Y fueron Todos LLenos

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Y FUERON TODOS LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO

Texto central: Hechos 2:1-4

«Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen».

Tema

Una nueva etapa de la vida en el Espíritu.

Propósito

Llevar a la iglesia a comprender bíblicamente la obra del Espíritu Santo, despertar hambre por su llenura y confrontar con temor y reverencia nuestra actitud ante aquello que Dios hace y muchas veces no comprendemos.

INTRODUCCIÓN: CUANDO DIOS ME LLEVÓ A VIVIR LO QUE YO PREDICABA

Iglesia, antes de entrar en la Palabra, quiero contarles algo que Darlin y yo vivimos personalmente.
Hubo un momento de nuestra vida en que Darlin y yo queríamos venir a los Estados Unidos.
Teníamos sueños.
Teníamos planes.
Teníamos expectativas.
Pero fuimos estafados.
Y después de aquella situación terminamos viviendo temporalmente en una casa prestada.
Cuando llegamos a aquella casa, inmediatamente me sentí incómodo.
Había ídolos por todas partes.
Había imágenes.
Había objetos relacionados con prácticas espirituales completamente contrarias a nuestra fe.
Y las personas que vivían allí estaban involucradas en la brujería.
Yo miraba todo aquello y decía:
«Señor, ¿qué hacemos nosotros aquí?».
Hasta en el lugar donde dormíamos había ídolos.
Y mientras yo luchaba con aquella situación, había otra lucha que estaba ocurriendo.
Una lucha doctrinal.
Porque mi esposa, la pastora Darlin, venía de una confesión de fe bautista.
Ella amaba a Dios.
Creía en Cristo.
Creía en la Biblia.
Pero no creía en el hablar en lenguas.
Para ella, aquello era emocionalismo.
Era algo producido por las emociones de las personas.
Y nosotros hablábamos del tema.
Discutíamos bíblicamente.
Yo le compartía lo que creía.
Ella me compartía lo que había aprendido.
Pero mientras nosotros hablábamos...
¡Dios estaba escuchando!
Y Dios hizo algo extraordinario.
Nos llevó precisamente a aquella casa.
Yo recuerdo que le dije:
«Darlin, aquí tenemos que ayunar. Aquí tenemos que orar».
Yo sentía que necesitábamos buscar profundamente la presencia de Dios.
Y ella me dijo algo que nunca olvidé:
«Si eso que tú dices existe realmente, yo también lo quiero».
¡Qué oración tan peligrosa para alguien que tiene hambre de Dios!
«Señor, si esto viene de ti, yo lo quiero».
Comenzamos a ayunar.
Comenzamos a orar.
Comenzamos a buscar a Dios.
Hasta que pocos días después estábamos postrados sobre aquella cama.
Comenzamos a orar.
Yo puse mis manos sobre ella.
Y mientras orábamos, Darlin tuvo una experiencia con la llenura del Espíritu Santo y comenzó a hablar en lenguas.
Pero la historia no terminó allí.
Aquella mujer que vivía en la casa terminó entregando su vida a Cristo.
La idolatría fue quitada de aquel lugar.
Y aquella experiencia marcó nuestras vidas.
Pero escúcheme cuidadosamente.
Yo no he venido esta mañana a construir una doctrina sobre mi experiencia.
Porque las experiencias personales pueden ser interpretadas de diferentes maneras.
He venido a llevarlos a la Palabra de Dios.
Mi experiencia no es el fundamento de mi fe.
¡La Palabra de Dios es el fundamento de mi fe!
Por eso hoy quiero invitarlos a viajar conmigo por tres pasajes de la Escritura.
Vamos a comenzar en Pentecostés.
Después viajaremos cientos de años hacia atrás, hasta el profeta Isaías.
Y finalmente escucharemos la explicación que el apóstol Pablo hace de aquel antiguo pasaje.
Porque quiero hablarles de:

UNA NUEVA ETAPA DE LA VIDA EN EL ESPÍRITU

Y quiero comenzar exactamente donde comienza nuestro texto:
«Y fueron todos llenos del Espíritu Santo».

