El Rey más fuerte

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Introducción

Lucas 11:14–28

Todos hemos conocido personas que han cambiado de una manera impresionante: Dejaron su vida desordenada, abandonaron hábitos que estaban destruyendo su familia, comenzaron de repente a ser responsables y disciplinados, al punto que todos a su alrededor pudieron notar su cambio drástico.
Y eso puede ser algo muy bueno.
Pero en el texto que vamos a considerar esta mañana, nuestro Señor Jesucristo nos obliga a hacernos una pregunta mucho más profunda:
¿Una vida que ha cambiado radicalmente es necesariamente una vida redimida por Cristo?
La pregunta importa porque es muy fácil confundir reforma con conversión.
Una persona puede abandonar hábitos pecaminosos. Puede disciplinarse. Puede reconstruir relaciones. Puede convertirse, humanamente hablando, en una mejor versión de sí misma.
Y, sin embargo, seguir viviendo bajo el mismo señorío: el suyo propio. Puede haber cambiado muchas cosas sin haber cambiado la pregunta decisiva: ¿quién gobierna ahora mi vida?
Eso también puede suceder dentro de la religión. Uno puede venir disciplinadamente a la iglesia, ordenar su casa, corregir costumbres, aprender sana doctrina, admirar a Jesús, hablar el lenguaje correcto… y nunca haberse rendido al gobierno de Cristo.
Ese es el peligro que Jesús pone delante de nosotros en Lucas 11.
Hemos venido siguiendo en el Evangelio de Lucas el viaje de Jesús hacia Jerusalén, hacia el éxodo del que Moisés y Elías hablaron en el monte de la transfiguración. Jesús va hacia la cruz, hacia la resurrección, hacia la victoria por medio de la cual rescatará a su pueblo de una esclavitud mucho más profunda que la de Egipto.
Y mientras avanza, forma a sus discípulos como el nuevo pueblo del reino.
Durante estas últimas semanas lo hemos escuchado enseñarles a orar: «Padre… santificado sea tu nombre… venga tu reino».
Les enseñó a vivir dependiendo del Padre, esperando su provisión, descansando en su perdón, buscando su preservación y confiando en el don de su Espíritu.
Ahora Lucas nos muestra lo que significa que ese reino venga.
Porque el reino de Dios no entra en un mundo neutral.
Hay otro reino.
Hay un tirano.
Hay cautivos.
Hay una casa que alguien reclama como suya.
Y entonces aparece Jesús.
No negocia con el tirano.
No viene simplemente a mejorar la condición de los cautivos.
No les enseña una técnica para que se liberen a sí mismos.
Viene como el Más Fuerte.
Y por eso este pasaje no es principalmente un sermón acerca de demonios. Es un anuncio acerca de Cristo. Nos muestra qué ocurre cuando el verdadero Rey entra en territorio ocupado.
Así que hoy veremos que cuando el reino de Dios llega en Jesús, el Rey desenmascara la oposición a su reino, derrota al tirano y rescata a sus cautivos, reclama para sí la vida que libera y reúne a su pueblo bajo el gobierno de su Palabra.
Y mientras escuchamos el texto, quiero que una pregunta permanezca delante de nosotros:
No solamente: qué ha cambiado en mi vida. Sino: ¿quién gobierna mi vida?
Luke 11:14–28 NBLA
Jesús estaba echando fuera un demonio que era mudo, y cuando el demonio salió, el mudo habló; y las multitudes se maravillaron. Pero algunos de ellos dijeron: «Él echa fuera los demonios por Beelzebú, príncipe de los demonios» Y otros, para poner a prueba a Jesús, demandaban de Él una señal del cielo. Pero conociendo Él sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y una casa dividida contra sí misma, se derrumba. »Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá en pie su reino? Porque ustedes dicen que Yo echo fuera demonios por Beelzebú. »Y si Yo echo fuera demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan fuera los hijos de ustedes? Por tanto, ellos serán sus jueces. »Pero si Yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes. »Cuando un hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están seguros. »Pero cuando uno más fuerte que él lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales había confiado y distribuye su botín. »El que no está a Mi lado, contra Mí está; y el que a Mi lado no recoge, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso; y al no hallarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. »Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. »Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero». Mientras Jesús decía estas cosas, una de las mujeres en la multitud alzó la voz y dijo: «¡Dichosa la matriz que te concibió y los senos que te criaron!». «Al contrario», le contestó Jesús, «dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan».
Acabamos de leer una escena de liberación. Pero Lucas quiere que veamos algo mucho más grande que un exorcismo. Quiere mostrarnos qué sucede cuando el reino de Dios irrumpe en territorio enemigo.
Y lo primero que sucede no es que todos crean. El Rey llega, y la oposición queda al descubierto. Porque cuando Cristo manifiesta su reino, también revela lo que hay en el corazón de quienes están delante de él.
Así comienza nuestro primer movimiento:

