EL LLANTO DEL ARREPENTIMIENTO
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EL LLANTO DEL ARREPENTIMIENTO
Mateo 26:75
Propósito: El propósito de este mensaje es recordar que a pesar de que somos pecadores, Dios está dispuesto a perdonarnos si nos arrepentimos.
INTRODUCCIÓN
Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Mateo 26:75
Este versículo anterior revela que el apóstol Pedro tiene que haber pasado por una experiencia amarga.
Se estaba acercado la hora en que la pasión de Jesús iba a comenzar.
Jesús advirtió a los discípulos, diciéndoles: “Todos vosotros seréis escandalizados en mi esta noche” (Mateo 26:31)
Todos los discípulos se sorprendieron por las palabras de Jesús, y Pedro protesto y dijo “aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mateo 26:33-35)
Jesús respondió: “De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negaras tres veces”
Pero Pedro volvió a afirmar: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré”
I. PEDRO NIEGA A JESÚS
Veamos lo que paso esa noche en el huerto de Getsemaní.
Jesús dijo a sus discípulos “Mi alma esta angustiada hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo” (Mateo 26: 38)
Mientras Jesús oraba, lloraba y transpiraba gotas de sangre, Pedro y los demás discípulos dormían.
Cuando Judas, con un beso traidor, entregó a Jesús a la turba que vino a prenderle, pedro impulsivamente sacó su espada para defender a su maestro; pero luego todos los discípulos lo abandonaron., y Pedro solamente se atrevió a seguirle de lejos.
Pedro deseaba saber que pasaba con Jesús, pero o quería que nadie lo reconociera como uno de sus discípulos.
Aunque martirizado interiormente fue al patio y se sentó al fuego con los rudos criados del sumo sacerdote y participó en sus chistes y bromas fuera de tono.
Luego al ser reconocido e interpelado, tres veces negó cobardemente a Jesús. “Y entonces cantó el gallo”
El canto del gallo despertó a Pedro a la realidad.
Se acordó de lo que Jesús le había advertido y de lo que él había prometido.
En ese momento las miradas de Jesús y Pedro se encontraron. “los ojos de Pedro fueron atraídos hacia su maestro. En aquel amable semblante leyó profunda compasión y pesar, pero no había enojo” DTG pg. 659.
Una vez más miro a su maestro, y vio a una mano sacrílega que le hería en el rostro.
No puedo soportar ya más ver la escena, salió corriendo de la sala con el corazón quebrantado.
Siguió corriendo en la soledad y las tinieblas, sin saber no querer saber adónde. Por fin se encontró en el Getsemaní. En el mismo lugar donde Jesús había derramado su alma agonizante ante su Padre, cayo pedro sobre su rostro y deseo morir.
Fue allí donde Pedro lloró amargamente.
Apreciados hermanos nosotros también hemos negado a Jesús muchas veces, también hemos quebrantado nuestras promesas de fidelidad.
Pero la pregunta es ¿nos hemos arrepentido de nuestros pecados? ¿hemos llorado amargamente al romperle el corazón a Jesús por nuestra ingratitud y falta de fidelidad?
Si no lo hemos hecho es tiempo de que lo hagamos antes que sea demasiado tarde.
II. EL MUNDO UN VALLE DE LAGRIMAS
Cuando Adán peco dice que ceso la música en el cielo y los ángeles lloraron.
Con lágrimas Adán y Eva abandonaron su hogar edénico, y con lágrimas sepultaron a su hijo Abel.
Desde entonces nuestro mundo se ha convertido en un valle de lágrimas.
El sabio Salomón dice que para todo hay tiempo. Y el mismo dice que hay tiempo para reír y tiempo para llorar.
En el mundo muchos lloran de alegría y otros lloran de pesar y dolor.
Algunos lloran por sí mismos y algunos lloran por otros.
Algunos lloran por una bienvenida y otros lloran al decir adiós.
