Que sean UNO

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Por Qué Seguimos Aprendiendo
En Academia de Líderes.
Aprender no es un requisito administrativo para servir; es una necesidad vital, tan real para el espíritu como el alimento lo es para el cuerpo.
Cada vez que abrimos la Palabra y la compartimos con otros, sucede algo múltiple: se fortalecen nuestras convicciones, se elimina el desconocimiento sobre el Reino de Dios, y el Espíritu Santo encuentra en nosotros una voz para hablarle a alguien más.
Por eso esta lección no es solamente información; es formación.
No dejamos de aprender cuando ya sabemos suficiente; dejamos de aprender cuando dejamos de crecer.

Apertura

[Mirando a cámara, tono cálido]
Juan 17 registra una de las oraciones más profundas de Jesús.
Está a pocas horas de la cruz. Sabe que será traicionado, arrestado, golpeado, crucificado.
Y sin embargo, en ese momento no ora solamente por sí mismo, ni únicamente por los discípulos que estaban con Él.
[Tono íntimo]
Jesús mira hacia el futuro... y ora por nosotros.
John 17:20–21 NVI
»No ruego sólo por éstos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Antes de que naciéramos, ya estábamos presentes en esa oración.

Introducción — Página 189

[Mirando a cámara]
Antes de continuar, quiero pedirle que abra su libro de la Academia de Líderes en la página 189. Vamos a leer el último párrafo de esta página:
“En todo ese tiempo, Jesús guardó a sus discípulos y les enseñó a preservar la unidad entre ellos.” — Página 189
Tómese un segundo para subrayar esta frase: "Jesús guardó a sus discípulos".
[Continúa hablando mientras el estudiante subraya — no hay silencio]
Jesús no solamente les enseñó a predicar, sanar o servir.
También protegió la relación entre ellos.
Sabía que no podrían cumplir juntos la misión si permitían que la competencia, el orgullo y las ofensas los separaran.
Y al pie de esta misma página 189, el libro añade algo importante:
“Cuando Jesús estaba por irse, oró en la Última Cena para que fueran uno.
Rogaba al Padre para que fueran guardados del mal y mantuvieran esa unidad.” — Página 189 
[Tono reflexivo]
Note algo aquí: Jesús no solo oró por sus discípulos mientras caminaba con ellos.
Oró específicamente en el momento en que sabía que se iba.
Sabía que la prueba más grande de la unidad no llega cuando el líder está presente, sino cuando se ausenta.
Jesús no solamente formó discípulos individualmente; formó un cuerpo que debía permanecer unido.

1. La Unidad Manifiesta el Amor de Dios

 Pasemos ahora a la página 190. El material continúa:
“...para que fueran uno, así como nosotros somos uno.
Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” — Página 190
[Tono reflexivo, pausa breve]
La unción de Dios une, no divide.
Esa no es una cita textual del libro — es una conclusión pastoral que quiero que se lleve grabada.
La unción de Dios une, no divide.
Una persona verdaderamente ungida no utiliza sus dones para competir, formar bandos o demostrar que es superior.
La unción que procede del Espíritu Santo nos conecta con Cristo y también con su cuerpo.
El texto añade:
“Cuando mantenemos esa unidad manifestamos al mundo el amor de Dios.” — Página 190
Eso significa que la unidad también evangeliza.
El mundo no solamente necesita escuchar que Dios ama; necesita ver ese amor en la forma en que nos tratamos.
Nuestra predicación anuncia a Cristo; nuestra unidad demuestra que Cristo vive entre nosotros.
[Tono íntimo]
Podemos tener buenos cultos, excelente música, una Academia de Líderes organizada; pero si permitimos rivalidades y murmuraciones, estaremos edificando una estructura religiosa mientras debilitamos el cuerpo de Cristo.

2. Solícitos en Guardar la Unidad

 Sigamos en la página 190. Vamos a leer el apartado titulado "Solícitos en guardar la unidad", con Efesios 4:1-3
Ephesians 4:1–3 NVI
Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.
“Debemos esforzarnos en guardar la unidad así como Jesús guardó a sus discípulos para que fueran uno.” — Página 191
[Tono con firmeza, sin pausa larga — sigue hablando]
La unidad no se conserva automáticamente.
Hay que protegerla.
El libro lo dice con otra frase que también vale la pena subrayar: "La unidad es algo que debe procurarse".
No basta con decir: "Yo no tengo problemas con nadie".
La pregunta correcta es: "¿Qué estoy haciendo para guardar la unidad?"
Guardar la unidad significa detener una murmuración, hablar directamente con la persona, pedir perdón, y no alimentar una ofensa.
La unidad que no se protege termina siendo atacada.
El material continúa:
“Las obras de la carne como pleitos, iras, contiendas, gritería y cosas semejantes tienden a la división.
Por eso debemos guardar nuestro corazón.” — Página 191
[Tono con autoridad]
El problema de la división no comienza en una reunión; comienza en el corazón.

