Cuando todo se derrumbe

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Idea central: Jesús no revela el futuro para alimentar nuestra curiosidad, sino para formar nuestra fidelidad. Cuando aquello que parece inconmovible se derrumbe, sus discípulos pueden permanecer firmes porque Cristo gobierna la historia, su palabra permanece y nuestro Señor regresará.

INTRODUCCIÓN

Hay algo dentro de nosotros que quiere saber qué va a pasar.
Queremos saber qué va a pasar con la economía.
Qué va a pasar con el país.
Qué va a pasar con nuestros hijos.
Qué va a pasar con nuestra salud.
Qué va a pasar con la iglesia.
Y, por supuesto, queremos saber qué va a pasar con el mundo.
Tal vez por eso pocas cosas despiertan tanta curiosidad entre los cristianos como las profecías acerca del futuro.
Hay una guerra y alguien abre Apocalipsis.
Hay un conflicto en Medio Oriente y alguien abre Daniel.
Aparece una nueva tecnología y alguien pregunta si tendrá algo que ver con la marca de la bestia.
Hay un terremoto, una pandemia, un cambio político, y rápidamente comenzamos a tratar de unir los puntos.
“Esto debe ser aquello.”
“Este personaje debe ser aquel.”
“Esta nación representa esto.”
“Ahora sí estamos viendo la señal definitiva.”
Y sin darnos cuenta podemos convertir la profecía bíblica en una especie de rompecabezas.
Como si la meta fuera descubrir información que los demás todavía no tienen.
Pero Marcos 13 me ha obligado a hacerme una pregunta:
¿Y si Jesús está mucho menos interesado en que sepamos cuándo sucederán las cosas y mucho más interesado en enseñarnos cómo vivir cuando sucedan?
Porque eso es exactamente lo que ocurre aquí.
Leamos Marcos 13:1-2
Mark 13:1–2 NTV
Cuando Jesús salía del templo ese día, uno de sus discípulos le dijo: —Maestro, ¡mira estos magníficos edificios! Observa las impresionantes piedras en los muros. Jesús respondió: —Sí, mira estos grandes edificios, pero serán demolidos por completo. ¡No quedará ni una sola piedra sobre otra!
Y para nosotros es difícil sentir el peso de esas palabras porque no somos judíos del primer siglo.
Este no era simplemente un edificio religioso.
El templo que los discípulos estaban viendo era el Segundo Templo, transformado y ampliado durante décadas por Herodes el Grande. Su enorme plataforma dominaba Jerusalén. Había grandes patios rodeados de columnas, enormes bloques de piedra, superficies de piedra blanca y adornos de oro. Algunas de las piedras utilizadas en las estructuras del complejo eran gigantescas, de muchas toneladas. Las fuentes antiguas describen el templo como una de las construcciones más impresionantes de su tiempo.
Pero su importancia iba mucho más allá de su arquitectura.
Para un judío, aquel era el templo.
El lugar relacionado con la presencia de Dios entre su pueblo.
El lugar de los sacrificios.
El centro de las grandes celebraciones de Israel.
Un símbolo de su historia, su identidad y su relación con Dios.
Entonces imagina la escena.
Los discípulos están mirando algo que parecía enorme, santo, permanente, casi imposible de imaginar fuera del paisaje de Jerusalén.
Y Jesús les dice:
“Todo esto va a caer.”
No estaba hablando solamente de la destrucción de un edificio.
Para ellos debió sonar como si Jesús estuviera diciendo:
“El mundo tal como ustedes lo conocen está a punto de derrumbarse.”
Mira lo que pasa después:
Mark 13:3–4 NTV
Más tarde, Jesús se sentó en el monte de los Olivos, al otro lado del valle del templo. Pedro, Santiago, Juan y Andrés se le acercaron en privado y le preguntaron: —Dinos, ¿cuándo sucederá todo eso? ¿Qué señal nos indicará que esas cosas están por cumplirse?
Y todo lo que veremos a continuación, a lo largo de Marcos 13, es la respuesta de Jesús a esa pregunta.
Pero debemos escuchar cuidadosamente la respuesta.
Porque Jesús va a hablar primero de algo que ocurriría dentro de la historia: la caída de Jerusalén y la destrucción del templo.
Y después dirigirá nuestra mirada hacia algo diferente:
el día cuyo momento nadie conoce: el regreso final del Señor.
Dos horizontes.
Una misma verdad:
Pase lo que pase, Cristo sigue siendo Rey.
Y por eso el discípulo de Jesús puede permanecer fiel...
cuando todo se derrumbe.

