Fuerza y valentía

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Seamos fuertes y valientes porque Cristo está con nosotros.

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Introducción

Ilia Topuria, luchador de UFC georgiano-español que entrenó acá en Alicante, quienes seguimos de cerca el MMA, o incluso los que solo ven las noticias deportivas, lo conocemos. Venía con un récord impecable. 17 victorias seguidas. Invicto. Parecía intocable, un campeón absoluto en el que todos confiaban ciegamente. Pero entonces, pasó lo impensable: perdió. Y cuando un campeón así cae, hay un silencio colectivo. Una sensación de shock donde todos nos miramos y pensamos: ¿Y ahora qué? ¿Se acabó la era del campeón?
Ese sentimiento exacto de desconcierto, de haber perdido al líder invicto que garantizaba la victoria, es precisamente lo que se respiraba en el aire al inicio del libro de Josué. Para el pueblo de Israel, Moisés era su Ilia Topuria. Era el peso pesado indiscutible. Había derrotado a Faraón, dividido el mar Rojo y guiado a la nación por décadas. Su récord era legendario. Pero en Deuteronomio 34, el campeón cae. Moisés muere. Y de repente, más de un millón de personas están paradas frente al río Jordán, en completo shock, sintiendo que su mayor seguridad acaba de desaparecer.
Pero aquí está la gran diferencia. Cuando un peleador pierde, nosotros apagamos la televisión y seguimos con nuestra vida. Pero para Josué, como veremos en el pasaje, el segundo al mando, no había esa opción. Con el gigante muerto, Dios lo llama al centro de la arena y le da el relevo. La misión no se había cancelado. Y es ahí, en medio de la peor pérdida imaginable, donde Dios le entrega un mandato innegociable. Un mandato que es exactamente el mismo para nosotros hoy, cuando nuestras seguridades colapsan y enfrentamos nuestros propios retos, cuando las circunstancias de la vida nos vuelcan y nos mueven, cuando queremos huir y regresar a nuestros países de origen, huir de la situación en la que nos encontramos. Ahí el mensaje de Dios para Josué, y para esta iglesia hoy, es este: Seamos fuertes y valientes, porque Cristo está con nosotros. Acompáñenme a Josué, capítulo 1, versículo 1.

La fuerza y valentía de Moisés para Josué (v.1-5)

