UN HUESO SECO EN LA MANO DE DIOS
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Texto base: Jueces 15:14–19
Introducción: Cuando sientes que ya no queda nada en ti
Introducción: Cuando sientes que ya no queda nada en ti
Hay momentos en los que una persona puede sentirse exactamente como aquello que Sansón encontró en el camino: algo seco, débil, olvidado y aparentemente inútil.
Hay personas que aman a Dios, pero están luchando con depresión. Otros sienten que viven dentro de una prisión mental. Algunos están agotados físicamente, emocionalmente y espiritualmente. Hay quienes dicen: “Soy salvo, pero me siento perdido. No tengo alegría. No tengo victoria”. Otros enfrentan pobreza, adicciones, ansiedad, miedo, soledad o una familia quebrantada.
Y cuando atravesamos temporadas así, fácilmente comenzamos a mirarnos a nosotros mismos y pensamos:
“Yo no tengo lo que otros tienen.”
“No tengo suficientes talentos.”
“No puedo hacer lo que otros hacen.”
“Otros parecen avanzar más rápido que yo.”
“Otros tienen más oportunidades.”
“¿Qué podría hacer Dios con alguien como yo?”
Pero Jueces 15 nos presenta una verdad extraordinaria: cuando algo aparentemente insignificante cae en la mano de alguien sobre quien está el Espíritu de Dios, puede convertirse en instrumento de una gran victoria.
Sansón no encontró una espada.
No encontró un ejército.
No encontró una poderosa arma militar.
Encontró una quijada de asno.
Algo que cualquiera habría ignorado.
Pero aquello que parecía inútil se convirtió en un instrumento extraordinario cuando estuvo bajo la operación del poder de Dios.
Y quizá hoy tú te sientes como ese hueso: seco, cansado, limitado, olvidado o sin grandes capacidades.
Pero la pregunta no es solamente qué eres tú.
La verdadera pregunta es:
¿En manos de quién está tu vida?
1. CUANDO EL ESPÍRITU DE DIOS VIENE, LAS ATADURAS PIERDEN SU PODER
1. CUANDO EL ESPÍRITU DE DIOS VIENE, LAS ATADURAS PIERDEN SU PODER
Sansón estaba rodeado por sus enemigos y además estaba atado.
Humanamente parecía terminado.
Los filisteos creyeron que finalmente lo tenían controlado. Pensaron que las cuerdas eran suficientemente fuertes para impedir que cumpliera aquello para lo cual Dios lo había levantado.
Pero sucedió algo que ellos no podían controlar:
el Espíritu del Señor vino sobre Sansón.
Jueces 15:14
Jueces 15:14
“El Espíritu de Jehová vino sobre él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos.”
Las cuerdas seguían siendo cuerdas.
Los enemigos seguían siendo enemigos.
Pero había llegado una presencia superior a aquello que lo estaba atando.
El mensaje es poderoso: lo que parece imposible romper en nuestras propias fuerzas no es imposible cuando el Espíritu de Dios interviene.
Hay personas cuyas ataduras no están alrededor de sus brazos; están alrededor de su mente.
Miedo.
Ansiedad.
Pensamientos de derrota.
Depresión.
Adicciones.
Culpabilidad.
Recuerdos dolorosos.
Pensamientos que constantemente les dicen: “Nunca vas a cambiar. Nunca saldrás de esto. Siempre vivirás así”.
Pero las ataduras del enemigo no son más fuertes que la presencia de Dios.
Cuando el Espíritu Santo viene sobre una vida, aquello que parecía una cadena puede convertirse, como dice el texto, en lino quemado por el fuego.
Se derrite ante la presencia de Dios.
2 Corintios 3:17
2 Corintios 3:17
“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.”
La libertad no comienza cuando tus circunstancias cambian.
La verdadera libertad comienza cuando la presencia de Dios toma dominio dentro de ti.
Tal vez alguien puede decir:
“Pero yo he fallado.”
“He sido infiel.”
“He cometido demasiados errores.”
Sin embargo, la fidelidad de Dios no depende de nuestra perfección.
2 Timoteo 2:13
2 Timoteo 2:13
“Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo.”
Incluso cuando tu propio corazón te condena, Dios sigue siendo mayor que aquello que estás sintiendo.
