ES HORA DE ORAR
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ES HORA DE ORAR: CUANDO JESÚS BUSCA FE, FRUTO Y UNA CASA DE ORACIÓN
ES HORA DE ORAR: CUANDO JESÚS BUSCA FE, FRUTO Y UNA CASA DE ORACIÓN
Texto principal: Marcos 11:22–24
Introducción
Introducción
Hay palabras de Jesús que no podemos leer apresuradamente. Marcos 11:22–24 contiene una de las declaraciones más profundas acerca de la fe y la oración:
“Tened fe en Dios... cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón... lo que diga le será hecho... Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”
Estas palabras vienen de Aquel por quien todas las cosas fueron hechas. El mismo Dios que tiene poder sobre la creación, el mismo que llamó a Lázaro de la tumba. Por eso, cuando Jesús habla, nunca habla sin propósito y nunca habla sin poder.
Pero si queremos comprender correctamente Marcos 11:22–24, no podemos comenzar solamente en el versículo 22. Tenemos que mirar lo que ocurrió antes.
Jesús había entrado en Jerusalén. Había llegado al templo. Había mirado cuidadosamente todo lo que estaba sucediendo allí y, sin decir nada inicialmente, salió hacia Betania. Aquel templo debía ser el lugar donde Dios se encontraba con su pueblo; un lugar de oración, de respuesta, de presencia, de misericordia y de gloria.
Al día siguiente, Jesús regresa.
En el camino encuentra una higuera llena de hojas, pero sin fruto. Después entra nuevamente en el templo y encuentra actividad religiosa, comercio, movimiento y gente entrando y saliendo; sin embargo, aquello que debía caracterizar la casa de Dios había sido desplazado.
Entonces Jesús actúa.
Y es dentro de ese contexto que posteriormente declara:
“Tened fe en Dios.”
Por eso, este pasaje no es simplemente una enseñanza acerca de obtener lo que deseamos mediante la oración. Es una confrontación con una religión llena de hojas pero sin fruto; con una casa que todavía tiene actividad pero ha perdido su propósito; y con corazones donde existen montañas que solamente Dios puede remover.
Contexto pastoral, histórico, cultural, literario y teológico
Contexto pastoral, histórico, cultural, literario y teológico
Contexto histórico y teológico
Contexto histórico y teológico
El templo no había sido establecido simplemente como un edificio religioso.
Cuando Salomón dedicó el templo, oró para que allí el pueblo pudiera acudir en momentos de pecado, derrota, sequía, calamidad, cautiverio y necesidad. Cuando el pueblo se humillara, confesara y buscara a Dios, Dios respondería.
Incluso el extranjero podía acercarse y encontrar una respuesta que lo llevara a reconocer la realidad del Dios de Israel.
Cuando Salomón terminó de orar, la gloria de Dios llenó la casa de tal manera que los sacerdotes no podían permanecer en pie. Aquella casa debía ser un lugar de oración, presencia, poder y transformación.
Dios había escogido aquel lugar para poner allí su nombre, sus ojos y su corazón.
Contexto cultural
Contexto cultural
Sin embargo, en los días de Jesús, el atrio exterior del templo había comenzado a utilizarse de una manera completamente distinta.
Había compra, venta, cambio de dinero y movimiento de mercancías. Incluso el atrio exterior servía como una especie de camino más corto entre diferentes sectores de la ciudad.
Precisamente el lugar donde el extranjero debía acercarse, preparar su corazón y buscar a Dios se había convertido en un espacio lleno de distracciones y actividades ordinarias.
El problema no era simplemente la existencia de palomas, monedas o mercancías.
El problema era el espíritu que había detrás de aquello.
Algo destinado a los propósitos de Dios había comenzado a utilizarse para los intereses del hombre.
Contexto literario
Contexto literario
Marcos coloca muy cerca dos imágenes poderosas:
una higuera con hojas pero sin fruto
y un templo lleno de actividad pero sin el fruto espiritual que Dios esperaba.
Jesús mira el templo.
Luego encuentra la higuera.
Después entra nuevamente al templo y limpia aquello que había ocupado el lugar de la oración.
