Nuestra urgente necesidad del Espíritu Santo
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Romanos 15.13,19
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.
Idea central: La iglesia sólo puede crecer espiritualmente y cumplir eficazmente su misión cuando depende completamente del poder del Espíritu Santo.
Objetivo: Que la iglesia reconozca su absoluta dependencia del Espíritu Santo para vivir una vida cristiana saludable y cumplir la Gran Comisión.
Introducción
Introducción
Hermanos y hermanas, vivimos en una época verdaderamente sin precedentes en la historia del cristianismo. Si miramos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que existen abundantes recursos para la iglesia contemporánea. Tenemos cosas que los creyentes de los primeros siglos, e incluso los de hace cien años, jamás habrían imaginado.
Hoy en día contamos con:
Edificios cómodos y climatizados.
Tecnología de punta, luces y sonido impecable.
Programas estructurados para cada grupo de edad.
Capacitación teológica al alcance de un clic.
Estrategias de crecimiento y marketing eclesiástico.
Redes sociales que pueden llevar un mensaje al otro lado del mundo en segundos.
Sin embargo, a pesar de tener todo esto, debemos ser honestos delante del Señor: muchas iglesias poseen todas estas ventajas y siguen siendo trágicamente débiles en lo espiritual. Vemos congregaciones inmensas pero superficiales; vemos mucho ruido, pero poca transformación. Tenemos la maquinaria, pero nos falta el fuego.
Ante este panorama, la pregunta que solemos hacernos en nuestras juntas de liderazgo es: ¿Qué nos hace falta? Pensamos que necesitamos un mejor proyector, un nuevo currículo para la escuela dominical, o una estrategia de redes sociales más agresiva. Pero esa es la pregunta equivocada.
La pregunta correcta es: ¿Quién nos hace falta?
El apóstol Pablo responde a esta interrogante de manera contundente dos veces en el capítulo 15 de su epístola a los Romanos. Él nos dice que la llenura de gozo, paz y esperanza viene "...por el poder del Espíritu Santo" (v. 13). Y luego, al hablar de su tremendo éxito misionero y evangelístico, atribuye cada victoria a que fue hecha "...en el poder del Espíritu de Dios" (v. 19).
El gran predicador Charles Spurgeon afirmaba con profunda convicción que:
Todo el poder de la iglesia para su obra externa es estrictamente proporcional al poder espiritual que mora dentro de ella.
Y ese poder depende de una sola Persona divina: el Espíritu Santo. Hoy vamos a explorar por qué nuestra necesidad más urgente no es material ni metodológica, sino puramente espiritual.
I. El Espíritu Santo da vida a la iglesia
I. El Espíritu Santo da vida a la iglesia
Observemos nuevamente Romanos 15:13: "...para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo."
Spurgeon nos recuerda una verdad que a menudo olvidamos: toda la vida espiritual que existe en este mundo es, única y exclusivamente, la creación del Espíritu Santo. Antes de que Él interviniera, nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. No teníamos suficiente vida ni siquiera para darnos cuenta de nuestra propia muerte, ni la luz para percibir nuestras tinieblas. Estábamos bajo sentencia, soñando que éramos ricos cuando en realidad estábamos desnudos y miserables.
Si el Espíritu Santo se retirara de nosotros hoy, la iglesia dejaría de ser un cuerpo vivo y se convertiría instantáneamente en un "osario", un cementerio de almas.
No existe, mis hermanos:
Una fe viva y salvadora sin el Espíritu Santo.
Una esperanza que sostenga en las pruebas sin el Espíritu Santo.
Un gozo verdadero y profundo sin el Espíritu Santo.
Un crecimiento espiritual genuino sin el Espíritu Santo.
Él es quien produce la regeneración inicial. Él es quien produce el crecimiento diario. Y Él es quien nos da la fuerza para la perseverancia final. Así como la hierba verde es producción Suya, también lo es el grano maduro de la fe adulta.