1 Juan 3:20
1 Juan 3:20
“Pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.”
Aplicación
Aplicación
No determines tu futuro por las cuerdas que hoy ves alrededor de ti.
No digas: “Siempre seré así”.
No declares: “Nunca podré salir”.
No permitas que una temporada de oscuridad se convierta en la definición de toda tu vida.
El Espíritu de Dios todavía rompe ataduras.
Puede ordenar una mente confundida.
Puede convertir debilidad en fortaleza.
Puede traer paz donde existe tormenta.
Puede levantar a alguien que siente que se está ahogando.
Lo que tú no has podido romper con tus fuerzas puede caer cuando la presencia de Dios interviene.
2. DIOS PUEDE USAR AQUELLO QUE LOS DEMÁS CONSIDERAN INSIGNIFICANTE
2. DIOS PUEDE USAR AQUELLO QUE LOS DEMÁS CONSIDERAN INSIGNIFICANTE
Después de que las cuerdas cayeron, Sansón tenía un problema.
Los enemigos seguían allí.
Y él no tenía espada.
No tenía lanza.
No tenía ejército.
Entonces ocurrió algo extraordinariamente sencillo.
Jueces 15:15
Jueces 15:15
“Y hallando una quijada de asno fresca aún, extendió la mano y la tomó, y mató con ella a mil hombres.”
Observa cuidadosamente:
“Extendió la mano y la tomó.”
Allí estaba la quijada.
Algo común.
Algo que nadie habría elegido para una batalla.
Probablemente cualquiera habría pasado junto a ella sin prestarle atención.
Pero Sansón la tomó.
Y lo que parecía inútil se convirtió en un instrumento de liberación.
Jueces 15:16
Jueces 15:16
“Con la quijada de un asno, un montón, dos montones; con la quijada de un asno maté a mil hombres.”
El poder no estaba en el hueso.
El poder estaba en Dios.
La quijada simplemente estuvo disponible.
Y este es precisamente uno de nuestros grandes problemas: constantemente nos estamos comparando con otros.
Miramos alrededor y decimos:
“Él tiene más talento.”
“Ella canta mejor.”
“Aquel predica mejor.”
“Esa persona tiene más educación.”
“Aquel tiene más recursos.”
“A mí me faltan demasiadas cosas.”
Es como la ilustración del burro.
Podría mirar a los caballos y decir:
“Ellos son más rápidos.”
“Son más elegantes.”
“Tienen un hermoso pelaje.”
“Todo el mundo los quiere.”
“Yo tengo las orejas demasiado grandes.”
“Mis patas son demasiado cortas.”
“Ni siquiera tengo una voz bonita; solamente puedo rebuznar.”
Y muchas personas están viviendo así.
Han pasado tanto tiempo observando lo que otros tienen que han terminado despreciando lo que Dios puso en ellos.
Pero la Escritura nos recuerda:
1 Corintios 1:27
1 Corintios 1:27
“Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.”
Dios no necesita que seas impresionante para poder usarte.
Dios necesita que estés disponible.
Quizá tú solamente ves una quijada.
Dios puede estar viendo una batalla que será ganada.
Tú ves debilidad.
Dios ve un instrumento.
Tú ves limitaciones.
Dios ve posibilidades.
Tú ves lo que no tienes.
Dios sabe exactamente qué puede hacer con aquello que sí tienes.
2 Corintios 4:7
2 Corintios 4:7
“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.”
Ahí está el secreto.
El tesoro no depende de la calidad del recipiente.
Somos vasos frágiles, pero llevamos un tesoro celestial.
Nuestra riqueza no está en nosotros mismos.
Nuestra suficiencia está en Cristo.
Aplicación
Aplicación
Deja de despreciar tu vida porque no se parece a la de otra persona.
Deja de pensar que Dios solamente usa a los “caballos” que parecen rápidos, fuertes y hermosos.
Dios puede tomar al que nadie considera.
Puede tomar al que tiene poco.
Puede tomar al quebrantado.
Puede tomar al que viene de un pasado difícil.
Puede tomar a alguien que piensa que no tiene voz.
Puede tomar aquello que parece seco y convertirlo en instrumento de una victoria que nadie esperaba.