1. CUANDO EL MUNDO QUE CONOCES SE DERRUMBE, NO TE ALARMES

1. WHEN THE WORLD AS YOU KNOW IT FALLS APART, DO NOT BE ALARMED

Mark 13:5–13 NTV
Jesús contestó: —No dejen que nadie los engañe, porque muchos vendrán en mi nombre y afirmarán: “Yo soy el Mesías”. Engañarán a muchos. Y ustedes oirán de guerras y de amenazas de guerras, pero no se dejen llevar por el pánico. Es verdad, esas cosas deben suceder, pero el fin no vendrá inmediatamente después. Una nación entrará en guerra con otra, y un reino con otro reino. Habrá terremotos en muchas partes del mundo, y también hambres; pero eso es sólo el comienzo de los dolores del parto, luego vendrán más. »Cuando esas cosas comiencen a suceder, ¡tengan cuidado! Los entregarán a los tribunales y los golpearán en las sinagogas. Serán sometidos a juicio ante gobernantes y reyes por ser mis seguidores, pero esa será una oportunidad para que ustedes les hablen de mí. Pues la Buena Noticia primero tiene que ser predicada a todas las naciones. Cuando los arresten y los sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Sólo hablen lo que Dios les diga en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo. »Un hermano traicionará a muerte a su hermano, un padre traicionará a su propio hijo, y los hijos se rebelarán contra sus padres y harán que los maten. Todos los odiarán a ustedes por ser mis seguidores, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo.
Jesús comienza su respuesta de una manera muy interesante.
Los discípulos preguntan:
“¿Cuándo?”
Y Jesús responde:
“Tengan cuidado de que nadie los engañe.”
Eso es importante.
Porque la primera preocupación de Jesús no es darles una fecha.
Es evitar que sean engañados.
Jesús les advierte que vendrán personas usando su nombre.
Habrá guerras.
Rumores de guerras.
Terremotos.
Hambre.
Conflictos entre naciones.
Pero luego dice algo extraordinario:
“No se alarmen.”
No dice que esas cosas no sean graves.
No dice que no duelan.
No dice que deban ignorarlas.
Dice:
No permitan que esas cosas gobiernen su corazón.
Porque estas cosas ocurrirán, pero eso no significa que Dios haya perdido el control.
Y necesitamos recordar algo.
Jesús está hablando originalmente con hombres que vivirían precisamente en una época de enorme inestabilidad.
En unas pocas décadas, el mundo judío que ellos conocían sería sacudido.
Habría conflictos.
Rebeliones.
Persecución.
Y finalmente Jerusalén sería destruida por Roma en el año 70.
El templo que estaban admirando desaparecería.
Pero Jesús les dice de antemano:
Cuando vean que las cosas comienzan a desmoronarse...
no entren en pánico.
Y aquí encontramos una lección tremendamente importante.
Hay una diferencia entre estar atentos y estar obsesionados.
Jesús quiere discípulos atentos.
Pero no quiere discípulos aterrados.
No quiere discípulos corriendo detrás de cada rumor.
No quiere discípulos interpretando cada tragedia como una nueva clave secreta del calendario profético.
Quiere discípulos que sepan que, aunque el mundo parezca caótico,
Dios no está en caos.
Cuando las naciones tiemblan, Dios no tiembla.
Cuando los gobiernos cambian, Cristo no cambia.
Cuando las noticias nos asustan, el cielo no entra en pánico.
Pero Jesús va todavía más lejos.
Les dice que serán arrestados.
Que serán golpeados.
Que comparecerán ante gobernadores y reyes.
Y luego dice:
Eso será una oportunidad para que hablen de mí.
Eso cambia completamente nuestra perspectiva.
Nosotros vemos persecución y decimos:
“Todo está saliendo mal.”
Jesús dice:
“Ahí tienes una oportunidad para el evangelio.”
Nosotros vemos caos.
Jesús ve misión.
Nosotros vemos una puerta cerrándose.
Jesús puede estar abriendo un púlpito.
Porque aunque el mundo se derrumbe,
la misión de la iglesia no cambia.
Y entonces llegamos al v. 13:
“El que se mantenga firme hasta el fin será salvo.”
No es un llamado a descifrar.
Es un llamado a perseverar.

