LA VIDA SIN PECADO DE CRISTO
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Intro:
I. EL SIGNIFICADO DE LA VIDA SIN PECADO DE CRISTO
I. EL SIGNIFICADO DE LA VIDA SIN PECADO DE CRISTO
La vida sin pecado en nuestro Señor significa que El nunca hizo algo que desagradara a Dios o que violara la ley mosaica bajo la cual El vivió en la tierra, ni en alguna manera dejó de demostrar en Su vida en algún tiempo la gloria de Dios (Juan 8:29).
Esto no lo eximió de experimentar las limitaciones ajenas al pecado que acompañan a la naturaleza humana; e.g., se cansó (4:6); tuvo hambre (Mateo 4:2; 21:18); tuvo sed (Juan 19:28); durmió (Mateo 8:24). Pero en cada etapa de Su vida, la infancia, la adolescencia, y la mayoría de edad, El fue santo y sin pecado.
II. EL TESTIMONIO A LA VIDA SIN PECADO DE CRISTO
II. EL TESTIMONIO A LA VIDA SIN PECADO DE CRISTO
A. La evidencia
A. La evidencia
Las Escrituras definitivamente afirman la vida sin pecado de Cristo.
Nuestro Señor fue anunciado como un niño santo (Lucas 1:35
35 Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
El retó a Sus enemigos a demostrar que El era pecador, algo que no pudieron hacer (Juan 8:46).
Ellos fracasaron en sus intentos de atraparlo en algo que El dijera (Mateo 22:15).
El alegó siempre hacer las cosas que agradaban al Padre (Juan 8:29).
Dijo haber guardado los mandamientos del Padre (Juan 15:10).
Durante los juicios y la crucifixión El fue reconocido como inocente once veces (por Judas, Mateo 27:4; por Pilato seis veces, 27:24; Lucas 23:14–22; Juan 18:38; 19:4–6; por Herodes Antipas, Lucas 23:15; por la esposa de Pilato, Mateo 27:19; por el ladrón arrepentido, Lucas 23:41; y por el centurión romano, Mateo 27:54).
Además no hay constancia alguna de que nuestro Señor haya hecho ni aun un sacrificio, aunque El frecuentaba el templo. Este silencio declara el hecho de que El no tenía que hacerlo puesto que era sin pecado.
Pablo dice de nuestro Señor que El “no conoció pecado” (2 Corintios 5:21).
Pedro también afirmó que Cristo no cometió pecado alguno y que no se halló engaño en Su boca (1 Pedro 2:22). El fue un cordero sin mancha y sin contaminación (1:19).
Juan afirmó la misma verdad cuando dijo que en Cristo no había pecado (1 Juan 3:5).
El escritor de los Hebreos atestiguó la vida sin pecado de nuestro Señor por medio de varias frases: El fue sin pecado (Heb 4:15); El fue santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores (Heb 7:26), no tenía necesidad de ofrecer sacrificios por Sí mismo (Heb 7.27).
Así el propio testimonio de Cristo y el de los escritores del Nuevo Testamento son uniformes: El era sin pecado.
B. El debate
B. El debate
Aunque los conservadores están de acuerdo en que Cristo era sin pecado, no concuerdan tocante a la cuestión de que si Cristo pudiera haber pecado o no.
Se afirma que El no pecó; se cuestiona si lo pudiera haber hecho.
El concepto de que El no pudiera haber pecado se llama impecabilidad (non posse peccare). El concepto de que El pudo haber pecado, ya sea que lo hiciera o no, es la pecabilidad (posse non peccare).
Los liberales, por supuesto, piensan no sólo que El pudiera haber pecado, sino también que sí pecó. Eso es pecabilidad combinada con pecaminosidad. El concepto de la pecabilidad no tiene necesariamente que incluir la pecaminosidad, y los conservadores no la incluyen.