No necesitas convertirte en otra persona para que Dios te use.
Entrégale a Dios lo que eres.
Entrégale tu voz.
Entrégale tu historia.
Entrégale tus debilidades.
Entrégale lo poco que tienes.
Porque un hueso en el suelo parece inútil.
Pero un hueso en la mano de Dios puede convertirse en instrumento de liberación.
3. EL DIOS QUE TE DA LA VICTORIA TAMBIÉN TE SOSTIENE DESPUÉS DE LA BATALLA
3. EL DIOS QUE TE DA LA VICTORIA TAMBIÉN TE SOSTIENE DESPUÉS DE LA BATALLA
Sansón experimentó una gran victoria.
Mil enemigos habían caído.
Parecería que la historia debería terminar allí.
Pero no terminó allí.
Después de la victoria vino algo profundamente humano:
Sansón tuvo sed.
Jueces 15:18
Jueces 15:18
“Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo; ¿y moriré yo ahora de sed...?”
Este hombre había experimentado el poder de Dios y, sin embargo, ahora estaba agotado.
Eso nos enseña algo importante:
Puedes haber tenido una gran victoria espiritual y todavía experimentar cansancio.
Puedes amar a Dios y sentirte agotado.
Puedes haber visto al Señor usarte y después sentirte vacío.
Puedes haber orado por otros y después necesitar que alguien ore por ti.
Sansón no escondió su necesidad.
Clamó a Dios.
Y Dios respondió.
Jueces 15:19
Jueces 15:19
“Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y se reanimó.”
¡Qué escena!
El mismo lugar relacionado con la batalla se convirtió en lugar de provisión.
Dios hizo salir agua.
Sansón bebió.
Y la Escritura dice:
“Recobró su espíritu, y se reanimó.”
Tal vez esa es exactamente la palabra que alguien necesita hoy.
Reanimarse.
Has estado demasiado tiempo luchando.
Has tenido miedo.
Has enfrentado ansiedad.
Has sufrido pérdidas.
Has intentado mantener tu familia unida.
Has luchado contra alguna adicción.
Has atravesado noches en las que tu mente no te deja descansar.
Y ahora dices:
“Señor, ya no puedo más”.
Entonces escucha:
El Dios que te sostuvo durante la batalla no va a abandonarte después de ella.
Isaías 40:29
Isaías 40:29
“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”
Tal vez tú dices:
“No tengo fuerzas.”
Entonces eres exactamente la clase de persona a la que este texto habla.
Dios da fuerzas al que ya no las tiene.
Mateo 11:28
Mateo 11:28
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Jesús no dijo: “Vengan solamente los fuertes”.
Dijo:
“Vengan los cansados.”
Aplicación
Aplicación
Si estás agotado, clama.
Si tienes sed, clama.
Si tu mente está cansada, clama.
Si estás peleando una batalla que parece no terminar, clama.
Sansón no produjo su propia agua.
Dios abrió la fuente.
Hay momentos en los que lo único que podemos hacer es reconocer:
“Señor, si tú no me fortaleces, no puedo continuar”.
Y allí Dios vuelve a mostrarnos que nuestra esperanza nunca estuvo en nuestra capacidad.
Está en Él.
CONCLUSIÓN: PON EL HUESO EN LA MANO DE DIOS
CONCLUSIÓN: PON EL HUESO EN LA MANO DE DIOS
Quizá hoy te sientes seco.
Quizá te sientes pequeño.
Quizá te has estado comparando con otras personas.
Quizá piensas que no tienes talentos suficientes.
Quizá estás luchando contra cadenas que nadie puede ver.
Quizá vienes de una gran batalla y ahora estás completamente agotado.
Pero esta historia nos enseña tres verdades que no debemos olvidar:
Cuando el Espíritu de Dios viene, las cadenas pierden su poder.
Cuando algo aparentemente insignificante se entrega a Dios, puede convertirse en instrumento de una gran victoria.
Y cuando después de la batalla nos quedamos sin fuerzas, Dios todavía puede abrir una fuente y reanimarnos.
No eres demasiado pequeño para Dios.
No eres demasiado débil para Dios.
No estás demasiado quebrantado para Dios.
No estás demasiado seco para Dios.
El asunto no es cuánto poder tienes tú.