2. CUANDO LLEGUE LA CRISIS, CREE A JESÚS Y OBEDECE

2. WHEN CRISIS STRIKES, BELIEVE IN JESUS AND OBEY

Mark 13:14–23 NTV
»Llegará el día cuando verán el objeto sacrílego que causa profanación de pie en un lugar donde él no debe estar. (Lector, ¡presta atención!). Entonces los que estén en Judea huyan a las colinas. La persona que esté en la azotea no baje a la casa para empacar. El que esté en el campo no regrese ni para buscar un abrigo. ¡Qué terribles serán esos días para las mujeres embarazadas y para las madres que amamantan! Y oren para que la huída no sea en invierno. Pues habrá más angustia en esos días que en cualquier otro momento desde que Dios creó al mundo. Y jamás habrá una angustia tan grande. De hecho, a menos que el Señor acorte ese tiempo de calamidad, ni una sola persona sobrevivirá; pero por el bien de los elegidos, él ha acortado esos días. »Entonces, si alguien les dice: “Miren, aquí está el Mesías” o “Allí está”, no lo crean. Pues se levantarán falsos mesías y falsos profetas y realizarán señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos de Dios. ¡Tengan cuidado! ¡Les he advertido esto de antemano!
Entonces Jesús comienza a hablar de una crisis mucho más concreta.
Habla de aquello que Marcos llama “la abominación desoladora”.
Y dice:
“Cuando vean…”
Observa eso.
Jesús les está dando una señal que ellos podrían reconocer.
Y después les da instrucciones muy prácticas:
Los que estén en Judea...
huyan.
El que esté en la azotea no baje.
El que esté en el campo no regrese.
Oren para que aquello no suceda en invierno.
Estas palabras son importantes porque nos ayudan a ubicar el discurso.
Jesús no está describiendo todavía el momento en que el universo deja de existir.
Está advirtiendo acerca de una catástrofe histórica que vendría sobre Judea y Jerusalén.
Si esto fuera simplemente una descripción del último segundo de la historia humana, ¿para qué huir a las montañas?
¿Para qué preocuparse porque sea invierno?
Pero para los discípulos que vivirían una guerra devastadora en Judea, esas instrucciones tenían muchísimo sentido.
El templo iba a caer.
Jerusalén iba a sufrir.
Vendrían días terribles.
Y nuevamente Jesús les dice:
Estén atentos.
Pero nota algo maravilloso.
Jesús les advierte antes de que ocurra.
¿Por qué?
El mismo Jesús lo explica en el v. 23:
“Tengan cuidado. Yo les he advertido acerca de esto de antemano.”
En otras palabras:
Cuando suceda, recuerden que yo ya se los había dicho.
Cuando vean el templo destruido...
no piensen que mis palabras fracasaron.
Precisamente lo contrario.
Recuerden mis palabras.
Eso cambia completamente el significado de la caída de Jerusalén.
Para ellos podría parecer:
“Todo terminó.”
Pero Jesús les había dicho:
“No. Cuando esto suceda, recuerden que yo sigo siendo Señor.”
Aquello que parecía el derrumbe del plan de Dios era algo que Cristo ya había anunciado.
Y quizá aquí encontramos una de las verdades centrales de todo el capítulo:
Que algo nos sorprenda a nosotros no significa que haya sorprendido a Dios.
Hay momentos en nuestra vida donde pensamos:
“Esto no debía haber sucedido.”
“Mi mundo se está cayendo.”
“¿Dónde está Dios?”
Marcos 13 no nos promete que nunca enfrentaremos momentos así.
Nos enseña algo mejor:
Cristo puede preparar a sus discípulos para permanecer fieles incluso cuando aquello que parecía seguro desaparece.