I. CUANDO DIOS LLENA, COMIENZA UNA NUEVA ETAPA

Hechos 2 no comienza con las lenguas.
Esto es importante.
Hechos 2 comienza con una promesa.
Jesús había dicho en Hechos 1:8:
«Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos...».
Los discípulos estaban esperando.
Cristo había resucitado.
Cristo había ascendido.
Pero antes de enviarlos a conquistar el mundo con el evangelio, Jesús les dijo:
¡Esperen!
¿Por qué?
Porque el conocimiento no era suficiente.
La experiencia de haber caminado con Jesús no era suficiente.
La organización no era suficiente.
Las buenas intenciones no eran suficientes.
¡Necesitaban el poder del Espíritu Santo!
Y entonces llegó Pentecostés.
Dice la Biblia:
«Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba».
¡De repente!
Hay cosas que nosotros podemos organizar.
Pero hay cosas que solamente Dios puede enviar.
Podemos organizar el culto.
Podemos preparar las canciones.
Podemos preparar el sermón.
Podemos encender las luces.
Podemos preparar los micrófonos.
¡Pero solamente Dios puede enviar el viento!
Y dice el texto:
«Y fueron todos llenos del Espíritu Santo».
No algunos.
No solamente Pedro.
No solamente Juan.
No solamente los apóstoles.
Todos fueron llenos.
Y entonces ocurrió algo visible y audible:
«Y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen».
Aquí debemos detenernos.
Porque el texto no dice que ellos inventaron las palabras.
No dice que Pedro les enseñó.
No dice que alguien creó una atmósfera emocional.
Dice:
«Según el Espíritu les daba que hablasen».
El origen de aquella manifestación no estaba en los hombres.
¡Estaba en el Espíritu!
Y cuando Dios comenzó a obrar, la multitud reaccionó.
Hechos 2:12 dice:
«Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?».
Pero el versículo siguiente dice:
«Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto».
¡Aquí comienza el problema!
Ante la misma manifestación...
Unos preguntaron.
Otros se burlaron.
Unos dijeron:
«¿Qué significa esto?».
Otros dijeron:
«Están borrachos».
La misma señal.
La misma casa.
El mismo Espíritu obrando.
Pero corazones diferentes.
Y aquí encontramos una gran verdad:
EL PROBLEMA NUNCA HA SIDO QUE DIOS NO HABLE; EL PROBLEMA ES EL CORAZÓN CON QUE EL SER HUMANO ESCUCHA CUANDO DIOS HABLA.
Y esto no comenzó en Pentecostés.
Para entenderlo tenemos que viajar aproximadamente setecientos años hacia atrás.
Tenemos que ir a Isaías 28.

II. CUANDO EL CORAZÓN RECHAZA LA VOZ DE DIOS

Isaías 28 es un pasaje fuerte.
Y debemos respetar su contexto.
Isaías no está profetizando directamente el día de Pentecostés.
El contexto original es un contexto de juicio.
El pueblo se había apartado de Dios.
Los líderes espirituales estaban corrompidos.
Isaías 28:7 dice:
«Pero también éstos erraron con el vino, y con sidra se entontecieron; el sacerdote y el profeta erraron con sidra, fueron trastornados por el vino...».
¡Mire la condición espiritual del pueblo!
Dios les hablaba.
Pero ellos no escuchaban.
Dios enviaba al profeta.
Pero ellos rechazaban el mensaje.
Y aparentemente hasta se burlaban de la manera repetitiva en que el profeta les enseñaba.
Isaías 28:10:
«Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá».
Dios les había hablado claramente.
Dios les había advertido.
Dios les había mostrado el camino.
Pero no quisieron escuchar.
Y entonces aparece Isaías 28:11:
«Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo».
¿Qué significaba originalmente?
Significaba que, puesto que el pueblo había rechazado la voz clara de Dios, llegaría el momento en que escucharían la lengua extranjera del invasor.
La lengua extranjera sería una señal de juicio.
Dios les había hablado claramente.
No escucharon.
Ahora escucharían una voz que no comprenderían.
Pero observe el versículo 12:
«A los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír».
¡Ahí está el verdadero problema!
«Mas no quisieron oír».
No era que Dios no había hablado.
¡Era que ellos no quisieron escuchar!
No era ausencia de revelación.
Era dureza de corazón.
No era silencio del cielo.
Era resistencia en la tierra.
Y entonces Dios les dio una señal.
Pero ni aun así escucharían.

