¡No cometerás adulterio!

Los 10 mandamientos  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Introducción

Vivimos en un momento en que el pacto matrimonial se está desmoronando ante nuestros ojos, y las cifras de nuestro propio país lo confirman. Según la Superintendencia de Notariado y Registro, y algunos medios de comunicación como Infobae y el Tiempo, en Colombia, los divorcios han aumentado de manera sostenida. Pasaron de 17.627 en 2013 a 25.272 en 2023, un incremento del 43% en una sola década. En ese año 2023 se registraron cerca de 68.843 matrimonios frente a 25.272 divorcios. Es decir, por cada tres parejas que se casan, aproximadamente una termina separándose. Eso significa, en promedio, unas 28 separaciones legales cada día, casi una cada hora, y esas son solo las que llegan a formalizarse ante un notario, porque muchas otras terminan sin dejar registro.
Por otro lado, según diversos sondeos y encuestas, Colombia figura como el segundo país más infiel de América Latina. Las encuestas reportan que cerca de 6 de cada 10 colombianos reconocen haber sido infieles en algún momento (entre los hombres la cifra sube a 8 de cada 10). Y la traición se manifiesta de diferentes maneras. Hoy se habla de la infidelidad física, emocional, también del coqueteo digital o el sexting…
¿Qué significan estos números?
Detrás de cada cifra hay un pacto quebrantado, un hogar dividido, hijos que crecen en medio de la ruptura, promesas hechas delante de Dios que fueron pisoteadas… Nuestra generación ha llegado a tratar el matrimonio como un contrato desechable, un acuerdo que se mantiene mientras convenga y que se puede romper cuando deja de sentirse bien.
No obstante, antes de apuntar el dedo hacia la sociedad, debemos hacernos una pregunta cómo iglesia: ¿Cómo estamos nosotros frente a esta realidad?. Estos números también nos alcanzan a nosotros, y aun cuando nuestra conducta externa permanezca intacta, ¿quién de nosotros puede decir que ha guardado perfectamente la fidelidad en el corazón?
La verdadera raíz de esta crisis no es sociológica, es espiritual. Somos infieles por naturaleza. Buscamos fuera del pacto la satisfacción que solo Dios puede dar, y no podemos producir en nosotros mismos la fidelidad que el pacto exige. Hemos olvidado por qué el matrimonio es sagrado, o incluso quizás nunca lo hemos considerado sagrado… Y lo hemos olvidado porque hemos olvidado qué es y qué representa. El matrimonio no fue idea del hombre, fue diseño de Dios. De manera que cuando Dios unió al hombre y a la mujer, no estaba simplemente organizando la sociedad, también estaba pintando un retrato de Su propia fidelidad hacia Su pueblo.
De ahí que el texto nos dice que:
El Señor protege la santidad del pacto matrimonial porque el matrimonio es una imagen de Su propia fidelidad al pacto con Su pueblo. Por eso, el séptimo mandamiento no es solo una prohibición, sino un llamado a la fidelidad y a la pureza que reflejan el carácter de Dios.