Y cuando los discípulos posteriormente observan lo ocurrido con la higuera, Jesús les dice:
“Tened fe en Dios.”
La enseñanza acerca de la fe que mueve montañas nace en medio de una confrontación con la esterilidad espiritual.
Contexto pastoral
Contexto pastoral
Por eso la pregunta del pasaje no es solamente:
“¿Creemos que Dios puede mover montañas?”
La pregunta también es:
“¿Qué encuentra Cristo cuando se acerca a nuestra vida?”
¿Encuentra solamente hojas?
¿Encuentra apariencia religiosa?
¿Encuentra actividad?
¿O encuentra oración, fruto, fe y un corazón completamente entregado a los propósitos de Dios?
1. LA FE EN DIOS PUEDE REMOVER LAS MONTAÑAS QUE NOS IMPIDEN AVANZAR
1. LA FE EN DIOS PUEDE REMOVER LAS MONTAÑAS QUE NOS IMPIDEN AVANZAR
Marcos 11:22–23
Marcos 11:22–23
“Jesús... les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar... y no dudare en su corazón... lo que diga le será hecho.”
Jesús comienza con una orden sencilla:
“Tened fe en Dios.”
No dice simplemente: “Tengan fe”.
La fe bíblica tiene un objeto.
Nuestra confianza está puesta en Dios.
El material presenta estas montañas como obstáculos que parecen profundamente arraigados e imposibles de remover.
Hay montañas que no están fuera de nosotros.
Están dentro.
Puede haber pensamientos arraigados.
Miedos profundos.
Perspectivas equivocadas.
Egoísmo.
Heridas.
Cosas que durante años han impedido nuestro avance.
Llegamos a un punto donde decimos:
“No puedo pasar por encima.”
“No puedo rodearlo.”
“No puedo atravesarlo.”
“Esto es demasiado grande para mí.”
Y posiblemente sea cierto.
Es demasiado grande para nosotros.
Pero no es demasiado grande para Dios.
Jesús está diciendo que existe una obra sobrenatural de Dios capaz de remover aquello que nosotros, con nuestras propias fuerzas, nunca podríamos quitar.
Pero el propósito no es simplemente dejar un vacío.
Cuando Dios remueve algo, quiere colocar algo de Él en su lugar.
Puede quitar egoísmo y poner compasión.
Puede quitar miedo y poner valor.
Puede quitar confusión y dar sabiduría.
Puede quitar incredulidad y producir confianza.
Santiago 1:5
Santiago 1:5
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios... el cual da a todos abundantemente y sin reproche.”
El material señala precisamente esta promesa: cuando buscamos sabiduría para los propósitos de Dios, podemos acudir a Él sabiendo que Dios está dispuesto a responder.
Aplicación
Aplicación
Pregúntate:
¿Cuál es la montaña que está impidiendo que yo sea lo que Dios quiere que sea?
Tal vez llevas años diciendo:
“Yo siempre he sido así.”
“Nunca voy a cambiar.”
“No puedo superar esto.”
“Esto es demasiado fuerte.”
Pero Jesús dice:
“Tened fe en Dios.”
No pongas tus pensamientos por encima de la Palabra de Dios.
No permitas que el miedo tenga la última palabra.
No permitas que la montaña determine hasta dónde puedes llegar.
Es hora de volver a creerle a Dios.
2. JESÚS NO BUSCA SOLAMENTE HOJAS; ÉL BUSCA FRUTO
2. JESÚS NO BUSCA SOLAMENTE HOJAS; ÉL BUSCA FRUTO
Marcos 11:13
Marcos 11:13
“Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo... pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas.”
Aquella higuera tenía apariencia.
Tenía hojas.
Desde lejos parecía prometedora.
Pero cuando Jesús se acercó, no encontró fruto.
En el enfoque del material, esta imagen nos lleva también hasta Génesis.
Génesis 3:7
Génesis 3:7
Después de pecar, Adán y Eva:
“cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.”
Las hojas aparecen allí como un intento humano de cubrir algo que solamente Dios podía resolver.
Habían perdido aquella relación viva con Dios y trataron de cubrir su condición mediante algo fabricado por ellos mismos.