3. La Bendición de Ser Uno

“Un beneficio de la unidad es el crecimiento personal que recibimos como miembros del Cuerpo de Cristo, así como el crecimiento numérico de la congregación.” — Página 191
2 resultados de la unidad: crecimiento personal Y crecimiento de la congregación.
Ephesians 4:15–16 NVI
Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro.
Cuando cada miembro ayuda, todo el cuerpo crece.
[Tono personal, mirando a cámara]
No alcanzaremos nuestra visión de ser punta de lanza en la Amazonía acumulando actividades mientras permitimos que también se multipliquen las divisiones.
Una visión grande necesita un cuerpo unido.
“Cuando haya unidad de corazón, habrá un mismo idioma entre nosotros.” — Página 192
“La murmuración, el chisme y las discusiones revelan enemistad.” — Página 192
[Tono reflexivo]
Esto es fuerte, pero necesario: nuestras palabras revelan lo que está sucediendo en nuestro corazón.
La boca puede hablar de unidad, pero la manera en que tratamos a los demás revela si realmente la vivimos.

Ilustración — El Equipo de Fútbol

[Tono animado, sin leer del libro]
Piense en un equipo de fútbol.
Un equipo no necesita once porteros ni once delanteros.
Cada jugador tiene una posición, capacidades y responsabilidades diferentes.
El problema comienza cuando el portero quiere marcar todos los goles, el delantero se niega a pasar la pelota, y cada jugador busca su propia estadística en lugar de la victoria del equipo.
En la Iglesia ocurre lo mismo.
La pregunta no debe ser: "¿Por qué no tengo la función del otro?",
sino: "¿Estoy cumpliendo correctamente la función que Dios me entregó?"
En el cuerpo de Cristo nadie lo hace todo, pero todos debemos hacer algo.

4. El Amor Identifica a los Discípulos

“El vínculo perfecto de la unidad es el amor que debe morar entre nosotros.” — Página 192
[Tono íntimo]
El amor no es un sentimiento bonito que aparece cuando todos están de acuerdo.
Es la decisión de honrar, perdonar, corregir y permanecer comprometidos con el bienestar del cuerpo.
El poder de Dios muestra que Él camina con nosotros.
El fruto habla sobre quiénes somos, pero el amor manifiesta que somos sus discípulos.” — Página 192
El poder puede llamar la atención, pero el amor demuestra que somos discípulos de Jesús.
Podemos tener dones, conocimiento y liderazgo; pero si no sabemos amar a nuestros hermanos, estamos contradiciendo la evidencia que Jesús estableció para reconocer a sus discípulos.
John 13:34–35 NVI
»Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.
El fruto en nuestra vida habla de lo que hacemos.
El poder que se manifiesta a través de nosotros habla de lo que Dios puede hacer.
Pero el amor mutuo es la única señal que Jesús dijo que identificaría a sus discípulos ante el mundo.

5. Los Enemigos de la Unidad

“Debemos tener mucho cuidado con la forma sutil en la que se inician las divisiones.” — Página 193
[Tono íntimo]
Subraye la palabra "sutil".
Una división rara vez comienza con un anuncio público.
Comienza con un comentario, una comparación, una sospecha alimentada, una ofensa que no se conversa o una murmuración disfrazada de preocupación.
1 Corinthians 3:1–4 NVI
Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo. Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se están comportando según criterios meramente humanos? Cuando uno afirma: «Yo sigo a Pablo», y otro: «Yo sigo a Apolos», ¿no es porque están actuando con criterios humanos?
“Las divisiones son una manifestación de inmadurez y son obra de la carne.” — Página 193
Esto destruye una excusa frecuente. Formar bandos no es tener discernimiento superior; es actuar con inmadurez espiritual.
La madurez espiritual no se mide solamente por cuánto sabemos, sino por cómo cuidamos el cuerpo de Cristo.
“Entre los grupos en casa no debe haber competencia porque todos somos miembros de la misma Iglesia.” — Página 193
[Tono directo, mirando a cámara]
Aplicándolo a Capilla del Gozo: alabanza, niños, danza, teatro, servidores, grupos de amistad y Academia de Líderes no están compitiendo.
Somos diferentes miembros del mismo cuerpo, sirviendo una misma visión.

