Entre togas y monedas
Notes
Transcript
BETWEEN ROBES AND COINS
BETWEEN ROBES AND COINS
Clavo / Big Idea
Clavo / Big Idea
Cuando Cristo se vuelve verdaderamente real para nosotros, deja de ser simplemente algo que creemos y se convierte en la realidad que define lo que pensamos, quienes somos y lo que valoramos.
When Christ becomes truly real to us, He stops being merely something we believe and becomes the reality that defines what we think, who we are, and what we treasure.
BOSQUEJO / OUTLINE
BOSQUEJO / OUTLINE
I. EN EL MUNDO REAL… JESÚS DEFINE LA VERDAD
I. EN EL MUNDO REAL… JESÚS DEFINE LA VERDAD
I. IN THE REAL WORLD… JESUS DEFINES THE TRUTH
I. IN THE REAL WORLD… JESUS DEFINES THE TRUTH
II. EN EL MUNDO REAL… JESÚS ES EL MESÍAS
II. EN EL MUNDO REAL… JESÚS ES EL MESÍAS
II. IN THE REAL WORLD… JESUS IS THE MESSIAH
II. IN THE REAL WORLD… JESUS IS THE MESSIAH
III. EN EL MUNDO REAL… JESÚS ES MI TESORO
III. EN EL MUNDO REAL… JESÚS ES MI TESORO
III. IN THE REAL WORLD… JESUS IS MY TREASURE
III. IN THE REAL WORLD… JESUS IS MY TREASURE
A. No necesito títulos ni logros.
A. I don't need titles or achievements.
B. Le entrego todo lo que tengo.
B. I give Him everything I have.
INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
El libro de Proverbios presenta una imagen que siempre me ha parecido fascinante.
Dice que la sabiduría anda gritando por las calles. Que levanta su voz en las plazas. Que está hablando en medio de los lugares donde la gente vive, trabaja, compra, vende, camina y conversa.
En otras palabras: si ponemos atención, Dios puede utilizar incluso las cosas cotidianas de la vida para enseñarnos.
Y esta semana me pasó algo así.
Esta semana un amigo mío vino a visitarme a la oficina. Su nombre es Bob Williams. Bob tiene más de ochenta años.
Nos sentamos a conversar y, en algún momento de nuestra conversación, Bob me contó algo muy duro. Los médicos le han dicho que el cáncer que padece ha llegado a un punto en el que ya no hay mucho más que puedan hacer.
La muerte, humanamente hablando, ya no es para él una posibilidad distante.
Está cerca.
Pero curiosamente, eso no fue lo que más me impactó de nuestra conversación.
Lo que más me impactó fue algo que Bob dijo después.
Me dijo:
“Cuando era niño y joven, todas esas historias de Dios, Jesús y el cielo sonaban casi como un cuento de hadas. Pero ahora, después de haber vivido más de ochenta años, y ahora que la muerte me está viendo a los ojos, sé que todas esas historias son reales”.
Son reales.
Esa frase se quedó conmigo.
Son reales.
Y me hizo pensar:
¿No será que muchas veces nuestro problema espiritual no consiste en que no creemos ciertas cosas?
Las sabemos.
Podemos repetirlas.
Podemos explicarlas.
Podemos defenderlas.
Sabemos que Dios existe.
Sabemos que Jesús murió y resucitó.
Sabemos que hay eternidad.
Sabemos que el pecado destruye.
Sabemos que Cristo salva.
Sabemos que algún día estaremos delante de Dios.
Lo sabemos.
Pero hay una diferencia enorme entre saber que algo es verdad y vivir como si eso fuera real.
But there is a huge difference between knowing something is true and living as if it were real.
Porque uno puede saber que Dios existe y organizar toda su vida como si Dios no existiera.
Uno puede creer en la eternidad y vivir solamente para esta semana.