Y ese mismo peligro puede aparecer en la vida espiritual.
Podemos aprender lenguaje religioso.
Podemos desarrollar estructuras.
Podemos organizar actividades.
Podemos saber cuándo levantar las manos.
Podemos conocer las canciones.
Podemos tener una Biblia.
Podemos asistir a reuniones.
Podemos tener hojas.
Pero la pregunta sigue siendo:
¿Hay fruto?
El material lo expresa con fuerza: existe una religión que puede verse bien exteriormente mientras interiormente carece del poder transformador de Dios.
Y aquí encontramos algo profundamente pastoral:
Jesús se acerca porque tiene hambre.
Tiene hambre de comunión con su pueblo.
Tiene hambre de fortalecer.
Tiene hambre de bendecir.
Tiene hambre de libertar.
Tiene hambre de sanar heridas.
Tiene hambre de transformar vidas.
Y cuando se acerca, busca ver en nosotros el fruto de una vida tocada por el Espíritu de Dios.
Gálatas 5:22–23
Gálatas 5:22–23
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.”
Ese es el fruto que ningún esfuerzo humano puede fabricar verdaderamente.
Aplicación
Aplicación
La pregunta no es cuánto sabes.
No es cuánto tiempo llevas en la iglesia.
No es qué posición tienes.
No es cuántas actividades realizas.
La pregunta es:
Cuando Cristo se acerca a mi vida, ¿encuentra fruto?
¿Hay más amor?
¿Hay más misericordia?
¿Hay más compasión?
¿Hay más dominio propio?
¿Hay más hambre de Dios?
¿Hay una vida de oración?
Podemos engañar a otros con las hojas.
Pero cuando Jesús se acerca, Él sabe perfectamente lo que hay detrás de ellas.
3. JESÚS QUIERE DEVOLVER LA ORACIÓN AL CENTRO DE SU CASA
3. JESÚS QUIERE DEVOLVER LA ORACIÓN AL CENTRO DE SU CASA
Marcos 11:15–17
Marcos 11:15–17
Jesús entra en el templo y comienza a expulsar a los que compraban y vendían. Derriba las mesas de los cambistas y no permite que aquel lugar siga utilizándose de una manera contraria a su propósito.
¿Por qué una reacción tan fuerte?
Porque aquel lugar había sido apartado para algo santo.
Era el lugar donde el quebrantado debía poder buscar a Dios.
Era el lugar donde el extranjero debía poder acercarse.
Era el lugar donde la persona cautiva debía encontrar esperanza.
Era el lugar donde la oración debía subir y la respuesta de Dios debía descender.
Pero el propósito había sido desplazado.
La actividad había ocupado el lugar de la presencia.
El interés personal había ocupado el lugar del propósito de Dios.
El movimiento religioso había ocupado el lugar de la oración.
El material señala algo muy serio:
La gente se había acercado al lugar de Dios preguntando principalmente:
“¿Qué puedo obtener?”
Pero la casa de Dios existe para sus propósitos.
La verdadera oración no comienza poniendo al hombre en el centro.
Comienza poniendo a Dios en el centro.
2 Crónicas 7:14
2 Crónicas 7:14
“Si se humillare mi pueblo... y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos...”
Esta era la esencia de aquel lugar desde el principio.
Humillarse.
Orar.
Buscar.
Apartarse del pecado.
Y entonces ver a Dios responder.
Marcos 11:24
Marcos 11:24
Por eso, después de limpiar el templo, después de confrontar la esterilidad y después de mostrarles la higuera, Jesús declara:
“Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”
Ahora entendemos mejor estas palabras.
Jesús está llamando a su pueblo a volver a Dios.
Está diciendo:
“Vuelvan a la oración.”
“Vuelvan a creer.”
“Vuelvan a buscarme.”
“Vuelvan al propósito para el cual fueron llamados.”
Si realmente creyéramos estas palabras, la oración no sería una actividad secundaria.
Sería una prioridad.
El material lo expresa de manera confrontadora: si verdaderamente creyéramos Marcos 11:22–24, las reuniones de oración estarían llenas; no estaríamos esperando que terminara la oración para comenzar otra cosa, sino deseando volver a orar.
