La economía de Dios: Tiempo para Dios - Marcos 1:35–39
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Durante las últimas tres semanas hemos ido construyendo una verdad sobre otra.
Primero aprendimos que el tiempo le pertenece a Dios.
Después descubrimos que cada día tiene un valor inmenso, porque nuestros días son breves y limitados.
La última semana entendimos que no basta con tener tiempo; debemos redimir las oportunidades que Dios pone delante de nosotros.
Pero hoy llegamos a una pregunta decisiva.
¿Cuál debe ser la primera inversión que hagamos con el tiempo que Dios nos concede cada día?
Escuchemos lo que dice:
1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;
Salomón llega al final de Eclesiastés después de haber demostrado que todo lo que este mundo ofrece, cuando ocupa el lugar de Dios, termina siendo vanidad.
Después de hablar del trabajo, los placeres, las riquezas, la sabiduría humana y el paso del tiempo, concluye con un llamado urgente:
“Acuérdate de tu Creador.”
Notemos que no dice:
“Acuérdate de Dios cuando tengas tiempo.”
Tampoco dice:
“Cuando termines tus responsabilidades.”
Ni mucho menos:
“Cuando seas mayor, cuando te jubiles o cuando ya no tengas tantas ocupaciones.”
Dice:
“Acuérdate de tu Creador.”
Es decir, dale a Dios el lugar que le corresponde mientras todavía tienes fuerzas, oportunidades y vida.
Porque el problema no es olvidar que Dios existe.
El problema es vivir como si pudiéramos organizar nuestra vida sin Él.
Salomón nos recuerda que la mejor etapa para buscar a Dios no es cuando ya no nos queda nada, sino cuando todavía podemos entregarle lo mejor de nosotros.
Y hay una razón muy sencilla para eso.
Cuando Dios ocupa el lugar que le corresponde, todo lo demás comienza a encontrar su lugar.
Y nadie entendió mejor este principio que nuestro Señor Jesucristo.
Aun teniendo las mayores demandas de su ministerio, nunca permitió que las multitudes ocuparan el lugar que pertenecía al Padre.
Antes de enseñar, sanar, predicar y servir, Jesús buscaba estar a solas con Dios.
Abramos ahora nuestras Biblias en Marcos 1:35-39,
donde veremos que antes de trabajar para el Padre, Jesús decidió estar con el Padre,
enseñándonos que la mejor inversión del tiempo siempre comienza en la presencia de Dios.
TEXTO BASE
TEXTO BASE
35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. 36 Y le buscó Simón, y los que con él estaban; 37 y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. 38 El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. 39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.
CONTEXTUALIZACIÓN
CONTEXTUALIZACIÓN
1. Una madrugada después de un día extraordinario
1. Una madrugada después de un día extraordinario
Para entender este pasaje debemos mirar lo que ocurrió unas horas antes.
Jesús había vivido probablemente uno de los días más intensos desde que comenzó su ministerio público.
En la sinagoga de Capernaum enseñó con autoridad y expulsó un espíritu inmundo (Mr. 1:21-28).
Luego fue a la casa de Simón y sanó a la suegra de Pedro (Mr. 1:29-31). Pero el día no terminó allí.
Marcos nos dice que, al ponerse el sol, comenzaron a llegar personas de toda la ciudad trayendo enfermos y endemoniados.
De hecho, el versículo 33 afirma:
“Toda la ciudad se agolpó a la puerta.”
Fue un día agotador, lleno de enseñanza, milagros, necesidades humanas y demandas constantes.
Cuando llegamos al versículo 35, Jesús no viene de un tiempo de descanso, sino de una jornada extraordinariamente intensa.
2. Capernaum se había convertido en el centro del ministerio de Jesús
2. Capernaum se había convertido en el centro del ministerio de Jesús
Estos acontecimientos ocurren en Capernaum,
una ciudad ubicada junto al mar de Galilea que Jesús utilizó como base durante gran parte de su ministerio en esa región.
Era una ciudad estratégica.
Por allí pasaban importantes rutas comerciales y constantemente llegaban personas de distintos lugares.
Eso permitía que las noticias acerca de Jesús se difundieran rápidamente.
Por eso no resulta extraño que,
después de los milagros del día anterior,
al amanecer ya hubiera personas buscándolo nuevamente.
Su fama estaba creciendo y las multitudes comenzaban a seguirlo cada vez más.