Aplicación pastoral:Una iglesia puede tener una doctrina perfectamente ortodoxa. Puede tener una música que suene celestial. Puede tener programas excelentemente administrados. Pero si el Espíritu no obra, todo se vuelve un movimiento mecánico.
Sin la obra del Espíritu Santo, todo nuestro esfuerzo sería como el movimiento de un cadáver sacudido por una corriente eléctrica: impresiona por un momento, pero sigue siendo un cuerpo sin vida.
No basta con hacer actividades religiosas de domingo a domingo; necesitamos vida. Y la vida sólo la da el Señor y Dador de vida.
II. El Espíritu Santo transforma el interior antes de transformar el exterior
II. El Espíritu Santo transforma el interior antes de transformar el exterior
Es imposible pretender tener un impacto en nuestra ciudad si no hay una transformación real dentro de las cuatro paredes de nuestro corazón. Permitanme ilustrar esto, con ejemplos de la vida cotidiana y de la naturaleza que son sumamente esclarecedores.
La ilustración de la casa con nieve:Imagina un frío día de invierno en una aldea. Ha caído una gruesa capa de nieve. Caminas por la calle y notas una hilera de casas. En una de ellas, la nieve ha desaparecido casi por completo del techo, mientras que en la casa de al lado, el techo sigue sepultado bajo un grueso bloque de hielo. ¿Por qué la diferencia? No tienes que entrar para saberlo. Sabes que dentro de la primera casa hay un fuego encendido; el calor sube y derrite la nieve afuera. La otra casa está vacía, no hay fuego en el hogar, y por eso el hielo permanece.
Principio espiritual:El calor interior produce cambios exteriores. En la misma medida que hay calor adentro, habrá derretimiento afuera. Lo mismo ocurre con la iglesia. Cuando vemos congregaciones cubiertas por una densa capa de mundanalidad y formalismo frío, es porque no hay fuego en el interior. Pero si los corazones de los creyentes arden con el amor divino por el Espíritu de Dios, veremos los males derretirse y desaparecer.
La ilustración del río Nilo:Otra imagen hermosa es la del río Nilo en Egipto. El desbordamiento de este río determinaba la fertilidad de las tierras egipcias. Sin embargo, esa crecida no dependía de lo que pasara en Egipto, sino de que los lejanos lagos del centro de África estuvieran llenos por el derretimiento de las nieves. Si no había agua en las fuentes superiores, no habría inundación que trajera vida al cauce inferior.
Así también es nuestra vida ministerial y pública. Nuestro servicio público y visible depende absoluta y totalmente de nuestra comunión privada con Dios. Si los lagos superiores de nuestra oración en secreto no están saturados, el río de nuestro servicio cristiano jamás llegará a un nivel de impacto.
Aplicación pastoral:No podemos extraer de la iglesia lo que no está contenido en ella. El depósito tiene que estar lleno antes de que pueda verter un torrente. No podemos repartir pan a las multitudes hambrientas desde una cesta vacía. Por lo tanto, hermano, si estás seco espiritualmente, no intentes salvar al mundo todavía; entra a tu aposento, cierra la puerta, y clama al Espíritu Santo para que llene el depósito de tu alma.
III. El Espíritu Santo prepara a la iglesia para cumplir su misión
III. El Espíritu Santo prepara a la iglesia para cumplir su misión
Volvamos al texto en Romanos 15:19: "...con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios..."
Pablo conquistó territorios enteros para Cristo porque estaba revestido de la energía sagrada del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que consuela a la iglesia es el que la capacita para invadir los territorios del enemigo.
Veamos siete maravillosas obras o ministerios del Espíritu Santo que son indispensables tanto para la salud interna de la iglesia como para su misión externa misionera:
1. Él da vida a los muertos: Como ya mencionamos, somos nosotros quienes llevamos la semilla, pero si la semilla está muerta, no habrá cosecha. Sólo el Espíritu Santo hace que la Palabra caiga en el corazón como una semilla viva que germina.
