOCE POR COMPLETO
SOMOS CONOCIDOS POR DIOS. RESPONDAMOS CON TRANSPARENCIA, ARREPENTIMIENTO Y OBEDIENCIA PARA CAMINAR EN LA DIRECCION QUE EL SEÑALA.
ORACION FINAL: PEDIR A DIOS QUE NOS EXAMINE, REVELE PECADO, NOS PERDONE Y NOS DIRIJA POR SU CAMINO TERNO; ENTREGAR PENSAMIENTOS, PALABRAS Y ACCIONES AL SEÑOR.
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