3. Marcos presenta a un Salvador siempre en movimiento
3. Marcos presenta a un Salvador siempre en movimiento
El Evangelio de Marcos tiene un ritmo muy particular. Constantemente encontramos expresiones como “enseguida”, “luego” o “inmediatamente”. Marcos presenta a Jesús como el Siervo perfecto que siempre está sirviendo, enseñando, sanando y avanzando hacia el cumplimiento de la misión que el Padre le encomendó.
Precisamente por eso este pasaje llama tanto la atención.
En medio de un ministerio que parecía no detenerse y de una multitud que seguía buscándolo, Marcos decide mostrarnos un momento de absoluta intimidad entre el Hijo y el Padre.
Y esa escena será la que nos enseñe una de las lecciones más importantes sobre la economía de Dios: cómo invertir correctamente el tiempo cuando las demandas de la vida parecen no tener fin.
DESARROLLO
DESARROLLO
I. ANTES DE SERVIR AL PADRE, JESÚS ESTUVO CON EL PADRE vv.35 (Sal. 5:3; Sal. 63:1; Jn. 15:4–5)
I. ANTES DE SERVIR AL PADRE, JESÚS ESTUVO CON EL PADRE vv.35 (Sal. 5:3; Sal. 63:1; Jn. 15:4–5)
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.”
Interpretación y explicación
Interpretación y explicación
Después de uno de los días más intensos de su ministerio, Marcos nos presenta una escena que rompe toda lógica humana.
Jesús había predicado.
Había sanado enfermos.
Había expulsado demonios.
Toda una ciudad lo buscaba.
Humanamente, cualquiera pensaría que necesitaba descansar un poco más.
Sin embargo, el texto dice:
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro…”
Jesús decidió encontrarse con el Padre antes de encontrarse con las multitudes.
Antes de atender personas.
Antes de resolver problemas.
Antes de comenzar el ministerio.
La primera inversión de su día no fue el trabajo.
Fue la comunión con Dios.
Marcos continúa diciendo:
”…salió y se fue a un lugar desierto…”
No porque aquel lugar tuviera algo especial,
sino porque entendía que la comunión con el Padre requería apartarse del ruido.
Jesús buscó intencionalmente un lugar donde nada distrajera ese encuentro.
Y finalmente leemos:
”…y allí oraba.”
Marcos no nos dice cuánto tiempo oró.
Porque el énfasis no está en la duración.
Está en la prioridad.
Lo primero que ocupó el corazón de Jesús aquella mañana fue su relación con el Padre.
David expresa ese mismo anhelo cuando escribe:
3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz;
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.
1 Dios, Dios mío eres tú;
De madrugada te buscaré;
Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
En tierra seca y árida donde no hay aguas,
Observemos que el énfasis no está en una hora determinada, sino en un corazón que decide darle a Dios el primer lugar.
Jesús mismo explicó por qué esto era indispensable.
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
No dijo que sin Él haríamos menos.
Dijo que nada de verdadero valor eterno puede producirse separados de Él.
Por eso la oración, la Palabra y la comunión con Dios no son una pausa dentro de la vida cristiana.
Son la fuente de donde nace una vida que verdaderamente agrada al Señor.
Aplicación
Aplicación
Vivimos en una generación que muchas veces conoce el rostro del celular antes que el rostro de Dios.
Despertamos revisando mensajes.
Noticias.
Redes sociales.
Trabajo.
Y cuando el día ya está lleno, decimos:
“Hoy no tuve tiempo para Dios.”
Pero el problema casi nunca es la falta de tiempo.
Es el orden de nuestras prioridades.
Aquí recordamos a Marta y María.
Marta estaba haciendo algo bueno: servir al Señor.
Pero Jesús le dijo:
“Marta, Marta… afanada y turbada estás con muchas cosas; pero solo una cosa es necesaria.” (Lc. 10:41-42).
Marta trabajaba para Cristo.
María estaba con Cristo.
Y Jesús dejó claro cuál era la prioridad.
Podemos servir en la iglesia…
Criar una familia…
Trabajar arduamente…
Incluso hacer muchas cosas para Dios…
Y aun así descuidar aquello que sostiene todo lo demás:
Nuestra comunión con Él.
Porque antes de trabajar para Dios…
Necesitamos estar con Dios.