Joshua 1:1 RVR60
Aconteció después de la muerte de Moisés, siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué, hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo:
Hermanos, para entender el peso de lo que está pasando aquí, tenemos que detenernos un segundo en esta primera frase: "después de la muerte de Moisés". Moisés no era un líder cualquiera; fue el hombre que Dios usó para liberar a todo este pueblo de la esclavitud en Egipto. Era la máxima figura de autoridad.
Pero Moisés no pudo completar su misión; por un error de desobediencia en el desierto, Dios le dijo que no cruzaría el río. Su viaje terminaba ahí, al borde de la tierra prometida, dejando a toda la nación en luto. Y ahora, el relevo le toca a Josué, el hombre que por años fue solo su servidor. Imaginen por un momento estar en los zapatos de Josué. El peso y el reto que tiene encima son enormes; es el novato que tiene que llenar los zapatos del gigante caído.
En medio de ese silencio, de esa parálisis por la pérdida, miremos qué es lo que Dios viene a decirle a este nuevo líder.
Joshua 1:2–4 RVR60
Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol será vuestro territorio.
Hermanos, para entender el peso de lo que está pasando aquí, tenemos que ponernos en los zapatos de Josué. Josué era el servidor, la mano derecha de Moisés. Y Moisés no era un líder cualquiera; fue el hombre que Dios usó para liberar a todo este pueblo de la esclavitud en Egipto. Era la máxima figura de autoridad y seguridad para ellos. Ahora el pueblo se queda sin su líder máximo, llorando y de luto al borde del río Jordán.
Y justo en ese momento de dolor y parálisis, miren lo que Dios le dice: Moisés ha muerto; ahora, levántate y cruza. Es hora de retomar el objetivo, de entrar a la tierra que Dios les había prometido. Y Dios le hace una aclaración en el versículo 3: "Yo les he entregado todo lugar que pise la planta de su pie".
A veces sacamos este texto de contexto y pensamos que cualquier lugar que pisemos hoy, un terreno o una casa, es nuestro. Pero no, hermanos. Dios fue muy específico con Josué. En el versículo 4, Él le pone límites exactos a ese territorio, desde el desierto hasta el río Éufrates. No los estaba mandando a invadir tierras al azar; los estaba mandando a reclamar una herencia. Algo que, como dice el texto, le había dicho ya a Moisés.
Pero aquí hay algo hermoso que deben saber. Cientos de años antes de este momento, Dios le había hecho una promesa a un hombre llamado Abraham. Le dijo que su familia sería inmensa y que les daría una tierra específica. Imagínense que yo hoy le digo a alguien aquí: Oye, mira, te voy a traer 1 millón de euros enterito en 40 años, solo confía en mí. Y luego yo vuelvo en unos 20 años y le digo a tu hijo: Recuerda, les traeré 1 millón de euros en unos 20 años".
Pero Dios sabía que reclamar esa herencia no iba a ser fácil, y que Josué sería desafiado. Así que, hermano, mira la hermosa promesa personal que Dios le hace a Josué en el versículo 5:
Joshua 1:5 RVR60
Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.
Esto no es algo simple, hermanos. Dios no le está dando una palmada en la espalda. Recordemos cómo estuvo Dios con Moisés: Dios hablaba cara a cara con él Dios estuvo ahí para defenderlo de sus enemigos, para cuidarlo y guiarlo en el desierto. Y Dios le dice a Josué: De esa misma forma, con ese mismo poder, estaré contigo en todo el camino. No te dejaré".
Y hermanos, esta es exactamente la promesa a la que debemos aferrarnos nosotros hoy.
Toda transición importante en la vida nos quita la seguridad y nos lanza al mismo lugar que Josué: parados frente a lo desconocido. Quizás estás enfrentando la incertidumbre de empacar tu vida entera para una mudanza, o sintiendo el peso y la responsabilidad de prepararte para entrar al matrimonio, o tal vez perdiste tu empleo o estás luchando por levantar tu propio negocio.
Cuando las cosas en tu vida se tambalean, la pregunta es: ¿Qué harás? ¿Te quedarás paralizado llorando lo que perdiste?
Puedes levantarte y cruzar. No porque tú seas muy fuerte o muy capaz, sino porque el mismo Dios que defendió a Moisés ha prometido estar contigo y nunca desampararte, el mismo Dios que no le falló a Abraham y que no dejó solo a Josué, ha prometido estar contigo y nunca dejarte.
Hoy, su Espíritu Santo vive en nosotros todos los días de nuestra vida. Y Él está ahí, acompañándote y defendiéndote, incluso en esos días donde no sientes nada o cuando parece que todo está en tu contra. Qué hermosa promesa nos da el Señor.
Y es precisamente por esta promesa de estar con él que ahora Dios le da un mandato.

Fuerza y valentía de Dios para Josué (v. 6-9)

