EL EVANGELIO: ¿CRISTO O EL HOMBRE EN EL CENTRO?

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Texto principal: Gálatas 1:6–12
Idea principal: El verdadero evangelio no coloca al hombre, sus deseos o sus necesidades en el centro; coloca a Dios, Su gloria y la obra de Jesucristo en el centro.
Frase clave: El evangelio no se trata de lo que Dios puede hacer por mí; se trata de lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo para Su gloria.

Introducción

Vivimos en una cultura que constantemente nos dice:
“Tú eres lo más importante.”
Tus sueños. Tus deseos. Tu felicidad. Tu éxito. Tu bienestar.
Y poco a poco esa manera de pensar también puede entrar en la iglesia.
Entonces comenzamos a escuchar mensajes como:
“Dios quiere cumplir todos tus sueños.”
“Dios quiere resolver todos tus problemas.”
“Dios quiere abrir todas las puertas.”
“Dios quiere darte salud, prosperidad y éxito.”
Ahora, ¿Dios bendice? Sí.
¿Dios sana? Sí.
¿Dios provee? Sí.
¿Dios se preocupa por nuestras necesidades? Por supuesto.
El problema no es creer que Dios hace estas cosas.
El problema comienza cuando estas cosas se convierten en el centro del evangelio.
Cuando comenzamos a pensar que Dios existe principalmente para hacerme feliz, resolver mis problemas y ayudarme a alcanzar mis sueños, sin darnos cuenta hemos cambiado el centro.
Terminamos Romanos viendo la advertencia de Pablo acerca de aquellos que enseñan contrario a la doctrina que hemos aprendido. Y aquí encontramos precisamente el peligro de una doctrina falsa: tomar el evangelio de Cristo y cambiar su centro.
Cristo deja de ser el centro…
y yo me convierto en el centro.
[PAUSA — MIRAR A LA CONGREGACIÓN]
Pablo enfrentó una situación parecida en las iglesias de Galacia.
Pablo había predicado el evangelio. Estas personas habían escuchado acerca de la gracia de Cristo y habían creído. Pero después llegaron otros maestros y comenzaron a enseñar que Cristo no era suficiente. Estaban añadiendo requisitos humanos a la obra de Cristo.
Y por eso Pablo comienza esta carta con una preocupación muy seria.
Gal. 1:6- “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.”
Observe algo importante.
Pablo no dice simplemente: “Ustedes cambiaron de opinión sobre una doctrina.”
Dice: “Os habéis alejado del que os llamó.”
Porque cuando cambiamos el evangelio, no estamos jugando simplemente con ideas teológicas. Estamos alejándonos del Dios que nos llamó por Su gracia.
Y Pablo continúa diciendo en el versículo 7: “No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.”
El problema específico en Galacia no era exactamente el mismo que vemos hoy. Ellos estaban añadiendo requisitos humanos a la obra de Cristo.
Pero el principio sigue siendo el mismo:
El evangelio deja de ser el evangelio cuando el hombre comienza a modificar lo que Dios ha hecho en Cristo.
Y eso puede suceder de muchas maneras.
Podemos añadirle al evangelio.
Podemos quitarle al evangelio.
O podemos cambiar el centro del evangelio.
Y ese último peligro es el que quiero que consideremos hoy.
Porque podemos hablar de Jesús, citar la Biblia, hablar de fe y de bendición...
y aun así terminar construyendo un mensaje donde el hombre está en el centro.
¿Estamos siguiendo el evangelio de Cristo o un evangelio que hemos acomodado alrededor del hombre?
[MIRAR A LA CONGREGACIÓN — PAUSA]

I. Cuando el hombre está en el centro

Gal. 1:6–7 “...para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.”
Pablo dice que existe la posibilidad de pervertir el evangelio.
Pervertir algo no necesariamente significa eliminarlo por completo. Significa alterar su naturaleza, cambiarlo de tal manera que ya no es lo que originalmente era.
Y ese es el peligro.
Podemos seguir usando la Biblia.
Podemos seguir hablando de fe.
Podemos seguir hablando de bendición.
Pero si cambiamos el centro del mensaje, hemos cambiado el mensaje.

A. ¿Qué es un evangelio centrado en el hombre?

Un evangelio centrado en el hombre comienza a mirar a Dios principalmente en función de lo que Dios puede hacer por mí.
La pregunta principal deja de ser:
“¿Cómo puedo glorificar a Dios?”
Y comienza a ser:
“¿Qué puede hacer Dios por mí?”
Y la diferencia parece pequeña, pero es enorme.
Porque en la primera, Dios es el fin.
En la segunda, Dios se convierte en el medio.
[MÁS DESPACIO — ÉNFASIS]
Quiero felicidad, seguridad, éxito, salud, una buena familia, una vida sin problemas...
y entonces comienzo a ver a Dios como el medio para conseguir esas cosas.
Pero Rom. 14:7–8 dice: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos.”
Yo no fui creado para que Dios viviera para mí.
Yo fui creado para vivir para Dios. [ÉNFASIS — PAUSA]
2. El evangelio centrado en el hombre convierte mi bienestar en la meta
Hoy en dia escucha el radio Cristiano- le preguntan porque les gusta escucharlo- responden- “es que me hace sentir bien”
Porque vas a la iglesia- “porque me hace sentirme bien”
Aqui voy a pisar unos callos:
Tenemos que tener mucho cuidado con predicas que hacen al hombre el centro del evangelio!
“Dios quiere que seas sano”
“Dios quiere que sea cabeza y no cola”
“tu milagro”
Espera, desde cuando se trata de ti??? [MIRAR A LA CONGREGACIÓN]
Porque la ultima vez que revise el evangelio- no es que yo alcance mis sueños. Es que Dios salve pecadores por medio de Cristo, forme discípulos y sea glorificado.