Preguntas al corazón
Preguntas al corazón
¿Quién recibe los primeros pensamientos y los primeros minutos de tu día?
¿Qué está ocupando el lugar que solo le corresponde a tu comunión con el Señor?
Si Dios revisara hoy tu agenda, ¿encontraría que realmente ocupa el primer lugar?
Antes de trabajar para Dios, aprende a estar con Dios.
II. JESÚS NO PERMITIÓ QUE LAS DEMANDAS GOBERNARAN SU AGENDA vv.36–38 (Lc. 10:41–42; Mt. 6:33; Jn. 4:34)
II. JESÚS NO PERMITIÓ QUE LAS DEMANDAS GOBERNARAN SU AGENDA vv.36–38 (Lc. 10:41–42; Mt. 6:33; Jn. 4:34)
“Y le buscó Simón, y los que con él estaban; y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.”
Interpretación y explicación
Interpretación y explicación
Después de su tiempo de oración aparece una frase que cualquiera de nosotros habría considerado una excelente noticia:
“Todos te buscan.”
Desde una perspectiva humana, era el momento perfecto para quedarse.
La ciudad estaba respondiendo.
La gente quería escucharlo.
Los enfermos seguían llegando.
Su popularidad iba creciendo.
Pero Jesús responde de una manera inesperada:
“Vamos a los lugares vecinos… porque para esto he venido.”
¿Por qué no se quedó?
Porque las multitudes no dirigían su vida; el Padre sí.
Jesús no tomó decisiones basándose en la presión de la gente, sino en el propósito que había recibido de Dios.
Eso es precisamente lo que había ocurrido en la oración.
Allí no solo encontró descanso; encontró dirección.
En varias ocasiones Jesús declaró que su prioridad era hacer la voluntad del Padre.
34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
Así como el alimento sostiene el cuerpo, la voluntad del Padre sostenía toda la vida de Jesús.
Y por eso nunca permitió que lo urgente desplazara lo importante.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Observemos la palabra “primeramente.”
No significa únicamente primero en orden cronológico.
Significa primero en prioridad.
El Reino de Dios debía gobernar todas las demás áreas de la vida.
Por eso Jesús nunca vivió reaccionando a las circunstancias. Vivió respondiendo al propósito del Padre.
Aplicación
Aplicación
Uno de los mayores enemigos de nuestra vida espiritual no siempre es el pecado.
Muchas veces son las muchas ocupaciones.
Vivimos apagando incendios.
Corremos de una responsabilidad a otra.
Respondemos mensajes todo el día.
Siempre hay alguien que nos necesita.
Siempre aparece un problema nuevo.
Y poco a poco dejamos que las urgencias decidan cómo vivimos.
Terminamos diciendo:
“No tuve tiempo para orar.”
“No tuve tiempo para leer la Biblia.”
“No tuve tiempo para mi esposa.”
“No tuve tiempo para mis hijos.”
“No tuve tiempo para congregarme.”
Pero la realidad es otra.
Siempre encontramos tiempo para aquello que realmente consideramos una prioridad.
Por eso vuelve a nuestra mente la historia de Marta y María.
Marta estaba ocupada haciendo muchas cosas para Jesús.
María estaba sentada escuchando a Jesús.
Jesús no condenó el servicio de Marta.
Confrontó el hecho de que las muchas ocupaciones habían desplazado la única cosa necesaria.
Qué fácil es caer en el mismo error.
Podemos trabajar para Dios… y dejar de caminar con Dios.
Podemos llenar la agenda… y vaciar el corazón.
No permitas que las demandas de la vida gobiernen tu agenda.
Permite que sea Dios quien la gobierne.
Preguntas al corazón
Preguntas al corazón
¿Qué está dirigiendo hoy tus decisiones: las demandas de la vida o la voluntad de Dios?
¿Qué cosas urgentes han desplazado las prioridades eternas en tu hogar?
Si quitaras de tu agenda todo lo que no glorifica a Dios, ¿qué quedaría realmente?
Cuando las demandas gobiernan tu agenda, Dios termina recibiendo el tiempo que sobra.
III. LA COMUNIÓN CON DIOS DA DIRECCIÓN A TODA NUESTRA VIDA vv.39 (Jn. 8:29; Pr. 3:5–6; Col. 3:17)
III. LA COMUNIÓN CON DIOS DA DIRECCIÓN A TODA NUESTRA VIDA vv.39 (Jn. 8:29; Pr. 3:5–6; Col. 3:17)
“Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.”