2. Él ilumina nuestro entendimiento: El Espíritu es quien inspiró la Biblia, y sólo Él puede enseñarnos su sentido íntimo y vital. Conocer la letra no salva; el Espíritu debe transferir esa verdad al corazón y prenderle fuego. La ignorancia espiritual engendra arrogancia, orgullo, herejías y cismas. Si hemos de enseñar a otros, primero debemos ser iluminados por Él.
3. Él produce el espíritu de adopción: Nos libra de ver el servicio a Dios como una carga de esclavos. Nos da un corazón de hijos que claman "¡Abba, Padre!". Y déjenme decirles algo: el mundo no es atraído por cristianos miserables que sirven por miedo; el mundo es atraído cuando ve a hijos felices y confiados en el amor de su Padre.
4. Él nos santifica: La iglesia lleva en su frente las palabras "Santidad a Jehová". La santidad no es cumplir reglas secas; es consagrar nuestra humanidad a la voluntad de Dios. Una iglesia profana no puede reprender al mundo, de la misma manera que el testimonio de los demonios no era aceptable para Cristo.
5. Él impulsa a orar: La fuerza de una iglesia se mide con precisión por su nivel de oración. Toda súplica genuina es obrada en nosotros por el Espíritu de gracia y súplicas. Si queremos que el mundo ore al arrepentirse, nosotros debemos ser movidos a orar primero por el Espíritu.
6. Él crea verdadera comunión: Si hemos permanecido juntos en paz, no es por nuestro buen carácter, sino por el amor del Espíritu. Las divisiones son nuestra debilidad y el escarnio del mundo; sólo el Espíritu nos une como un cuerpo vivo.
7. Él nos consuela y aboga por nosotros (El Paráclito): Como Consolador, nos sostiene en la aflicción porque "el gozo del Señor es nuestra fortaleza". Como Abogado, Él nos da la mejor evidencia contra el mundo incrédulo: el milagro permanente de vidas transformadas. Cuando un avaro se vuelve generoso, o un blasfemo habla con pureza, esa es la apologética irrefutable del Espíritu Santo.
Aplicación pastoral: La iglesia no evangeliza eficazmente simplemente porque organiza campañas masivas o imprime miles de folletos. Evangeliza porque está llena del Espíritu Santo. Las almas no se ganan con argumentos intelectuales vacíos, se ganan cuando el Espíritu convence de pecado, justicia y juicio.
IV. Sin el Espíritu Santo todo esfuerzo es insuficiente
IV. Sin el Espíritu Santo todo esfuerzo es insuficiente
Si perdemos de vista nuestra dependencia del Espíritu, caeremos en el grave error de confiar en la carne. Podemos intentar hacer la obra de Dios a nuestra manera, pero el resultado será nulo.
Podemos predicar como máquinas. Podemos enseñar en la escuela dominical como máquinas. Podemos cantar himnos y orar como máquinas.
En los días de Spurgeon, él se asombraba de un invento parisino: una "máquina que habla". Hoy nosotros tenemos máquinas mucho más sofisticadas. Tenemos inteligencia artificial, tenemos grabaciones perfectas, tenemos transmisiones en vivo en alta definición. Pero escúchenme bien: los hombres pueden estar impresionados con la tecnología, pero la tecnología no salva a nadie.
Imaginemos a un predicador muerto predicando un sermón muerto a pecadores muertos. Podría ser un ensayo hermoso, con palabras refinadas que huelen a erudición humana, pero si no tiene la unción celestial, ¿qué bien puede hacer?. Intentar salvar a un pecador con mera elocuencia es como tratar de calmar un huracán recitando poesía. ¡Es absurdo!
Ejemplos actuales:
Podemos tener las mejores pantallas LED en el santuario.
Podemos tener un excelente diseño de sonido.
Podemos tener videos virales en redes sociales.
