La paz de Dios en la vida diaria Fil. 4:1-9
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Intro:
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Buenos días, amados hermanos. Es un gozo estar nuevamente con ustedes y seguir aprendiendo juntos de lo que el apóstol Pablo nos enseña en su carta a los Filipenses. Hasta ahora hemos meditado en tres grandes temas:
El gozo en Cristo en toda circunstancia (Fil 1:1-30).
La humildad y el servicio como camino de unidad (Fil 2:1-30).
La esperanza y el contentamiento en la ciudadanía celestial (Fil 3:1–4:23).
Hoy nos enfocaremos en un aspecto más: cómo la paz de Dios se manifiesta en la vida diaria en Fil 4:1-9.
Y qué tema tan profundo, hermanos. Porque cada vez que nos toca enseñar la Palabra, Dios nos prepara para que no compartamos palabras vacías, sino experiencias reales. A finales del mes pasado enfrenté un problema de salud inesperado. No lo deseaba, pero tuve que pasar por el proceso de medicamentos y reposo —lo cual fue lo más difícil para mí—. Sin embargo, en medio de esa dificultad pude experimentar la paz de Dios.
Los síntomas eran fuertes y la incertidumbre grande, pero aun así había paz en mi corazón. Después de varios días, puedo decirles que lo que hoy compartiré nace, en gran medida, de esa vivencia que el Señor me permitió experimentar.
I. Aprendamos a Vivir en paz y unidad (v.1-3)
I. Aprendamos a Vivir en paz y unidad (v.1-3)
4:1 El apóstol inicia esta porción nuevamente llamando a los creyentes su gozo, como hizo en 1:4. Los llama corona mía, pues sus lectores eran testimonio visible de su triunfante ministerio. Esta expresión da la idea de que el apóstol ya había recibido un galardón a través de la vida y amor de esta iglesia ejemplar. La misma frase se encuentra al leer 1 Tesalonicenses 2:19, porque los de esa iglesia también eran motivo de gozo. Los consideraba como una corona en la cual podía gloriarse. Esto era un anticipo de otras coronas que como apóstol, misionero y predicador, le esperaban al llegar a la presencia del Señor.
En el Nuevo Testamento se mencionan cuatro clases de coronas que el cristiano podrá recibir como recompensa o premio por su carácter o servicio: 1) la corona incorruptible (1 Corintios 9:24–27), 2) la corona de vida (Santiago 1:12; Apocalipsis 2:10), 3) la corona de justicia (2 Timoteo 4:1–8) y 4) la corona de gloria (1 Pedro 5:1–4). La corona de gozo puede recibirse y disfrutarse aquí en la tierra al ver la permanencia de la obra sobreedificada sobre el fundamento que es Cristo (1 Corintios 3:11, 14).
El libro de Apocalipsis nos enseña que estas coronas o galardones no son para lucirlos o vanagloriarse; son coronas que retornarán a los pies del Cordero de Dios que estará sentado en su trono (4:10). Será un reconocimiento de que sólo él es digno “de recibir la gloria y la honra y el poder”, como Creador (4:11) y como Redentor (5:9).
El apóstol inicia una serie de consejos prácticos y lo hace con el amor y ternura que siempre manifiesta en esta carta hacia los cristianos de Filipos: “Hermanos míos, amados y deseados, gozo y corona mía”.
4:2-3 Evodia y Síntique eran dos mujeres que chocaban constantemente y cuyo trato era muy áspero. Su trabajo no era de edificación ni estaba de acuerdo a la enseñanza del capítulo 2, que exhorta a los creyentes a experimentar el mismo sentir, el mismo amor, a estar unánimes, no haciendo nada por contienda o por vanagloria, estimando a los demás como superiores y no mirando cada uno por lo suyo propio, sino por lo de los demás (2:2–4).