Interpretación y explicación
Interpretación y explicación
El versículo 39 parece una simple conclusión del relato,
pero en realidad nos muestra el resultado de todo lo que hemos visto.
Después de buscar al Padre…
Después de resistir la presión de las multitudes…
Jesús continúa la misión que el Padre le había encomendado.
Marcos dice:
“Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea…”
Jesús no se quedó en el lugar de oración todo el día.
La comunión con Dios nunca fue una excusa para dejar de servir.
Al contrario, fue el impulso para servir mejor.
La oración no reemplazó la misión.
La fortaleció.
Y añade:
”…y echaba fuera los demonios.”
Jesús siguió haciendo exactamente aquello para lo cual había venido.
Nada lo desvió de su propósito.
Ni el éxito.
Ni la popularidad.
Ni las expectativas de la gente.
Porque quien ya recibió dirección de Dios no necesita vivir buscando la aprobación de los hombres.
Eso explica por qué Jesús podía decir en Juan 8:29
29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.
Esa era la brújula de su vida.
No preguntaba qué era más fácil.
Ni qué era más popular.
Ni qué era más conveniente.
Preguntaba qué agradaba al Padre.
Y esa sigue siendo la marca de un verdadero discípulo.
Por eso Proverbios nos recuerda:
5 Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
6 Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.
No promete una vida sin dificultades.
Promete una vida dirigida por Dios.
Y Pablo añade en:
17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Notemos la palabra “todo.”
No solamente el culto.
No solamente el ministerio.
También el trabajo.
La familia.
Los estudios.
Las conversaciones.
El descanso.
Cuando Dios gobierna nuestro corazón, toda la vida se convierte en un acto de adoración.
Eso es lo que vemos en Jesús.
Su tiempo con el Padre transformó todo su tiempo con las personas.
Aplicación
Aplicación
Muchas personas dividen su vida en dos.
Está el tiempo para Dios…
Y está el tiempo para “la vida real.”
Pero Jesús nunca hizo esa separación.
Su tiempo con el Padre daba sentido a todo lo demás.
Así debería ocurrir con nosotros.
Nuestra comunión con Dios debería cambiar la manera en que trabajamos.
La paciencia con la que tratamos a nuestros hijos.
La forma en que hablamos con nuestro cónyuge.
La honestidad con la que hacemos negocios.
La actitud con la que servimos en la iglesia.
No se trata de dedicar una hora a Dios para luego vivir el resto del día como si Él no estuviera presente.
Se trata de pasar tiempo con Dios para vivir todo el día con Dios.
Porque una hora de comunión sincera puede cambiar la manera en que vivirás las siguientes veintitrés.
La verdadera evidencia de haber estado con Dios no es cuánto tiempo oraste.
Es cómo vives cuando termina la oración.
Preguntas al corazón
Preguntas al corazón
¿Las personas que viven contigo pueden notar que has estado con Dios?
¿Tu tiempo de comunión está transformando tu manera de vivir o solo alimentando una rutina religiosa?
Si Dios ordenara hoy completamente tu vida, ¿qué tendría que cambiar primero?
El tiempo que pasas con Dios debe transformar el tiempo que pasas con los demás.
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
Marcos 1:35–39 revela que Jesús hizo de la comunión con el Padre la prioridad que gobernaba toda su vida. Antes de responder a las multitudes, buscó la dirección de Dios; y esa comunión ordenó su misión, sus decisiones y su servicio. La verdadera mayordomía del tiempo comienza siempre en la presencia del Padre.
VERDAD PRINCIPAL
VERDAD PRINCIPAL
Dale a Dios el primer lugar en tu tiempo, permanece en comunión con Él y permite que su presencia gobierne cada decisión de tu vida.
APLICACIÓN
APLICACIÓN
Para el creyente maduro
Para el creyente maduro
Has aprendido a servir, enseñar y asumir responsabilidades, pero nunca permitas que el ministerio sustituya tu comunión con Dios.
El mayor peligro no es abandonar el servicio; es seguir sirviendo cuando tu corazón ya se ha alejado del Señor.
¿Sigues disfrutando la presencia de Dios o solamente estás sosteniendo un ministerio?
¿Tu vida privada refleja la misma intimidad con Cristo que tu vida pública?
Nunca permitas que tu servicio para Dios sea mayor que tu comunión con Dios.
