Esclavos de Justicia
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Gracia
Gracia
Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia. Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos ya bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera!
Es por la gracia de Dios que nos presentamos a él.
El hecho de ser salvo por gracia no es excusa para pecar; sino que es una razón para obedecer.
El pecado y la ley van juntos. 1 Corintios 15:56
ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.
Ya que no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia, el pecado ha perdido su poder.
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
Libertad
Libertad
¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia. Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia. Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad. Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia.
Cada hombre pertenece al dueño a quien sirve complacientemente, sea el pecado, sea la justicia. Si somos “esclavos obedientes” del pecado, no somos salvos, mas si nos sometemos nosotros mismos como “esclavos obedientes” de la justicia, somos verdaderos creyentes y por lo tanto, verdaderamente salvos. Si alguien puede vivir en paz con el pecado, el tal no tiene paz con Dios. ¡No está justificado! “Si alguien peca voluntariamente, su pretexto de que no está bajo la ley, sino bajo la gracia, esa será la prueba de que la gracia de Dios no está en él.”
Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
“El pecado se siente como libertad hasta que intentas dejarlo”
El versículo 19 sugiere que el creyente debe ser tan entusiasta en presentarse al Señor como lo fue en presentarse al pecado. Un amigo me dijo una vez, “Quiero ser tan buen santo como fui pecador”. Yo entendí lo que quería decir porque en sus días de inconverso casi era “el primero de los pecadores”.
Tenemos un ejemplo de esto en el hijo pródigo (Lucas 15:11–24). Cuando estaba en el hogar deseaba ser libre, así que dejó el hogar para encontrarse a sí mismo y gozarse. Pero su rebelión sólo le hundió más en la esclavitud. Era esclavo de malos deseos, luego esclavo de malas obras; y al fin literalmente llegó a ser un esclavo cuando empezó a apacentar cerdos. Pensó hallarse a sí mismo, y se perdió. Pensó en libertad y se convirtió en el peor esclavo. Fue sólo cuando regresó al hogar y se presentó a su padre que encontró la verdadera libertad.
Fruto
Fruto
¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.
¿Qué clase de fruto queremos producir en nuestra vida –el fruto que lleva a la muerte o el fruto que conduce a la vida eterna?
O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
Aquel que sirve a un amo, puede esperar recibir salario. El pecado paga—con la muerte. Pero Dios no nos paga lo que deberíamos recibir, al contrario nos regala algo que no merecemos, santidad y vida eterna
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Pablo les pide a los creyentes que no regresen a su antigua vida, y les ofrece estas palabras a modo de motivación, para que luchemos contra el impulso de volver a esclavizarnos al pecado. En sus palabras de despedida, Pablo nos obliga a considerar cuál es la “paga” que recibiremos por nuestra devoción.
Ahora se presentan dos contrastes:
a. La muerte y la vida
b. El salario y la dádiva o don gratuito.
El que ha vivido una vida de pecado, sin Cristo, termina recogiendo el salario que se le adeuda, la muerte. El que acepta por fe la justicia de Cristo, ha pasado por la cruz de Cristo al comienzo mismo de esa vida nueva, y ha recogido, al pie de la tumba vacía, el recibo de la inmerecida vida eterna con El.
Una vida dedicada a servir a Dios conduce a la vida eterna. Esta vida no será fácil, pero tenemos la promesa de que el hecho de estar al servicio de Dios nos santificará y nos hará más semejantes a él. La alternativa a esto es la muerte –la muerte es la “recompensa” para una vida de pecado. Aunque, como creyentes, hayamos aceptado el don divino de la justicia por la fe y hayamos sido libertados de la pena del pecado, tenemos aún que decidir a quién o a qué vamos a dedicar nuestra vida. Pablo nos desafía a invertir en una vida que pague los dividendos que Dios planeó para nosotros.
Podríamos citar como conclusión las palabras de Cristiano en El progreso del peregrino de John Bunyan: “Bendita cruz, bendita sepultura, y más bendito el que murió (y resucitó) por mí”.
Y todo es “en Cristo Jesús, Señor nuestro”
Conclusión: Que aprendemos hoy de Su Palabra?
El Señor te ha librado de las cadenas del pecado y la muerte, comienza a vivir sirviendo al Señor y deja de vivir como si aun cargaras esas cadenas.
Recuerda que el pecado se siente como libertad hasta que intentas dejarlo, solo en Cristo somos realmente libres para servir quien realmente merece nuestro servicio.
2. Si estamos sirviendo al Señor, reflejemos los frutos de su justicia.
Que fruto estas cosechando en tu vida? Aun sigues cosechando frutos que te avergüenzan, o estas cosechando en Cristo santidad y vida eterna?
3. Si aun sigues cargando el pecado en tu vida, y te sientes esclavo del pecado y merecedor de la paga del pecado que es la muerte, dejame te doy buenas noticias, Cristo no desea pagarte lo que mereces, Cristo desea regalarte lo que no merecemos “Vida eterna”, y esta vida esta en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Asi que corre hoy a Cristo y pídele de su gracia, porque solo Su Gracia es lo único que puede transformar la esclavitud y la muerte a vida eterna y libertad.