La prohibición

Israel llevaba poco tiempo fuera de Egipto. Detrás de ellos quedaban más de cuatrocientos años en una tierra extranjera, y delante de ellos estaba Canaán, una tierra que aún no conocían. Y el Señor sabía que este pueblo traía Egipto en la memoria y estaba a punto de encontrarse con Canaán en el camino. Por esa razón, cuando más adelante entrega las leyes sobre la pureza sexual, el Señor enmarca todo el asunto con una advertencia que menciona esas dos naciones por nombre:
“Di a los israelitas: “Yo soy el Señor su Dios. 3 Ustedes no harán como hacen en la tierra de Egipto en la cual moraron, ni harán como hacen en la tierra de Canaán adonde Yo los llevo…” Levitico 18:2-3.
La religión cananea giraba en torno a la fertilidad (la lluvia, las cosechas, los rebaños, los hijos). Sus dioses (Baal, Asera, Astarot) eran presentados como seres sexuales, y su culto estaba entretejido con ritos de fertilidad. Los textos antiguos de aquella región evidencian un panteón donde la sexualidad de los dioses era parte central de la historia.
Esto quiere decir que para el cananeo, la inmoralidad sexual era, en muchos casos, un acto religioso. Una manera de participar en la vida de los dioses y de asegurar la fertilidad de la tierra… De ese modo, los israelitas se expondrían a una religión que involucraba con gran importancia litúrgica las relaciones sexuales.
De hecho, en Números 25 se encuentra el registro de una escena en la que precisamente los hombres de Israel cayeron en dichas prácticas…
“Mientras Israel habitaba en Sitim, el pueblo comenzó a prostituirse con las hijas de Moab. Y estas invitaron al pueblo a los sacrificios que hacían a sus dioses, y el pueblo comió y se postró ante sus dioses.  Así Israel se unió a Baal de Peor, y se encendió la ira del Señor contra Israel.” Números 25:1-3.
P. 77 ¿Qué se prohíbe en el séptimo mandamiento?
R. El séptimo mandamiento prohíbe todos los pensamientos, palabras, y acciones que sean contrarios a la castidad.
La respuesta del catecismo es canónica, es decir, está respondiendo a la luz del canon completo de las Escrituras.
Para entender esto debemos entender qué es el adulterio como tal. De manera simple, el adulterio es la unión sexual voluntaria de una persona casada con alguien que no es su cónyuge.
Sin embargo, en un sentido amplio y teológico, es la violación del pacto matrimonial por la cual el hombre traiciona un juramento del cual el Señor es testigo y garante, profana la unión de una sola carne que Él estableció, y distorsiona el retrato de la fidelidad de Dios hacia Su pueblo.
De ese modo, a los ojos de Dios, el adulterio no es solo un acto. Es una traición al pacto que un hombre y una mujer hicieron delante de Él y de los hombres. La palabra que se utiliza en el séptimo mandamiento describe precisamente a alguien que hizo un pacto y lo rompió…
La Biblia habla del matrimonio como un pacto:
“Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto.” Malaquías 2:14.
Hablando de la mujer extraña, Proverbios dice:
“La cual deja al compañero de su juventud, Y olvida el pacto de su Dios;” Proverbios 2:17.
El pacto matrimonial involucra a Dios mismo. No es simplemente un pacto entre dos personas. El Señor fue quien instituyó el matrimonio desde el principio… Por esa razón, después de que David pecó con Betsabé, en su confesión dijo:
“Contra Ti, contra Ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de Tus ojos…” Salmo 51:4.
La respuesta del catecismo abarca tres áreas:
Las acciones: Esto es lo más evidente, a la hora de considerar este pecado es el acto mismo. El mandamiento prohíbe cualquier acto que profane el pacto matrimonial…
Las palabras: ¿Se puede quebrantar este mandamiento solo con las palabras? Sí, pues, hay maneras de hablar que desnudan, insinúan, convierten a las personas en objetos de deseo. Pablo mismo escribió sobre esto: “Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre ustedes, como corresponde a los santos. Tampoco haya obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias.” Efesios 5:3-4. Las palabras preparan el terreno de lo que hacemos…
Los pensamientos: “No codicies su hermosura en tu corazón, Ni dejes que te cautive con sus párpados.” Proverbios 6:25.
Así que, a la luz de esto, el mandamiento prohíbe toda infidelidad al pacto matrimonial porque traiciona un juramento del cual Dios mismo es testigo. Sin embargo, como hemos visto anteriormente, cuando el Señor prohíbe algo, al mismo tiempo está ordenando hacer otra cosa…