III. ISAÍAS Y PENTECOSTÉS: LA SEÑAL REVELA EL CORAZÓN

Ahora regresemos a Hechos 2.
En Isaías:
Dios habla.
El pueblo rechaza.
Aparece la lengua extranjera como señal.
Y el pueblo persiste en su incredulidad.
Ahora mire Pentecostés.
Dios obra.
El Espíritu desciende.
Aparecen las lenguas.
Y nuevamente encontramos diferentes respuestas.
Unos preguntan:
«¿Qué quiere decir esto?».
Otros se burlan:
«Están llenos de mosto».
¡Qué impresionante!
Siglos diferentes.
Circunstancias diferentes.
Contextos diferentes.
Pero el mismo problema humano:
La dureza del corazón ante la obra de Dios.
Por eso quiero que escuche esta frase:
LAS LENGUAS PUEDEN SER UNA SEÑAL, PERO LA SEÑAL REVELA LA CONDICIÓN DEL CORAZÓN DEL QUE LA OBSERVA.
Uno escucha y pregunta.
Otro escucha y se burla.
Uno tiene hambre.
Otro desprecia.
Uno dice:
«Quiero entender».
Otro dice:
«Eso es emocionalismo».
Uno se acerca.
Otro se aleja.
Pero todavía necesitamos un tercer texto.
Porque alguien pudiera preguntarme:
«Pastor, ¿tenemos derecho bíblico a relacionar Isaías 28 con el tema de las lenguas?».
Mi respuesta sería:
Yo no hice esa relación.
¡La hizo el apóstol Pablo!

IV. PABLO TOMA ISAÍAS 28 Y HABLA DE LAS LENGUAS

Llegamos ahora a 1 Corintios 14.
La iglesia de Corinto tenía problemas con el uso de los dones espirituales.
Pablo no está intentando destruir los dones.
Está intentando poner orden en su utilización.
Y en 1 Corintios 14:21 dice:
«En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor».
¿De dónde sacó Pablo esas palabras?
De Isaías 28.
Y entonces dice:
«Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos...».
Aquí tenemos que ser cuidadosos.
Pablo no está diciendo que todo incrédulo que escuche lenguas automáticamente creerá.
¡El propio contexto demuestra lo contrario!
Porque unos pueden escuchar la señal y aun así rechazarla.
Exactamente como ocurrió en Isaías.
Exactamente como ocurrió en Pentecostés.
Por eso Pablo continúa explicando que si toda la congregación habla simultáneamente en lenguas sin interpretación y entra un incrédulo, puede decir:
«¿No dirán que estáis locos?».
Entonces, ¿cuál es la enseñanza?
Que la señal no sustituye la predicación.
La señal no sustituye el evangelio.
La señal no obliga a nadie a creer.
LA SEÑAL CONFRONTA AL SER HUMANO CON LA REALIDAD DE QUE DIOS ESTÁ OBRANDO.
En Isaías la señal confrontó la incredulidad.
En Pentecostés la señal llamó la atención de la multitud.
Pero después...
¡Pedro tuvo que predicar a Cristo!
Las lenguas llamaron la atención.
Pero el evangelio atravesó el corazón.
Las lenguas hicieron que preguntaran:
«¿Qué quiere decir esto?».
Pero la predicación hizo que preguntaran:
«Varones hermanos, ¿qué haremos?».
¡Ahí está la diferencia!
La manifestación despertó la pregunta.
¡Pero Cristo produjo la conversión!

V. NO TE BURLES DE LO QUE TODAVÍA NO COMPRENDES

Ahora quiero hablarle a la iglesia.
Porque aquí está una de las aplicaciones más importantes del mensaje.
Hay personas que rechazan inmediatamente todo lo que no comprenden.
Si nunca lo vivieron...
Dicen que no existe.
Si nunca lo experimentaron...
Dicen que es emocionalismo.
Si no ocurre como ellos piensan...
Dicen que no viene de Dios.
Pero la Biblia nos llama a otra actitud.
No a aceptar ciegamente cualquier manifestación.
¡No!
La Biblia dice:
«Examinadlo todo; retened lo bueno».
Tenemos que examinar.
Tenemos que discernir.
Tenemos que comparar todo con las Escrituras.
Pero hay una enorme diferencia entre discernir y burlarse.
En Pentecostés algunos preguntaron:
«¿Qué quiere decir esto?».
Esa es una buena pregunta.
Pero otros dijeron:
«Están llenos de mosto».
Esa es una actitud peligrosa.
Por eso hoy no vengo a obligarte a fabricar una experiencia.
No vengo a pedirte que imites a otra persona.
No vengo a enseñarte palabras.
No vengo a crear emocionalismo.
Vengo a decirte:
¡TEN HAMBRE DE TODO LO QUE DIOS TENGA PARA TU VIDA!
Dile al Señor:
«Señor, si viene de ti, lo quiero».
«Si está en tu Palabra, enséñamelo».
«Si hay más de tu presencia, tengo hambre».
«Si hay más poder para servirte, lo necesito».
«Si hay una vida más profunda en el Espíritu, llévame hacia ella».