A pesar de ser reprendidas en forma pública, Pablo no las rechaza ni subestima, pues las reconoce como compañeras de combate en el evangelio. Aunque no se revela la identidad del compañero fiel mencionado en este versículo, el apóstol le ruega que las ayude para que sean de un mismo sentir en el Señor. Algunos creen que se refería a Epafrodito, el portador de esta carta; otros dicen que a un cristiano de la congregación cuya madurez y experiencia podría ayudar en el problema.
Este tipo de desacuerdo entre hermanos no es extraño en las iglesias de hoy en día. Satanás sabe que este es un blanco perfecto para afectar el testimonio y crecimiento de la obra del Señor. La discordia y falta de armonía entre los hermanos es una prueba de que el sentir del Señor no está gobernando sus corazones.
La ironía con el nombre Evodia tiene dos significados posibles: viaje próspero o fragancia agradable.1 En el griego coloquial antiguo, “buen viaje” se utilizaba de manera similar a como los franceses emplean la expresión bon voyage 2, lo que sugiere que el nombre llevaba una connotación de deseo de prosperidad y bienestar.
Mientras que Síntique significa “compañera placentera”1, aunque los estudiosos ofrecen variaciones en la traducción del término griego. También se interpreta como “encuentro agradable” o “buena suerte”2, y algunos lo traducen como “azar feliz”.
Al igual que Evodia, el nombre de Síntique llevaba una connotación positiva que contrastaba irónicamente con su situación real. Ambas mujeres no vivían de acuerdo al significado de sus nombres, pues estaban causando divisiones en la congregación de Filipos1. Aunque en algún momento habían combatido junto con Pablo por el evangelio, al momento de escribir la carta no estaban en armonía una con la otra.
Aunque ignoramos la razón del problema entre Evodia y Síntique, sí sabemos que habían ayudado a Pablo y ahora ellas necesitaban ayuda. Aparecen mencionadas al lado de Clemente y otros colaboradores valiosos para el apóstol, quien afirma que sus nombres estaban inscritos en el libro de la vida.
Pablo escribió a los corintios: “… para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (1 Corintios 12:25). También pidió a los gálatas: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre …” (Gálatas 6:1). Es el deber de todo cristiano ayudar a otros miembros del cuerpo cuando lo necesitan, para que éste siga funcionando y podamos cumplir con uno de los requisitos para gozar a Cristo.
II. Gocémonos y confiemos en Dios (v.4-7)
II. Gocémonos y confiemos en Dios (v.4-7)
4:4-5 El apostol inisiste que se debe mantener el gozo, o la alegría. La palabra griega traducida como gentileza es sinónima de paciencia, razonabilidad y amabilidad. El cristiano debe ser reconocido por su espíritu paciente y gentil en su trato con otros cristianos y aun con los que no lo son. En Romanos 12:17–21, Pablo recalca que la actitud cristiana es contraria a la venganza y más bien debe buscar retornar el bien por el mal con dulzura y benignidad. “El Señor está cerca”, puede referirse a su segunda venida o a su presencia “al lado” del cristiano (Salmos 145:18).
4:6 Nuestras librerías cristianas y bibliotecas personales están llenas de libros sobre el tema de la oración, pero si somos sinceros, debemos admitir que es muy poco lo que oramos. Los discípulos pidieron al Señor: “Enséñanos a orar” (Lucas 11:1) y esa debe ser nuestra petición también. Pablo tenía mucho por lo cual estar preocupado y afanoso, pero con su propio testimonio impulsa a los filipenses a poner su confianza en el Señor.
Orar es sencillamente hablar con Dios. No es un rezo o repetición de oraciones memorizadas; es la conversación del alma con su Creador. La palabra petición es un término más específico que oración, porque describe la actitud de traer delante de Dios nuestra necesidad.
Debido a que es omnisciente, el Señor no necesita ser informado de nuestros requerimientos, pero a él le agrada que declaremos en forma específica lo que necesitamos, pues así mostramos nuestra impotencia y a la vez nuestra dependencia de él. Cuando Jesús llamó al ciego Bartimeo, le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” Su pregunta no era por falta de conocimiento de lo que aquel hombre necesitaba, pues era obvio que necesitaba ser sanado de su ceguera. Lo que deseaba era escuchar la declaración donde manifestara que él no podía hacer nada por sí mismo y reconociera que solamente su mano poderosa podía responder a su necesidad (Marcos 10:51).