I. El Rey desenmascara la oposición a su reino

Lucas 11:14–20
Si lo notaron en la lectura, Lucas dedica el versículo 14 al milagro y luego dedica 14 versículos a lo que la gente hace con el milagro.
El no quiere que nos fijemos en el milagro, noten que ni siquiera sabemos el nombre de la persona muda, no se nos habla del tiempo que transcurridos afectado por un demonio que lo dejo en este estado. Todo lo que hace es contarnos que Jesus lo Libero de un demonio y el hombre hablo.
Luego viene es lo importante, la reacción de la gente.… Este es punto principal - Vemos una multitud maravillada que admiran a Jesus por el milagro - Y dentro de la multitud vemos dos tipos reaccion:
Vs. 15: algunos dicen que echaba fuera los demonios por Beelzebú, el príncipe de los demonios. (Mateo dice que fueron los fariseos. Marcos dice que fueron los escribas que bajaron de Jerusalén) Lucas dice: «algunos de ellos», de la misma multitud que estaba maravillada. Lucas no está señalando el pecado de un partido religioso. Su intención en revelarnos lo que el corazón humano hace con la evidencia cuando no quiere someterse a Cristo - Esta es una respuesta que fácilmente vemos hoy, Dios sigue obrando en Cristo maravillas > tal vez no digamos por «Beelzebú», pero si decimos: esto fue sugestión, histeria colectiva, necesidad emocional. La palabra cambia; la operación del corazón es la misma: tomar la obra de Dios y ponerle otro nombre para no tener que arrodillarse ante Cristo.
Vs 16: otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo. Acababan de ver una, y piden otra. Lucas deja esa petición colgando y la responde en el versículo 29, con la señal de Jonás que veremos luego. Pero anote esto: pedir más señales no siempre es humildad. Lucas usa aquí el mismo verbo del capítulo 4, cuando el diablo tentaba a Jesús y luego se apartó de él hasta un tiempo oportuno. De manera que esta gente pretendía que Jesús demuestra quién era bajo las condiciones que le están imponiendo !Otra señal!, ellos ya habían decido que clase de evidencia estaban dispuestos a aceptar, solo la que pedia.
Vs 17 dice que Jesus él conocía los pensamientos de ellos.
Jesus no es un maestro que responde argumentos: es aquel que conoce el corazón humano.
Ahora noten su Logica:
«Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y una casa dividida contra sí misma, se derrumba. ¿Van a decir que el diablo trabaja para destruirse a sí mismo?
»Y si Yo echo fuera demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan fuera los hijos de ustedes?
Es decir: Si ustedes creen que sus hijos expulsan demonios con el poder de Dios, ¿por qué dicen que cuando yo lo hago es por el poder del diablo? Su propia manera de pensar demuestra que su acusación no tiene sentido.”
Ahora viene su punto principal:
»Pero si Yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes.
Jesus nuevamente esta diciendo que el Reino de Dios llegado, no estamos esperando un milenio para que El reine. Una muestra de que el reino vino en la persona de Cristo, es que el echo fuera demonios por el dedo de Dios.
Esta frase “por el dedo de Dios” es un eco de lo que ocurrió en el primer Exodo - Cuando Moises estaba delante de Faraón, y los magos de Egipto imitaron sus primeras señales: las varas convertidas en serpientes, el agua convertida en sangre, la plaga de las ranas. Hasta que Dios hace surgir del polvo los insectos, y ellos lo intentan y no pueden.
Éxodo 8:19 "Entonces los magos dijeron a Faraón: «Este es el dedo de Dios». Pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el Señor había dicho."
Esta fue la señal que los desenmascaró: no la que más daño hizo, sino la que dejó al descubierto que su poder era falso.
Faraón fue el gran opresor del primer éxodo. Pero ahora Jesús está enfrentando una esclavitud todavía más profunda y a un tirano imposible de derrotar para un hombre.
Y Jesús toma esa misma frase de los magos, para mostrarnos, que el mismo poder que los desenmascaró y que quebrantó a Faraón, está actuando en Galilea para devolverle la voz a un hombre. Noten como este milagro hace dos cosas:
Un cautivo es liberado y recupera la voz. Para él la llegada del Rey significa libertad.
Pero para el que mira la obra del Rey y la llama obra del diablo, su llegada significa que ha quedado expuesto.
El mismo reino que rescata al cautivo desenmascara al rebelde.
Y Jesús nos explica por qué. Si el cautivo del versículo 14 salió libre, es porque el tirano acaba de encontrarse con alguien más fuerte que él.