Joshua 1:6–9 RVR60
Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
Quiero que notéis algo, hermanos, importante en este pasaje; para ello tengo una pregunta para todos vosotros: En la Biblia se dice que Dios es ¿cuántas veces santo? ¡TRES! Así es. Ahora, pregunta de estudio bíblico: ¿Por qué es así? Los hebreos usaban la repetición como nosotros usamos los signos de admiración o las letras mayúsculas en WhatsApp: para enfatizar algo. Lo típico es que se repita algo dos veces, por eso Jesús decía: De cierto, de cierto os digo. Pero decir algo tres veces es el nivel máximo de importancia.
¿Por qué os digo esto? Porque si miráis bien el texto, Dios no le dice a Josué una, ni dos, sino tres veces que sea fuerte y valiente (v.6, v.7 y v.9). Dios le está poniendo letras mayúsculas y luces de neón a esta instrucción. Le está diciendo: ¡Préstame suma atención!
Miren el primer mandato, en el versículo 6:
Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra... o como dice la versión NTV: Porque tú serás quien guíe a este pueblo para que tome posesión de toda la tierra...
A veces leemos esto como un texto motivacional, como si Dios le dijera: Vamos, chaval, que tú puedes, échale ganas. Pero, hermanos, esto se queda cortísimo. Dios está llamando a Josué a enfrentar guerras gigantescas y a conquistar naciones para reclamar la tierra. No era una palmadita en la espalda. Por eso, el mandato de ser 'fuerte' significa ser firme, inquebrantable a pesar de los golpes. Y ser 'valiente' significa tener audacia, estar alerta mentalmente, tener el temple para enfrentar el peligro de liderar a toda una nación en territorio enemigo.
Pero aquí, hermanos, es donde la Biblia es increíble y nos rompe los esquemas. Uno pensaría que con semejante reto militar, la segunda vez que Dios le pide valentía sería para planear estrategias o afilar espadas. Pero miren el versículo 7 y 8:
Solamente esfuérzate y sé MUY valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley... Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley...'
¡Esto es fascinante! La mayor fuerza y valentía que Dios le exige a Josué no es para la batalla física, es para aferrarse a la Biblia. Note que lo que dice solamente esfuérzate y sé MUY valiente, es decir, mantenerse en la Palabra exige ser muy valiente. Porque no es sencillo obedecer lo que Dios dice en su Palabra, pero la recompensa de la obediencia para Josué era que tendría éxito en la misión que se le había encomendado. Incluso vuelve a repetírselo Dios de que debe meditar en este libro de la ley día y noche para hacer todo lo que está escrito y prosperar. Nuevamente lo repite dos veces; debe prestarle atención a la Palabra para que tenga éxito en su cruzada.
Dios le está diciendo: tu éxito guiando al pueblo (v. 6) no depende de tus músculos, depende de tu obediencia y sumisión a mi Palabra (v. 7-8).
Y para sellar este bloque, como un broche de oro, Dios termina en el versículo 9 dándole la garantía inamovible de esa valentía:
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
El mundo allá afuera nos vende constantemente la frase 'No te rindas'. Pero yo pregunto: ¿Por qué no me debo rendir? ¿En qué me apoyo? ¿En una esperanza hueca de que las cosas mágicamente mejorarán? Eso es mentira. El mundo no tiene una respuesta, pero Dios sí. La razón de nuestra valentía no es el optimismo, es Su presencia.
Y hoy en día es así también, hermanos; no tenemos que pelear una guerra por territorios, pero sí debemos llegar a fin de mes, debemos ser buenos esposos y esposas, ser buenos estudiantes, trabajadores, hijos.
Hermanos, el mandato de ser fuertes y valientes no se sostiene con tu fuerza de voluntad, sino aferrándote a Su Palabra. El verdadero éxito de obedecerla no garantiza riquezas materiales, sino convertirte en un instrumento para la gloria de Dios, confiando en que el Señor que te acompaña prosperará tu camino a su manera. Puede ser que te dé riquezas, pero, hermano, no nos quedemos con algo tan barato como el dinero; probablemente Dios te prospere con dominio propio, con refrenar tu lengua, con que la mayor debilidad en tu vida ya no exista y puedas ser más fiel al Señor. ¿No sería eso mucho más exitoso que tener millones en el banco pero un corazón oscuro?

