UNA VIDA VICTORIOSA

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UNA VIDA VICTORIOSA
Josué 5: 13 – 15
Propósito: El propósito de este mensaje es motivar a la iglesia a ser fiel en todas las cosas. Y de esta manera poder ser victoriosos.
INTRODUCCIÓN
Muy buenos días hermanos, todos los seres humanos por naturaleza nacemos para ser victoriosos. Nadie de aquí levantaría la mano para decir que ha nacido para fracasar. Este principio esta desde la fecundación, miles de espermatozoides luchan por llegar al ovulo, enfrentan diferentes circunstancias y al final uno de ellos, el vencedor  fecunda el ovulo y en ese momento empieza a formarse un nuevo ser. Así fuimos concebidos, nacimos para ser vencedores, nacimos para ganar.    
Sin embargo estamos en un mundo donde sufrimos derrotas, y muchas de esas derrotas llegan en su gran mayoría porque no aprendemos a hacerle caso a Dios. Pero podemos decir que de las derrotas se aprende, aunque  hasta ahora no he encontrado a nadie que le guste ser derrotado o que luche para ser un fracasado.
En Josué, capítulo 6, encontramos el episodio de la victoria del pueblo de Israel sobre Jericó, una ciudad con murallas gigantes y fortificadas, protegida por un ejército fuertemente armado, gobernada por un rey poderoso y auto confiado.  Humanamente hablando, esta ciudad era impenetrable, era imposible de obtener la victoria sobre ella. Incluso cuarenta años antes ya había estado doce espías de los cuales diez de ellos habían descrito la ciudad como una ciudad imposible de conquistar. “Más el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac.  También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” Numeros 13: 28, 33
Sin embargo, ante esta situación los israelitas salieron victoriosos.
En el capítulo 7, nos encontramos con una situación inversa. Hai, era una ciudad que a los ojos humanos sería bastante más fácil de conquistar, sin embargo, el ejército de Israel tuvo una amarga y vergonzosa derrota.
La gran pregunta es: ¿Qué llevó a la nación de Israel a vencer en una batalla donde la victoria parecía imposible de alcanzar y a sufrir una derrota donde el desafío parecía mucho más fácil?
Hoy vamos a ver tres factores que llevaron a la victoria en Jericó y la derrota en Hai.
I. DEPENDENCIA DE DIOS VERSUS AUTOCONFIANZA
A. en Jericó dependencia de dios (Josué 5:13-15; 6:2) vs.
La Biblia revela que Josué antes de la batalla en Jericó demostró dependencia de Dios buscando la dirección y confirmación divinas (leer: Josué 5:13-15; 6:2).
Vea lo que dice la revelación profética sobre ese pasaje bíblico:
 “Josué veía que la toma de Jericó debía ser el primer paso en la conquista de Canaán. Pero ante todo buscó una garantía de la dirección divina; Se retiró del campamento para meditar y pedir en oración que el Dios de Israel fuera delante de su pueblo, vio a un guerrero armado, de alta estatura y aspecto imponente. Era Cristo, el Sublime, quien estaba delante, del jefe de Israel” (Patriarcas y profetas, p. 464.
Dios se reveló a Josué cuando este lo buscó retirándose del campamento para meditar y orar
(5:13-15). Y el Señor le garantizó la victoria afirmando: “Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra” (Jos. 6:2). Note que Dios no conjuga el verbo
“entregar” en tiempo futuro: “entregaré” sino en tiempo pasado: “entregado”. Es decir, en lo que dependa de Dios, el creyente no entra en una batalla para luchar “por la victoria”, sino “ya siendo victorioso”. ¿Amén?
En la búsqueda por una vida victoriosa, existen tres grupos de personas con tres diferentes maneras de actuar:
1. Los que hacen los mejores planes que son capaces y esperan que tengan éxito.
2. Los que hacen los mejores planes posibles y piden a Dios que los bendiga.
3. Y finalmente, los que le preguntan a Dios cuáles son sus planes y enseguida hacen aquello que el Señor les ordena.
No existe victoria sin dependencia diaria, constante e ininterrumpida de Dios.