Aplicación
Aplicación
Tal vez nuestro problema no es que Dios haya perdido poder.
Tal vez hemos perdido la oración.
Tal vez no necesitamos otra estrategia.
Necesitamos volver al lugar donde Dios responde.
Tal vez no necesitamos más hojas.
Necesitamos fruto.
Tal vez no necesitamos aprender a convivir con nuestras montañas.
Necesitamos volver a creerle a Dios.
Y quizá Cristo está entrando una vez más en su templo y diciendo:
“Hay cosas que tienen que salir, porque quiero devolver la oración al centro.”
CONCLUSIÓN: ES HORA DE ORAR
CONCLUSIÓN: ES HORA DE ORAR
Marcos 11 nos presenta tres imágenes que no podemos olvidar:
una montaña,
una higuera
y un templo.
La montaña representa aquello que parece imposible de remover.
La higuera nos confronta con el peligro de tener apariencia sin fruto.
Y el templo nos recuerda que el lugar destinado para encontrarnos con Dios nunca debe ser ocupado por otras cosas.
Y en medio de todo eso escuchamos la voz de Jesús:
“Tened fe en Dios.”
Tal vez vienen tormentas.
Tal vez enfrentamos situaciones que no podemos controlar.
Tal vez llegará el momento en que descubriremos verdaderamente qué hay dentro de nuestros corazones.
El material pregunta si podremos mantenernos firmes cuando llegue la tormenta, no simplemente para sobrevivir nosotros, sino para poder servir a otros y glorificar a Dios.
No necesitamos solamente fuerza humana.
Necesitamos una autoridad que venga de Dios.
Necesitamos una compasión sobrenatural.
Necesitamos un corazón libre del miedo.
Necesitamos la gloria de Dios llenando otra vez nuestras vidas.
Y eso nos conduce nuevamente a la oración.
Llamado pastoral
Llamado pastoral
Hoy Cristo se acerca.
Quizá mira tu corazón como miró aquel templo.
Quizá está señalando cosas que han ocupado un lugar que solamente le corresponde a Él.
Quizá hay una montaña que durante años te ha detenido.
Quizá hay muchas hojas, pero sabes que falta fruto.
No huyas de su presencia.
Acércate.
Dile:
“Señor, limpia lo que tengas que limpiar.”
“Quita lo que tengas que quitar.”
“Derriba lo que tengas que derribar.”
“Remueve la montaña que no puedo remover.”
“Quita de mí la apariencia y produce fruto verdadero.”
“Devuelve la oración al centro de mi vida.”
Porque Dios sigue siendo bueno.
Su misericordia sigue siendo eterna.
Y cuando su pueblo vuelve a Él con humildad, sinceridad y fe, Dios sigue respondiendo.
Iglesia, es hora de orar.
No solamente de hablar acerca de la oración.
No solamente de predicar acerca de la oración.
No solamente de estudiar acerca de la oración.
Es hora de volver a orar.
Es hora de mirar nuestras montañas y escuchar otra vez la voz de Cristo:
“Tened fe en Dios.”.
ES HORA DE ORAR — PARTE 2
ES HORA DE ORAR — PARTE 2
Cuando la oración deja de ser una costumbre y vuelve a ser un encuentro con Dios
Cuando la oración deja de ser una costumbre y vuelve a ser un encuentro con Dios
Texto principal: Marcos 11:17, 22–24
Introducción
Introducción
En la primera parte vimos a Jesús entrando al templo, observando una religión llena de actividad, pero vacía del fruto que Dios buscaba. Vimos la higuera con hojas, pero sin fruto; vimos un templo ocupado por muchas cosas, pero alejado de su propósito original; y escuchamos finalmente las palabras de Cristo:
“Tened fe en Dios.”
Ahora el mensaje avanza un paso más.
Jesús no solamente identifica lo que está mal. Jesús exige que aquello que ha desplazado la presencia de Dios sea removido.
Marcos nos dice que no permitía que nadie utilizara el templo simplemente como un lugar de paso. El lugar destinado al encuentro con Dios había perdido el sentido de reverencia, expectativa y asombro. El material lo expresa claramente: aquel lugar debía comunicar al corazón: “Estoy a punto de encontrarme con Dios.”
