¡No Matarás!

Los 10 mandamientos  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 4 views
Notes
Transcript

Introducción

Retomar la serie…
En esta serie sobre los diez mandamientos hemos visto que la Ley de Dios no es una carga anticuada ni un medio para ganar Su favor, sino la revelación de Su carácter santo dada a un pueblo que Él ya había redimido por pura gracia: "Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto". Sobre ese fundamento hemos aprendido que Dios demanda una devoción exclusiva y que no debe ser adorado por medio de imágenes ni de ningún modo que Él no haya establecido en Su Palabra, porque es celoso de Su gloria; que no tomar Su Nombre en vano implica no usarlo con ligereza ni representar mal Su carácter con nuestra conducta; que el día de reposo es una ordenanza de la creación que apunta al descanso verdadero que encontramos en Cristo; y que honrar a padre y madre es reconocer el peso real de la autoridad que Dios ha establecido como fundamento de todas las relaciones humanas. En cada mandamiento hemos descubierto la misma verdad: la Ley expone nuestro corazón, nos muestra nuestra necesidad permanente de Cristo —quien la cumplió perfectamente por nosotros— y nos guía a vivir en gratitud y santidad para Aquel que nos redimió.
¿Por qué la vida de un ser humano vale más que la de cualquier otra criatura en el universo?
En mayo del 2016, en el zoológico de Cincinnati en Estados Unidos, un niño de tres años logró escabullirse de su madre, atravesó una barrera y cayó al foso donde vivía un gorila de espalda plateada llamado Harambe, un animal imponente de más de 200 kilos.
Durante casi diez minutos, las personas que estaban presentes quedaron en shock… El gorila tomó al niño, lo arrastró por el foso, lo movía de un lado a otro mientras la multitud gritaba. Nadie sabía que iba a pasar con la vida del niño. Los encargados del zoológico enfrentaban una decisión difícil: dispararle un dardo tranquilizante que tardaría varios minutos en hacer efecto, y podía agitar más al gorila, o dispararle con un arma de fuego… Así que tomaron la única decisión que garantizaba la vida del niño y dispararon al gorila, y el niño fue rescatado con vida.
Lo que ocurrió después fue, en cierto sentido, más impactante que el incidente mismo. Una ola de indignación mundial se levantó, no por el niño que estuvo a punto de morir, sino por el gorila. Miles de personas protestaron en redes sociales. Se organizaron velatones. Se firmaron peticiones exigiendo que la madre fuera procesada penalmente. Incluso hubo quienes dijeron, abiertamente y sin vergüenza, que se debió dejar morir al niño antes que sacrificar a un animal de una especie en peligro de extinción.
Piensa en eso por un momento… seres humanos, hechos a la imagen de Dios, argumentando que la vida de un gorila valía más que la vida de un niño de tres años.
La muerte del gorila no es un motivo para regocijarse. Los animales son criaturas de Dios, y la Escritura nos enseña que el justo cuida de la vida de su bestia (Proverbios 12:10). No debemos ser indiferentes ante la creación que Dios nos mandó administrar. Pero cuando la cultura cree que la vida de un animal vale más que la de un ser humano, esa cultura tiene un problema ético, pero también un problema teológico…
El mundo moderno cree que el ser humano no es más que un animal entre todos los animales, un accidente de la materia, un primate con mejor tecnología. Si eso fuera cierto, la indignación por el gorila tendría toda la razón: ¿por qué habría de valer más el primate de dos patas que el de cuatro?
Sin embargo, la Escritura responde de otra manera. Cuando Dios creó los animales, dijo: "Produzca la tierra seres vivientes según su género" (Génesis 1:24). Pero cuando creó al hombre, dijo: "Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza" (Génesis 1:26). Ningún gorila, ningún león, ninguna criatura del cielo, de la tierra o del mar recibió jamás esas palabras. Solo el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios…
Esa es la razón por la cual atentar contra la vida del ser humano no es simplemente un crimen contra el prójimo: es un atentado contra la imagen viva de Dios en la tierra, y una usurpación del derecho que le pertenece solo a Él.
De ahí que el texto nos dice que:
Todos los seres humanos son creados a imagen de Dios. Por lo tanto, Él no solo prohíbe quitar la vida, sino que también exige proteger, preservar y promover el bienestar el prójimo.