3. CUANDO LOS REINOS CAIGAN, RECUERDA QUIÉN REINA

3. WHEN KINGDOMS FALL, REMEMBER WHO REIGNS 

Mark 13:24–31 NTV
»En ese tiempo, después de la angustia de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará luz, las estrellas caerán del cielo, y los poderes de los cielos serán sacudidos. »Entonces todos verán al Hijo del Hombre venir en las nubes con gran poder y gloria. Y él enviará a sus ángeles para que reúnan a los elegidos de todas partes del mundo, desde los extremos más lejanos de la tierra y del cielo. »Ahora, aprendan una lección de la higuera. Cuando las ramas echan brotes y comienzan a salir las hojas, ustedes saben que el verano se acerca. De la misma manera, cuando vean que suceden todas estas cosas, sabrán que su regreso está muy cerca, a las puertas. Les digo la verdad, no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan. El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.
Ahora llegamos probablemente a la parte más difícil del capítulo.
Jesús dice que el sol se oscurecerá.
La luna dejará de dar su luz.
Las estrellas caerán.
Los poderes de los cielos serán sacudidos.
Y entonces verán al Hijo del Hombre venir en las nubes con gran poder y gloria.
Nuestra primera reacción moderna puede ser:
“Ahí cambió de tema. Ahora está hablando del fin del mundo.”
Pero debemos detenernos.
Porque Jesús está hablando como hablaban los profetas de Israel.
Isaías.
Ezequiel.
Joel.
Daniel.
En los profetas, el lenguaje del sol, la luna y las estrellas siendo sacudidos muchas veces aparece para describir la caída de reinos, naciones y poderes.
Era lenguaje profético de juicio.
Y luego Jesús utiliza una imagen directamente tomada de Daniel 7:
“El Hijo del Hombre viniendo en las nubes.”
Y aquí ocurre algo que fácilmente podemos perder.
En Daniel 7, el Hijo del Hombre no viene desde el cielo hacia la tierra.
El Hijo del Hombre viene ante el Anciano de Días.
Y allí recibe autoridad.
Honor.
Soberanía.
Un reino que nunca será destruido.
Entonces, cuando Jesús utiliza este lenguaje, parece estar diciendo mucho más que:
“Un día me verán bajar del cielo.”
Está hablando de su vindicación y su reinado.
El templo puede caer.
Jerusalén puede caer.
Los poderes humanos pueden parecer invencibles.
Pero el Hijo del Hombre recibe el reino.
Jesús reina.
Y eso es especialmente importante porque Jesús está a solamente unos días de la cruz.
Dentro de poco será arrestado.
Golpeado.
Escupido.
Humillado.
Crucificado.
A los ojos del mundo parecerá derrotado.
Pero Daniel 7 nos dice quién es realmente este Jesús.
Él es el Hijo del Hombre.
El Rey.
El que recibe todo dominio.
Así que incluso la destrucción de Jerusalén no significa que la historia haya quedado fuera del control de Dios.
El antiguo templo puede desaparecer.
Pero el Rey mesiánico permanece.
Y Jesús agrega:
“No pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan.”
Esa frase debe tener peso en nuestra interpretación.
Jesús está diciendo a aquellos discípulos que los acontecimientos acerca de los cuales ha venido hablando no pertenecen solamente a un futuro remoto miles de años después.
Aquella generación vería estas cosas.
Y efectivamente, dentro de aquella generación, Jerusalén cayó y el templo fue destruido.
Pero después Jesús dice algo todavía más grande:
“El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán.”
Ahí está el contraste.
Al comienzo del capítulo los discípulos dicen:
“Mira esas piedras.”
Jesús responde:
“Caerán.”
Ahora Jesús dice:
Incluso el cielo y la tierra pasarán.
Pero hay algo que nunca caerá:
Mi palabra.
Los edificios caen.
Las instituciones cambian.
Los imperios desaparecen.
Las culturas pasan.
Las personas mueren.
Las cosas que considerábamos permanentes resultan no serlo.
Pero Cristo dice:
“Mis palabras no pasarán.”
Cuando todo se derrumbe...
ahí está nuestro ancla.