II. El Rey más fuerte derrota al tirano y rescata a sus cautivos

21 »Cuando un hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están seguros. Noten como Jesús nos está dando la interpretación del milagro.
El hombre fuerte es Satanás
Rl Más Fuerte es Cristo.
El milagro fue una pequeña ventana abierta para que viéramos esa guerra invisible.
Lucas usa la palabra «Palacio fortificado o protegido». Mateo y Marcos hablan de una casa. Lucas de manera deliberada usa la imagen de un lugar bien custodiado por un hombre completamente armado. El fuerte vigila aquello que considera suyo, y hasta ese momento nadie le ha disputado el dominio.
Y sus bienes están seguros.
Esta es la paz más peligrosa del mundo. No la confunda con reconciliación. Es la tranquilidad de un dominio que todavía no ha sido desafiado: todo parece estable porque el tirano conserva aquello que controla.
Y los profetas ya habían preguntado si esa fortaleza podía caer.
Isaías 49:24–25 "»¿Se le podrá quitar la presa al poderoso, O rescatar al cautivo del tirano?». Ciertamente así dice el Señor: «Aun los cautivos del poderoso serán recobrados, Y rescatada será la presa del tirano. Con el que luche contigo Yo lucharé, Y salvaré a tus hijos."
Esa es la promesa que se esta cumpliendo en esta escena.
22 »Pero cuando uno más fuerte que él lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales había confiado y distribuye su botín
Recuerdan a Juan el Bautista cuando dijo junto al Jordán, en el capítulo 3: viene uno más fuerte que yo. Jesús se esta señalando como este hombre mas fuerte.
Y mire lo que hace el Más Fuerte, en cuatro verbos:
Lo ataca
Lo vence
Le quita todas sus armas en las cuales había confiado
Distribuye su botín.
Cuales son «las armas en que confiaba»?: El enemigo también confía en algo: su poder para acusar, esclavizar y retener - por medio de personas cautivas que voluntariamente le sirven.
Cristo no negocia con él ni reconoce sus pretensiones.
No le compra los cautivos, porque el tirano no tiene ningún derecho que cobrar (han oido herejías de como Jesus le compro con su sangre almas al diablo)
Entra, vence, y recupera lo que retenía.
Luego distribuye el botín.… En Efesios vemos un eco de esto, cuando dice que Jesus llevo una hueste de cautivos y reparto dones a los hombres.
El hombre del versículo 14 es una manifestación visible de ese dominio: estaba bajo opresión, y el Rey lo recuperó. - Ahora es un don para la iglesia.
Y entonces, amado hermano, si usted es cristiano esta mañana, entienda dónde está parado en esta escena.
Nosotros no somos el comando que asalta el palacio. No hay un solo verbo en esta parábola cuyo sujeto seamos nosotros.
Somos los cautivos que el Rey ha rescatado. Nuestra esperanza nunca estuvo en que encontráramos una salida, sino en que el Rey entró y nos hizo libres.
Y esta libertad fue asegurada en el Gólgota. Pablo lo escribe
Colosenses 2:14–15 "habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él."
La victoria del mas fuerte fue consumada en debilidad, en la cruz donde la la justicia de Dios fue satisfecha por nosotros. En la cruz nuestra deuda fue cancelada, nuestra culpa fue expiada y los poderes quedaron desarmados.
Satanás nunca fue un acreedor al que Dios tuviera que pagarle un rescate. Nuestra deuda era delante de Dios, y Cristo la pagó delante de Dios. Y por eso el acusador quedó sin acusaciones para hacer contra aquellos que están en Cristo -
23 »El que no está a Mi lado, contra Mí está; y el que a Mi lado no recoge, desparrama.
Jesus esta usando aquí el lenguaje de la cosecha. Cuando Juan el Bautista anunció al que venía, dijo dos cosas seguidas: que era más fuerte que él, y que recogería su trigo en el granero. Las dos palabras de Juan vuelven aquí juntas.
El Más Fuerte que Juan anunció no solamente vino a derrotar a un enemigo.
Vino a reunir para sí un pueblo. Esa es la dirección de toda su victoria.
Cristo despoja al fuerte para llenar su propio reino de hombres y mujeres que antes estaban cautivos.
Y noten como nadie permanece neutral frente a la obra mediante la cual Cristo reúne a su pueblo. O recogemos con él, o desparramamos.
Aplicado a nosotros, esto implica que no hay miembro de Raah que pueda decir: «yo simplemente asisto a la iglesia y consumo sermones».
Cristo está reuniendo un pueblo por medio de su Palabra. Y la pregunta es: ¿mi vida ayuda a otros a acercarse a Cristo y a su iglesia, o termina empujándolos en la dirección contraria? ¿mi manera de hablar, de vivir en mi casa, de servir y de relacionarme con otros ayuda a esa obra de Cristo, o la contradice? - Estoy activo en mi tarea de recoger, estoy alentando a mis hermanos, consolando, animando, evangelizando a los perdidos.
Pero aquí podría surgir una pregunta. Si el Más Fuerte vence al tirano y libera al cautivo, ¿basta entonces con haber sido liberado de aquello que nos esclavizaba?
Jesús dice que no. No basta con que el tirano salga. La cuestión decisiva es quién gobierna después.
Y eso nos lleva al tercer movimiento:

III. El Rey reclama para sí la vida que libera

24 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso; y al no hallarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. »Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada.
Noten ahora como el versículo siguiente demuestra que aquella limpieza exterior no correspondía a un cambio definitivo de señorío:
Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero».
Ven la ironía terrible del texto?
La casa está mejor que antes. Está barrida. Está en orden. Cualquiera que pasara por el frente diría que ese hombre se compuso.
Y, sin embargo, esa casa arreglada sigue indefensa, porque una vida reformada no es todavía una vida gobernada por Cristo. Por esto puede ser ocupada de nuevo - nunca hubo otro habitante.
Hubo una liberación real. Hay personas que experimentan una liberación real de una esclavitud concreta, pero que nunca llegan a pertenecer al Rey.
Pero, Jesús no está describiendo aquí a un creyente regenerado que perdió la salvación. Está mostrando que haber experimentado una liberación no es lo mismo que haber sido incorporado definitivamente al reino de Cristo.
Y de ahí se sigue algo que nos toca a todos. Porque si eso es verdad del hombre librado de un demonio, cuánto más lo será del hombre que simplemente barrió su vida.
Vuelvo al hombre del comienzo: Corrigió sus hábitos, cumplió sus responsabilidades, y los que antes sufrían por él lo reconocen. Todo eso es bueno; demos gracias por la gracia común que refrena el mal en este mundo.
Pero nada de eso, hace de un hombre una casa de Dios. Se puede dejar veinte pecados y no haber nacido de nuevo. Como decía un viejo comentarista: un millón de negativos no produce ni un solo positivo.
Nuestra Confesión lo dice asi: las obras de los hombres no regenerados, aunque sean cosas que Dios manda, no pueden agradarle ni hacer al hombre idóneo para recibir la gracia.
Y aquí está lo que este movimiento quiere que usted entienda: Cristo no libera para dejarlo a usted dueño de sí mismo. Libera para hacerlo suyo.
Esa es la mala noticia para el proyecto que muchos traemos a la iglesia.
Quisiéramos que Jesús nos quitara de encima lo que nos avergüenza y nos dejara administrando el resto: que se lleve la adicción, el mal genio, la culpa — y que me deje a mí en el trono de mi propia casa, ahora más limpia.
Eso no es lo que él vino a hacer. No vino a barrerle la vida. Vino a reclamarla.
Si esta mañana usted mide su condición espiritual por lo que ya no hace, está midiendo mal. La pregunta no es solamente qué salió. La pregunta es quién gobierna ahora.
Y Jesús no deja esa pregunta sin respuesta.
En los dos versículos siguientes nos muestra cómo se reconoce una vida que realmente está bajo el gobierno del Rey.

IV. El Rey reúne a los suyos bajo el gobierno de su Palabra

En medio de toda aquella oposición, por fin alguien levanta la voz para bendecir.