La prohibición

No matarás. Ex. 20:13.
¿Qué es lo que prohíbe exactamente este mandamiento?
En el hebreo del A.T. el verbo usado es: rāsah (Ratsaj), es usado mas de 40 veces en el Antiguo Testamento, y siempre se usa para hablar del asesinato de un ser humano, nunca se usa para hablar de matar un animal. Así que los Judíos entendieron, que Dios se refería a no matar a una persona. Y es así como debemos entenderlo nosotros…
Esto es sumamente importante, porque nos ayuda a evitar dos errores. Por un lado, algunos han querido convertir este mandamiento en un pacifismo absoluto e idealista, que prohíbe cualquier forma de quitar la vida, incluyendo la guerra justa, la pena de muerte ordenada por la autoridad civil, o la defensa propia. Por otro lado, otros han querido reducirlo únicamente al homicidio premeditado en el sentido legal moderno, ignorando que la Escritura misma le da un alcance mucho más amplio.
El Antiguo Testamento distingue entre el homicidio intencional (lo que llamaríamos hoy asesinato) y la muerte accidental, sin premeditación ni enemistad. Para este segundo caso, la Ley Mosaica estableció ciudades de refugio, donde el responsable de una muerte accidental podía resguardarse del vengador de sangre mientras su caso era juzgado. Esto nos muestra que el sexto mandamiento siempre ha distinguido entre quitar la vida con malicia, enemistad o premeditación, y la muerte que ocurre sin esa intención.
Al mismo tiempo, la Escritura es clara en que Dios mismo ordenó la pena de muerte para ciertos delitos: “El que derrame sangre de hombre, Por el hombre su sangre será derramada, Porque a imagen de Dios Hizo Él al hombre.”(Génesis 9:6), autorizó la guerra justa en contextos específicos, y reconoció el derecho legítimo a la defensa personal. Ninguna de estas cosas cae bajo la prohibición en este mandamiento…
Entonces, ¿qué prohíbe exactamente el sexto mandamiento?
Prohíbe el homicidio… Quitarle la vida a otro ser humano de manera ilegítima.
¿Por qué Dios le da tanto peso a esto?
Porque el ser humano no es una cosa más dentro de la creación. Cuando Dios creó al hombre, no dijo simplemente “sea el hombre”, como había dicho con la luz o con las estrellas. Dijo: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza” Génesis 1:26
Después del diluvio, cuando Dios establece Su pacto con Noé, repite el principio con total claridad:
“El que derrame sangre de hombre, Por el hombre su sangre será derramada, Porque a imagen de Dios Hizo Él al hombre.” Génesis 9:6.
El fundamento de la prohibición no cambia de Génesis a Éxodo… la vida humana es sagrada porque lleva la imagen de Dios.
¿Has considerado en algún momento que cada persona con la que te cruzas día a día, sin importar su edad, su condición, su comportamiento o su utilidad para ti, lleva en sí mismo la imagen de Dios?
¿Eres conciente que despreciar esa vida, de cualquier forma, es despreciar a Dios mismo?