La exigencia

P. 76. ¿Qué se demanda en el séptimo Mandamiento?
R. El séptimo Mandamiento demanda la Preservación de nuestra propia Castidad y la de nuestro Prójimo, en el Corazón, el Habla y la Conducta.
Imaginate a un hombre que jamás ha tocado a una mujer que no sea su esposa. Su conducta es intachable y nadie podría acusarlo de nada. Pero su matrimonio está muerto, hace años que no cultiva el afecto de su esposa, que no la busca, que no la protege… En otras palabras, vive bajo el mismo techo con una mujer a la que ya no cuida, ni expresa afecto, ni amor.
¿Ha obedecido ese hombre el séptimo mandamiento?
Hay una palabra muy importante en la respuesta del catecismo. Notemos que no dice que el séptimo mandamiento demanda nuestra castidad. Dice que demanda la preservación. Preservar implica proteger contra el deterioro o el daño, y el mantenimiento de la condición original de aquello que se preserva.
¿Qué es la castidad?
A la luz de las Escrituras, es la pureza integral de la vida (tanto moral como espiritual).
De manera que el énfasis recae sobre la protección de la pureza.
Es decir, no basta solo con abstenerse de adulterar. Generalmente, pensamos que si no hacemos lo malo estamos haciendo lo bueno. No hacer lo malo es muy diferente de hacer lo bueno.
Recordemos el caso de Adán…
“Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo guardara.” Génesis 2:15.
Seguido a esto, el Señor le da al hombre una esposa y establece el matrimonio. Así como Adán debía cultivar y guardar el huerto del Edén, también debía cultivar y guardar el “huerto” del matrimonio… Sin embargo, como hemos visto en otras ocasiones, Adán fue pasivo…
¿Cómo guardamos o protegemos nuestra propia castidad?
Guardando el corazón:
“Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida” Proverbios 4:23. Es el puesto de vigilancia más importante, porque es el único al que nadie más tiene acceso. Cuidémonos del engaño del pecado y de la tentación. En su libro “ídolos del corazón”, Elyse Fitzpatrick describe cómo opera la tentación. Ella afirma que Satanás usa dos cosas para tentarnos: El temor y el placer.
Nos tienta a través del miedo al sugerir que la obediencia a Dios resultará en la pérdida de algo que creemos que debemos tener para ser felices. Y al mismo tiempo, nos tienta por medio del placer, al describir las “alegrías” que la desobediencia nos dará”.
Guardando los ojos:
“Hice pacto con mis ojos, ¿cómo podría entonces mirar a una virgen?” Job 31:1. Job se comprometió de manera deliberada y anticipada a guardar sus ojos. La pureza no se improvisa en el momento de la prueba o la tentación…
Guardando los pies:
Pablo dice a los Corintios que huyan de la fornicación 1 Corintios 6:18. Hay pecados que se combaten de frente. Pero hay otros pecados, como este, a los cuales se nos ordena correr… Cuando la esposa de Potifar tentó a José, él no se quedó a razonar con ella, ni se puso a mirar qué tan fuerte y espiritual era. Dejó su ropa en las manos de ella y salió corriendo… Génesis 39:12.
No obstante, el catecismo añade algo que no tenemos muy en cuenta, y es que no debemos guardar solamente nuestra propia castidad. Debemos guardar también la castidad del prójimo.
Esto significa que puedo pecar contra este mandamiento sin desear nada, simplemente siendo tropiezo para otro. En cómo hablo, cómo me visto, las charlas que hago, las cosas que publico… Pablo le ordena a Timoteo tratar a las jóvenes “como a hermanas, con toda pureza” 1 Timoteo 5:2, y el Señor pronunció palabras temibles contra el que hace caer a otro…
De ese modo, hay un sentido en el que somos guardianes del matrimonio ajeno. Por eso, debemos cuidarnos de desarrollar una cercanía indebida con el esposo o la esposa de otro, coquetear, y una de las cosas más sutiles y peligrosas en estos casos es convertirse en el confidente emocional de alguien casado…
Hacer pregunta de aplicación…

