No como nosotros queremos, sino como Dios manda

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Dios no recibe cualquier adoración. Él busca verdaderos adoradores que se acerquen al Padre por medio de Cristo, conforme a la verdad y mediante la obra del Espíritu.

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Texto principal: Juan 4:19–26

Introducción: los samaritanos

Leamos Juan 4:7–9

Jesús conversó con una mujer samaritana, algo sorprendente porque existía una profunda enemistad religiosa y social entre judíos y samaritanos.
Para comprender esa división, leamos brevemente su antecedente.

Leamos 2 Reyes 17:24 y 33

Después de que Asiria conquistara el reino del norte, muchos israelitas fueron deportados y personas de otras naciones fueron trasladadas a Samaria.
Allí se produjo una mezcla religiosa. El versículo 33 dice: «Temían al Señor y servían a sus propios dioses».
Decían reconocer al Señor, pero mezclaban su adoración con prácticas que Él no había mandado. A esto lo llamamos sincretismo.
Posteriormente, los samaritanos establecieron el monte Gerizim como su centro religioso, en oposición a Jerusalén. Deuteronomio 11:29 y 27:12 relacionaban Gerizim con la proclamación de la bendición, pero no lo establecían como sustituto de Jerusalén ni como centro exclusivo de adoración.
Los samaritanos poseían su propia tradición del Pentateuco, incluyendo modificaciones que favorecían al monte Gerizim.
Tenían religión, sacerdotes, tradiciones, un lugar considerado sagrado y una versión del Pentateuco. Sin embargo, Jesús le enseñó a esta mujer que poseer elementos religiosos no significaba que su adoración fuera verdadera.
La respuesta de Jesús nos enseñará tres verdades.

1. Podemos tener deseos religiosos y adorar equivocadamente

Leamos Juan 4:19–22

A. La mujer tenía interés religioso

Después de que Jesús reveló su situación personal, la mujer lo reconoció como profeta y preguntó sobre la adoración.
Es posible que quisiera desviar la conversación sobre su pecado. Sin embargo, también mostraba inquietudes religiosas:
Conocía la tradición de sus padres.
Sabía que existía una discusión sobre el lugar de adoración.
Esperaba la llegada del Mesías.
Pero tener interés religioso no significa necesariamente conocer a Dios.
Una persona puede hablar de Dios, cantar, orar, asistir a reuniones y discutir asuntos doctrinales, pero todavía no haber sido reconciliada con Él.

B. La mujer confiaba en su tradición

Ella dijo: «Nuestros padres adoraron en este monte».
Su argumento era la tradición recibida de sus antepasados.
También hoy escuchamos:
«Mis padres me enseñaron así».
«Siempre lo hemos hecho de esta manera».
«A mí me parece una forma hermosa de adorar».
«Lo importante es hacerlo con sinceridad».
Pero la tradición, nuestros gustos y nuestra sinceridad no determinan cómo debe ser adorado Dios. Dios mismo determina cómo quiere ser adorado.

C. Cristo corrigió su adoración

Jesús le dijo: «Ustedes adoran lo que no conocen».
Jesús no afirmó que la adoración judía y la samaritana fueran igualmente válidas. Tampoco le dijo que la sinceridad fuera suficiente.
La mujer tenía interés religioso, pero adoraba desde el desconocimiento y desde una tradición que había alterado la revelación de Dios.
Sin embargo, Jesús corrigió su error sin despreciarla. Su corrección fue una expresión de gracia: le mostró su error para conducirla hacia la verdad y hacia Él mismo.
Quizá hemos heredado una religión, pero todavía no conocemos verdaderamente a Cristo. Sabemos cantar, orar y asistir, pero nunca hemos reconocido nuestra culpa ni confiado personalmente en el Salvador.
No basta con heredar una religión. Necesitamos nacer de nuevo.

Preguntas

¿ ¿En qué fundamentaba la mujer su forma de adorar?
¿Puede alguien ser sincero y estar equivocado?
La sinceridad religiosa no convierte una adoración equivocada en verdadera.

2. Dios determina cómo debe ser adorado

A. Nadab y Abiú ofrecieron algo que Dios no había mandado

Leamos Levítico 10:1–3

Nadab y Abiú eran sacerdotes. Se acercaron con fuego e incienso, elementos relacionados con la adoración. Sin embargo, el texto dice que ofrecieron: «Fuego extraño que Él no les había ordenado».
Ese fue el problema fundamental: Dios no lo había mandado.
No necesitamos especular sobre todos los detalles. El texto destaca que actuaron de una manera que Dios no había autorizado.
Lo que hicieron podía parecer religioso e impresionante, pero no era obediente. Dios declaró:
«Por los que se acercan a Mí seré santificado».
Dios no permite que su santidad sea tratada según la imaginación del adorador.

B. Uza actuó de una manera aparentemente comprensible

Algo parecido ocurrió cuando David trasladó el arca sobre un carro nuevo. Había música, instrumentos y celebración. Cuando los bueyes tropezaron, Uza extendió su mano para sostener el arca.
Humanamente, su reacción puede parecer comprensible. Pero Dios había mandado que el arca fuera transportada por los levitas, mediante varas, y había prohibido que fuera tocada.
Posteriormente, David reconoció el error.

Leamos 1 Crónicas 15:13 «No lo buscamos conforme a la ordenanza».

El problema no era la falta de entusiasmo. Había alegría, música y un carro nuevo. El problema era que no estaban actuando conforme a la orden de Dios.