Uno puede afirmar que Jesús es Señor y, sin embargo, construir su identidad alrededor del dinero, del reconocimiento, del trabajo, de los títulos o de la opinión de los demás.
Uno puede conocer la doctrina correcta y vivir en una realidad completamente diferente.
Y entonces llegamos a Marcos 12.
Jesús está en Jerusalén.
Estamos en los últimos días antes de la cruz.
Ha discutido con los líderes religiosos.
Le han hecho preguntas.
Han intentado atraparlo.
Le han preguntado acerca de impuestos, acerca de la resurrección y acerca del mandamiento más importante.
Y ahora, en los últimos versículos del capítulo, ocurre algo interesante.
Jesús comienza a observar.
Primero observa lo que los maestros religiosos enseñan.
Después observa cómo viven.
Y finalmente observa a una mujer que aparentemente no tiene absolutamente nada.
Y en esos tres momentos, Jesús nos obliga a preguntarnos:
¿Qué es verdaderamente real para mí?
Porque cuando Cristo es real, cambia la manera en que interpreto la verdad.
Cuando Cristo es real, cambia la manera en que entiendo quién es Él.
Y cuando Cristo es real, cambia aquello que considero mi tesoro.
—Leer Marcos 12:34–44, NTV—
I. EN EL MUNDO REAL… JESÚS DEFINE LA VERDAD
I. EN EL MUNDO REAL… JESÚS DEFINE LA VERDAD
IN THE REAL WORLD… JESUS DEFINES THE TRUTH
IN THE REAL WORLD… JESUS DEFINES THE TRUTH
Jesús comienza haciendo una pregunta.
En el versículo 35 pregunta, en esencia:
¿Cómo pueden los maestros de la ley decir que el Mesías es solamente hijo de David?
Ahora, debemos entender algo.
Los maestros de la ley no estaban completamente equivocados.
El Antiguo Testamento sí enseñaba que el Mesías vendría del linaje de David.
Dios había prometido que de la descendencia de David vendría el Rey.
El problema no era que lo que ellos estaban diciendo fuera falso.
El problema era que era incompleto.
Habían aprendido una categoría acerca del Mesías, pero esa categoría era demasiado pequeña para explicar quién era realmente el Mesías.
Por eso Jesús cita el Salmo 110.
David mismo había dicho:
“El Señor dijo a mi Señor…”
Entonces Jesús pregunta:
Si David mismo llama al Mesías “mi Señor”, ¿cómo puede ser simplemente su hijo?
Y la pregunta queda flotando.
Jesús no está negando que el Mesías sea hijo de David.
Está diciendo:
El Mesías es mucho más grande de lo que ustedes creen.
Y aquí hay algo tremendamente importante para nosotros.
Porque es posible tener información bíblica correcta y aun así no comprender la realidad completa.
Es posible conocer textos.
Es posible aprender doctrinas.
Es posible saber vocabulario cristiano.
Es posible crecer en la iglesia.
Es posible saber exactamente qué respuestas dar.
Y aun así tener una visión demasiado pequeña de Cristo.
Por eso, iglesia, nuestra fe siempre tiene que volver a Jesús.
Nuestra interpretación de la Biblia tiene que terminar en Jesús.
Nuestra doctrina tiene que llevarnos a Jesús.
Nuestra teología tiene que hacernos contemplar a Jesús.
Nuestra vida tiene que ser interpretada desde Jesús.
Porque si nuestra interpretación de la fe no nos conduce a Cristo, algo está mal.
Puedes tener una explicación religiosa.
Puedes tener una tradición.
Puedes tener una opinión.
Puedes incluso tener un versículo.
Pero si todo eso termina produciendo un Cristo diferente al que las Escrituras revelan, entonces nuestra interpretación necesita ser corregida.
Porque Jesús no se acomoda a nuestra interpretación de la realidad.
Jesús define la realidad.
Nosotros no decidimos quién es Cristo.
Cristo nos revela quién es Él.
Nosotros no decidimos qué es verdad.