La extensión

"Ustedes han oído que se dijo: 'No cometerás adulterio.' Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Y si tu ojo derecho te hace pecar, sácalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y échala de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno." Mateo 5:27-30.
En tiempos de Jesús existía un debate acerca del matrimonio entre las escuelas rabínicas. Una escuela sostenía que un hombre solo podía divorciarse de su esposa por causa de inmoralidad. La más permisiva enseñaba que podía hacerlo por cualquier cosa que le desagradara, y llegó a decirse que bastaba con que la mujer arruinara la comida. Esa era la discusión del momento, y es exactamente la controversia que le plantean al Señor cuando le preguntan si es lícito divorciarse "por cualquier causa".
Nunca ha faltado quien defina el pecado de manera que él quede fuera de la definición…
Pero el Señor Jesús dice de manera contundente y directa:
"Todo el que mire a una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio con ella en su corazón."
El verbo mirar en este pasaje no hace referencia a una mirada casual o involuntaria. Más bien, indica un objetivo que sigue en tiempo a la acción de mirar. MacArthur comenta sobre este pasaje:
“Jesús está hablando aquí de la observación intencional con el propósito de codiciar. Está hablando del hombre que mira de este modo con el fin de satisfacer su deseo perverso. El Señor está hablando del hombre que ve una película pornográfica, que selecciona un programa de televisión conocido por su orientación sexual, que va a una playa conocida por sus trajes de baño muy cortos, o que hace cualquier cosa con la expectativa y el deseo de excitarse de manera sexual y pecaminosa.”
Notemos también que el texto no dice que mirar con codicia a una mujer hace que un hombre cometa adulterio en sus pensamientos, sino que él ya cometió adulterio con ella en su corazón… Dicho de otra manera, no es la mirada codiciosa o lujuriosa lo que causa el pecado en el corazón, sino que es el pecado en el corazón lo que causa este tipo de mirada…
Nuevamente, MacArthur dice acertadamente: “La mirada lujuriosa no es más que la expresión de un corazón que ya es inmoral y adúltero”.
Es importante aclarar que aunque el Señor usa a un hombre como ejemplo, no significa que la mujer está excluida en este asunto, o que no sea tentada en este sentido… Las mujeres son igualmente suceptibles a miradas lujuriosas, e incluso a incitar a los hombres a la lujuria. Arthur Pink, en su exposición del Sermón del Monte lo expresa así:
“Si la mirada lujuriosa es un pecado tan grave, entonces quienes se visten y exhiben con el deseo de que las miren y las codicien… no son menos culpables sino tal vez más. En este asunto no solo es muy frecuente el caso de hombres que pecan sino de mujeres que los tientan a hacerlo. Qué grande debe ser la culpa de la gran mayoría de señoritas modernas que de modo deliberado tratan de despertar pasiones sexuales en hombres jóvenes. Y cuán mayor es incluso la culpa de la mayoría de sus madres por permitirles que se conviertan en tentadoras lascivas”.
Por otro lado, habiendo diagnosticado la raíz y la esencia de este pecado, el Señor no dice que se esfuercen más o que sean más disciplinados, o que tengan más cuidado la próxima vez. Él dice:
"Si tu ojo derecho te hace pecar, sácalo… si tu mano derecha te hace pecar, córtala."
Obviamente el Señor no está ordenando la automutilación. Se cuenta que Orígenes se tomó muy enserio estas palabras de Jesús y literalmente se hizo castrar. Sin embargo, ese no es el sentido del texto, pues, sacarse un ojo no cura un corazón, y un hombre ciego puede seguir codiciando. Es una hipérbole…
¿Qué significa esto en la práctica?
Significa que hay cosas en nuestra vida a las que no se le pueden dar un manejo o control. Se deben amputar, y eliminar. El celular que no puedes tener en la mano de noche estando solo. La red social que debes cerrar porque sabes que frecuentemente eres tentado y caes por allí. Una amistad que se volvió otra cosa y hay que terminarla por mucho que duela. El camino que ya no puedes tomar. El viaje que no debes hacer solo. La contraseña que otro hermano debe conocer…

