Jesús, luz y gracia

1a Juan  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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La luz como título de Cristo, santidad y gracia para experimentar una verdadera transformación y comunión.

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Introducción

El domingo pasado aprendimos, de la mano de Richard Blackaby, que los títulos divinos empaquetan atributos perfectos; son analogías que el Dios trino utiliza para que comprendamos sus cualidades eternas. También recordamos cómo Juan comenzó su carta apelando a nuestros sentidos físicos (lo que oímos, lo que tocamos y lo que palparon nuestras manos en 1 Jn 1:1-4). Dios se encarnó de verdad, no en apariencia, para que pudiéramos conocerle dentro de su propia creación.
Ahora Juan apunta al sentido de la vista ¿Cómo podría funcionar en total oscuridad? Martín Lutero dijo, en su célebre defensa ante la Dieta de Worms frente al emperador Carlos V, que sus razonamientos eran tan claros como el sol a mediodía. Usó esa alusión para referirse a una verdad evidente, indudable y expuesta a los ojos de todos. Del mismo modo Juan, cuando dice que Dios es luz (1 Jn 1.5) nos dice que Él es evidente, sin penumbras y su verdad absoluta.
¡Hoy veremos a Jesús como Luz y como gracia!

I. Jesús: Luz Encarnada

1 Juan 1:5 RVR60
Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
En los primeros versículos de la carta se refirió a Jesús como el Verbo de Vida (la Palabra eterna que comunica el pensamiento del Padre).
Nuevamente hay que ver la referencia cruzada entre la carta y el evangelio de Juan. Juan 1:4-12 y Juan 3:19 se refieren a Jesús como la Luz Encarnada.
Si Dios es Luz y Jesús es luz, Juan nos habla, nuevamente, de la divinidad del Hijo.
Atributos de la luz:
En Dios no existen los claroscuros ni los dobleces, es Dios absoluto siempre. Santiago lo confirmaba al decir que Él es el Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Stg 1:17).
Dios da sentido a la realidad. La luz nos da claridad para distinguir lo que es real de lo que es falso. Si tratamos de andar en total oscuridad, nos terminaremos golpeando con un mueble en el dedito del pie. Podemos ir hacia un abismo y ni cuenta nos damos. Así también, Cristo es el que permite que la realidad cobre sentido, sea entendible. Gracias a su luz conocemos y podemos relacionarnos con la creación de Dios y, sobre todo, con su Iglesia.

II. Santidad

1 Juan 1:6 RVR60
Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;
Santidad
Otro atributo de la luz es que no tiene oscuridad, es imposible. Juan está hablando de la santidad, la santidad absoluta de Dios, una pureza tan alta que la mente humana no logra comprender en su totalidad, mucho menos estar cerca de ella.
Por eso la Luz vino al mundo en la persona de Jesús (Jn 3:19 la luz vino al mundo), para hacerse accesible y hacernos partícipes de ella, pero sin corromperse, siendo la misma Luz de siempre.
Revelación
¿Quién no ha experimentado fascinación y terror por la santidad de Dios? Si no lo has hecho, quizás nunca te has enfrentado a un Dios vivo.
La luz revela lo que está oculto, la luz hace evidente lo que antes no se veía. Cuando la luz divina nos alcanza, nuestro pecado no puede permanecer oculto.
Miedo y apariencia
Dios nos demanda que nos despojemos de nuestras hojas de higuera y nos enfrentemos a su mirada.
Aquí nos llega un impulso primitivo y corrupto: En Génesis 3:10 (tuve miedo y me escondí), Adán y Eva no van a la luz, sino que huyen de ella.
Luego usan hojas de higuera para cubrir su desnudez, para esconderse de la presencia del Creador entre los árboles del huerto.
Nuestro instinto corrupto siempre prefiere la mentira de las apariencias antes que la exposición de nuestras faltas (Jn 3:20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz). El reflejo de Dios no busca destruir nuestra persona, pero sí viene a destruir nuestra carne.
Este sermón se llama Luz y Gracia porque Dios no es un verdugo que mata, sino un médico que sana.

III. Gracia vs Auto-Arreglo

1 Juan 1:7 RVR60
pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
Gracia
Este verso ha sostenido mi alma y me ha inundado de una profunda esperanza en mis propios momentos de oscuridad.
Hermanos ¿la luz nos juzga? ¿la luz nos critica y humilla? No, la luz sólo ilumina. Otro atributo de Dios es su gracia. Jesús viene a iluminarnos con su gracia, no a condenarnos.
Regla para nuestra vida: La luz ilumina, jamás oscurece.
Cuando enciendes una lámpara, todo lo que es alcanzado por su resplandor recobra vida y color; solo aquello que decide darle la espalda a la fuente de luz se hunde en su propia sombra y se desvanece en lo gris.
Auto-arreglo
En las bodas de nuestro entorno cultural, la novia escoge su vestido y se arregla, se pone hermosa, pero el novio no debe verla, es algo secreto.
Ella está preparándose para su momento cumbre en el altar y cautivar a todos y sobre todo al novio con su belleza.
Creer que podemos aplicar esta misma lógica con el Señor es un gravísimo error espiritual.
El que se aleja de la luz sólo hallará oscuridad. Repito: Alejándote, escondiéndote, apartándote, ocultándote de la luz sólo te dará oscuridad.
Es totalmente ilógico pensar que manteniéndote lejos, ocultando tu dolor o pidiéndote un "tiempo apartado" de la iglesia y de Dios vas a lograr limpiar tus ropas y hacerte digno para presentarte ante el Cordero. ¡Eso es imposible!
Tú no puedes encender tu propia luz, no puedes sanarte a ti mismo en el aislamiento. No nos arreglamos para presentarnos ante Cristo, orgullosos y hermosos, no, él nos encuentra destruidos, rotos, indignos y nos sana, nos dignifica con su sangre.
Él, él, sólo él, no tú. La gloria para Él, no para ti (1 Jn 1:7 la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia). No hay otra alternativa: ve a la luz.

Conclusión y Llamado: El Alivio de Dejar de Fingir

Quiero hablarle hoy, con el corazón en la mano, a aquellos que se sienten profundamente cansados de fingir. A quienes domingo tras domingo se colocan una máscara de perfección religiosa, mientras por dentro cargan con el desgaste de una batalla oculta. Quizá por vergüenza, por miedo a ser juzgado o por el peso de la culpa, has pasado meses intentando "arreglar tu ropa de bodas" a solas, en la oscuridad de tus pensamientos, diciéndote a ti mismo que volverás a buscar a Dios cuando las cosas mejoren.
Déjame recordarte que la luz de Cristo es un médico que anhela sanarte, no un verdugo que viene a destruirte. El llamado de esta mañana no es que pases y nos confieses todos tus pecados a nosotros, no. No desnudes tu corazón delante de toda la congregación, desnúdalo delante de Jesús, abre tus más oscuros pensamiento delante del Médico de Almas y deja que su luz cálida, amorosa y sanadora alumbre todo lo que antes creías oculto (porque él ya lo sabe).
Te invito a que cerremos nuestros ojos en esta hora. Entra en el santuario de tu propio corazón y habla con Dios con total honestidad. Dile lo que verdaderamente hay en tu alma cargada; dile dónde te duele, dónde has fallado y dónde se te acabaron las fuerzas. Suelta hoy mismo esas hojas de higuera que ya no pueden cubrir tu dolor y permite que el Médico divino limpie tu vida, cure tus heridas y te inunde con su maravillosa gracia inmerecida. Vayamos juntos, con transparencia, a la luz del Señor.
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