La verdad de Dios corrige nuestra percepción.
Y esto es incómodo.
Porque vivimos en una cultura que constantemente nos dice:
“Esta es mi verdad”.
“Así lo veo yo”.
“Esta es mi interpretación”.
“Para mí esto significa…”
Pero cuando estamos delante de Jesús, la pregunta final no es:
“¿Qué significa esto para mí?”
La pregunta final es:
“¿Qué dice Cristo que es verdad?”
Y eso no solamente aplica a nuestras doctrinas.
Aplica a nuestra vida.
Quizá tú dices:
“Yo no valgo nada”.
Pero si estás en Cristo, ¿es eso lo que Cristo dice?
Quizá dices:
“Yo nunca voy a poder cambiar”.
Pero ¿es eso lo que Cristo dice?
Quizá dices:
“Este pecado es simplemente parte de mí”.
¿Es eso lo que Cristo dice?
Quizá dices:
“Necesito que las personas me reconozcan para saber que valgo”.
¿Es eso lo que Cristo dice?
Quizá dices:
“Mientras tenga dinero, salud y estabilidad, todo va a estar bien”.
¿Es esa realmente la interpretación que Jesús hace de la vida?
Iglesia:
La realidad no comienza conmigo.
La realidad comienza con Cristo.
Y cuando Cristo se vuelve real para nosotros, permitimos que Él corrija incluso aquello que durante años hemos creído.
Pero la pregunta de Jesús no termina simplemente corrigiendo una doctrina.
Nos lleva mucho más lejos.
Porque entonces debemos preguntarnos:
Si el Mesías no es solamente hijo de David…
¿quién es?
II. EN EL MUNDO REAL… JESÚS ES EL MESÍAS
II. EN EL MUNDO REAL… JESÚS ES EL MESÍAS
IN THE REAL WORLD… JESUS IS THE MESSIAH
IN THE REAL WORLD… JESUS IS THE MESSIAH
David dice:
“El Señor dijo a mi Señor…”
David está hablando de alguien que vendría después de él y, sin embargo, lo llama Señor.
Eso significa que el Mesías es más que un descendiente.
Más que un maestro.
Más que un profeta.
Más que una figura religiosa.
Más que un personaje dentro de una historia bíblica.
El Mesías es Señor.
Y aquí está el corazón del Evangelio de Marcos.
Desde el principio, Marcos nos ha estado obligando a hacernos una pregunta:
¿Quién es Jesús?
Los discípulos preguntaron:
“¿Quién es este hombre? ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!”
Los demonios sabían quién era.
Pedro finalmente confesó:
“Tú eres el Mesías”.
Bartimeo lo llamó Hijo de David.
Y ahora, entrando en sus últimos días antes de la cruz, Jesús mismo nos dice:
No han comprendido todavía toda la magnitud de quién es el Mesías.
Sí, soy Hijo de David.
Pero también soy Señor de David.
Y esto importa porque fácilmente podemos reducir a Jesús a un concepto.
Podemos hablar de “Cristo”.
Podemos hablar del “Mesías”.
Podemos hablar de “salvación”.
Podemos hablar de “gracia”.
Y poco a poco todas esas palabras pueden comenzar a sonar como palabras religiosas.
Pero Jesús no es un concepto.
Jesús es una persona.
El Mesías tiene nombre.
Tiene rostro.
Tiene voz.
Tiene voluntad.
Ama.
Busca.
Salva.
Perdona.
Confronta.
Libera.
Y dentro de unos pocos días, este mismo Jesús estará colgado de una cruz.
Y allí descubriremos qué clase de Mesías es.
No vino simplemente para enseñar mejores ideas.
Vino a rescatarnos.
Vino a cargar nuestro pecado.
Vino a recibir sobre sí mismo el juicio que nosotros merecíamos.
Vino a derrotar aquello de lo que ninguno de nosotros podía liberarse por sí mismo.
