Una esperanza renovada
Nuestra esperanza en Dios • Sermon • Submitted • Presented
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Luego de que el Señor nos llama a que le sigamos, la mayoría de la veces entendemos su mensaje y lo que implica, lo damos todo en la Iglesia, servimos en varios ministerios que tiene la Iglesia, venimos a la Iglesia todos los días y no hay día en que no faltamos, tenemos esa pasión por seguir al Señor, ofrendamos, ayudamos en la Iglesia, nuestro carácter ha ido cambiando, lo que hacíamos antes como cosas pecaminosas: mentir, robar, engañar, ver cosas indebidas, etc. Y ahora estamos con toda la disposición por servir al Señor, pero mientras pasa el tiempo por no estar arraigados o porque nuestro corazón se desvía o que realmente solo fue un impulso de seguir a Jesús por lo bonito que predicaban o por lo bonito que era el servicio, caemos en el pecado y lo que hace el pecado cuando caemos, es que nos hace sentir que no somos dignos, que por haber pecado no podemos ya acercarnos a Dios y luego el pecado nos acusa de todo lo que hicimos, nos dice: ¿Crees que realmente Cristo te perdonará por esto?, ¿No que ya habías entregado tu vida a Dios?, y luego de llegar a una conclusión cegados por el pecado, decidimos volver a la antigua manera de vivir o a nuestros antiguos oficios, regresamos a la rutina.
Y ya no volvemos a la Iglesia porque pensamos, que me dirán los hermanos por el pecado que cometí, que me dirán los hermanos de los ministerios en donde servía, que me dirán los pastores y tenemos toda la vergüenza del mundo y no nos sentimos dignos de regresar a la Iglesia y mucho más no tenemos la cara para regresar a Dios.
El pecado que mora en nosotros y Satanás son expertos en acusarnos, son expertos en recordarnos que no somos dignos y es verdad no somos dignos, pero lo que hace el pecado es que nos aparta de Dios y nos hace que volvamos a nuestra antigua forma de vivir. Nos hace pensar que antes sin Cristo estábamos mejor y por ende regresamos a recoger las redes, volvemos a ser pescadores y apartamos ya la mirada de Dios.
Pero hay algo más que nos recuerda el pecado cuando caemos y esto nos debe llevar a examinar nuestras vidas y a preguntarnos: ¿Todo lo que estaba haciendo en la iglesia era porque Dios cambió mi vida?, ¿Cuándo servía en la iglesia mis motivaciones eran las correctas?, ¿Seguí a Jesús por amor o porque apreciaba a Jesús como si fuera un amigo?, ¿Entendí el compromiso de seguir a Jesús?
Pero estas preguntas no son para alejarnos de Dios, más bien son preguntas para llevarnos directamente a Él, recordarnos quién es Dios y lo que implica seguirle y pedirle que obre en nuestras vidas, que transforme nuestros corazones, que renueve esa esperanza que encontramos en Él y que podamos volver al primer amor pero ahora con un corazón ya direccionado por Dios, con una vida comprometida, no a seguir a Jesús por emoción sino por convicción y porque hemos entendido lo que implica seguirle.
Una esperanza renovada
Una esperanza renovada
Cuando acabaron de desayunar, Jesús dijo* a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó Pedro. Jesús le dijo*: «Apacienta Mis corderos». Volvió a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó* Pedro. Jesús le dijo*: «Pastorea Mis ovejas». Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿Me quieres?». Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero». «Apacienta Mis ovejas», le dijo* Jesús.
Una esperanza desmoronada.
Pedro fue uno de los discípulos que también tuvo el privilegio de participar de la mayoría de los milagros y señales que Jesús había realizado, fue partícipe de presenciar la transfiguración de Jesús, de ver cómo Jesús sanaba a los enfermos, de ver cómo Jesús expulsaba demonios y mucho más tenia el privilegio de caminar con Jesús que era el Mesías prometido, a quién los judíos tanto esperaban.
Simón Pedro seguía a Jesús, y también otro discípulo. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote, pero Pedro estaba afuera, a la puerta. Así que el otro discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, salió y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro. Entonces la criada que cuidaba la puerta dijo* a Pedro: «¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre?». «No lo soy», dijo* él. Los siervos y los guardias estaban de pie calentándose junto a unas brasas que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos de pie, calentándose.
Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le preguntaron: «¿No eres tú también uno de Sus discípulos?». «No lo soy», dijo Pedro, negándolo. Uno de los siervos del sumo sacerdote, que era pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, dijo*: «¿No te vi yo en el huerto con Él?» Y Pedro lo negó otra vez, y al instante cantó un gallo.
Pero Pedro tenía un carácter peculiar en diferentes situaciones: Tener esa euforia para hablar con Jesús y de a veces querer impedir que los propósito de Dios en Jesús se cumpliesen, hablar prontamente a decir que lo daría todo por Jesús y que aunque los otros discípulos lo abandonen el nunca lo negaría y finalmente Pedro terminó negando a su Señor a Jesús a quien dijo que nunca le iba a abandonar.
Después que encendieron una hoguera en medio del patio, y de sentarse juntos, Pedro se sentó entre ellos. Una sirvienta, al verlo sentado junto a la lumbre, fijándose en él detenidamente, dijo: «También este estaba con Él» Pero él lo negó, diciendo: «Mujer, yo no lo conozco» Un poco después, otro al verlo, dijo: «¡Tú también eres uno de ellos!». «¡Hombre, no es cierto!», le dijo Pedro. Pasada como una hora, otro insistía, diciendo: «Ciertamente este también estaba con Él, pues él también es galileo» Pero Pedro dijo: «Hombre, yo no sé de qué hablas». Al instante, estando él todavía hablando, cantó un gallo. El Señor se volvió y miró a Pedro. Entonces Pedro recordó la palabra del Señor, de cómo le había dicho: «Antes que el gallo cante hoy, me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Cuando pecamos satanás usa ese pecado y comienza a acusarnos, nos pregunta:
¿No que amabas al Señor?, ahora mira pecas y dices amar a Jesús con todo tu corazón.
¿No que muy cristiano?
Nos recuerda también de que no somos dignos.
¿Crees que realmente Jesús te ama ahora que pecas?
Algo más que usa satanás o como actúa el pecado en nuestras vidas luego de pecar, es que puede que nos haga pensar que antes estábamos mejor sin Jesús y al momento de creer esa mentira, regresamos a nuestras antiguas redes, o nuestra vida pasada, en la cual estábamos condenados. El pecado causa que nos sintamos tan indignos o tan llenos de lastima que causa que nos de vergüenza de ir a Dios a confesar nuestro pecado.
2. Regresando a las redes.
Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias, y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de Sus discípulos. «Me voy a pescar», les dijo* Simón Pedro. «Nosotros también vamos contigo», le dijeron* ellos. Fueron y entraron en la barca, y aquella noche no pescaron nada.
Luego de que Pedro pecará no fue al Padre a orar a arrepentirse, sino que el pecado o la tristeza o la angustia lo había segado e hizo que regresaran a su antigua forma de vivir y se cumplió lo que decía la escritura:
Entonces Jesús les dijo*: «Esta noche todos ustedes se apartarán por causa de Mí, pues escrito está: “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño se dispersarán.’
»Miren, la hora viene, y ya ha llegado, en que serán esparcidos, cada uno por su lado, y me dejarán solo; y sin embargo no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Todo esto demuestra como estaban, tanto Pedro como los otros discípulos de Jesús, aunque habían escuchado decir a Jesús que era necesario que el hijo del hombre muriera o que fuese entregado y luego crucificado, luego de 3 día iba a resucitar, aún así no creyeron y regresaron a las redes, es decir, ser pescadores nuevamente.
En el mejor de los casos, muestra que Pedro y los otros discípulos no estaban seguros de qué debían hacer a continuación. “La expedición de pesca revela la incertidumbre de los discípulos, una incertidumbre que contrasta agudamente con sentido seguro de propósito a partir del día de Pentecostés - EnduringWord.
Luego de que Pedro regresase a su antiguo oficio, luego de no encontrar esperanza en nada más que ser pescador, Jesús usa su pecado para que Pedro se haga una evaluación de su amor, su esperanza en Jesús.
Jesús no hace lo que el pecado hace, en vez de condenarlo, Jesús lleva a Pedro a reflexionar sobre un tema que Jesús ya les había enseñado, que era el amor de los discípulos para con Jesús, el costo de seguir a Jesús, que es lo que implicaba seguir a Jesús.