La exigencia

Uno de los aportes de la tradición reformada, es haber entendido que cada mandamiento de la Ley tiene dos caras: donde Dios prohíbe un pecado, al mismo tiempo ordena el deber contrario. Donde prohíbe la mentira, ordena la verdad. Donde prohíbe el robo, ordena el trabajo honesto y la generosidad. Y donde prohíbe quitar la vida, ordena preservarla y cuidarla de manera activa e intencional. El catecismo bautista lo expresa con precisión:
P. ¿Qué se demanda en el sexto Mandamiento?
R. El sexto Mandamiento demanda que hagamos todos los esfuerzos lícitos para preservar nuestra propia Vida, y la Vida de los demás.
Notemos con cuidado lo que el catecismo está afirmando. No dice que el mandamiento se cumple absteniéndose de matar. Dice que el mandamiento demanda, es decir, exige, ordena, requiere de nuestros esfuerzos, acciones concretas, deliberadas y activas para preservar la vida. Y no cualquier esfuerzo ocasional, sino todos los esfuerzos lícitos…
Esto implica que el sexto mandamiento no se obedece con las manos quietas. Se obedece con las manos extendidas.
De la misma manera, Hercules Collins expresa en su catecismo ortodoxo:
P. 123: ¿Qué exige Dios en el sexto mandamiento?
R.: (Exige) que ni en pensamiento, ni en actitud, ni mucho menos en acción desacredite, odie, haga daño o mate a mi prójimo, ya sea que lo haga yo mismo o por medio de otro, sino que arroje de mí todo deseo de venganza. Además, (exige) que no me lastime a mí mismo ni me ponga en peligro alguno yo mismo deliberadamente. Por lo tanto, Dios también ha armado a las autoridades civiles con la espada para que no se cometa asesinato.
¿Por qué es esto así? Porque el fundamento del mandamiento no es simplemente una prohibición legal, sino el valor de la vida humana como portadora de la imagen de Dios. Debemos tener una visión elevada de la dignidad del ser humano…
En Deuteronomio 22:8, Dios ordena: "Cuando edifiques casa nueva, le harás un muro a tu azotea, para que no traigas culpa de sangre sobre tu casa si alguien se cayera de ella.”
El Señor consideraba culpable de sangre no solamente al que empujaba a alguien del techo, sino al que, pudiendo prevenir la caída, no construyó el muro… La negligencia ante la vida del prójimo es, delante de Dios, una forma violar este mandamiento.
En primer lugar, entonces, el mandamiento exige preservar nuestra propia vida. Nuestra vida no nos pertenece. Somos mayordomos de ella. Esto incluye el cuidado razonable del cuerpo que Dios nos ha dado: el descanso, la alimentación, la salud, la prudencia ante el peligro innecesario…
¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? 20 Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:19-20.
En segundo lugar, el mandamiento exige preservar la vida de los demás. Y aquí la Escritura es abundante y concreta:
Exige proteger al que está en peligro.
"Libra a los que son llevados a la muerte, Y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza. Si dices: «Mira, no sabíamos esto». ¿No lo tiene en cuenta el que sondea los corazones? ¿No lo sabe el que guarda tu alma? ¿No dará a cada hombre según su obra?" (Proverbios 24:11-12).
Exige advertir al que corre peligro. El Señor le dice a Ezequiel que si el atalaya ve venir la espada y no toca la trompeta, la sangre del pueblo será demandada de su mano (Ezequiel 33:6). Hay ocasiones en que guardar silencio es participar de la sangre derramada…
Exige socorrer al necesitado. Cuando el Señor Jesucristo quiso ilustrar qué significa amar al prójimo, no contó la historia de un hombre que se abstuvo de asaltar a alguien en el camino a Jericó. Contó la historia de un samaritano que se detuvo, vendó heridas, cargó al herido, pagó su posada y prometió volver (Lucas 10:30-37). El sacerdote y el levita que pasaron de largo no tocaron al herido; no le quitaron nada; no lo golpearon. Y sin embargo, en la enseñanza de Jesús, ellos son la figura del que no ama. Pasar de largo ante una vida que se apaga, pudiendo detenerse, es quebrantar el sexto mandamiento.
Exige buscar la paz y la reconciliación. La vida del prójimo también se destruye dejando que la enemistad crezca… "Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, estén en paz con todos los hombres" Romanos 12:18. El que alimenta un conflicto que podría apagar, está, como diríamos nosotros, echandole más leña al fuego…