El pecado es real.
La culpa es real.
La muerte es real.
La maldad es real.
Pero escucha esto:
Jesús también es real.
La cruz es real.
La gracia es real.
El perdón es real.
La resurrección es real.
La vida eterna es real.
Bob me dijo:
“Ahora sé que todas esas historias son reales”.
Pero iglesia, nosotros no tenemos que esperar hasta tener ochenta años.
No necesitamos esperar hasta que un médico nos diga que ya no hay tratamiento.
No necesitamos esperar hasta estar delante de una tumba.
Podemos despertar hoy.
Podemos mirar a Cristo hoy.
Podemos decir:
Jesús es real.
Y si Jesús realmente es el Mesías…
Si realmente es el Señor…
Si realmente murió por mí…
Si realmente resucitó…
Si realmente reina…
Si realmente volverá…
Entonces no puedo tratarlo como un accesorio dentro de mi vida.
Él no puede ocupar simplemente una parte del calendario.
Jesús no quiere convertirse en un componente religioso de mi existencia.
Él es Señor.
Y cuando esa realidad entra profundamente en el corazón, inevitablemente cambia lo que valoramos.
Por eso Marcos inmediatamente nos lleva de una discusión teológica…
a unas togas…
y después a dos monedas.
III. EN EL MUNDO REAL… JESÚS ES MI TESORO
III. EN EL MUNDO REAL… JESÚS ES MI TESORO
IN THE REAL WORLD… JESUS IS MY TREASURE
IN THE REAL WORLD… JESUS IS MY TREASURE
Jesús comienza a describir a los maestros religiosos.
Y escucha lo que les gusta.
Les gustan las ropas largas.
Les gustan los saludos respetuosos cuando caminan por la plaza.
Les gustan los mejores asientos en la sinagoga.
Les gustan los lugares de honor en los banquetes.
Les gusta ser vistos.
Reconocidos.
Honrados.
Respetados.
Sus “togas” dicen:
“Mírenme”.
Su asiento dice:
“Soy importante”.
Su saludo dice:
“Soy alguien”.
Incluso sus oraciones se convierten en una plataforma desde la cual construir una reputación.
Y Jesús dice algo terrible acerca de ellos.
Mientras aparentan devoción, devoran los bienes de las viudas.
Eso es brutal.
Porque significa que había hombres que conocían mucho acerca de Dios…
pero no conocían el corazón de Dios.
Sabían interpretar textos.
Podían orar públicamente.
Tenían títulos.
Tenían reconocimiento.
Tenían posiciones.
Pero toda aquella religión no había transformado aquello que amaban.
Y eso nos lleva a la primera parte de este punto.
A. NO NECESITO TÍTULOS NI LOGROS
A. NO NECESITO TÍTULOS NI LOGROS
I DON'T NEED TITLES OR ACHIEVEMENTS
I DON'T NEED TITLES OR ACHIEVEMENTS
Hay algo importante que debemos aclarar.
No hay nada pecaminoso en estudiar.
No hay nada pecaminoso en obtener un título.
No hay nada pecaminoso en ocupar una posición.
No hay nada pecaminoso en que las personas respeten tu trabajo.
El problema comienza cuando aquello se convierte en la evidencia que necesito para demostrarme a mí mismo que soy alguien.
Cuando necesito la toga.
Cuando necesito el asiento.
Cuando necesito el saludo.
Cuando necesito que alguien reconozca mi título.
Cuando necesito que las personas sepan cuánto sé.
Cuando necesito que alguien me diga cuánto valgo.
Porque entonces esas cosas se han convertido en mi tesoro.
Y todos tenemos nuestras propias “togas”.
Quizá no utilizamos una túnica religiosa.
Pero tenemos otras.
El automóvil.
El apellido.
La casa.
El ministerio.
Los grados académicos.
La posición en la compañía.
La cantidad de personas que nos conocen.
Los logros de nuestros hijos.