3. Examinando mi esperanza en Jesús.
Cuando acabaron de desayunar, Jesús dijo* a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó Pedro. Jesús le dijo*: «Apacienta Mis corderos». Volvió a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó* Pedro. Jesús le dijo*: «Pastorea Mis ovejas». Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿Me quieres?». Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero». «Apacienta Mis ovejas», le dijo* Jesús.
Jesús lleno de misericordia, bondad, lleno de gracia lleva a Pedro a examinar su amor hacia Jesús con tres preguntas que luego Jesús usará para renovar la esperanza de Pedro en Jesús, pero primero Jesús quiere llevar a Pedro a una profunda reflexión o a que realice un examen profundo pero no de lo exterior, sino de lo interior de Pedro y era su amor, su corazón hacia Jesús.
Simón, hijo de Juan, ¿me amas, más que estos?
Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Jesús para las dos primeras preguntas hacia Pedro, para la palabra o la frase “me amas”, usa primeramente la palabra ágape, que quiere decir, Me amas con amor sacrificial, pero la respuestas que da Pedro a las tres preguntas con la frase “te quiero y me amas”, usa la palabra fileo, que habla de un amor que no es profundo, un amor que todos podríamos tener hacia los demás, nuestros amigos, novia, familia, etc.
Con esto quería que Pedro recordará la clase de amor que tenía hacia Jesús, que no era realmente un amor sacrificial como Pedro creía cuando le decía a Jesús, yo moriría por ti.
Pedro le dijo*: «Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora mismo? ¡Yo daré mi vida por Ti!»
Entonces Jesús les dijo*: «Esta noche todos ustedes se apartarán por causa de Mí, pues escrito está: “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño se dispersarán.’ »Pero después de que Yo haya resucitado, iré delante de ustedes a Galilea». Pedro le respondió: «Aunque todos se aparten por causa de Ti, yo nunca me apartaré» Jesús le dijo: «En verdad te digo que esta misma noche, antes que el gallo cante, Me negarás tres veces». Pedro le dijo*: «Aunque tenga que morir junto a Ti, jamás te negaré». Todos los discípulos dijeron también lo mismo.
»Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado a ustedes para zarandearlos como a trigo; pero Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos». Y Pedro le dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir adonde vayas, tanto a la cárcel como a la muerte» Pero Jesús le dijo: «Te digo, Pedro, que el gallo no cantará hoy hasta que tú hayas negado tres veces que me conoces».
Con esto Jesús hizo que Pedro examinara si su amor o su esperanza en Jesús era verdadera o si era impulsiva, para finalmente con estas preguntas renovar su fe o esperanza a una genuina y movida por la obra del poder de Dios en Pedro, ya no ha una esperanza movida por el impulso, sino mas bien una movida por el amor primero hacia Jesús y a la grey de Jesús, es decir su iglesia.
Dios es tan paciente y lleno de misericordia que usa nuestro pecado para que nos hagamos una evaluación de como está nuestro amor por Dios, si es que lo amamos con ese tipo de amor que pone a los demás por encima de si mismo.
4. Renovado a una esperanza genuina.
Cuando acabaron de desayunar, Jesús dijo* a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó Pedro. Jesús le dijo*: «Apacienta Mis corderos». Volvió a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó* Pedro. Jesús le dijo*: «Pastorea Mis ovejas». Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿Me quieres?». Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero». «Apacienta Mis ovejas», le dijo* Jesús.
Ahora luego hacer ciertas preguntas lo que quería de Pedro, no eran excusas, sino que quería arrepentimiento y que el amor de Pedro hacia Jesús sea ese amor ágape, que es ese amor sacrificial como el amor de Jesús.
Luego que Pedro haya respondido 3 veces que no lo ama con ese amor sacrificial Pedro dice que: “se entristeció porque la tercera vez Jesús le dijo si es que solo le quería” y ahora Jesús le da ciertos compromisos para Pedro luego de que su fe o esperanza haya sido renovada:
Apacienta mis corderos.
Pastorea mis ovejas.
Apacienta mis ovejas.
Ahora Pedro no solo tenía que dar o alimentar a las ovejas del Señor, sino que antes de alimentarlas, debe pastorearlas que requiere tener ese amor sacrificial, ese amor ágape que solo lo da Dios. El amor de Pedro hacia Jesús de ahora en adelante tenía y debía ser un amor sacrificial tanto para el príncipe de los pastores como para la ovejas del príncipe de los pastores.
