LA CONFESIÓN
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LA CONFESIÓN
Lectura bíblica 1 Juan 1:9
Propósito: El propósito de este mensaje es presentar al oyente una de las condiciones que debemos de cumplir para recibir el don precioso del Espíritu Santo y así tener un reavivamiento genuino en nuestra vida. Y motivar para que busquemos la presencia del Espíritu Santo con todo fervor.
INTRODUCCIÓN
La confesión de los pecados siempre ha caracterizado a un reavivamiento autentico.
La confesión abre el corazón y allana el camino para el poderoso derramamiento del
Espíritu de Dios. Si las avenidas del alma están obstruidas por el pecado, el Espíritu no puede fluir a través de nosotros para impactar al mundo. El pecado no confesado se convierte en un estorbo para todo lo que Dios desea hacer mediante su iglesia. El sabio declara: “El que encubre sus pecados no prosperara; mas el que los confiesa y se aparta alcanzara misericordia” (Prov. 28:13). No “prosperaremos” espiritualmente a menos que seamos honestos con nosotros mismos y con Dios. El pecado no confesado es el cáncer del alma. Antes que el Espíritu Santo nos llene y nos de poder, nos convence y nos instruye. A menos que confesemos los pecados que el Espíritu Santo nos señala, nuestro corazón se volverá infecundo. Si rehusamos escuchar la voz de la convicción, nunca recibiremos el derramamiento del Espíritu Santo con el poder de la lluvia tardía.
I. LA PREPARACION DE LOS DISCÍPULOS EN EL APOSENTO ALTO
A. Confesaron honestamente su pecado
Cuando los discípulos se reunieron en el aposento alto, buscando fervientemente a Dios en oración, comprendieron con claridad la necesidad de confesar honestamente sus pecados a Dios y unos a otros cuando era necesario.
Cada día con Dios, la pagina 10 dice: “Después de la ascensión de Cristo, el Espíritu Santo no descendió inmediatamente. Pasaron diez días antes que el Espíritu Santo fuera derramado. Los discípulos dedicaron ese tiempo a prepararse con mucho fervor. Los ricos tesoros del cielo fueron derramados sobre ellos después corazones y sacrificar todo ídolo. Estaban ante Dios para humillar sus almas, fortalecer su fe y confesar sus pecados”
Antes del derramamiento del Espíritu Santo, se necesita una obra de preparación.
B. Humillaron sus corazonesHechos de los apóstoles dice en la página 29 lo siguiente: “Mientras los discípulos esperaban el cumplimiento de la promesa, humillaron sus corazones con verdadero arrepentimiento, y confesaron su incredulidad.
II. La preparación que necesitamos para recibir el Espíritu Santo.
A. Nosotros necesitamos una obra de preparación aún más especial que la de los apóstoles.
Si los propios discípulos de Cristo necesitaban preparar el corazón para la lluvia temprana a fin de iniciar la proclamación evangélica con el poder pentecostal, cuanto más necesitamos nosotros preparar nuestro corazón hoy en la hora final y culminante de la tierra. Si el pecado obstaculizaba el camino del poderoso derramamiento del Espíritu Santo en aquel entonces, por cierto hará lo mismo ahora. Si la confesión preparo sus corazones para recibir al Espíritu Santo, preparara nuestro corazón también a fin de recibir tan precioso don.
B. La confesión de pecados específicos
El servicio del Santuario en el Antiguo Testamento brinda una lección vital sobre la naturaleza de la confesión. Cuando un israelita percibía la culpa de su pecado y llevaba su ofrenda al
Santuario, Levítico capítulo 5 describe lo que ocurría a continuación. “Cuando pecare en alguna de estas cosas, confesara aquello en que peco”
(Lev. 5:5).
La confesión siempre era muy específica. El pecador que llevaba el cordero colocaba sus manos sobre la cabeza del sacrificio y confesaba la manera definida en que había pecado.
Al comentar sobre la importancia de la confesión, Elena de White afirma: “La verdadera confesión es siempre de carácter especifico y reconoce pecados particulares. Pueden ser de tal naturaleza que solo deban presentarse delante de Dios; pueden ser agravios que deban confesarse individualmente a los que hayan sufrido daño por ellos; o pueden ser de un carácter público y, en ese caso, deberán confesarse públicamente. Toda confesión debería ser definida y al punto, reconociendo los mismos pecados de que seas culpable” {El camino a Cristo, pp. 37, 38).
C. Necesitamos pedirle perdón a Dios pero también a los que ofendemos.
El Padre nuestro en mateo 6: 12 dice “y perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Debemos de estar dispuestos a perdonar a otros de manera específica sus errores contra nosotros, para poder ser perdonados por Dios.
Podemos responder en nuestro corazón las siguientes preguntas:
¿Ha albergado pensamientos de crítica? ¿Ha pronunciado palabras hirientes? ¿Ha sido impaciente y descortés? ¿Ha sido descuidado al guardar el sábado o infiel al devolver el diezmo?
El pecado obstruye las arterias de nuestro corazón espiritual. Corroe las avenidas del alma. Bloquea la bendición que Dios anhela derramar a través de nosotros. La respuesta es la confesión.