C. Lo hermoso o emocionante no necesariamente agrada a Dios

Nadab y Abiú nos enseñan que algo puede parecer religioso sin haber sido mandado. Uza nos enseña que una acción puede parecer razonable y, aun así, contrariar la instrucción divina.
Por eso, nuestra primera pregunta no debe ser:
¿Me gusta?
¿Me emociona?
¿Se ve bonito?
¿Atrae a muchas personas?
¿Parece bien intencionado?
La primera pregunta debe ser: ¿Dios lo ha establecido en su Palabra?
Esto es el principio regulador de la adoración: debemos adorar a Dios conforme a lo que Él ha ordenado, no según nuestras invenciones, gustos o preferencias.
Esto no significa que la Biblia deba establecer el color de las sillas o la hora exacta de la reunión. Significa que los elementos de la adoración deben proceder de la Palabra.
La belleza de la adoración cristiana no se encuentra principalmente en el espectáculo, sino en Cristo, en la verdad de la Palabra y en la obra del Espíritu.

Preguntas

¿Cuál fue el problema del fuego extraño?
¿Por qué las buenas intenciones no pueden sustituir la obediencia?
En la adoración, las buenas intenciones nunca sustituyen la obediencia.

3. Dios nos llama a adorarlo por medio de Cristo y de los medios establecidos

Leamos Juan 4:23–26

A. La verdadera adoración es en espíritu y en verdad

Jesús afirmó que el Padre busca «verdaderos adoradores».
Adorar en espíritu significa que nuestra adoración debe proceder de un corazón vivificado por el Espíritu Santo. No significa adorar desordenadamente o dependiendo solo de nuestras emociones.
Adorar en verdad significa adorar al Dios que se ha revelado en las Escrituras y, de manera suprema, en Jesucristo.
La mujer dijo: «Sé que el Mesías viene».
Jesús respondió: «Yo soy, el que habla contigo».
El problema de la mujer no se resolvía simplemente cambiando Gerizim por Jerusalén. Necesitaba conocer al Mesías.
La verdadera adoración comienza cuando un pecador es reconciliado con el Padre por medio de Cristo.

B. Dios estableció medios de gracia

Leamos Hechos 2:42

Dios no nos ha dejado inventar cómo acercarnos, crecer y perseverar. Él estableció medios ordinarios para alimentar la fe de su pueblo:
La lectura y predicación de la Palabra.
La oración.
El bautismo.
La Cena del Señor.
La comunión de la iglesia.
El canto de verdades bíblicas.
Los llamamos medios de gracia, no porque tengan poder mágico o salven automáticamente. Solamente Cristo salva. Pero el Espíritu Santo utiliza estos medios para llamar a pecadores, fortalecer la fe y santificar a su pueblo.
Por eso, no podemos decir: «Yo busco a Dios a mi manera». Dios ya ha establecido los medios por los cuales quiere ser conocido y adorado.

C. El Día del Señor es una convocatoria de Dios

Leamos Hechos 20:7 y Hebreos 10:24–25

La iglesia se reunía el primer día de la semana para escuchar la Palabra, tener comunión y partir el pan. Apocalipsis 1:10 llama a este día «el Día del Señor».
Por tanto, no es coherente afirmar: «Yo adoro a Dios a mi manera y no necesito reunirme con su iglesia».
El Día del Señor es una convocatoria misericordiosa. Dios aparta a su pueblo de sus ocupaciones ordinarias para reunirlo alrededor de su Palabra, la oración, el canto y las ordenanzas.
No nos congregamos para ganar la salvación. La asistencia no reemplaza el arrepentimiento y la fe. Nos congregamos porque Cristo salva, reúne y alimenta a su pueblo mediante los medios que Él estableció.
Si alguien afirma conocer a Cristo, pero coloca constantemente el Día del Señor en el último lugar, debe debe examinar seriamente sus prioridades.

Preguntas

¿Qué significa adorar en espíritu y en verdad?
¿Por qué no es coherente buscar a Dios mientras despreciamos los medios que estableció?
Dios nos llama a adorarlo por medio de Cristo y mediante los medios que Él estableció.

Conclusión evangelística

La mujer samaritana tenía religión, tradición e interés por la adoración. Pero Jesús le mostró que estaba adorando sin conocer verdaderamente a Dios.
Hoy aprendimos tres verdades:
Podemos tener deseos religiosos y adorar equivocadamente.
Dios determina cómo debe ser adorado.
Dios nos llama a adorarlo por medio de Cristo y de los medios establecidos.
Nadab y Abiú nos recuerdan que Dios no recibe aquello que inventamos. Uza nos recuerda que una acción humanamente comprensible no sustituye la obediencia. La mujer samaritana nos recuerda que podemos heredar una religión y todavía necesitar conocer al Salvador.
Pero Jesús no se limitó a corregirla. Se reveló como el Mesías: «Yo soy, el que habla contigo».
Cristo no vino solamente a enseñarnos cómo adorar. Vino a convertir pecadores en verdaderos adoradores.
No confíes en tu tradición, sinceridad ni actividad religiosa. Reconoce tu pecado y ven a Jesucristo. Él murió por pecadores y resucitó. Solamente Él puede reconciliarte con el Padre y darte un corazón que adore en espíritu y en verdad.
La adoración verdadera no consiste en ofrecerle a Dios lo que preferimos, sino en acercarnos al Padre por medio de Cristo, conforme a su Palabra y mediante la obra del Espíritu.
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