III. LA PRUEBA DE LA VIDA SIN PECADO DE CRISTO
III. LA PRUEBA DE LA VIDA SIN PECADO DE CRISTO
A. La relación de la prueba con la pecabilidad/impecabilidad
A. La relación de la prueba con la pecabilidad/impecabilidad
El debate en cuanto a si Cristo fue pecable o impecable está estrechamente vinculado con la tentación de Cristo. Aquellos que respaldan la pecabilidad razonan que si El no pudiera haber pecado entonces Sus tentaciones no fueron reales y El no puede servir como un Sumo Sacerdote genuinamente compasivo.
En otras palabras la pecabilidad requiere una susceptibilidad constitucional al pecado. Aquellos que respaldan la impecabilidad señalan que ésta se relaciona con la unión de las naturalezas divina y humana en la singular Persona de modo que aunque la naturaleza humana era pecable, la Persona era impecable. No pudiera ser de otra manera tratándose de una Persona que tiene todo el poder y una voluntad divina.
Hodge representa el punto de vista de la pecabilidad. “La tentación implica la posibilidad de pecado”. Si dada la constitución de Su persona era imposible que Cristo pecara, entonces Su tentación fue irreal y sin efecto, y El no puede compadecerse de Su pueblo” (Systematic Theology [Grand Rapids: Eerdmans 1960], 2:457).
Por otro lado, Shedd escribió: “Se objeta que la doctrina de la impecabilidad de Cristo es inconsecuente con Su “tentabilidad”. Se dice que una persona que no puede pecar no puede ser tentada al pecado. Esto no es correcto; como no lo sería decir que por que un ejército no puede ser derrotado, no puede ser atacado. La tentabilidad depende de la susceptibilidad constitucional, mientras que la impecabilidad depende de la voluntad….
Aquellas tentaciones fueron muy fuertes, pero la autodeterminación de Su santa voluntad fue más fuerte que éstas, entonces no podían inducirle a pecar, y El sería impecable. Y, sin embargo, sería plenamente tentable” (Dogmatic Theology [New York: Scribner, 1891], 2:336).
B. La naturaleza de las pruebas de Cristo
B. La naturaleza de las pruebas de Cristo
No es necesario decir que Sus pruebas fueron reales. Ellas ocurrieron, y obviamente fueron reales. En realidad, las pruebas particulares que Cristo experimentó eran aptas para un Dios-Hombre.
Ningún hombre común pudiera jamás ser tentado a tratar de convertir piedras en pan, pero el Dios-Hombre lo pudiera haber hecho.
Ningún hombre sería seriamente tentado a demostrar que era el Mesías por lanzarse de un lugar alto con la esperanza de resultar ileso.
Ningún hombre hubiera tomado en serio la oferta de Satanás de darle todos los reinos de este mundo —quizás el rincón de algún reino, pero no todos—.
Así que estas pruebas se diseñaron para probar al Dios-Hombre en una manera que ningún otro jamás ha sido tentado.
Aunque las pruebas particulares estaban fuera de la experiencia común de los seres humanos, las áreas representadas eran comunes a todas las personas. Todos los deseos pecaminosos se pueden clasificar como deseos de la carne, deseo de los ojos, o vanagloria tocante a las posesiones (o una combinación de ellas, 1 Juan 2:16). Las pruebas que Satanás le puso al Señor caen en esas tres categorías (Mateo 4:1–11).
Cuando el escritor de Hebreos afirma que nuestro Señor fue probado en todo (kata panta), no quiere decir que El experimentó cada prueba que las personas experimentan (Hebreos 4:15). El, por ejemplo, nunca fue probado en cuanto el mal uso de la televisión. Pero sí experimentó pruebas hechas especialmente para un Dios-Hombre que encajaban en las mismas categorías de todas las pruebas, incluso las nuestras. Y la razón por la cual El podía ser tentado, después de todo, es que El tenía una naturaleza humana, porque Dios no puede ser tentado por el mal (Santiago 1:13).