B. En Hai autoconfianza (Josué 7:2-5)
En la batalla de Hai, no vemos a Josué buscando a Dios para recibir su dirección. Prefirió confiar en el informe de los espías y en la fuerza de su ejército. Y el resultado fue una derrota inesperada y vergonzosa (Jos. 7:2-5).
II. SEGUIR LAS INSTRUCCIONES DE DIOS VERSUS  SEGUIR LAS ESTRATEGIAS PROPIAS
A. En Jericó el pueblo siguió el plan de Dios y obtuvo la victoria (Josué 6:3-5)
Como resultado de la búsqueda de la dirección divina por parte de Josué, Jesús reveló su estrategia de guerra para derrotar la ciudad (leer Josué 6:3-5).
Sin embargo, la estrategia de Dios parecía algo extraña: el ejército de Israel debería rodear la ciudad una vez por día durante seis días, acompañado por un grupo de siete sacerdotes provistos cada uno con una trompeta de cuerno de carnero y, junto a ellos, el arca de la alianza.
Y en el séptimo día de la toma, el día de la batalla, día en que los soldados deberían estar más descansados para la pelea, Dios pidió que rodearan la ciudad siete veces.
Las instrucciones de Dios, a veces, parecen extrañas, inadecuadas o incluso cómicas. Pero el detalle es que siempre funcionan. Cuando las tropas israelitas dieron la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron las trompetas, el pueblo gritó, los muros se derrumbaron milagrosamente, y la nación de Israel tomó la ciudad.
El pueblo solo venció porque siguió las instrucciones del Señor. Así también, si queremos tener una vida de victorias, sea en el ámbito profesional, académico, familiar y, sobre todo, espiritual, necesitamos seguir las instrucciones de Dios descritas en su Palabra y en la revelación profética (espíritu de profecía). Si no seguimos las orientaciones divinas, no hay cómo ser victorioso.
A veces, esas directrices divinas parecen reemplazables, inadecuadas, o pasadas de moda para nuestros días, pero ellas permanecen y siempre funcionan porque son principios de Dios para protegernos de las derrotas.
B. En Hai – el pueblo siguió sus propias estrategias y fue derrotado (Josué 7:2-5)
Como en Hai no se buscó la dirección divina antes de salir a la guerra, Dios no tuvo la chance de mostrar sus instrucciones como ocurrió en Jericó, y el pueblo siguió sus propias estrategias y sufrió una derrota.
Dios tenía una estrategia definida para vencer la batalla de Hai (8:4-8). Pero como el pueblo no paró para buscarlo, y prefirió precipitarse en seguir sus propios planes, sufrieron una derrota con la pérdida de 36 vidas.
 Recordemos que seremos juzgados no solo por lo que sabíamos y no hicimos sino también por la oportunidad de hacerlo y la desperdiciamos.
Muchas derrotas dolorosas en la vida podrían ser evitadas si tan solo parásemos para oír y seguir las orientaciones divinas. Dios tiene una salida para cada desafío de nuestra vida, pero, a veces, recurrimos a todos los medios, menos a Aquel que tiene la solución para todas las cosas.
Dios respeta el libre albedrio, nuestra libertad de elegir. No nos revela lo que no queremos saber, no nos da aquello que no queremos recibir. Por eso él nos incita a orar y dice “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mat. 7:7, 8).
III. FIDELIDAD VERSUS DESHONESTIDAD
A. Fidelidad (Josué 6:17-19)
Luego de la gran conquista en Jericó, Dios pretendía continuar bendiciendo a la nación con otras victorias, pero antes, la lealtad del pueblo debía ser puesta a prueba. El mandamiento de Dios luego del éxito en Jericó fue claro y contundente. El pueblo debería destruir todo y a todos, con dos excepciones (leer Josué 6:17-19):
1. Rahab y su familia que estuviese dentro de su casa.
2. La plata, oro, bronce, o hierro que debía ser consagrado al Señor. Y para que no hubiera ninguna duda al respecto del verdadero dueño de aquellos recursos, Dios definió que aquellos bienes deberían ser llevados para “su tesoro”.