Algunos lloran sobre una tumba y otros lloran porque un ser querido va por malos caminos.
Algunos lloran por ser pobre y otros lloran porque temen perder sus riquezas.
Algunos lloran por temor a la muerte y otros lloran porque temen hacer frente a la vida.
También Cristo sabía lo que era sufrir y llorar. Isaías 53:3 dice “Varón de dolores, experimentado en quebranto”
Juan 11:35 describe que Jesús lloró en la tumba de su amigo Lázaro.
También Jesús lloro sobre Jerusalén porque no lo quiso reconocer como hijo de Dios. (Lucas 19:41, 42)
En el futuro tendremos que seguir llorando, pero no basta llorar, es necesario examinar las causas y los motivos que nos hacen llorar.
III. LAS LÁGRIMAS DE PEDRO ERAN LÁGRIMAS DE ARREPENTIMIENTO
No todas las lágrimas son saludables para nosotros mismos ni son agradables para Dios.
Puede haber lagrimas causadas simplemente por un dolor físico y que nada ayuda a nuestra alma.
Puede haber lágrimas de enojo, la ira o el desengaño.
Puede haber lágrimas por alguna ambición frustrada.
También puede haber lágrimas de resentimiento porque nuestro yo se siente herido.
Estas clases de lágrimas no tienen que ver con nada en relación con Dios o con nuestra salvación.
En cambio, las lágrimas de Pedro eran lágrimas de sincero arrepentimiento.
Pedro, aunque había fallado a Jesús, él verdaderamente lo amaba.
Él era sincero al decir que estaba dispuesto a morir por el Maestro.
Sus lágrimas eran de demostración del dolor que sentía por haber herido con su cobardía el tierno corazón de Jesús.
Ojalá hoy corrieran ríos de lágrimas, si son lágrimas de sincero arrepentimiento.
El rey David había cometido un grave pecado. En el salmo 32: el expresa su arrepentimiento “Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”
El peso del pecado lo hacía gemir y llorar, hasta que el arrepentimiento lo condujo a la confesión y el perdón.
María Magdalena, una mujer de la cual Jesús había echado siete demonios, demostró su arrepentimiento llorando y regando los pies de Jesús con sus lágrimas.
En el sermón del monte Cristo Dijo: “Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación. Mateo 5:4
El verdadero dolor por haber pecado, expresado con lágrimas, es el primer paso hacia el perdón y la rehabilitación espiritual.
Las lágrimas de arrepentimiento de Pedro, lo pusieron en el camino de regreso hacia el amado Maestro.
Hoy en día hace mucha falta esas lágrimas de arrepentimiento en el mundo.
Hoy quizás tu vida esta manchada, estas cargado de culpabilidad, llevas una carga de pecado sobre tu conciencia, te invito para que vayas sin demora como Pedro al Getsemaní a llorar, a derramar lágrimas de sincero arrepentimiento.
IV. NOSOTROS TAMBIÉN TENEMOS QUE LLORAR POR NUESTROS PECADOS.
¿Hay alguien que pretende estar libre de pecado?
La biblia dice “no hay justo ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se apartaron… No hay quien haga lo bueno. No hay ni aun uno. (Romanos 3:10-12)
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
(Isaías 53:6)
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. (1 juan 1:8)
Nunca debemos de adoptar la actitud del fariseo, pero si la del publicano según la parábola que Jesús conto y que quedo registrada en Lucas 18: 10-14.
El fariseo pretendía ser justo, sin culpas. El publicano vino arrepentido y humillado.
Existen en el mundo esas dos clases de pecadores que necesitan arrepentirse.
Algunos que nunca han sentido el verdadero arrepentimiento; nunca han hecho las paces con Dios.
Puede ser que haya otros que son miembros bautizados de alguna iglesia, pero si son sinceros reconocen que no han sido siempre fieles, y tienen que volver al Señor con arrepentimiento.