Nuestras oraciones no deben ser vagas o ambiguas. Dios no quiere que oremos por todos los misioneros del mundo, sino que lo hagamos con intencionalidad y procurando expresar las necesidades puntuales y la dirección que se necisita en cada uno de ellos.
4:7 ¿Cuál es el resultado lógico en la vida del cristiano que ha vencido la preocupación y ha aprendido a orar en forma agradable a Dios? El versículo 7 nos da la respuesta: “La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
Esta expresión nos presenta la paz prometida como algo dificil de comprender y explicar. No es una tranquilidad temporal o condicional; es una paz que el mundo no conoce ni puede dar. El Señor Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy … No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Esa paz no tiene límites; puede ser recibida, pero no comprendida. No está sujeta a las circunstancias; es un fruto del Espíritu. Es algo que solamente los hijos de Dios pueden disfrutar.
Esta es una promesa de protección contra las asechanzas del enemigo, quien tratará de atacar nuestros pensamientos y la pureza de nuestro corazón. Tanto lo intelectual como lo emocional es protegido por el Señor cuando las circunstancias no pueden ser cambiadas.
Una paz interna ayuda a tener paz externa: “Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7).
Note que esta protección está entrelazada con Cristo Jesús. El es nuestra paz y sabrá guardarnos según sus promesas: “Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).
III. Piense en lo bueno y practiquelo (v.8-9).
III. Piense en lo bueno y practiquelo (v.8-9).
4:8 En este versículo el apóstol apela a los filipenses a que provean a su mente con el material apropiado sobre el cual pensar. Los buenos pensamientos afectan tanto la conducta, como las acciones y el carácter natural. Es como una computadora, que sólo produce los datos que ha recibido. En Efesios 4:17, Pablo les advierte a que ya no anden como los otros gentiles: “que andan en la vanidad de su mente”. En Tito 1:15, dice que para los incrédulos nada es puro, “pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas”. Por eso, al escribir a los corintios les recuerda que nosotros “tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16).
Nuestra responsabilidad es mayor y debemos tener sumo cuidado con lo que alimentamos nuestra mente renovada. Pablo sugiere a los de Filipos una lista de materiales apropiados para ocupar la mente del cristiano que pueden producir “algo digno de alabanza” (4:8).
El Dr. Gene Getz ha dicho que “estas son cualidades que se pueden usar como criterios en cualquier cultura y momento dado de la historia porque ¡este es el criterio final!”
4:9 Para reforzar su exhortación, Pablo presenta su ejemplo y los reta a hacer lo que han aprendido, recibido, oído y visto en él. Los desafía a que sigan practicando lo que les había enseñado. Menciona una vez más la paz que vendría a ellos a través del mismo Dios de paz que estaba en su corazón.
Su amonestación no es fruto de orgullo o vanagloria; es el testimonio verdadero de un testigo de Dios que pone su propia vida como ejemplo, sin temor de ser criticado. ¡Qué ejemplo más digno de imitar! ¡Qué meta más sublime de alcanzar! Ponernos de pie ante la iglesia, el trabajo, la comunidad, nuestro propio hogar y decir sin temor: “Lo que aprendisteis, y recibisteis, y oísteis y visteis en mi, ESTO HACED”. Que Dios nos ayude.
Rene Zapata, Estudios Bı́blicos ELA: El gozo de vivir en Cristo (Filipenses) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1994), 133-142.
¡Oremos!
Cómo la paz de Dios se manifiesta en la vida diaria:
Aprendamos a Vivir en paz y unidad vv.1-3
Gocémonos y confiemos en Dios vv.4-7
Piense en lo bueno y practíquelo vv.8-9