B. Deshonestidad (Josué 7:20-21)
Desgraciadamente, alguien decidió desobedecer al mandamiento del Señor. Acán decidió ignorar el precepto divino y se apropió de aquello que pertenecía a Dios. Cuando Josué indagó a Dios por el motivo por el cual el pueblo había sido derrotado en Hai, (Jos. 7:7), el Señor respondió enfáticamente: “Israel ha pecado… han tomado del anatema [refiriéndose a la capa babilónica que debería haber sido quemada con las otras cosas], y hurtaron” [refiriéndose al oro y la plata que deberían haber sido llevados al tesoro del Señor] (Jos. 7:11).
El pueblo fue derrotado porque le robó a Dios.
Así también, muchos fracasan en la vida porque se apropian de aquello que no les pertenece.
La Biblia dice: “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Mal. 3:9).
La fidelidad de Dios es imprescindible para una vida exitosa, pues ella determina si somos dignos de la confianza de Dios o no. ¿Cómo Dios nos va a confiar cosas mayores si no podemos ser honestos en cosas tan pequeñas? El deseo de Dios es decir con respecto a nosotros: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré” (Mat. 25:21). Dios desea hacernos canales de bendición, pero nuestro egoísmo y deshonestidad nos vuelven presa de estas bendiciones, impidiendo que ellas continúen siendo derramadas en nuestra vida.
El texto bíblico revela de manera implícita lo que llevó a Acán a apoderarse de aquello que pertenecía a Dios: la falta de discernimiento entre lo santo y lo secular.
Dios había considerado la plata, el oro, el bronce y el hierro como “consagrados al Señor”
(6:19). Cuando Acán los vio, los consideró como “despojos” (7:21).
Muchos se apropian de la propiedad de Dios porque no aprenden a discernir entre lo santo y lo común.
¿Sabe por qué muchos adventistas guardan el sábado relajadamente haciendo cosas ilícitas en el día del Señor? Porque lo ven solo como un día más, un día común, en lugar de considerarlo santo y sagrado.
¿Sabe por qué muchas veces nos apoderamos del diezmo del Señor? Porque cuando recibimos nuestras rentas y las consideramos como solo dinero cuando en realidad parte de ella, el 10%, es santo y sagrado al Señor.
Por no respetar lo que es santo y sagrado el pueblo fue derrotado en Hai. Así también, si queremos obtener una vida victoriosa, necesitamos ser honestos y fieles para con Dios y no apoderarnos de aquello que le pertenece.
CONCLUSIÓN
Hoy hemos estudiado los principios para tener una vida victoriosa en Dios. Necesitamos depender completamente, seguir sus instrucciones y ser fieles.
 
Todo lo que Dios nos pide no es para Él, sino para nuestro beneficio. La mayordomía es Dios queriendo hacernos victoriosos en todos los aspectos de la vida, sobre todo el espiritual. Pero para eso, Él prueba nuestra lealtad.
Si es el Dueño de mi tiempo, necesito probar eso, dedicando las primicias de mi tiempo a Él todos los días en la primera hora de la mañana.
Si Dios es el Señor de mi vida, necesito probar eso, siguiendo todas las instrucciones contenidas en su Palabra.
Si Dios es Dueño de mis posesiones, necesito probar eso, siendo honesto, y devolviendo aquello que le pertenece: el diezmo fiel y las ofrendas voluntarias.
Haciendo esto, seremos victoriosos, construiremos un carácter semejante al de Cristo, probaremos nuestra lealtad al Señor, y escucharemos su melodiosa voz un día: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mat.
25:21).
¿A cuántos les gustaría escuchar esas palabras?
LLAMADO
Un día, “el Príncipe del ejército del Señor” (Jos. 5:15) volverá para elegir a sus súbditos que vivirán con él en los palacios del cielo. Él no elegirá por las apariencias, sino por la integridad de carácter, única cosa que llevaremos de esta Tierra. “porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”
(1 Sam. 16:7).
“No es de los fuertes la victoria, ni de los que corren mejor, sino de los fieles y sinceros, como nos dice el Señor”.
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