El dinero en la cuenta.
Nuestra reputación.
Incluso dentro de una iglesia podemos construir togas.
“Yo llevo tantos años aquí”.
“Yo fui quien comenzó esto”.
“Yo soy líder”.
“Yo soy pastor”.
“Yo soy anciano”.
“Yo soy maestro”.
“Yo soy misionero”.
Pero cuando Cristo es verdaderamente real, ya no necesito que esas cosas me digan quién soy.
Porque Cristo ya me ha dicho quién soy.
Soy suyo.
Fui comprado.
Fui perdonado.
Fui amado.
Fui reconciliado.
Fui adoptado.
Mi nombre quizá nunca aparezca en una placa.
Quizá nadie me dé el mejor asiento.
Quizá nadie se levante cuando entro en una habitación.
Pero si Cristo me conoce…
eso es suficiente.
Y entonces Jesús hace algo precioso.
Después de describir a hombres que desesperadamente querían que todos los miraran…
Jesús mira a alguien a quien nadie estaba mirando.
Una viuda.
Una mujer pobre.
Sin títulos.
Sin posición.
Sin toga.
Sin asiento de honor.
Probablemente nadie la saludaba en las plazas.
Y ella camina hacia el lugar donde se depositaban las ofrendas.
Mientras muchas personas ricas depositaban grandes cantidades, ella coloca dos pequeñas monedas.
Dos monedas.
Probablemente nadie habría detenido el servicio por esa ofrenda.
Nadie habría puesto su nombre en una placa.
Nadie habría dicho:
“¡Qué gran donante!”
Humanamente hablando, aquello parecía insignificante.
Pero Jesús estaba mirando.
Y eso cambia todo.
Porque los seres humanos estaban viendo cantidades.
Jesús estaba viendo corazones.
Los seres humanos estaban viendo monedas.
Jesús estaba viendo confianza.
Los seres humanos estaban viendo algo pequeño.
Jesús estaba viendo algo inmenso.
Y entonces dice:
Todos los demás dieron de lo que les sobraba.
Pero ella dio todo lo que tenía para vivir.
Esto no significa que Jesús esté enseñando que todo cristiano debe vaciar inmediatamente su cuenta bancaria.
Tampoco significa que la pobreza sea espiritualmente superior a tener recursos.
De hecho, no debemos ignorar el contexto: Jesús acaba de denunciar precisamente a líderes religiosos que explotaban a las viudas.
Eso hace que esta escena sea todavía más seria.
Pero hay algo que el texto indudablemente nos obliga a ver:
las balanzas de Jesús son completamente diferentes a las nuestras.
Nosotros miramos cuánto.
Jesús mira desde dónde.
Nosotros miramos lo visible.
Jesús mira lo profundo.
Nosotros miramos lo que alguien conserva.
Jesús mira aquello que una persona está dispuesta a poner en sus manos.
Y por eso:
B. LE ENTREGO TODO LO QUE TENGO
B. LE ENTREGO TODO LO QUE TENGO
I GIVE HIM EVERYTHING I HAVE
I GIVE HIM EVERYTHING I HAVE
Aquí finalmente aparecen las monedas del título.
Entre togas y monedas.
Por un lado están personas que aparentemente tienen todo.
Posición.
Prestigio.
Reconocimiento.
Conocimiento.
Dinero.
Y necesitan cada vez más.
Más saludos.
Más honor.
Más reconocimiento.
Más lugares importantes.
Y por el otro lado tenemos una mujer que aparentemente no tiene nada.
Dos monedas.
Pero puede soltarlas.
¿Por qué?
Porque la verdadera pregunta de este texto no es:
“¿Cuánto dinero tienes?”
La verdadera pregunta es:
“¿Qué es tu tesoro?”
Lo que es verdaderamente real para nosotros determina aquello a lo que nos aferramos.
Y aquí está nuestro problema.