Conclusión

¿Quién no ha mirado jamás con codicia?
¿Quién no ha alimentado un pensamiento impuro en el secreto de su corazón?
¿Quién ha preservado perfectamente la castidad, la propia y la del prójimo, en corazón, palabra y conducta?
Hemos visto que este mandamiento prohíbe toda traición al pacto matrimonial, que exige preservar activamente la castidad propia y la del prójimo, y que su alcance llega hasta el corazón, donde la mirada codiciosa revela lo que ya habita adentro…
Tengamos presente que toda infidelidad (conyugal o espiritual) nace de la misma mentira: "allá hay algo mejor que aquí."
Este mandamiento nos deja con un problema…
El problema es que no podemos producir en nosotros mismos la fidelidad que este mandamiento exige. Podemos cambiar conductas, poner filtros, tomar decisiones y hacer promesas, pero ningún esfuerzo nuestro puede fabricar un corazón fiel. Somos infieles por naturaleza.
Israel lo demostró en el Sinaí mismo. Cuarenta días después de haber afirmado “Haremos todo lo que el Señor ha dicho”, ya estaban danzando alrededor de un becerro de oro. Y esa es nuestra historia también…
Pero también, como todos los anteriores, este mandamiento nos señala a Aquel que lo cumplió perfectamente en nuestro lugar.

Aplicaciones

Cristológica:
Cristo es el único que guardó perfectamente este mandamiento en toda su extensión. Nunca miró con codicia, nunca albergó un deseo impuro, nunca fue ocasión de tropiezo para nadie. Y no se limitó a evitar la impureza. Fue el Esposo que amó a Su esposa hasta la muerte, que se entregó por ella cuando ella todavía le era infiel, y su obediencia perfecta a este mandamiento es contada a favor de todo el que cree.
El Esposo perfectamente fiel fue tratado como el adúltero. El Puro fue hecho pecado por nosotros (2 Corintios 5:21). Cargó sobre Sí toda la impureza, toda la traición, todo el adulterio del cuerpo y del corazón de Su pueblo, para que nosotros, los infieles, fuéramos vestidos con Su perfecta fidelidad y presentados ante Dios sin mancha.
“para presentársela a Sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada.” Efesios 5:27.
Además, Cristo no solo nos perdona la infidelidad, nos hace fieles. Por Su Espíritu, Aquel que nunca rompió un pacto habita ahora en nosotros para conformarnos a Su imagen. No se nos manda a producir fidelidad con nuestras propias fuerzas, se nos manda a vivir desde la fidelidad que ya nos fue dada.
El mandamiento nos condena. El Esposo fiel nos redime, y luego nos transforma, para que podamos guardar el mandamiento…
Eclesiológica:
Como iglesia, debemos ser un pueblo que honra y protege activamente el pacto matrimonial. Celebremos la fidelidad, sostengamos a los matrimonios que atraviesan tormentas, rodeemos a los solteros como una verdadera familia, y hablemos de la pureza no como una carga que nos reprime, sino como el hermoso diseño de un Dios fiel.
Y así como Israel fue llamado a ser distinto de Egipto y de Canaán, nosotros somos llamados a ser distintos de nuestra propia cultura porque llevamos un retrato que el mundo necesita ver.
¿Qué estoy alimentando en secreto? ¿Qué ocupa mis ojos, mi mente y mi tiempo cuando nadie ve? ¿Hay algo que debo cortar hoy?
Llamado a los incrédulos:
Ya sea que hayas cometido adulterio físico o no, al igual que todos nosotros eres culpable de violar este mandamiento. Cada uno de nosotros ha sido infiel al Dios que nos creó, buscando gozo, gloria y vida en mil cosas antes que en Él. Todos somos, delante de Dios, adúlteros espirituales.
Pero la buena noticia es que el Esposo fiel, contra quien cometimos nuestra infidelidad, es el mismo que ofrece perdón, limpieza y un corazón nuevo a los infieles que vuelven a Él. No hay traición tan profunda que Su sangre no alcance a lavar. No hay lodo tan hondo del que Él no pueda rescatarte. Así como aquella mujer en el templo, puedes escuchar hoy de Sus labios: “Ni yo te condeno; vete, y desde ahora no peques más” (Juan 8:11).
Deja de buscar fuera de Dios aquello que solo se encuentra en Él. Ven a Cristo, el Esposo fiel que dio Su vida por una novia infiel. Arrepiéntete y cree en el Evangelio.
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