El asunto es en manos de quién está tu vida.
La quijada tirada en el suelo no podía hacer nada.
Pero cuando fue tomada para el propósito de Dios, participó en una victoria extraordinaria.
Hoy dile al Señor:
“Dios, quizá no tengo mucho, pero lo que tengo te lo entrego.”
“Quizá estoy cansado, pero sigo confiando en ti.”
“Quizá estoy quebrantado, pero pongo mi vida en tus manos.”
“Quizá mi mente ha estado atada, pero creo que tu Espíritu puede traer libertad.”
“Quizá tengo sed, pero creo que todavía puedes abrir una fuente para mí.”
No mires solamente lo que eres en este momento.
Mira lo que Dios puede hacer cuando tu vida está completamente en sus manos.
Porque aquello que parece solamente un hueso seco en el suelo puede convertirse en un instrumento poderoso cuando cae en la mano de Dios.
Y si hoy estás cansado, herido, ansioso, deprimido, atrapado, apartado o sin esperanza, vuelve tus ojos al Señor.
Su Palabra todavía da vida.
Su Espíritu todavía rompe cadenas.
Su presencia todavía trae libertad.
Su mano todavía utiliza lo débil.
Y su provisión todavía hace que el espíritu cansado vuelva a vivir y se reanime.
Entrégale tu vida otra vez.
Pon el hueso seco en la mano de Dios.
Y deja que Él haga lo que solamente Él puede hacer.
Amén.
UN HUESO SECO EN LA MANO DE DIOS — PARTE 2
UN HUESO SECO EN LA MANO DE DIOS — PARTE 2
Texto base: Jueces 15:15–19
Introducción: Dios todavía puede levantarte del polvo
Introducción: Dios todavía puede levantarte del polvo
En la primera parte vimos algo extraordinario: Sansón encontró una simple quijada de asno, algo que parecía no tener valor, pero cuando aquello quedó en la mano de un hombre sobre quien estaba el Espíritu de Dios, se convirtió en instrumento de una gran victoria.
Ahora el mensaje avanza todavía más.
Porque quizá el problema de muchos no es solamente que se sienten débiles. El problema es que han llegado a una conclusión acerca de sí mismos y están convencidos de que Dios piensa igual que ellos.
Dicen:
“Dios no puede usarme.”
“No tengo buena voz.”
“No soy suficientemente preparado.”
“No tengo la capacidad de otros.”
“Ya estoy demasiado cansado.”
“Dios me usó alguna vez, pero aquella etapa terminó.”
El contenido lo describe con una imagen fuerte: como aquella quijada abandonada en el polvo. Parecía que toda su historia había terminado. Sin embargo, la mano ungida de Dios la levantó, la introdujo en una batalla que jamás habría imaginado y, después de la victoria, incluso aquello que parecía desechado todavía tendría una función.
Por eso esta segunda parte tiene un mensaje para todos los que se sienten secos, olvidados, demasiado débiles o demasiado tarde:
Tú no tienes derecho a determinar lo que Dios puede hacer con una vida que se rinde completamente a Él.
1. NO CONVIERTAS TU OPINIÓN DE TI MISMO EN LA OPINIÓN DE DIOS
1. NO CONVIERTAS TU OPINIÓN DE TI MISMO EN LA OPINIÓN DE DIOS
Uno de los mayores obstáculos que enfrentamos no siempre viene de afuera.
A veces está dentro de nosotros.
Nos miramos.
Evaluamos nuestras capacidades.
Recordamos nuestros errores.
Comparamos nuestra vida con la de otros.
Y entonces llegamos a una conclusión:
“Yo no sirvo para esto.”
El problema aparece cuando suponemos que Dios está de acuerdo con nuestra conclusión.
El mensaje nos lleva al ejemplo de Moisés.
Cuando Dios lo llamó, Moisés miró sus limitaciones.
Éxodo 4:10
Éxodo 4:10
“¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra... porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.”
En otras palabras:
“Señor, escogiste al hombre equivocado.”
“Yo no puedo hablar como se necesita.”
“No tengo aquello que la misión exige.”
Pero Dios respondió:
Éxodo 4:11–12
Éxodo 4:11–12
“¿Quién dio la boca al hombre?... ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”
Dios no le dijo a Moisés:
“Moisés, estás equivocado; en realidad eres un gran orador.”
