18 de Agosto 2026

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BIENVENIDA GENERAL.

Muy Buenos días tengan todos ustedes… Bienvenidos a este su programa Amando SU Palabra. Un espacio para incentivar el conocimiento de la Palabra y la lectura de la Biblia. Hoy Martes 18 de Agosto.
Hoy estamos en cabina:
Su servidor: Jaime R. Piña. Pastor de la Iglesia Bíblica Redención y Gracia. Ubicados en la Urb. del Este calle 4 entre 3 y 4.
En los controles: Alexis Azuaje. (SANTIAGO ESCORCHE).
Todos bajo la dirección de: Manuel Felipe Garcia.
Puedes reportar Tu sintonía al 0414-5674110.
Para aquellos que nos sintonizan por primera ves…
Nuestro programa esta basado en un devocional diario en donde proporcionamos lecturas bíblicas que permiten la lectura de la biblia en 180 días de forma Cronológica. Si aún no te ha llegado tu devocional y quieres participar diariamente con nosotros. llamas hoy al 0414-5674110
y Vamos a comenzar este tiempo con música edificante y esto es: ______________________________________
Y seguimos con más de nuestro programa amando Su Palabra.
Lecturas para el día de hoy 14 de Mayo:
Números 33-36
Deuteronomio 19
Lucas 13
Versículo para memorizar:
Lucas 13:3 RVR60
3 Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
Tema: LA ILUSIÓN DEL AUTOMERECIMIENTO Y LA NECESIDAD IMPERIOSA DEL ARREPENTIMIENTO.

Segmento 1.

Tema: LA ILUSIÓN DEL AUTOMERECIMIENTO Y LA NECESIDAD IMPERIOSA DEL ARREPENTIMIENTO.

Párrafo 1. (Amando Su Palabra).

El hombre cree erróneamente que puede justificarse con sus obras; también cree — erradamente — que existen ciertos tipos de males, padecimientos solo reservados para ciertos tipos de gente de mal comportamiento y que, por el contrario, él, por su buen proceder, debe gozar de algún beneficio a la hora de rendir cuentas ante el Creador.
Ciertamente; el ser humano abriga en las profundidades de su corazón una de las ilusiones más engañosas, sutiles y peligrosas que existen: 👇
El pensamiento de que puede justificarse a sí mismo mediante sus buenas obras.
Vivimos en una cultura profundamente moralista y meritocrática que permanentemente nos hace creer que EL FAVOR DE DIOS... es un salario que se gana con el esfuerzo individual,
Una “recompensa transaccional” por “nuestra decencia social” o “un derecho adquirido” gracias a nuestras acciones externas.
Bajo este esquema equivocado, el hombre presupone que su pretendida integridad lo coloca automáticamente en un plano de superioridad con respecto a los demás.
Asimismo, el hombre cree erradamente que existen ciertos tipos de males, calamidades y padecimientos reservadors exclusivamente para personas con un comportamiento extremadamente perverso o corrupto.
El hombre piensa que, por portarse bien y ser ordenado, Dios debe tratarlo mejor o librarlo del juicio.
Esta creencia es una manifestación del orgullo caído, el cual se niega rotundamente a aceptar “la depravación total de la naturaleza humana” y la “completa incapacidad del ser humano” para aportar la más mínima cuota a su propia salvación.
La Palabra de Dios derriba tajantemente este mito:
No existe un solo ser humano que por el mérito de sus manos pueda presentarse limpio ante la majestad de un Dios tres veces santo, justo e inmutable.

IMPORTANTE

NO ES VERDAD QUE el favor de Dios o la salvación del alma puedan COMPRARSE O ADQUIRIRSE a través del cumplimiento moralista o la acumulación de méritos humanos.
Dios no mide nuestra justicia comparándonos con otros, sino con su Ley perfecta,LA CUAL el hombre caído no puede cumplirla..
Pensar que nuestras obras nos EXIMEN DEL JUICIO o nos GARANTICE UN TRATO PRIVILEGIADO ante el Creador es desestimar la santidad infinita de Dios y desfigurar la verdadera naturaleza del pecado humano.

Aplicación

Debemos examinar minuciosamente nuestro corazón para identificar cualquier atisbo de fariseísmo o justicia propia que pretenda levantarse en nuestro andar cotidiano.
“Si evaluamos nuestra posición ante Dios” basándonos en nuestra conducta o comparándonos con los demás, caeremos inevitablemente en el autoengaño y la autosuficiencia.
La única actitud correcta ante la presencia de un Dios Santo es el abandono total de todo intento de autojustificación, reconociendo con profunda humildad que nuestras mejores obras son como trapos de inmundicia fuera de la gracia imputada de Cristo.