El fue probado, prosigue el escritor, “según nuestra semejanza”. En otras palabras, el hecho de que El vino en la semejanza de carne pecaminosa permitió que fuese probado. Sin embargo, existía una gran diferencia entre Su humanidad y la nuestra. El era “apartado del pecado”. El no tenía naturaleza pecaminosa y nunca cometió ni solo un pecado. Pero eso no significa que Su humanidad fuera impecable. Era pecable, aunque nunca conoció el pecado. Pero la persona del Dios-Hombre era impecable. Shedd observa correctamente: “Consecuentemente, Cristo teniendo una naturaleza humana pecable en Su constitución era una Persona impecable. La impecabilidad caracteriza al Dios-Hombre como una totalidad, mientras que la pecabilidad es una propiedad de Su humanidad” (2:333).
C. Los resultados de las pruebas de Cristo
C. Los resultados de las pruebas de Cristo
1. Sensibilidad. El se hizo sensible a la presión de ser probado. Lo experimentó con emociones y poderes que no podemos comprender.
2. Ejemplo. Nos provee un ejemplo de victoria sobre las pruebas más severas.
3. Comprensión. Puede ofrecernos entendimiento compasivo cuando somos probados.
4. Gracia y poder. El también nos puede proveer la gracia y el poder que necesitamos en los tiempos de prueba. Los que han experimentado los mismos problemas que nosotros son sensibles y compasivos, pero muchas veces pueden hacer poco o nada tocante a nuestros problemas. El sí puede hacer algo, y nos ofrece la gracia para ayudamos en el tiempo de necesidad (Hebreos 4:16). Solamente un Sumo Sacerdote Dios-Hombre puede hacer ambas cosas: tener compasión, porque El fue genuinamente probado, y darnos poder, porque El es Dios.
D. Una ilustración
D. Una ilustración
Cuando comencé a enseñar a nivel de seminario, me quedé asombrado de la cantidad de errores de ortografía que encontré en los exámenes de mis estudiantes. Al principio de mi carrera, recuerdo haberle dado un examen que requería la palabra Getsemaní a una clase de probablemente unos veinte estudiantes. Créalo o no, aquella clase escribió incorrectamente esa palabra en no menos de ocho maneras diferentes. Eso no es fácil de hacer aun a propósito. Deidad y milenio eran otras palabras que comúnmente se escribían mal. Y recuerde que estos estudiantes eran graduados del instituto y la universidad.
Cuando visité el hogar de mis padres durante las primeras vacaciones de Navidad, una noche me encontré socializando con un grupo de maestros de la escuela pública. Ellos eran miembros de una clase de Biblia que mi padre había enseñado por años, y muchos de ellos habían sido mis maestros en mis primeros años. Por supuesto, estaban muy interesados en saber si me gustaba ser maestro. Cuando llegué a quejarme de las faltas de ortografía, toqué una cuerda de compasión en casi todos ellos. Me quejé tocante a Getsemaní. Ellos se quejaron de visión, taza u otras palabras más simples que ninguno de los estudiantes del seminario se vería tentado a escribir mal. Las tentaciones a las faltas de ortografía de mis estudiantes tenían que ver con palabras teológicas. Las tentaciones a escribir mal de los estudiantes de ellos se referían a palabras más bien comunes. Las palabras particulares estaban adaptadas a los diferentes niveles de los estudiantes. Pero el área era la misma: las faltas de ortografía en palabras que cada grupo debiera de haber conocido. Porque compartíamos un área común, podíamos simpatizar genuinamente el uno con el otro. Por supuesto, también sería acertado asegurar que cada estudiante en mi clase fue genuinamente probado con respecto a la forma correcta de escribir Getsemaní. Aquellos que lo sabían aprobaron el examen, pero todos tomaron el examen.
Tenemos un Sumo Sacerdote que genuinamente puede compadecerse porque verdaderamente fue probado con pruebas peculiares a un Dios-Hombre. El no pecó y no pudiera haber pecado. El era y es santo, inocente, y sin contaminación, el Cordero de Dios sin mancha.