6. Los Dos Enemigos Internos

Finalmente, la página 194.
Romans 16:17–18 NVI
Les ruego, hermanos, que se cuiden de los que causan divisiones y dificultades, y van en contra de lo que a ustedes se les ha enseñado. Apártense de ellos. Tales individuos no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a sus propios deseos. Con palabras suaves y lisonjeras engañan a los ingenuos.
[Tono con firmeza]
Fíjese: el apóstol no dice "ignórelos" ni "discuta con ellos" —
dice "identifíquelos y aléjese". No toda relación que causa división merece nuestra energía.
Dos enemigos de la unidad:
“El primero es el que se cree mayor o más importante que el otro, y por lo tanto, no necesita al hermano.” — Página 194 
Ese es el complejo de superioridad: "Soy más importante y no necesito a los demás".
“El segundo es el que se siente de menos, por lo tanto, no se considera a sí mismo necesario.” — Página 194
Ese es el complejo de inferioridad: "No soy importante y nadie necesita lo que puedo aportar".
Subrayemos la conclusión:
“Ninguna de estas dos actitudes es correcta, ni se fundamentan en el amor genuino.” — Página 194
[Tono íntimo]
No soy superior a mis hermanos, pero tampoco soy innecesario.
Dios nos colocó en el cuerpo porque nos necesitamos unos a otros.
No soy más que tú ni soy menos que tú.
Somos diferentes, nos necesitamos y juntos servimos a Cristo.

7. El Aislamiento Impide el Crecimiento

[Tono reflexivo]
Hay una consecuencia de la desunión de la que casi nunca hablamos: no siempre termina en un pleito público. Muchas veces termina en aislamiento silencioso.
Una persona deja de asistir, deja de involucrarse, deja de dejarse conocer... y lo llama 'independencia' o 'estar bien así'.
Pero vivir aislado o alejado del cuerpo impide el crecimiento integral de la persona.
No fuimos diseñados para madurar en soledad.
Las personas que nos rodean son instrumentos de Dios para pulir nuestro carácter.
Las mismas personas que a veces nos incomodan, nos confrontan o no piensan igual que nosotros, son frecuentemente el instrumento que Dios usa para formarnos.
Alejarse del cuerpo no nos protege del proceso de Dios; nos priva de él.
Y aquí está la promesa que le da sentido a toda esta lección: la unidad no es solamente para sentirnos bien entre nosotros.
La unidad permite que Dios añada cada día a los que han de ser salvos.
Un cuerpo unido no solamente cuida a quienes ya están dentro; se vuelve un lugar seguro donde otros pueden llegar, quedarse y ser transformados.

Conclusión

[Tono íntimo, final]
“División es tener más de una visión.” — Página 194
[Tono aclaratorio]
Esta no es una definición lingüística de la palabra "división" — es una verdad homilética.
Cuando cada persona defiende su agenda particular por encima del propósito común, el cuerpo termina fragmentándose.
“No podemos crecer, vivir, permanecer o hacer algo en Cristo si no hay amor entre nosotros.” — Página 194
Sin amor podemos construir actividades, pero no podemos edificar el cuerpo de Cristo.
[Pausa breve, tono personal]
Jesús oró: "Padre, que sean uno". Esa oración no se responde solamente levantando las manos durante la adoración. Se responde cuando perdonamos al que nos ofendió, detenemos una murmuración, honramos el trabajo de otro, dejamos de competir, cumplimos nuestra función.
No podemos decir que amamos a Jesús mientras herimos deliberadamente a su cuerpo.
Llamado — pregúntese:
1.     ¿Con quién necesito hablar para restaurar una relación?
2.     ¿He alimentado murmuraciones o divisiones?
3.     ¿Estoy compitiendo con alguien que debería considerar compañero?
4.     ¿Me creo superior o me siento innecesario?
5.     ¿Estoy cumpliendo mi función dentro del cuerpo?
Oración final:
“Padre, gracias porque por medio de Jesucristo nos hiciste parte de una misma familia. Perdónanos por las veces que nuestro orgullo, nuestras palabras, los celos o las ofensas han debilitado tu cuerpo. Arranca de nosotros toda raíz de amargura, rivalidad y división. Danos humildad, mansedumbre, paciencia y amor. Que Capilla del Gozo sea una casa donde las personas encuentren a Cristo, una familia y un lugar para crecer. En el nombre de Jesús. Amén.” — Oración de cierre
 
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