Andar sobre el agua
Tiempo después de Pentecostés • Sermon • Submitted • Presented
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Transcript
22 Enseguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se adelantaran al otro lado, mientras él despedía a la multitud. 23 Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo 24 y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario. 25 En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 26 Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados. —¡Es un fantasma! —dijeron. Y llenos de miedo comenzaron a gritar. 27 Pero Jesús dijo enseguida: —¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo. 28 —Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua. 29 —Ven —dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: —¡Señor, sálvame! 31 Enseguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: —¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 32 Cuando subieron a la barca, el viento se calmó. 33 Los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: —Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.
Introducción
Introducción
La perícopa que hemos leído me invita a preguntarle si alguna vez usted ha pensado que puede caminar sobre el agua. La pregunta surge porque el evangelio nos refiere que tanto Jesús como Pedro tuvieron esa experiencia.
Seguramente, para nosotros es imposible pensar en que podemos caminar sobre el agua, así mismo sucedía con los griegos, quienes pensaban que la capacidad de caminar sobre las aguas estaba reservada para los dioses. Es por está razón que es importante encontrar los símbolos que el evangelio tiene hoy para decirnos y, de esa manera, aplicar la Palabra a nuestra vida.
En ese orden de ideas, el pasaje que hoy hemos leído corresponde a la acción inmediata de Jesús y su comunidad quienes habían recibido una lección de compasión y fe mediante la multiplicación de los panes que fueron repartidos sin distingo de género, estrato social o clasificación étnica.
Contexto bíblico
Contexto bíblico
Algunas claves importantes para la comprensión del pasaje son las siguientes:
Jesús hace que los discípulos suban a la barca y despide a la multitud.
Esta escena es muy importante porque nos deja saber que la multitud fue despedida, la diferencia radica en la manera como ellos se van. Las personas habían experimentado la provisión de Dios, su amor y su compasión, a través de las sanidades y de la mesa compartida.
El propósito no era que estas personas se quedaran con Jesús, sino que volvieran a su lugar, seguramente, allí darían testimonio de las obras de Dios. De otro lado, los discípulos obedecen a Jesús de adelantarse en la barca.
Jesús sube a la montaña para orar “a solas”.
Este momento es muy importante en el texto; debemos recordar que el motivo que hizo mover a Jesús para buscar un momento de soledad fue la muerte violenta de Juan el Bautista, pariente suyo.
En ese orden de ideas, Jesús cumple el propósito de “apartarse”, ahora lo hace yendo a la montaña. La montaña representa el lugar de encuentro entre el ser humano y Dios. En este caso, entre Jesús y el Padre. La montaña es el lugar en donde se entregan las tablas de la ley y es el lugar desde donde se emite el sermón de la montaña, por ejemplo/
Jesús en la montaña es la imagen del ser humano que busca al Padre para encontrar paz en medio de las turbulencias de la vida. Podríamos decir que Jesús disfrutó de un tiempo importante de oración, de la noche a la madrugada. El texto refiere que volvió a la cuarta vigilia de la noche que corresponde entre las 3 y las 6 de la madrugada.
Jesús aparece a los discípulos.
Parece ser que mientras Jesús estaba en la montaña orando, los discípulos comenzaron a atravesar dificultades en el lago, llegó la noche y el viento era contrario, en consecuencia, la barca era zarandeada por las olas. Las tormentas llegan en cualquier momento y a los discípulos les llegó esa noche.
La presencia de Jesús tiene un impacto sobre los discípulos; primero comenzaron a gritar de miedo, pensaban que era un fantasma. Pero Jesús les dice, cálmense, no tengan miedo, SOY YO.
La voz de Jesús viene con la identidad de Dios; YO SOY es la manera como Dios se presento a Moisés en la zarza. YO SOY, en la voz de Jesús es la presencia misma de Dios que trae calma y quita toda ansiedad.
Jesús podía caminar sobre el agua, su foco no estaba en los problemas, en la violencia de poder, en la enfermedad de la multitud o en el dolor por la muerte de Juan el Bautista. Nos enseña que sus luchas humanas no lo desviaban del llamado que tenía y por el cual estaba en esta tierra.
La reacción de Pedro y los discípulos.
Pedro aparece en este pasaje como anticipación de toda una experiencia de conversión que redundará en la predicación realizada en libro de los Hechos de los Apóstoles. Pide a Jesús el poder de caminar sobre la barca y lo logra, sin embargo, al verse enfrentado a la realidad del viento y las olas se hunde.
¿Por qué dudaste? es el reproche de Jesús. Quizás, este reproche no nace allí, surge desde la primera intención de los discípulos de abandonar a las personas sin brindarles de comer.
Jesús le tiende la mano, lo acompaña a la barca y se apacigua la tormenta; ahora los discípulos comprenden que verdaderamente Jesús es el Hijo de Dios, el gesto de adoración es el testimonio de fe en medio de las dificultades que estaban atravesando.
Aplicación
Aplicación
Este pasaje nos pone de frente a las noches y tormentas de la vida. Todos nosotros hemos vivido situaciones difíciles; escasez, hambre, persecución, pobreza, injusticia, problemas familiares y laborales, dudas espirituales.
Cuando estás tormentas aparecen en nuestra vida, la inseguridad y el miedo nos azotan, perdemos la sensación de estar en piso firme y pensamos que la noche oscura no va a terminar.
Sin embargo, Jesús, con su ejemplo, nos enseña a subir a la montaña, a la presencia de Dios en las noches de nuestra vida. Nos demuestra que está dispuesto a andar sobre las aguas de nuestros problemas y nos invita a bajarnos del barco en el que solo vemos peligro para caminar en pos de él.
Esto nos indica que el camino espiritual requiere que nuestra mente este conectada con Dios, el domingo pasado, la concentración estaba puesta en los recursos limitados. En este pasaje la concentración ha estado en las olas y el viento y eso hizo que Pedro quitara la mirada de Jesús.
Nuestra esperanza no consiste en que nunca sentiremos miedo ni en que siempre lograremos caminar por encima de nuestras dificultades. Nuestra esperanza está en que, cuando la fe vacila y sentimos que comenzamos a hundirnos, todavía podemos clamar: “Señor, sálvame”. Y antes de que las aguas nos cubran, encontramos la mano de Cristo. Él se acerca en la noche, entra en la barca de su comunidad y nos recuerda que no estamos solos. Por eso, aun en medio del viento contrario, podemos confesar con los discípulos: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.