CORTE:

Tema: LA ILUSIÓN DEL AUTOMERECIMIENTO Y LA NECESIDAD IMPERIOSA DEL ARREPENTIMIENTO.
Deciamos en el corte anterior Que el hombre vive engañado bajo la falsa premisa de que POR SUS BUENAS OBRAS SERÁ JUSTIFICADO, y que las tragedias solo les ocurren a los pecadores excepcionalmente malvados, 👉creyendo que su buen proceder le otorga derechos y privilegios especiales al momento de rendir cuentas ante el Creador.

IMPORTANTE

Debemos desarmar de manera contundente la idea popular de que Dios distribuye los padecimientos temporales de acuerdo con una escala comparativa de bondad humana.
Toda la humanidad se encuentra bajo la misma condición a causa del pecado original. Por tanto, no existen personas que por su moralidad natural merezcan un trato especial o queden exentas de la justicia divina.
La gracia de Dios no es una deuda que Él paga al hombre piadoso, sino un regalo inmerecido otorgado soberanamente a los pecadores impíos.

Segmento 2.

Tema: LA ILUSIÓN DEL AUTOMERECIMIENTO Y LA NECESIDAD IMPERIOSA DEL ARREPENTIMIENTO.

Párrafo 2. (Amando Su Palabra).

Esta actitud no es nueva y es el caso que toca Jesús en una conversación donde alguien le comenta acerca de la forma como habían muerto ciertas personas, dando a entender que merecían morir de esa manera. Jesús les aclara y les asegura fehacientemente que, de no arrepentirse, todo hombre correrá la misma suerte; todos perecerían igualmente.
Esta actitud de arrogancia espiritual y teología retributionista no es nueva, en la historia de la humanidad.
Ese es precisamente el caso que toca nuestro Señor Jesucristo durante una conversación registrada en los evangelios, cuando un grupo de personas se le acerca para contarle con asombro la terrible noticia de una tragedia reciente:
La muerte de ciertos galileos cuya sangre Poncio Pilato había mezclado con las víctimas de sus sacrificios.
Aquellos que trajeron la noticia, traían consigo, una presuposición implícita y sumamente calculadora:
Daban a entender que la magnitud de semejante sufrimiento y la atrocidad de esa muerte, eran la prueba irrefutable de que “aquellos galileos” eran pecadores de una categoría superior, personas extraordinariamente viles que merecían ese castigo tan espantoso. Sin embargo,
El Señor Jesús corrige tahantemente esta actitud farisaica.
Lejos de alimentar la curiosidad, les aclara la realidad espiritual con una contundencia estremecedora.
Les asegura fehacientemente que aquellos galileos no eran más pecadores que el resto de los habitantes de la región, e inmediatamente confronta a sus oyentes dirigiéndoles una advertencia personal y urgente:

“si ellos no se arrepienten de sus propios pecados, todo hombre correrá la misma suerte; todos perecerán de la misma manera bajo la justa ira de Dios.”

CORTE:

Tema: LA ILUSIÓN DEL AUTOMERECIMIENTO Y LA NECESIDAD IMPERIOSA DEL ARREPENTIMIENTO.

Deciamos en el corte anterior Que frente al informe sobre la muerte de los galileos a manos de Pilato, Jesús desmontó la creencia de que las tragedias son castigos exclusivos para los peores pecadores, advirtiendo de forma categórica que todos los hombres, están expuestos a la misma ruina eterna si no se arrepienten.

AHORA.

El contraste que el Señor Jesús establece en este pasaje expone de manera cruda la motivación oculta del corazón humano.
Ante la desgracia ocurrida en Galilea, la tendencia natural de la carne es asumir una postura de espectadores neutrales o jueces santurrones, concluyendo secretamente: "A mí no me pasa eso porque yo soy mejor".
Jesús cambia radicalmente el enfoque de la discusión: no les permite specular sobre el estado espiritual de las víctimas de un desastre, sino que utiliza “la brevedad y la fragilidad de la vida” para confrontar nuestro propio estado de rebeldía ante Dios.
La muerte inesperada de otros no debe ser motivo de juzgamiento, sino una trompeta de advertencia divina que nos llama inmediatamente al arrepentimiento.
Hay algo IMPORTANTE:
La doctrina bíblica del arrepentimiento no es una mera sugerencia para unos pocos religiosos; es un mandato divino absoluto e innegociable para toda la raza humana.
Sin el arrepentimiento verdadero —que implica un cambio radical de la mente, un dolor sincero por haber ofendido a Dios y un apartamiento del pecado hacia la fe en Cristo—, no hay posibilidad alguna de salvación.
Todos los seres humanos comparten la misma culpa universal ante la santidad de Dios y, por lo tanto, enfrentan el mismo destino trágico si insisten en permanecer en su pecado.