27 Mientras Jesús decía estas cosas, una de las mujeres en la multitud alzó la voz y dijo: «¡Dichosa la matriz que te concibió y los senos que te criaron!».
Lo que dice no es falso: María es bienaventurada. Elisabet la llamó bendita, y María misma dijo que todas las generaciones la llamarían bienaventurada.
Pero Jesús toma esta afirmación y la lleva a un lugar decisivo para dejar fija su conclusión: «Al contrario», le contestó Jesús, «dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan».
La verdadera bienaventuranza de María, no consiste meramente en haber tenido cercanía física con Cristo, sino en haber recibido con fe la Palabra de Dios.
De manera que esta misma bienaventuranza es para todos los que oyen la Palabra y la guardan como lo hizo ella cuando dijo: «Aquí tienes a la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra» Aqui tenemos una vida libre, ordenada y rendida al señorío del Señor.
Y noten el verbo con que Jesús cierra la escena. Nuestra Biblia traduce «custodia» en el versículo 21 y «guardan» en el 28. Son dos palabras distintas en español, pero detrás de las dos hay un solo verbo griego. Dos custodias:
El fuerte custodia aquello que consideraba suyo.
Los del Rey guardan la Palabra del Dios al que pertenecen.
¿Y qué significa guardar la Palabra?
No significa simplemente escuchar sermones.
No significa acumular información bíblica.
No significa poder repetir doctrina correcta.
Guardar la Palabra es recibirla como verdadera, aferrarse a ella por fe y someter la vida a lo que Dios ha dicho. Lucas ya nos lo había mostrado en el capítulo 6: el hombre que oye las palabras de Jesús y las hace es como uno que cavó profundamente y puso el fundamento de su casa sobre la roca.
La pregunta entonces no es si la casa está barrida y arreglada - La pregunta es: ¿sobre qué está edificada y bajo el señorío de quien vive?
¿Cómo se reconoce una vida que verdaderamente pertenece al Rey?
No simplemente porque dejó ciertas cosas.
No porque vivió una experiencia extraordinaria.
No porque se maravilló de Jesús
No porque estuvo cerca de cosas sagradas.
Se reconoce porque recibe la Palabra del Rey y esta palabra gobierna su vida por el E.S.
Eso no significa que nos salvamos obedeciendo. Jesús no está poniendo aquí una escalera para entrar al reino. Está describiendo la vida de aquellos que pertenecen al Rey.
El mismo Dios que rescata a su pueblo también transforma su relación con su Palabra.
Recordemos que unos versículos antes Jesús había prometido a sus discípulos el don del Espíritu. Nosotros vivimos después de la cruz, la resurrección y Pentecostés. El Espíritu prometido ya fue derramado y habita en todo aquel que pertenece a Cristo.
Por eso la obediencia cristiana no es el esfuerzo desesperado de una casa vacía intentando mantenerse limpia. Es fruto de una vida que Dios ha reclamado para sí y que está habitada por el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí hay verdadera libertad para vivir para Dios.