Por eso Jesús declaró:
“Mi casa será llamada por todas las naciones casa de oración.”
El problema no era solamente el ruido de las actividades.
El problema era que aquellas actividades estaban robándole al pueblo aquello que Dios quería hacer en sus vidas.
Y desde aquí continúa el llamado:
Es hora de orar.
1. CUANDO PERDEMOS LA REVERENCIA, PERDEMOS LA EXPECTATIVA DE ENCONTRARNOS CON DIOS
1. CUANDO PERDEMOS LA REVERENCIA, PERDEMOS LA EXPECTATIVA DE ENCONTRARNOS CON DIOS
Marcos 11:17
Marcos 11:17
“¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones?”
Jesús estaba defendiendo el propósito de la casa de Dios.
El templo no debía ser tratado como cualquier otro lugar.
Era un lugar de preparación.
Un lugar de búsqueda.
Un lugar donde el corazón debía decir:
“Voy a encontrarme con Dios.”
Había algo que había desaparecido en aquella generación: el sentido de asombro ante la presencia de Dios.
La gente entraba y salía.
Había conversaciones.
Había mercancías.
Había actividad.
Pero se había perdido aquella expectativa santa de que Dios podía responder.
El material dice que la ligereza y la informalidad habían convertido el lugar de encuentro con Dios en algo común. Y la gravedad del asunto estaba en que, al hacerlo, estaban robándole al pueblo la experiencia de lo que Dios quería realizar en sus vidas.
Jesús no estaba defendiendo simplemente un edificio.
Estaba defendiendo el encuentro entre Dios y el hombre.
Eclesiastés 5:1
Eclesiastés 5:1
“Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír...”
Hay una actitud con la que nos acercamos a Dios.
No significa religiosidad externa.
Significa conciencia.
Significa saber:
“Estoy delante del Dios vivo.”
Una de las tragedias espirituales más grandes ocurre cuando podemos cantar acerca de Dios, predicar acerca de Dios, conversar acerca de Dios y asistir a reuniones acerca de Dios, pero dejamos de esperar realmente encontrarnos con Él.
El material confronta precisamente esa superficialidad: una generación puede seguir teniendo iglesia y, al mismo tiempo, permitir que la superficialidad robe el poder de la oración.
Aplicación
Aplicación
Hay que preguntarnos:
¿Todavía llego a la presencia de Dios esperando que algo suceda?
Cuando abro mi Biblia, ¿espero escuchar su voz?
Cuando oro, ¿creo realmente que Dios responde?
Cuando entro a congregarme, ¿vengo consciente de que estoy buscando al Dios vivo?
Porque podemos acostumbrarnos tanto a las cosas santas que dejan de parecernos santas.
Y cuando desaparece la reverencia, también puede desaparecer la expectativa.
Hoy Cristo vuelve a decir:
“Esta es casa de oración.”
No conviertas en algo común aquello que Dios diseñó para transformar tu vida.
2. HAY MONTAÑAS QUE NO DEBEN SER TOLERADAS; DEBEN SER REMOVIDAS
2. HAY MONTAÑAS QUE NO DEBEN SER TOLERADAS; DEBEN SER REMOVIDAS
Marcos 11:22–23
Marcos 11:22–23
“Tened fe en Dios... cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar... lo que diga le será hecho.”
Pedro observa la higuera.
La higuera está seca desde las raíces.
Aquello que representaba apariencia sin fruto había sido juzgado.
Y entonces Jesús dice:
“Tened fe en Dios.”
El material amplía la imagen de la montaña.
No se trata solamente de una dificultad aislada.
Representa también todo un sistema de vida que nos deja espiritualmente impotentes.
No solamente una rama.
No solamente una pequeña debilidad.
Sino todo aquello sobre lo cual hemos construido nuestra vida y que termina produciendo apariencia religiosa sin fruto verdadero.
Hay momentos cuando tenemos que dejar de negociar con aquello que nos mantiene estancados.
El material repite:
“No más.”
No más salir de la presencia de Dios igual que entramos.