No.
Dios llevó la atención de Moisés hacia quién era Dios.
Ese es el corazón de esta palabra.
Quizá algunas de las cosas que piensas acerca de ti sean verdaderas.
Quizá no eres el mejor orador.
Quizá no tienes grandes recursos.
Quizá no tienes influencia.
Quizá no tienes la preparación de otra persona.
Pero has olvidado una pregunta más importante:
¿Quién es tu Dios?
El gran error no siempre consiste en tener una opinión demasiado baja acerca de nosotros mismos.
A veces consiste en tener una opinión demasiado pequeña acerca de Dios.
1 Corintios 1:27–28
1 Corintios 1:27–28
“Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios...”
Esto corresponde exactamente al corazón del mensaje.
Dios escoge lo débil.
Dios escoge lo que parece insignificante.
Dios incluso puede levantar aquello que ha quedado despreciado.
Y muchas veces no estamos hablando solamente de personas despreciadas por otros.
Estamos hablando de personas despreciadas ante sus propios ojos.
Se miran en el espejo y no les gusta lo que ven.
Miran su historia y solamente ven fracasos.
Miran sus capacidades y solamente ven limitaciones.
Miran su vida y preguntan:
“¿Qué puede salir de mí?”
Pero Dios no recibe gloria solamente de la fuerza humana.
La recibe cuando un recipiente sencillo, ordinario y débil puede decir:
“Aquí estoy, Señor. Úsame.”
2 Corintios 12:9
2 Corintios 12:9
“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
Ahí cambia todo.
Porque ahora ya no necesito demostrar cuán fuerte soy.
Necesito descubrir cuán suficiente es Él.
Aplicación
Aplicación
No le presentes a Dios tu currículum para explicarle por qué no puede usarte.
No le expliques al Creador de tu boca por qué no puede hablar a través de ti.
No le expliques al que levantó a Moisés por qué tu debilidad es demasiado grande.
Simplemente dile:
“Señor, aquí estoy.”
Porque cuando la mano de Dios levanta una vida, esa persona puede encontrarse llegando a lugares que nunca habría alcanzado por sus propias fuerzas, haciendo cosas que nunca creyó posibles y hablando palabras que parecen venir del corazón de Otro latiendo dentro de ella.
Dios no está limitado por aquello que tú consideras una limitación.
2. AUNQUE TE SIENTAS DESECHADO, DIOS TODAVÍA PUEDE USARTE
2. AUNQUE TE SIENTAS DESECHADO, DIOS TODAVÍA PUEDE USARTE
Después de la batalla sucedió algo interesante.
Sansón había usado la quijada.
La victoria había llegado.
Entonces la arrojó de su mano.
Jueces 15:17
Jueces 15:17
“Y acabando de hablar, arrojó la quijada de su mano...”
Ahí quedó otra vez.
En el suelo.
Había sido usada.
Había participado en una gran victoria.
Pero ahora parecía desechada.
Y esa imagen habla poderosamente de personas que dicen:
“Dios me usó una vez.”
“Hubo un tiempo en que tenía fuerzas.”
“Hubo un tiempo en que tenía un ministerio.”
“Hubo un tiempo en que servía.”
“Hubo un tiempo en que tenía fuego.”
“Pero ahora siento que he sido puesto a un lado.”
Sin embargo, la historia no había terminado.
Sansón comenzó a sentir una sed terrible.
El gran guerrero estaba agotado.
Jueces 15:18
Jueces 15:18
“Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová...”
El hombre que había derrotado enemigos ahora necesitaba ayuda.
El que había sido fuerte ahora estaba débil.
Y Dios produjo provisión en aquel mismo lugar.
Jueces 15:19
Jueces 15:19
“Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y se reanimó.”
El contenido toma esa escena y extrae una verdad preciosa: nunca terminamos nuestra labor en el reino de Dios simplemente porque ya no podamos luchar como antes.
Quizá ya no puedas correr igual.
Quizá ya no tengas las mismas fuerzas.
Quizá la etapa de tu vida cambió.
Pero todavía puedes dar un vaso de agua a alguien que está en la batalla.
Todavía puedes animar.
Todavía puedes orar.