Fuerza y valentía de Cristo para nosotros

Hermanos, Dios mandó a Josué a ser fuerte y valiente, y él lo hizo lo mejor que pudo. Llevó al pueblo a la tierra prometida. Pero hay un problema: ningún líder humano, por más bueno que sea, puede sostener el peso de las promesas eternas de Dios a la perfección. Josué era un pecador como nosotros; él envejeció, murió y, tiempo después, el pueblo se volvió a rebelar. Josué les dio una tierra física, pero no pudo cambiarles el corazón.
Pero aquí está el detalle más asombroso de la Biblia. ¿Sabían ustedes que, en el idioma original, el nombre Josué y el nombre Jesús son exactamente el mismo nombre? Ambos significan 'Dios salva a su pueblo'.
Ese primer Josué era solo una sombra, un anticipo. Necesitábamos a un Josué perfecto, un líder definitivo. Y ese es nuestro Señor Jesucristo. Él fue verdaderamente fuerte y valiente. Su mayor batalla no fue contra ejércitos en una tierra extranjera; fue ir a la cruz del Calvario para enfrentar la ira de Dios por nuestros pecados. Y en esa cruz ocurrió el mayor intercambio de la historia: para que Dios pudiera decirte a ti hoy "no te dejaré ni te desampararé", Jesús tuvo que gritar en la cruz: "Dios mío, ¿por qué me has desamparado?". Él sufrió nuestro abandono para garantizar nuestra compañía eterna. Para que hoy tú y yo podamos ser salvos, para que hoy tú y yo podamos tener acceso pleno a su presencia.
Quiero mostrarles en Hebreos 13:5 "Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: "No te desampararé, ni te dejaré"; ¿no le suena eso a lo que hemos visto hoy? Sí, el autor de Hebreos está citando el libro de Josué; él toma esta misma promesa de Josué y nos la aplica directamente a nosotros. Ya no conquistamos tierras geográficas, pero todos libramos batallas reales cada día. Y la promesa sigue viva. Por eso, a la luz de lo que Cristo ha hecho, el mandato a ser fuertes y valientes se convierte en nuestra respuesta natural.
Así que, hermano, vive con gozo, vive con la libertad de saber que Cristo siempre está contigo. Ese es el verdadero contentamiento: confiar en la situación donde el Señor te ha colocado hoy, sabiendo que Su presencia es suficiente.
Y asume con fuerza y valentía el reto que Dios ha puesto delante de ti. Tú conoces cuál es el reto que tienes hoy. Ya sea buscar un empleo, levantar ese negocio desde cero o construir un matrimonio sólido y que honre a Dios. No retrocedas, porque tu historia no termina aquí; el Señor sigue marchando a tu lado para llevarte más allá.
Y si estás hoy aquí y aún no has rendido tu vida a Jesús, escúchame bien: allá afuera te dirán que no te rindas, pero no te dan una razón verdadera para hacerlo. Nosotros sí la tenemos: el Dios del universo ha prometido acompañar y sostener a todo aquel que rinde su vida a Él. Ven a Cristo, confía en Su sacrificio perfecto en la cruz para salvar a pecadores, y tendrás la garantía de que nunca más enfrentarás la vida solo. Solo en Él serás verdaderamente fuerte y valiente.
Tal vez haya escuchado hablar de este himno alguno; se titula Cuan Firme Cimiento. Y déjeme leerle específicamente unas estrofas que son completamente iguales a este texto que hemos visto, pero puestas en una alabanza a Dios:
VERSO 2 No temas ni dudes, contigo estaré. Pues yo soy tu Dios, tu socorro seré. Te haré estar de pie y te ayudaré. Sujeto a mi diestra con fuerza y poder.
VERSO 5 Al alma que en Cristo ha puesto su fe De todo enemigo la protegeré. Y aunque el infierno la intente mover ¡Yo nunca, no nunca, la abandonaré!
Por lo tanto, hermanos, seamos fuertes y valientes porque Cristo está con nosotros y ahora que oremos, dale gracias a Dios que está contigo, pídele a Dios fuerza y valentía para aferrarte a su Palabra y que seas fuerte y valiente para eso que TÚ sabes que Dios te ha revelado hoy que debes serlo.
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