No más piedad en la iglesia que desaparece al llegar a casa.
No más cantar acerca del poder de Dios y después vivir llenos de temor frente a quienes necesitan nuestro testimonio.
No más tener apariencia de creyente, mientras cuando alguien extiende la mano buscando fruto no encuentra nada que pueda alimentar su corazón.
Eso es mucho más profundo que querer solucionar un problema.
Es llegar a un punto donde el corazón dice:
“Dios, ya no quiero convivir con aquello que me mantiene sin fruto.”
2 Timoteo 3:5
2 Timoteo 3:5
“Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella...”
El peligro no siempre es perder la apariencia religiosa.
El peligro puede ser conservar perfectamente la apariencia y perder el poder.
El material insiste en que no debemos contentarnos con una vida que parece espiritual desde afuera pero no manifiesta la vida de Cristo de manera duradera.
Marcos 11:23–24
Marcos 11:23–24
Hay un orden importante.
Primero:
“Dijere a este monte: Quítate...”
Después:
“Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis...”
El material destaca esta secuencia:
el versículo 23 precede al versículo 24.
Primero hay una disposición a remover aquello que produce esterilidad.
Después viene la promesa de que Dios puede llenar el vacío que queda.
Esto es muy importante.
No decimos simplemente:
“Señor, dame poder.”
También tenemos que estar dispuestos a decir:
“Señor, quita lo que impide tu poder.”
No solamente:
“Dame amor.”
Sino también:
“Quita mi egoísmo.”
No solamente:
“Dame valor.”
Sino:
“Rompe el gobierno del temor.”
No solamente:
“Úsame.”
Sino:
“Deshaz en mí aquello que impide que me uses.”
Aplicación
Aplicación
Quizá la oración que necesitas hacer no es larga.
Quizá comienza con dos palabras:
“Basta ya.”
Basta ya de vivir dividido.
Basta ya de una vida espiritual solamente externa.
Basta ya de entrar a la presencia de Dios y salir sin cambio.
Basta ya de esconderme detrás de lenguaje religioso.
Basta ya de aceptar como normal aquello que Cristo quiere remover.
Habla con Dios.
Y dile:
“Señor, toda montaña que esté produciendo impotencia en mi vida tiene que desaparecer.”
3. DIOS QUIERE LLENAR EL VACÍO CON SU ESPÍRITU Y HACER DE NOSOTROS SU TEMPLO
3. DIOS QUIERE LLENAR EL VACÍO CON SU ESPÍRITU Y HACER DE NOSOTROS SU TEMPLO
Cuando una montaña es removida, queda un vacío.
Pero Dios no quiere dejarnos vacíos.
El material lleva entonces el mensaje desde el templo antiguo hasta la obra de Cristo.
Aquel sistema antiguo dio paso a algo nuevo.
La cruz abrió un camino.
El velo fue rasgado.
Y ahora el lugar donde Dios quiere manifestar su presencia no se limita a un edificio físico.
1 Corintios 6:19
1 Corintios 6:19
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo...?”
El material lo declara:
“Yo soy y tú eres el templo del Espíritu Santo.”
Ahora el creyente se convierte en un lugar donde la gloria de Dios puede ser manifestada.
Ya no depende de llegar a un edificio específico.
Puedes arrodillarte delante de Dios.
Puedes buscarlo.
Puedes clamar.
Y Dios puede comenzar a transformar tu vida.
El material presenta entonces lo que Dios puede producir:
valor cuando hay cobardía,
amor cuando crece el egoísmo,
unidad cuando otros se dividen,
claridad cuando reina la confusión,
poder cuando alrededor hay impotencia,
fe cuando nuestros ojos todavía no ven la provisión.
Y hay un propósito.
Que cuando alguien hambriento llegue a nuestra vida, encuentre fruto.
Que cuando un familiar necesitado venga, encuentre algo de Cristo.
Que cuando un amigo desesperado se acerque, encuentre vida.
Que cuando un extraño nos observe, pueda reconocer:
“Hay algo de Dios en esa persona.”
El ejemplo del aposento alto
El ejemplo del aposento alto
El material conecta esta verdad con la iglesia primitiva.