Todavía puedes fortalecer a otro.
Todavía puedes hablar una palabra de esperanza.
Todavía puedes decirle a alguien:
“No te rindas. Dios sigue contigo.”
Mateo 10:42
Mateo 10:42
“Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente... de cierto os digo que no perderá su recompensa.”
No todo servicio parece espectacular.
Hay momentos en que servir a Dios significa derribar enemigos.
Y hay momentos en que servir a Dios significa dar agua al guerrero cansado.
Ambas cosas tienen valor en el reino.
El contenido vuelve entonces a Moisés.
Hubo un tiempo en que Moisés tuvo acceso al palacio de Egipto.
Pero cuando Dios decidió enviarlo verdaderamente, ya no tenía poder político.
No tenía un ejército.
No tenía una espada.
Tenía un rebaño de ovejas.
Y en la mano tenía simplemente una vara.
Éxodo 4:2
Éxodo 4:2
“Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.”
Solo una vara.
Pero puesta al servicio de Dios.
Éxodo 4:17
Éxodo 4:17
“Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.”
Moisés había llegado al punto en que humanamente tenía mucho menos que antes.
Pero ahora tenía algo que no poseía en el palacio:
tenía el llamado y la presencia de Dios.
Aplicación
Aplicación
Nunca digas:
“Ya Dios no puede usarme.”
No hay una edad en la que Dios deja de tener propósito.
No hay una temporada en la que tu vida deja automáticamente de tener valor.
Quizá ya no puedas luchar como antes.
Entonces dale agua a alguien que todavía está luchando.
Quizá no puedas recorrer grandes distancias.
Entonces ora por quien está recorriéndolas.
Quizá no puedas predicar delante de multitudes.
Entonces anima a una persona.
Quizá ya no tengas una espada.
Pero todavía tienes una vara.
Quizá piensas que solamente queda una quijada.
Dios todavía sabe qué hacer con ella.
3. EL ESPÍRITU DE DIOS PUEDE LEVANTAR UN EJÉRCITO DE ENTRE LOS HUESOS SECOS
3. EL ESPÍRITU DE DIOS PUEDE LEVANTAR UN EJÉRCITO DE ENTRE LOS HUESOS SECOS
El mensaje ahora va de una quijada seca a un valle entero lleno de huesos.
Dios llevó al profeta Ezequiel a un lugar donde todo parecía terminado.
Ezequiel 37:1–2
Ezequiel 37:1–2
“La mano de Jehová vino sobre mí... y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos... y por cierto secos en gran manera.”
No estaban solamente heridos.
Eran huesos.
No estaban simplemente cansados.
Estaban secos.
Desde una perspectiva humana, la historia había terminado.
Entonces Dios hizo una pregunta:
Ezequiel 37:3
Ezequiel 37:3
“Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?”
Ezequiel respondió:
“Señor Jehová, tú lo sabes.”
Esa respuesta es fundamental.
Ezequiel no dijo:
“Sí, seguramente vivirán.”
Tampoco dijo:
“No, esto es imposible.”
Dijo:
“Dios, tú sabes.”
En otras palabras:
“Esto está más allá de mí.”
“Yo no tengo el poder.”
“Yo no puedo producir la vida.”
“Pero tú eres Dios.”
Entonces el Señor ordenó llamar al aliento, al Espíritu de Dios.
Ezequiel 37:9–10
Ezequiel 37:9–10
“Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán... y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.”
¡Eso es lo que Dios puede hacer!
Huesos.
Luego vida.
Debilidad.
Luego fuerza.
Desorden.
Luego un ejército.
El contenido conecta esta escena directamente con la iglesia y con la promesa del derramamiento del Espíritu: no solamente hablar de lo que Dios puede hacer, sino vivirlo; no solamente cantarlo, sino experimentarlo.
Hechos 2:17–18
Hechos 2:17–18
“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán... y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu.”
El mensaje es:
Dios todavía puede levantar lo que está en el polvo.
Puede levantar a una iglesia que perdió confianza.
Puede levantar al creyente que perdió el ánimo.
Puede levantar al hombre que dice:
“Ya no tengo nada.”
Puede levantar a la mujer que piensa:
“Mi propósito terminó.”
Puede levantar a jóvenes.