La extensión

¿Cuál es la extensión o alcance del mandamiento?
Si le hubiéramos preguntado esto a un fariseo del primer siglo, su respuesta habría sido sencilla: el sexto mandamiento llega hasta donde llega la mano. Mientras no derrames sangre, eres inocente delante de este mandamiento. Esa era la interpretación dominante entre los maestros de Israel: una lectura externa, superficial, que reducía la Ley a la conducta visible y dejaba el corazón intacto.
Y es exactamente esa interpretación la que nuestro Señor Jesucristo confronta en el Sermón del Monte:
"Ustedes han oído que se dijo a los antepasados : “No matarás ” y: “Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte ”. Pero Yo les digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: “Insensato” a su hermano, será culpable ante la corte suprema; y cualquiera que diga: “Idiota”, será merecedor del infierno de fuego.” Mateo 5:21-22.
"Pero Yo les digo"…
Ningún rabino hablaba así. Los rabinos citaban a otros rabinos; apelaban a la tradición, a las autoridades anteriores. Pero aquí está Aquel que estuvo presente en el Sinaí, el Legislador mismo hecho carne, declarando con autoridad propia cuál fue siempre el alcance de Su mandamiento.
"Todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte"
El verbo que Jesús usa no describe la emoción momentánea del enojo, sino la ira que se alimenta y se guarda, el rencor que se va cultivando en secreto… Jesús declara que esa ira interior, que ningún tribunal humano puede ver ni juzgar, es culpable ante el tribunal de Dios del mismo delito que el homicidio. ¿Por qué? Porque la ira es la raíz misma del homicidio…
“Caín se enojó mucho y su semblante se demudó.” Génesis 4:5b.
"Cualquiera que diga: Insensato a su hermano... cualquiera que diga: Idiota".
Jesús desciende de la ira guardada a la palabra que desprecia. (Raca) era un insulto que negaba el valor de la persona, y comunicaba la idea de cabeza hueca, don nadie, alguien que no vale.
Despreciar a un ser humano es despreciar la imagen de Dios que ese ser humano porta. Por eso Santiago señala nuestra contradicción al hablar… "Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios" (Santiago 3:9). No podemos adorar a Dios el domingo y despreciar Su imagen el lunes. El desprecio verbal es, según la interpretación misma del Señor Jesús, una forma de homicidio. El homicidio de la dignidad, la muerte de la honra, el asesinato con la lengua. "Muerte y vida están en poder de la lengua" (Proverbios 18:21).
Todo el que aborrece a su hermano es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él.  1 Juan 3:15.
Ahora bien, si el mandamiento llega hasta la ira y el desprecio del corazón, entonces su alcance no se limita a lo que Jesús menciona explícitamente. El principio que Él establece (que el mandamiento protege la vida del portador de la imagen de Dios en toda su extensión), ilumina otros ámbitos que nuestra sociedad necesita escuchar con urgencia:
Se extiende a la vida no nacida
"Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre... No estaba oculto de Ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado" (Salmo 139:13, 15). Nuestra cultura celebra el aborto como un derecho, y al hacerlo, está normalizando exactamente lo que este mandamiento prohíbe…
Se extiende al final de la vida
La eutanasia y el suicidio asistido se presentan hoy como actos de compasión y de autonomía. ¿Cuál es la premisa detrás de estos actos? Que el hombre es el dueño de la vida y puede decidir cuándo se termina…
El Señor dice en Su Palabra: "Yo hago morir, y Yo hago vivir" (Deuteronomio 32:39). Esto no significa negar la compasión hacia el que sufre. Significa que provocar deliberadamente la muerte (la propia o la ajena) es usurpar un derecho que pertenece solo a Dios.
Se extiende a nosotros mismos
Si la vida es un préstamo del Creador, atentar contra la propia vida también cae bajo el alcance del mandamiento. Quien lucha con pensamientos suicidas rara vez está levantando un puño contra Dios; casi siempre está hundido en un dolor y una oscuridad que sobrepasan sus fuerzas. Para esa persona, la iglesia debe ser refugio y no tribunal. Y en Cristo hay esperanza real para el alma más cansada.
Y si ese es el alcance del mandamiento, entonces no hay nadie que pueda decir: "este mandamiento sí lo he cumplido". El fariseo que vivía en nosotros ha quedado sin refugio…