Hechos 1:14
Hechos 1:14
“Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego...”
Entraron al aposento alto débiles.
Entraron confundidos.
Entraron después de haber experimentado fracaso.
Pero entraron con sinceridad.
Y oraron.
Hechos 2:1–4
Hechos 2:1–4
Entonces vino el Espíritu Santo.
La gloria que en tiempos de Salomón había llenado un templo físico ahora llenaba a un pueblo.
Y salieron transformados.
No salieron cobardes.
No salieron absortos en sí mismos.
Salieron hablando de Cristo.
Salieron llenos de poder.
Salieron de tal manera que aquellos que los observaban comenzaron a preguntarse qué tenían que hacer para responder a Dios.
Ese es el fruto de la oración.
La oración verdadera no solamente cambia lo que sentimos dentro de un salón.
Nos cambia para cuando salgamos del salón.
Si después de orar seguimos viviendo exactamente igual, tenemos que volver a buscar a Dios.
Porque los discípulos entraron frágiles al aposento alto, pero no salieron como entraron.
CONCLUSIÓN: NO ES TIEMPO DE JUGAR CON DIOS
CONCLUSIÓN: NO ES TIEMPO DE JUGAR CON DIOS
El mensaje llega entonces a una declaración urgente:
Es hora de orar.
No es hora de una religión superficial.
No es hora de jugar con Dios.
No es hora de conformarnos con hojas.
No es hora de convivir pacíficamente con montañas que nos mantienen sin fruto.
El material insiste una y otra vez:
“Es hora de orar.”
Es hora de buscar a Dios.
Es hora de caminar en lo sobrenatural.
Es hora de que la iglesia se levante.
Es hora de permanecer firmes en medio de las tormentas.
Es hora de creer por nuestras familias.
Es hora de creer que Dios todavía puede cumplir lo que ha prometido.
Y esto no es solamente para momentos tranquilos.
El material vuelve a la imagen de Pablo en Hechos 27.
Dios podía enviar a Pablo a una tormenta y, al mismo tiempo, estar con Pablo dentro de la tormenta.
Otros podían tener miedo.
Pero Dios fortalecería a su siervo para que marcara la diferencia.
Ese es el tipo de creyente que esta generación necesita.
No alguien que nunca atraviesa tormentas.
Sino alguien que, en medio de la tormenta, sabe dónde está Dios.
LLAMADO PASTORAL
LLAMADO PASTORAL
Tal vez hoy tienes una montaña.
Tal vez estás cansado de esconderte.
Cansado de hojas.
Cansado de una apariencia que no corresponde con lo que sucede dentro.
Cansado de entrar a la presencia de Dios y salir sintiéndote igual.
Entonces esta palabra es para ti:
Tened fe en Dios.
No hagas paz con aquello que Cristo vino a remover.
Dile hoy:
“Señor, quita esto y dame aquello que viene de ti.”
Quita mi temor
y dame valor.
Quita mi egoísmo
y dame compasión.
Quita mi confusión
y dame claridad.
Quita mi esterilidad
y produce fruto.
Quita mi religión vacía
y dame una relación viva contigo.
El llamado del material es precisamente dejar de escondernos detrás de coberturas creadas por el hombre y volver a una relación viva con Dios por medio de Jesucristo.
Y cuando Dios remueva la montaña, cree también que Él puede llenar el lugar que queda.
Porque Dios no quiere solamente quitar.
Quiere reemplazar.
Quiere darnos fuerza para mantenernos firmes.
Compasión para preocuparnos por otros.
Claridad para ver.
Provisión suficiente no solamente para nosotros, sino también para compartir con quienes nos rodean.
Por eso hoy el llamado sigue siendo el mismo:
Es hora de orar.
Es hora de orar con sinceridad.
Es hora de orar creyendo.
Es hora de orar hasta que las montañas comiencen a caer.
Es hora de orar hasta que desaparezca la apariencia y vuelva el fruto.
Es hora de orar hasta que nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo y nuestra comunidad puedan ver nuevamente la vida de Cristo en nosotros.
Iglesia, ten fe en Dios.
Y ora.