4. EN CUANTO AL DÍA FINAL, NO CALCULES: VELA

4. AS FOR THE FINAL DAY, DO NOT CALCULATE: KEEP WATCH

Mark 13:32–37 NTV
»Sin embargo, nadie sabe el día ni la hora en que sucederán esas cosas, ni siquiera los ángeles en el cielo ni el propio Hijo. Sólo el Padre lo sabe. Y, ya que ustedes tampoco saben cuándo llegará ese tiempo, ¡manténganse en guardia! ¡Estén alerta! »La venida del Hijo del Hombre puede ilustrarse mediante la historia de un hombre que tenía que emprender un largo viaje. Cuando salió de casa, dio instrucciones a cada uno de sus esclavos sobre el trabajo que debían hacer y le dijo al portero que esperara su regreso. ¡Ustedes también deben estar alerta! Pues no saben cuándo regresará el amo de la casa: si en la tarde, a medianoche, durante la madrugada o al amanecer. Que no los encuentre dormidos cuando llegue sin previo aviso. Les digo a ustedes lo que digo a todos: ¡Manténganse despiertos esperándolo a él!
Y entonces ocurre algo muy importante en el discurso.
Hasta aquí Jesús ha hablado una y otra vez de:
“estas cosas.”
“Cuando vean estas cosas…”
“Esta generación no pasará hasta que sucedan estas cosas…”
Pero en el v. 32 aparece una expresión diferente:
“Sin embargo, nadie sabe el día ni la hora…”
Aquí parece abrirse otro horizonte.
Ya no está hablando simplemente de aquello que los discípulos verían suceder en Jerusalén.
Ahora habla de aquel día cuyo momento nadie conoce.
Y observa el contraste.
Acerca de Jerusalén Jesús dijo:
“Cuando vean…”
Pero acerca de aquel día dice:
“Nadie sabe.”
En Jerusalén había cosas que podrían observar.
Pero respecto al regreso final del Señor:
no hay fecha que descifrar.
Jesús incluso dice que los ángeles no saben.
El Hijo no sabe.
Solo el Padre.
Y quizá esta sea una de las correcciones más fuertes que Jesús hace a nuestra obsesión por los calendarios.
Porque si alguien te dice:
“Yo descubrí exactamente cuándo regresará Cristo”...
ya sabes una cosa:
Jesús dijo que no lo sabe.
Entonces, ¿qué hacemos?
Jesús responde:
“¡Estén alerta! ¡Manténganse despiertos!”
No dice:
“Como no saben cuándo, calculen.”
Dice:
“Como no saben cuándo...
sean fieles.
Y entonces cuenta una pequeña parábola.
Un hombre se va de viaje.
Deja su casa.
Entrega responsabilidades a sus siervos.
A cada uno le da su trabajo.
Y el portero debe mantenerse despierto porque no sabe cuándo regresará el dueño de la casa.
Esa es la imagen con la que Jesús termina Marcos 13.
No termina con una gráfica.
No termina con un calendario.
No termina con una clave secreta.
Termina con siervos trabajando mientras esperan a su Señor.
Y entonces la pregunta cambia.
Ya no es:
“¿Cuándo regresará Jesús?”
La pregunta es:
“Cuando Jesús regrese, ¿qué me encontrará haciendo?”
¿Fiel?
¿Sirviendo?
¿Orando?
¿Amando?
¿Compartiendo el evangelio?
¿Haciendo discípulos?
¿Cuidando aquello que Cristo me encomendó?
¿O distraído tratando de descubrir una fecha que Jesús dijo que no conoceríamos?
Jesús termina diciendo:
“Lo que les digo a ustedes, se lo digo a todos: ¡Vigilen!”
Ahí estamos nosotros.
Los primeros discípulos necesitaban estar preparados para la caída de Jerusalén.
La iglesia de todas las generaciones debe vivir preparada para el regreso del Señor.
Ellos sabían que venía una crisis, pero necesitaban permanecer fieles.
Nosotros sabemos que Cristo regresará, pero no sabemos cuándo.
Y el llamado es el mismo:
Permanezcan despiertos.