VI. UNA NUEVA ETAPA DE LA VIDA EN EL ESPÍRITU

Quizás alguien pregunte:
«Pastor, ¿qué debo hacer?».
Yo comenzaría donde comenzamos Darlin y yo.
Con hambre.
Con oración.
Con búsqueda.
Con rendición.
No buscando solamente una manifestación.
Buscando al Espíritu Santo.
Porque hay personas que quieren lenguas, pero no quieren obediencia.
Quieren poder, pero no quieren santidad.
Quieren manifestaciones, pero no quieren transformación.
¡No!
La llenura del Espíritu toca toda la vida.
Hechos 2 no terminó en lenguas.
Después de Pentecostés encontramos una iglesia que perseveraba en la doctrina.
Una iglesia que tenía comunión.
Una iglesia que partía el pan.
Una iglesia que oraba.
Una iglesia generosa.
Una iglesia evangelizadora.
Una iglesia que crecía.
Una iglesia donde Cristo era anunciado.
Porque cuando verdaderamente somos llenos del Espíritu...
¡Algo cambia!
Cambia nuestra manera de hablar.
Cambia nuestra manera de servir.
Cambia nuestra manera de amar.
Cambia nuestra manera de orar.
Cambia nuestra pasión por las almas.
Cambia nuestra relación con Cristo.
El Espíritu Santo no vino solamente para darte una experiencia en el altar.
¡Vino para llevarte a una nueva etapa de tu vida!

CONCLUSIÓN: REGRESEMOS AL TEXTO

Quiero terminar exactamente donde comenzamos.
Hechos 2:4:
«Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen».
Después de todo lo que hemos estudiado, mire nuevamente el texto.
¿Quiénes fueron llenos?
Todos.
¿Quién produjo la manifestación?
El Espíritu.
¿Quién les daba que hablasen?
El Espíritu.
No fue Pedro.
No fue Juan.
No fue una emoción colectiva.
El texto dice:
«Según el Espíritu les daba que hablasen».
Ahora tenemos que decidir cómo responderemos.
Porque cada vez que Dios obra, aparecen diferentes corazones.
Isaías predicó...
Y algunos no quisieron escuchar.
El Espíritu descendió en Pentecostés...
Y algunos preguntaron:
«¿Qué quiere decir esto?».
Pero otros se burlaron:
«Están llenos de mosto».
Pablo habló de las lenguas...
Y nos recordó las palabras de Isaías:
«Y ni aun así me oirán».
Por eso la pregunta final de este mensaje no es solamente:
¿Crees en las lenguas?
La pregunta es más profunda:
¿QUÉ CLASE DE CORAZÓN TIENES CUANDO DIOS HABLA?
¿El corazón que se burla?
¿El corazón que rechaza?
¿El corazón que cree saberlo todo?
¿O el corazón que se acerca humildemente y pregunta:
«Señor, ¿qué quiere decir esto?».
Yo recuerdo las palabras de Darlin:
«Si eso existe, yo también lo quiero».
Quizás esa debería ser hoy nuestra oración.
«Señor, no quiero fabricar nada».
«No quiero imitar a nadie».
«No quiero dejarme llevar simplemente por una emoción».
«Pero tampoco quiero rechazar lo que viene de ti».
«Espíritu Santo, examina mi corazón».
«Quita mi incredulidad».
«Quita mis prejuicios».
«Quita mi orgullo».
«Dame hambre».
«Dame sed».
«Llévame a una nueva etapa de mi vida en el Espíritu».

LLAMADO AL ALTAR

Hoy no estoy llamando al altar solamente a quienes nunca han hablado en lenguas.
Estoy llamando a una iglesia que necesita volver a tener hambre.
Porque el texto no dice:
«Y fueron todos emocionados».
No dice:
«Y fueron todos entretenidos».
No dice:
«Y fueron todos impresionados».
Dice:
«Y FUERON TODOS LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO».
¡Ese es nuestro clamor!
¡Señor, llénanos!
Llena al que está vacío.
Renueva al que se ha enfriado.
Despierta al que se ha dormido.
Confronta al incrédulo.
Quebranta al orgulloso.
Restaura al caído.
Y lleva a esta iglesia a una nueva etapa de vida en el Espíritu.
No vengas buscando solamente lenguas.
¡Ven buscando al Espíritu Santo!
No vengas buscando solamente una experiencia.
¡Ven buscando una vida transformada!
No vengas preguntando qué hacen los demás.
Pregúntale al Señor:
«¿Qué quieres hacer conmigo?».
Porque Pentecostés no es solamente la historia de lo que Dios hizo hace dos mil años.
Pentecostés nos recuerda lo que ocurre cuando un pueblo tiene hambre, espera la promesa y se rinde completamente a la voluntad de Dios.
Y mi oración para Hacedores de Vida es que podamos regresar a nuestras casas diciendo lo mismo que Lucas escribió acerca de aquella primera iglesia:
«Y FUERON TODOS LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO».
Amén.
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