Unos y otros muchas veces tendremos que llorar a los pies de Jesús, por las faltas voluntarias o involuntarias que hemos cometido.
Sin más demora hagamos como Pedro, corramos a Jesús. Vamos corramos al Getsemaní y allí donde Jesús lloró y oró por los pecados de todos, derramemos lagrimas por nuestros pecados.
V. HAY ARREPENTIMIENTO FALSO Y VERDADERO
Verdadero arrepentimiento es sentir dolor por el pecado en sí, y no solamente lamentar las consecuencias.
Es necesario llorar por haber herido el corazón de Jesús con nuestros pecados, y no solamente por temor al castigo.
Arrepentimiento significa aborrecer el mal y no solamente tratar de recuperar alguna ventaja que hemos perdido por haber procedido mal.
Ejemplos de arrepentimientos falsos.
En el caso de Esaú, el cometió una grave falta. Desprecio el simbolismo de la primogenitura y la vendió a su hermano Jacob por un plato de comida.
Después cuando fue privado de la bendición que le correspondía a la primogenitura, lo lamento amargamente. Esaú cuando perdió la bendición lloró amargamente (Génesis 27:38)
Hablando de Esaú Pablo dice “Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (hebreos 12:17)
Esaú no experimento el verdadero arrepentimiento, solamente lloró para tratar de obtener con lágrimas la bendición que antes había despreciado.
En caso de Judas Iscariote, Jesús hizo grandes esfuerzos hasta el último momento para salvarlo de su ruina y perdición.
Todo fue inútil, Judas vendió a su Maestro por treinta piezas de plata y lo entregó con un beso traidor.
Al día siguiente “cuando el juicio se acercaba al fin, Judas ya no pudo soportar la tortura de su conciencia culpable. De repente una voz ronca cruzó la sala, haciendo estremecer de terror todos los corazones: Es inocente Perdónale Oh Caifás” DTG pg. 669
Luego Judas arrojó las treinta piezas de plata a los pies de los sacerdotes, salió de la sala y fue y se ahorcó.
“Judas no sintió verdadero arrepentimiento. Su confesión fue arrancada de su alma culpable por un terrible sentimiento de condenación en espera del juicio, pero no se sentía un profundo y desgarrador pesar por haber entregado al hijo de Dios” DTG pg. 669
Hay lágrimas de arrepentimiento verdaderos y hay lágrimas y arrepentimientos falsos.
Las lágrimas de arrepentimiento de Pedro eran verdaderas. Los de Judas eran falsos.
Vayamos a Jesús a tiempo, arrepentidos de nuestras faltas y pecados, no sé qué llegue el día cuando como Judas tengamos que exclamar: Demasiado tarde
CONCLUSIÓN
Como hemos visto en el tema de hoy es muy necesario pedir al Señor que nos dé arrepentimiento sincero y que nos ayude a apartarnos de todo mal.
Cuando Juan el bautista empezó a predicar decía “Arrepentíos que el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3: 1, 2)
Cuando Cristo comenzó a predicar dijo “Arrepentíos, que el reino del cielo se ha acercado” (Mateo 4:17)
Cuando en el día del pentecostés tres mil personas preguntaron: “Varones hermanos ¿Qué haremos?” la respuesta de Pedro fue “Arrepentíos, para perdón de vuestros pecados” (Hechos 2:37, 38)
Si en este momento alguien pregunta ¿Qué debo hacer? Mi respuesta es “Arrepiente”
LLAMADO
No es mera teoría, ni mero conocimiento lo que vale. Tenemos que practicar la verdad si es que queremos obtener la vida eterna.
No es suficiente saber lo que es arrepentimiento: no es suficiente saber que tenemos que arrepentirnos.
Es necesario venir ahora a los pies de Jesús arrepentido y depositar allí la carga de nuestros pecados.
El corazón humilde y quebrantado, enternecido con arrepentido apreciara algo del amor de Dios y del precio del calvario.