Pero nada de eso sustituye la obra del Espíritu Santo. La tecnología puede, en el mejor de los casos, transmitir las vibraciones sonoras de un sermón hasta nuestros oídos. Pero
sólo el Espíritu Santo puede transportar ese mensaje desde el oído hasta lo más profundo de un corazón endurecido y transformarlo.
Somos meras plumas en la mano del Espíritu; sin Él, no podemos escribir ni una sola letra de gracia en las tablas del corazón humano.
V. La iglesia debe depender diariamente del Espíritu Santo
V. La iglesia debe depender diariamente del Espíritu Santo
Esta urgencia que tenemos no es para un evento ocasional. No estamos buscando un momento emocional de un solo domingo. hoy quiero hacer un llamando a la iglesia a buscar continuamente la presencia y el poder del Consolador.
Debe ser una dependencia diaria. Es bueno ser débil en uno mismo, y es mejor todavía reconocer que no somos nada sin Él.
En cada sermón que se predica desde este púlpito... dependemos de Él.
En cada reunión de líderes o de ministerio... dependemos de Él.
En cada salida a evangelizar a las calles... dependemos de Él.
En cada oración en nuestro aposento... dependemos de Él.
Si tuviéramos una reserva de poder propia para salvar almas, nos llenaríamos de orgullo y nos alejaríamos de Dios. Pero el Señor, en Su sabiduría, nos ha hecho completamente dependientes de Su Espíritu Santo. Y nos regocijamos en esa debilidad, porque cuando somos débiles, entonces somos fuertes en Él. 2 Corintios 12.10
Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Conclusión
Conclusión
Hermanos, Pablo comienza este maravilloso argumento teológico y misionero en Romanos 15 y lo termina con la misma expresión inquebrantable:
"Por el poder del Espíritu Santo."
Eso significa algo profundo y radical para nosotros hoy:
No vivimos por nuestra propia fuerza.
No servimos por nuestra capacidad humana.
No ganamos almas por nuestra astucia o elocuencia.
Absolutamente todo depende del Espíritu Santo.
Aplicaciones Finales:
Para cada creyente de forma individual:
Examina tu corazón hoy. ¿Estás dependiendo del Espíritu Santo o te estás apoyando en tus propias capacidades, en tus talentos o en tus años de asistir a la iglesia? Recuerda la ilustración del Nilo: ¿está tu comunión privada y secreta con Dios sosteniendo tu servicio público? Si los lagos superiores están secos, tu vida espiritual será un desierto.
Para los líderes, maestros y servidores:
¿Estamos confiando más en nuestros métodos, en nuestras estructuras y en nuestros planes que en la dirección viva del Espíritu Santo? ¿Estamos tratando de convencer a la gente con retórica cuando necesitamos el fuego del cielo?
Para toda la iglesia como congregación:
¿Qué es lo que verdaderamente necesitamos hoy? No necesitamos nuevas estrategias de marketing. No necesitamos más dinero. Necesitamos una renovada, genuina y poderosa llenura del Espíritu Santo.
Llamado a la congregación: Hoy les invito a responder a esta Palabra con profunda reverencia y humildad. Él es un Dios celoso; es muy sensible y a menudo le contristamos. Inclinémonos delante de Él.
Arrepintámonos de nuestra autosuficiencia, de creer que podemos hacer Su obra a nuestra manera. Pidamos con fervor que el Espíritu Santo avive nuevamente nuestros corazones. Que derrita el hielo de nuestra mundanalidad. Que encienda el fuego en esta iglesia local para que nuestra ciudad pueda ver el resplandor de Cristo. Consagrémonos para servir bajo este mandato eterno: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Zacarías 4:6).
"La mayor necesidad de la Iglesia no es más organización, más recursos o más talento; su mayor necesidad sigue siendo la misma que en los días de Pablo y la Iglesia neotestamentaria: vivir y servir por el poder del Espíritu Santo."
Amén.