Al postrarnos ante nuestro Dios perdonador y misericordioso y confesar los pecados específicos de los que el Espíritu Santo nos convence, recibiremos el perdón y la liberación de la culpa.
Esto nos lleva a tres preguntas de suma importancia. ¿Cuándo debiéramos pedirle perdón a alguien que hemos agraviado? ¿Cuándo es apropiado confesar públicamente nuestros pecados?
La confesión a Dios y a los demás
¿Cuándo debiéramos confesar nuestros pecados únicamente a Dios? El apóstol Pablo anhelaba tener “siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hech. 24:16). Podemos tener una conciencia limpia cuando confesamos nuestros pecados a Dios. Si después de habernos confesado ante Dios nuestra sensación de culpa todavía persiste, quizá tengamos que hacernos esta pregunta. ¿Perjudique o lastime a alguien de alguna manera, puesto que el Espíritu Santo me está guiando a pedirle perdón? Si hemos discutido con otra persona o nos impacientamos o enojamos con ella, el Espíritu Santo nos convence de que le pidamos perdón. Este es un principio de suma importancia para determinar si usted debiera pedirle perdón a otra persona. Usted arregla la porción de la cerca que está rota. Si sus actos han provocado un distanciamiento en una relación con otra persona, el hecho de pedirle perdón puede reparar el cerco roto en la relación y dar testimonio del poder de la gracia de Dios que obra en su vida. Si pronuncio palabras desagradables acerca de alguien, arregle el cerco donde este roto. Acérquese a la persona a la que le hablo e intente reparar el daño que causo en la reputación de otro.
D. Una confesión pública
¿Cuándo es apropiada la confesión pública? Solo cuando los pecados que usted cometió son públicos.
Si usted ha renegado de su compromiso con Cristo y ha deshonrado públicamente el nombre de Cristo y de su iglesia, a veces es apropiada la confesión pública. Aunque, por supuesto, no es necesario y extremadamente desaconsejable entrar en todos los detalles escabrosos del pecado, un testimonio de la gracia de Dios y de nuestra tristeza por defraudarlo trae sanidad a nuestro corazón y a la iglesia.
Jesús todavía es el Salvador perdonador. Todavía nos limpia de la culpa y la vergüenza del pecado. Cuando vamos a él y le confesamos honestamente nuestros pecados, nuestro corazón está preparado para recibir la presencia de su Espíritu Santo. Para facilitar la morada del Espíritu
Santo en su vida, preguntemos en oración lo siguiente:
1. ¿Hay algo en mi vida que me impide recibir el derramamiento del Espíritu Santo?
2. ¿Hay algún pecado acechando en lo profundo de mi ser que todavía no he confesado ni abandonado?
3. ¿Hay alguien a quien haya herido u ofendido al que debiera pedirle perdón?
4. ¿He aceptado plenamente el perdón de Dios o todavía albergo sentimientos de culpa innecesariamente?
5. ¿Confió plenamente en que Jesús perdona mis pecados?
III. LOS RESULTADOS DE LA PREPARACIÓN
A. El derramamiento del Espíritu Santo
Permítame leer Los Hechos de los apóstoles la página 31 “Sobre los discípulos que esperaban y oraban vino el Espíritu con una plenitud que alcanzo a todo corazón. El Ser Infinito se revelo con poder a su iglesia. Era como si durante siglos esta influencia hubiera estado restringida, y ahora el Cielo se regocijara en poder derramar sobre la iglesia las riquezas de la gracia del Espíritu. Y bajo la influencia del Espíritu, las palabras de arrepentimiento y confesión se mezclaban con cantos de alabanza por el perdón de los pecados.
Se oían palabras de agradecimiento y de profecía. Todo el Cielo se inclinó para contemplar y adorar la sabiduría del incomparable e incomprensible amor. Extasiados de asombro, los apóstoles exclamaron: “En esto consiste el amor”. Se asieron del don impartido.
B. Almas convertidas a CristoLa espada del Espíritu, recién afilada con el poder y bañada en los rayos del cielo, se abrió paso a través de la incredulidad. Miles se convirtieron en un día.
Después de recibir el poder del Espíritu Santo el apóstol Pedro Predico con autoridad y dice la palabra que “Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados; y fueron añadidas a ellos aquel día como tres mil personas”.
CONCLUSIÓN
Los resultados milagrosos que experimentaron los discípulos en el día de Pentecostés no fueron resultado de la casualidad sino de una preparación especial en el aposento alto
Los discípulos prepararon su corazón y la semilla del evangelio sembrada por Jesús se transformó en una cosecha gloriosa. Cuando es el momento oportuno ylos corazones están preparados mediante la oración ferviente, una profunda experiencia de fe y la confesión honesta, por orden celestial, el Espíritu Santo es derramado.
INVITACIÓN
Mis apreciados hermanos Dios desea darnos el regalo más precioso que un hijo de Él puede recibir, Él nos quiere dar el don del Espíritu Santo. Pero como hemos estudiado en este día necesitamos una preparación, necesitamos confesar nuestros pecados, y pedir perdón a todas las personas que hemos ofendido. ¿Deseas en esta hora arrodillarte ante la presencia de Dios y confesar todos tus pecados y prepararte para recibir el don precioso del cielo?
Te invito para que juntos nos arrodillemos ante la presencia de Dios.