Segmento 3.

Tema: LA ILUSIÓN DEL AUTOMERECIMIENTO Y LA NECESIDAD IMPERIOSA DEL ARREPENTIMIENTO.

Párrafo 3. (Amando Su Palabra).

APLICACIÓN: Ni siquiera Job, de quien Dios dijo que era varón perfecto, pudo justificarse por su conducta ante Dios. Debemos estar claros de que no hemos hecho nada que nos justifique ante el Señor, y esa razón nos debe mantener humildes y dependientes de la gracia del Señor en nuestro transitar diario por la vida que nos toca vivir de este lado de la gloria.
Asi es… Ni siquiera Job, de quien Dios mismo testimonió en las Escrituras que era un varón perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal, pudo justificarse por su propia conducta o por su justicia personal ante la presencia temible y gloriosa de Dios.
Cuando Job intentó evaluar el porqué de sus padecimientos argumentando su integridad humana, el Creador lo confrontó desde un torbellino, llevándolo a exclamar con un profundo arrepentimiento: «Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza».
Si el hombre más piadoso de su generación no pudo alegar ningún mérito para sostenerse en pie ante la justicia divina, ¿cómo podría alguno de nosotros hacerlo?
Debemos estar absolutamente claros de que no hemos hecho nada, absolutamente nada, para merecer nuestra salavación.
Nuestras obras no añaden nada a la perfección de Dios ni saldan la inmensa deuda de nuestra rebelión.
Esta verdad teológica, debe clavarse en nuestra conciencia para mantenernos en un estado de profunda humildad y dependencia absoluta de la gracia del Señor el tiempo que nos toca vivir de este lado de la gloria.
Vivir bajo el pacto de la gracia significa reconocer cada mañana que el aliento que respiramos, la fe que profesamos y la esperanza que nos sostiene, son dones inmerecidos comprados a precio de sangre por nuestro Redentor.

CORTE:

Tema: LA ILUSIÓN DEL AUTOMERECIMIENTO Y LA NECESIDAD IMPERIOSA DEL ARREPENTIMIENTO.

Deciamos en el corte anterior. Que la experiencia de Job demuestra que ninguna piedad o integridad humana puede servir como base para justificarnos ante Dios, lo que nos obliga a vivir con una humildad profunda y dependientes únicamente de la gracia inmerecida que hemos recibido de EL.

IMPORTANTE

NO ES VERDAD QUE la madurez cristiana o el tiempo de servicio en la iglesia, nos libren de la necesidad de depender a diario de la gracia de Cristo.
La vida del creyente en este lado de la gloria no consiste en acumular créditos de santidad para impresionar a Dios, sino en rendir continuamente el orgullo, abrazar la Cruz y reconocer que de principio a fin nuestra salvación, santificación y preservación descansan únicamente en la obra perfecta de Jesucristo.

Aplicaciones:

Querido hermano que nos escuchas en esta mañana, ¿te has descubierto evaluando a los demás con severidad mientras disculpas tus propios errores bajo la premisa de tu buena conducta?
Te exhorto a derribar hoy mismo ese ídolo de la autoconfianza y la justicia propia.
Reconoce que si no fuera por la gracia soberana y misericordiosa de Dios, estarías bajo la misma condenación que el peor de los pecadores.
Querido amigo que aún no has rendido tu vida al Señor, no utilices la paciencia de Dios ni tu relativa decencia moral como un escudo para postergar tu arrepentimiento.
Las tragedias de este mundo y la certidumbre de la muerte son recordatorios solemnes de que la vida es un vapor y que el juicio divino es real.
No te engañes pensando que por no ser un criminal, estás seguro.
Acude hoy mismo a los pies de Cristo, confiesa tu pecado y abraza la sola gracia que limpia, justifica y salva eternamente.
Romanos 3:23-24 «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús».

Para meditar

¿Qué pasará con el hombre que no se arrepiente?
¿Hay algún tipo de tragedia o muerte para ciertos tipos de personas?
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