Conclusión

Hermanos, aquí es donde quiero que terminemos.
Jesús comenzó este pasaje liberando a un hombre que estaba cautivo. Pero al final descubrimos que el evangelio es mucho más que sacar algo malo de una vida.
Cristo no vino simplemente a expulsar al tirano.
Vino a reclamar una casa para Dios.
Por eso una vida cristiana no se define principalmente por todas las cosas que ya no hacemos. No se define por cuánto hemos logrado ordenar, corregir o limpiar.
Se define por esto: ahora pertenecemos a otro Rey.
Y ese Rey gobierna a los suyos por su Palabra y habita en ellos por su Espíritu.
Por eso, hermanos, la historia de nuestra salvación no termina con una casa barrida. Termina con una casa habitada.
Y en realidad, así termina toda la Biblia.
Dios sacó a Israel de Egipto para habitar en medio de ellos.
Cristo vino y cumplió el Mejor Éxodo para comprar un pueblo para Dios.
Y llegará el día cuando ya no habrá tirano, ni cautivos, ni acusación, ni tentación, ni una sola habitación de esta creación donde el pecado todavía reclame espacio.
Juan escuchó entonces aquella voz: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos».
Ese es nuestro destino.
No simplemente ser mejores personas.
No simplemente tener casas más ordenadas.
No simplemente vencer algunos pecados.
Dios con nosotros. Nosotros completamente suyos. Una creación entera bajo el gobierno de Cristo.
Y antes de terminar, déjeme hablarle directamente a alguien esta mañana.
Si usted ha barrido la casa, y sabe por dentro que nunca cambió de dueño, no salga de aquí decidido a barrer más fuerte. Ese es precisamente el camino que Jesús acaba de cerrar.
Usted no necesita otra reforma. Necesita otro Rey.
Venga a Cristo. Clame para que lo rescate, lo haga suyo y gobierne su vida por su Palabra. El Más Fuerte que venció al tirano no es incapaz de romper sus cadenas.
Así que cuando llegue a su casa esta mañana, no se haga solamente la pregunta: «¿qué cosas he logrado cambiar?».
Pregúntese algo más profundo:
¿Quién gobierna aquí?
¿Quién gobierna mis afectos?
¿Quién gobierna mis palabras?
¿Quién gobierna mi matrimonio?
¿Quién gobierna la manera como educo a mis hijos?
¿Quién gobierna lo que hago con mi tiempo, mi cuerpo, mi dinero, mis planes?
Y no responda mirando primero su desempeño.
Mire a Cristo. Porque nuestra esperanza no está en que nosotros mantengamos la casa suficientemente limpia. Nuestra esperanza está en que vino uno Más Fuerte.
Entró.
Venció.
Nos hizo suyos.
Nos dio su Espíritu.
Nos dio su Palabra.
Y nos está llevando a una ciudad donde jamás volveremos a preguntarnos quién gobierna. Porque allí el trono de Dios y del Cordero estará en medio de su pueblo.
Hermanos, el evangelio no es que Cristo vino a ayudarle a ordenar su vida.
El evangelio es que vino el Rey para hacernos libres. Y bienaventurados aquellos que oyen su Palabra y la guardan.
Amén.
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