Conclusión

¿Quién de nosotros, después de escuchar todo esto, puede decir con honestidad: Yo he guardado perfectamente el sexto mandamiento?
¿Quién no ha alimentado ira contra otra persona?
¿Quién no ha despreciado en su corazón a alguien hecho a la imagen de Dios?
¿Quién no ha permanecido pasivo cuando debía extender su mano para proteger una vida?
¿Qué vimos en este sermón?
El Señor Prohíbe la muerte ilegítima del ser humano
El Señor exige que de manera activa procuremos proteger, preservar y promover el bienestar el prójimo
El mandamiento se extiende mucho más allá del mero acto de matar a alguien… Va hasta el corazón.
Este mandamiento, como todos los anteriores, nos confronta con nuestra propia incapacidad. Pero también, como todos los anteriores, nos señala a Aquel que lo cumplió perfectamente en nuestro lugar…

Aplicaciones

Cristológica:
Él es el único ser humano que guardó perfectamente este mandamiento en toda su extensión. Nunca albergó ira pecaminosa; cuando fue insultado, no respondía con insultos, y cuando padecía, no amenazaba (1 Pedro 2:23). Nunca despreció a nadie. Por el contrario, tocó leprosos (que todos evitaban), comió con publicanos (que todos condenaban), defendió la dignidad de mujeres, niños y extranjeros (que la sociedad en aquel entonces consideraba desechables). Su lengua nunca mató; sus palabras eran espíritu y vida (Juan 6:63). Y no se limitó a no dañar: hizo todos los esfuerzos por preservar la vida, sanando enfermos, alimentando multitudes, resucitando muertos…
Cristo obedeció el sexto mandamiento como nuestro representante, y Su obediencia perfecta es contada a favor de todo el que cree. Y luego, en la cruz, ocurrió, como dice la canción, el glorioso intercambio. Es decir, el único inocente de homicidio fue tratado como un homicida. Fue contado con los transgresores, condenado por un tribunal injusto, y ejecutado entre criminales, mientras un verdadero homicida (Barrabás) salía libre. Ese día, Barrabás fue el retrato de cada uno de nosotros: el culpable que fue liberado porque el Inocente ocupó su cruz…
Eclesiológica:
Como iglesia, debemos ser un pueblo que defiende activamente la vida humana en todas sus etapas… la del niño no nacido, la del anciano que se acerca al final de sus días, la del pobre que no tiene voz, la del que lucha con pensamientos suicidas. No podemos conformarnos con no haber asesinado a nadie físicamente, mientras acumulamos en nuestro corazón la ira, el resentimiento y el desprecio hacia nuestro prójimo.
Examinemos nuestras palabras esta semana. ¿Hemos usado nuestra lengua para edificar o para destruir? Busquemos la reconciliación con aquellos con quienes guardamos distancia o resentimiento, recordando que Cristo mismo nos manda a reconciliarnos con nuestro hermano…
Seamos también una comunidad que acompaña, sin juicio ni distancia, a quienes luchan con la desesperanza. La iglesia debe ser el lugar más seguro para confesar esa lucha…
Llamado a los incrédulos:
Si hoy estás aquí y nunca has puesto tu confianza en Cristo, este mandamiento te confronta de una manera muy particular. Tal vez nunca has matado a nadie con tus manos, pero, según el propio Señor Jesucristo, la ira, el odio y el desprecio que has guardado en tu corazón ya te hacen culpable delante de Dios. Ninguno de nosotros es inocente ante este mandamiento.
Pero la buena noticia es que Aquel contra quien se cometió el más grande de todos los homicidios es el mismo que ofrece vida a quienes lo asesinaron…
“Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo.
Al oír esto, conmovidos profundamente, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: «Hermanos, ¿qué haremos?». Entonces Pedro les dijo:«Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo.” Hechos 2:36-38.
No sigas viviendo con la conciencia cargada de ira, resentimiento u odio. Ven a Cristo, el único que puede limpiar tu corazón homicida y darte uno nuevo, capaz de amar como Él ama. Arrepiéntete y cree en el Evangelio.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.