Puede levantar ancianos.
Puede usar hijos e hijas.
Puede tomar a sus siervos y siervas.
No porque tengamos un gran plan.
No porque poseamos grandes capacidades.
Sino porque su Espíritu viene sobre nosotros.
Zacarías 4:6
Zacarías 4:6
“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.”
Ese es el punto al que Dios quiere llevarnos:
al lugar donde sabemos que tiene que ser Él.
No nuestras estrategias.
No nuestra fuerza.
No nuestra elocuencia.
No nuestra inteligencia.
No nuestra reputación.
Él.
Solo Él.
Aplicación
Aplicación
Quizá tú eres uno de esos huesos secos.
Quizá estás diciendo:
“Ya no puedo levantarme.”
Entonces no intentes producir vida por tus propias fuerzas.
Permite que el Espíritu de Dios sople otra vez.
No resistas su mano.
No resistas su misericordia.
No resistas su gracia.
Deja que Dios sea Dios en tu vida.
Deja que te tome en tu debilidad.
Deja que te tome en tu nada.
Porque entonces tu testimonio ya no se centrará en ti.
Será sencillo:
“Yo estaba muerto, pero Dios me dio vida.”
“Estaba seco, pero Dios me llenó de agua viva.”
“No veía propósito, pero Dios tomó mi vida.”
“Pensé que todo había terminado, pero su mano volvió a levantarme.”
CONCLUSIÓN: DEJA QUE DIOS VUELVA A LEVANTARTE
CONCLUSIÓN: DEJA QUE DIOS VUELVA A LEVANTARTE
Tal vez hoy tu vida parece una quijada tirada en el polvo.
Pero Dios todavía puede recogerla.
Tal vez tu historia parece un valle de huesos secos.
Pero Dios todavía puede soplar vida.
Tal vez dices:
“Soy demasiado débil.”
Dios dice:
“Mi poder se perfecciona en tu debilidad.”
Tal vez dices:
“Ya me usaste una vez.”
Dios te recuerda:
Todavía puedes dar agua a alguien que está luchando.
Tal vez dices:
“No tengo nada.”
Dios pregunta:
“¿Qué tienes en tu mano?”
Tal vez dices:
“Estoy muerto por dentro.”
Y Dios pregunta:
“¿Vivirán estos huesos?”
Nuestra respuesta debe ser:
“Señor, tú lo sabes.”
Porque el contenido nos lleva finalmente hacia Cristo y hacia la comunión: Jesucristo fue a la cruz para pagar por nuestros pecados, restaurarnos con Dios y hacer posible que el Espíritu Santo habite en nosotros, de modo que Dios sea Dios en nosotros, para nosotros y a través de nosotros.
Juan 10:10
Juan 10:10
“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
Jesús vino a darte vida.
Vino a darte propósito cuando has perdido el propósito.
Vino a darte visión cuando solamente puedes ver tus luchas.
Vino a darte agua viva para que algún día esa misma agua pueda alcanzar a otros.
Por eso nuestra oración debe ser:
“Señor, soy ese hueso seco.”
“Estoy en el polvo.”
“Pero no resistiré tu mano.”
“Levántame.”
“Úsame.”
“Respira nuevamente sobre mí.”
“Haz en mí lo que solamente tú puedes hacer.”
Porque Dios todavía está levantando su iglesia.
Todavía está dando testimonios.
Todavía está dando fuerzas.
Todavía está rompiendo ataduras.
Todavía está dando agua viva.
Todavía puede levantar a aquellos que creían que su historia había terminado.
Y quizá nuestro mayor testimonio en esta generación será simplemente este:
Estábamos muertos y ahora vivimos.
Éramos ciegos y ahora vemos.
No podíamos levantarnos y Él nos dio fuerzas.
No éramos nada, y Él se convirtió en todo para nosotros.
Así que hoy no le digas a Dios lo que no puede hacer contigo.
No determines tu futuro mirando tu debilidad.
No decidas que el polvo es tu destino.
Deja que la mano de Dios vuelva a levantarte.
Porque cuando el Espíritu de Dios sopla sobre los huesos secos, los huesos no solamente vuelven a vivir: pueden levantarse y convertirse en un gran ejército para la gloria de Dios.
Amén.