Es muy fácil llamar “real” solamente a lo que podemos tocar.
El dinero es real.
Las cuentas son reales.
El diagnóstico médico es real.
La casa es real.
El trabajo es real.
La posición es real.
La opinión de otras personas es real.
Claro que todas esas cosas existen.
Pero no son toda la realidad.
Hay una realidad más profunda.
Dios es real.
Su reino es real.
Su gracia es real.
Su presencia es real.
Su promesa es real.
La resurrección es real.
La eternidad es real.
Cristo es real.
Y cuando esa realidad invade mi corazón, puedo abrir las manos.
No porque aquello que tengo no tenga valor.
Sino porque he encontrado algo de mayor valor.
Puedo decir:
“Señor, mi dinero es tuyo”.
“Mi tiempo es tuyo”.
“Mis capacidades son tuyas”.
“Mi carrera es tuya”.
“Mis planes son tuyos”.
“Mi familia es tuya”.
“Mi futuro es tuyo”.
“Mi reputación es tuya”.
“Mi vida es tuya”.
Porque cuando Jesús es mi tesoro, ya no necesito sostener desesperadamente todo lo demás.
Quizá esa es la diferencia entre los escribas y la viuda.
Los escribas tenían mucha religión pero necesitaban proteger su posición.
La mujer tenía dos monedas y pudo abrir la mano.
Y antes de juzgar a aquellos escribas, debemos hacer una pregunta muchísimo más incómoda:
¿Cuál de los dos se parece más a mí?
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
Esta semana Bob me dijo:
“Ahora sé que todas esas historias son reales”.
Y he pensado mucho en esa frase.
Porque algún día todos nosotros llegaremos al momento en el que muchas de las cosas que ahora parecen gigantes comenzarán a hacerse pequeñas.
El cargo que tuvimos.
El automóvil que manejamos.
La cantidad que había en nuestra cuenta.
La cantidad de personas que conocían nuestro nombre.
Los reconocimientos.
Los títulos.
Las discusiones que ganamos.
Las cosas que logramos acumular.
Algún día todo eso perderá muchísimo peso.
Y entonces algunas cosas que hoy tratamos como invisibles serán imposibles de ignorar.
Cristo.
La eternidad.
La resurrección.
El reino de Dios.
Entonces descubriremos que eran reales todo el tiempo.
La pregunta es:
¿Tenemos que esperar hasta ese momento para vivir de acuerdo con esa realidad?
Jesús está sentado frente al lugar de las ofrendas.
Mira pasar a los escribas con sus togas.
Mira pasar a los ricos con sus grandes cantidades.
Y mira a una viuda con dos monedas.
Y lo extraordinario es que Jesús ve algo que todos los demás están ignorando.
Iglesia:
Jesús sigue mirando.
Ve aquello con lo que intentas construir tu identidad.
Ve aquello que tienes miedo de perder.
Ve aquello que te cuesta poner en sus manos.
Ve tu necesidad de reconocimiento.
Ve tus temores.
Ve tu dinero.
Ve tus sueños.
Ve tus planes.
Ve tu corazón.
Y quizá hoy la invitación de Cristo no es simplemente a creer algo más acerca de Él.
Quizá la invitación es a comenzar a vivir como si aquello que ya creemos acerca de Él fuera realmente verdad.
Porque lo es.
Jesús es real.
Jesús es el Mesías.
Jesús es Señor.
Y Jesús merece convertirse en nuestro tesoro.
ACCIONES PARA ESTA SEMANA
ACCIONES PARA ESTA SEMANA
1. DEJA QUE JESÚS CORRIJA TU REALIDAD
1. DEJA QUE JESÚS CORRIJA TU REALIDAD
Identifica una idea que has permitido que gobierne tu vida y pregúntate:
“¿Es esto realmente lo que Cristo dice?”
No interpretes a Jesús desde tu experiencia.
Comienza a interpretar tu experiencia desde Jesús.
