Este sermón tiene una palabra para el adolescente, una palabra para los padres y una palabra para todos nosotros. Al joven le dice: “No esperes para tomar en serio a Dios”. A los padres les dice: “Sigan guiando con amor, pero reconozcan que su hijo debe hacer suya la fe”. Y a la congregación nos dice: “Rodeemos a nuestros jóvenes antes de que el mundo la discípula con sus falsas promesas”.