Para el creyente inmaduro
Para el creyente inmaduro
Tal vez llevas años asistiendo a la iglesia, pero todavía dependes de las emociones, de los cultos o de otros creyentes para buscar a Dios.
Ha llegado el momento de dejar de vivir de la fe prestada y construir una relación personal con Cristo.
¿Cuándo fue la última vez que buscaste a Dios porque lo amabas y no porque estabas en problemas?
¿Qué excusa sigues usando para no apartar un tiempo diario para Él?
Una fe que solo vive en la iglesia difícilmente sobrevivirá durante la semana.
Para el nuevo creyente
Para el nuevo creyente
No intentes empezar la vida cristiana haciendo muchas cosas.
Empieza conociendo mejor a Cristo.
Antes de querer hacer grandes obras para Dios,
aprende a sentarte cada día a sus pies.
Allí crecerá tu fe, tu carácter y tu obediencia.
¿Qué espacio fijo de tu día le entregarás al Señor esta misma semana?
Las raíces profundas siempre crecen antes que los grandes frutos.
Para quien aún no ha creído
Para quien aún no ha creído
Quizá has llenado tu vida de trabajo, metas, estudios, dinero o familia, pero ninguna de esas cosas puede ocupar el lugar que solo le pertenece a Dios.
Fuiste creado para vivir en comunión con tu Creador,
y mientras Cristo no gobierne tu vida,
siempre habrá un vacío que nada de este mundo podrá llenar.
¿Qué estás poniendo en el primer lugar que solo Cristo merece?
¿Qué sentido tiene ganar tantas cosas si sigues viviendo lejos de Dios?
La mayor pérdida no es no tener tiempo para Dios; es vivir toda una vida sin Él.
CIERRE
CIERRE
Iglesia, hoy no hemos aprendido simplemente que debemos orar más.
Hemos aprendido algo mucho más profundo.
La primera inversión que Dios espera de nuestra vida no es nuestro dinero, ni nuestro trabajo, ni siquiera nuestro servicio.
Es nuestro corazón.
Y el corazón siempre se entrega primero a través del tiempo.
Si somos honestos, muchos hemos vivido exactamente al revés.
Le hemos dado a Dios lo que nos sobra.
Si queda tiempo, oramos.
Si queda tiempo, leemos la Palabra.
Si queda tiempo, congregamos.
Si queda tiempo, buscamos su rostro.
Y mientras tanto, llenamos nuestros días de trabajo, responsabilidades, preocupaciones, entretenimiento y compromisos que terminan gobernando nuestra agenda.
Pero Jesús nos mostró otro camino.
Antes de hablar con la gente, habló con el Padre.
Antes de enfrentar las demandas, buscó la presencia de Dios.
Antes de trabajar para el Reino, estuvo con el Rey.
Y allí está la diferencia entre una vida simplemente ocupada y una vida verdaderamente fructífera.
Quizá el problema no es que estés haciendo demasiadas cosas.
Quizá el problema es que estás intentando hacerlas sin permanecer cerca de Cristo.
Hoy el Señor nos invita a regresar.
No a una rutina religiosa.
No a cumplir un horario.
Nos llama a volver a disfrutar de su presencia.
A abrir nuevamente la Biblia con hambre.
A volver a hablar con Él como un hijo habla con su Padre.
A descubrir que la comunión con Dios no nos quita tiempo; le da sentido a todo nuestro tiempo.
Y si hoy reconoces que has dejado al Señor para el final de tu agenda, no salgas de este lugar con culpa.
Sal con arrepentimiento y esperanza.
Porque Cristo no solo perdona nuestras prioridades desordenadas; también puede ordenar nuevamente nuestra vida.
Todavía estás a tiempo de comenzar de nuevo.
Todavía puedes decidir que mañana las primeras palabras de tu día sean para Dios.
Todavía puedes hacer de Cristo el centro de tu agenda y no un espacio entre tus actividades.
Iglesia, no desperdiciemos la economía de Dios.
Démosle al Señor lo primero y lo mejor de nuestro tiempo.
Porque cuando Dios ocupa el primer lugar en nuestros días, también ocupa el primer lugar en nuestro corazón.
Invierte bien la economía de Dios.
No permitas que Dios reciba los minutos que te sobran; entrégale los primeros momentos de tu vida, y Él dará dirección a todo lo demás.