2. IDENTIFICA TU “TOGA”
2. IDENTIFICA TU “TOGA”
Pregúntate:
“¿Qué necesito que las personas vean en mí para sentir que valgo?”
Tu trabajo.
Tu título.
Tu conocimiento.
Tu dinero.
Tu ministerio.
Tu reputación.
Ponle nombre a tu toga.
Y recuerda que si estás en Cristo, no necesitas esa toga para demostrar que eres alguien.
3. IDENTIFICA TUS “DOS MONEDAS”
3. IDENTIFICA TUS “DOS MONEDAS”
Pregúntate:
“¿Qué es aquello que más me cuesta poner en manos de Dios?”
Quizá sea dinero.
Pero quizá sea control.
Tu futuro.
Tus hijos.
Tu matrimonio.
Una relación.
Tu tiempo.
Tu reputación.
Un sueño.
Una decisión.
Y esta semana haz un acto concreto de confianza que diga:
“Jesús, Tú eres más valioso para mí que esto.”
LLAMADO
LLAMADO
Quiero terminar invitándote a responder.
No simplemente a escuchar.
A responder.
Porque quizá tú has conocido religión durante años.
Conoces las palabras.
Conoces las historias.
Conoces las canciones.
Sabes cuándo levantarte.
Sabes cuándo sentarte.
Sabes qué respuesta dar.
Pero hoy tienes que reconocer:
Cristo no ha sido verdaderamente real para mí.
Ha sido información.
Ha sido tradición.
Ha sido cultura.
Ha sido costumbre.
Pero no ha sido mi Señor.
Entonces hoy no necesitas otra toga.
No necesitas aparentar.
Necesitas a Cristo.
Jesús, el Mesías, vino para pecadores como nosotros.
Murió nuestra muerte.
Cargó nuestro pecado.
Resucitó.
Y hoy llama a pecadores a arrepentirse, creer y seguirlo.
Si hoy necesitas confiar por primera vez verdaderamente en Cristo, quiero invitarte a venir.
Pero quizá eres creyente.
Y mientras escuchabas la Palabra, Dios puso su dedo sobre tu toga.
Sobre aquello de lo que has estado obteniendo tu identidad.
O quizá puso su dedo sobre tus dos monedas.
Aquello que sigues sosteniendo.
Aquello que todavía dices:
“Señor, todo menos esto”.
Entonces quizá hoy necesitas venir simplemente para decir:
“Jesús, quiero que seas mi tesoro otra vez.”
“Quiero vivir como si fueras realmente quien digo que eres”.
“No quiero solamente conocer verdades acerca de ti”.
“Quiero que tu realidad gobierne mi vida”.
Puedes venir.
Puedes arrodillarte.
Puedes orar.
Puedes pedir a alguien que ore contigo.
Pero no te vayas simplemente admirando a la viuda.
No te vayas simplemente criticando a los escribas.
Pregúntate:
¿Qué revela mi vida que es verdaderamente real para mí?
Y entonces mira nuevamente a Cristo.
Porque antes de que aquella viuda entregara todo lo que tenía…
Cristo estaba camino a entregar su propia vida.
Dentro de pocos días, Él no pondrá dos monedas en una caja.
Pondrá su cuerpo sobre una cruz.
No entregará parte.
Se entregará a sí mismo.
Por pecadores.
Por nosotros.
Por ti.
Por mí.
Y cuando contemplamos a un Salvador que se entregó completamente por nosotros, nuestra respuesta ya no nace de la culpa.
Nace de la adoración.
Podemos abrir las manos porque primero contemplamos las manos de Cristo abiertas y clavadas por nosotros.
Él es real.
Su amor es real.
Su cruz es real.
Su resurrección es real.
Y si Él es real…
entonces vale la pena entregarle toda nuestra vida.
Jesús, sé mi verdad.
Jesús, sé mi Señor.
Jesús, sé mi tesoro.
Amén.