CONCLUSIÓN

Al comenzar esta conversación, los discípulos miraban el templo.
Aquellas enormes piedras parecían decir:
“Esto siempre estará aquí.”
Pero Jesús les dijo:
“No.”
Esto se va a derrumbar.
Y unas décadas después...
se derrumbó.
Pero el derrumbe del templo no fue el derrumbe del reino de Dios.
Jerusalén cayó.
Cristo siguió reinando.
El templo desapareció.
La palabra de Cristo permaneció.
Los imperios cambiaron.
El evangelio siguió avanzando.
Y más allá de aquella crisis histórica, Jesús dirige nuestra mirada hacia un día que todavía esperamos.
El Señor regresará.
¿Cuándo?
No lo sabemos.
Y Jesús parece estar perfectamente cómodo con que no lo sepamos.
Porque nuestra seguridad nunca dependió de conocer la fecha.
Nuestra seguridad depende de conocer al Señor.
Tal vez queremos información.
Jesús quiere fidelidad.
Queremos fechas.
Jesús quiere perseverancia.
Queremos interpretar cada señal.
Jesús quiere evitar que seamos engañados.
Queremos saber exactamente qué sucederá.
Jesús quiere que sepamos cómo vivir mientras esperamos.
Y eso significa que Marcos 13 no está formando discípulos que puedan presumir:
“Yo entendí el calendario.”
Está formando discípulos capaces de decir:
“Aunque no entienda todo lo que está ocurriendo, sé quién reina.”
Iglesia, habrá momentos en que algo se derrumbe.
Quizá aquello sobre lo que habías construido tu seguridad.
Tal vez tu salud.
Un trabajo.
Una relación.
Una institución.
Un sueño.
Quizá incluso cosas que pensabas que Dios nunca permitiría que cambiaran.
Y cuando eso suceda, recuerda Marcos 13.
No todo lo que se derrumba significa que Dios perdió el control.
El templo cayó.
Y Jesús seguía siendo Rey.
Así que cuando todo se derrumbe:
No te dejes engañar.
No vivas aterrorizado.
No abandones tu misión.
Permanece fiel.
Confía en la palabra de Cristo.
Y mantente despierto.
Porque nuestra esperanza no consiste en saber exactamente qué viene después.
Nuestra esperanza consiste en saber quién tiene la historia en sus manos.
El cielo y la tierra pasarán.
Pero sus palabras nunca pasarán.
Y un día, cuando el Señor de la casa regrese, que nos encuentre haciendo aquello que nos encomendó.
Porque cuando todo se derrumbe...
Cristo seguirá siendo Rey.
Eres amado.
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