B. El problema fundamental del hombre

El evangelio centrado en el hombre dice:
“Mi mayor problema son mis circunstancias.”
El evangelio bíblico dice:
“Mi mayor problema es mi pecado y mi separación de Dios.”
Eso no significa que Dios no se preocupe por mi matrimonio, mis necesidades, mi salud o mis problemas.
Sí se preocupa.
Pero puedo tener una buena salud y todavía estar separado de Dios.
Puedo tener dinero y todavía estar perdido.
Puedo tener un buen matrimonio y todavía necesitar salvación.
Puedo alcanzar todos mis sueños y todavía no estar reconciliado con Dios.
Por eso mi necesidad más profunda no es que Dios cambie todo lo que está alrededor de mí.
Mi necesidad más profunda es que Dios transforme lo que está dentro de mí y me reconcilie consigo mismo.
Soy pecador.
He pecado contra un Dios santo.
No puedo salvarme a mí mismo.
Necesito perdón.
Necesito reconciliación.
Necesito un Salvador.
¿Por qué sigo a Cristo?
¿Lo sigo porque Cristo es mi tesoro?
¿O Cristo solamente es importante para mí mientras me ayuda a conseguir aquello que realmente quiero?
Porque si Cristo solamente es valioso cuando me da lo que quiero...
debemos preguntarnos:
[MÁS DESPACIO — MIRAR A LA CONGREGACIÓN]
¿Es Cristo realmente el centro?
[PAUSA]

II. Cuando Cristo está en el centro

Gal. 1:8–9, 11–12
Pablo continúa:“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.”
¿Por qué habla Pablo con tanta seriedad?
Porque el evangelio no nos pertenece.
La iglesia no inventó el evangelio.
Los pastores no inventamos el evangelio.
La cultura no determina el evangelio.
Y nosotros no tenemos autoridad para modificarlo para hacerlo más atractivo.
Por eso Pablo dice en los versículos 11–12:
“El evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.”
Eso significa que no comenzamos preguntando:
“¿Qué quiere escuchar la gente?”
Comenzamos preguntando:
“¿Qué ha hecho Dios?”
Porque el evangelio no comienza conmigo.
El evangelio comienza con Dios [PAUSA]
[MÁS DESPACIO]
Dios es santo.
Nosotros fuimos creados por Él y para Él.
Pero hemos pecado contra Él.
Y nuestro pecado nos ha separado de Dios.
Ese es nuestro verdadero problema.
Y no podemos solucionarlo nosotros mismos.
No podemos salvarnos siendo mejores personas.
No podemos borrar nuestro pecado haciendo buenas obras.
No podemos reconciliarnos con Dios mediante nuestro propio esfuerzo.
Pero ahí es precisamente donde comienzan las buenas noticias. [ÉNFASIS — PAUSA]
Porque Dios hizo por nosotros lo que nosotros jamás podríamos hacer por nosotros mismos.
Dios envió a Su Hijo. [PAUSA]
Jesucristo vivió en perfecta obediencia al Padre.
Y en la cruz tomó sobre sí nuestros pecados.
Murió en nuestro lugar.
Y al tercer día resucitó victorioso.
Ese es el centro: Cristo
[Pausa]
No mis sueños.
No mi prosperidad.
No mi éxito.
No mi felicidad.
Cristo crucificado y resucitado!!
[pausa larga]
Y la cruz nos muestra algo que un evangelio centrado en el hombre nunca podrá mostrarnos correctamente:
la gravedad de nuestro pecado y la grandeza de la gracia de Dios.
Piense en esto.
Si mi problema principal fuera simplemente que necesito sentirme mejor conmigo mismo,
no necesitábamos una cruz.
Si mi problema principal fuera que necesito alcanzar mis sueños,
no necesitábamos una cruz.
Si mi problema principal fuera tener una vida más cómoda,
no necesitábamos una cruz.
Cristo murió porque nuestro problema era mucho más profundo.
Éramos pecadores que necesitábamos ser reconciliados con un Dios santo.
Pero precisamente allí está la belleza del evangelio.
El mismo Dios contra quien pecamos...
[PAUSA]
es el Dios que tomó la iniciativa para salvarnos.
En Cristo encontramos perdón.
En Cristo encontramos reconciliación.
En Cristo encontramos vida.
En Cristo somos recibidos por Dios.
Y todo esto no descansa finalmente sobre lo que nosotros podamos hacer por Dios.
Descansa sobre lo que Cristo ya hizo por nosotros.
El evangelio no se trata de lo que Dios puede hacer por mí;
[MÁS DESPACIO]
se trata de lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo para Su gloria.
[ÉNFASIS — MIRAR A LA CONGREGACIÓN — PAUSA]
Por eso, si estás tratando de acercarte a Dios mediante tus méritos, tus buenas obras, tu religión o tu esfuerzo...
el evangelio te dice:
Deja de confiar en ti y confía en Cristo.
Y si ya eres creyente, deja de vivir como si Cristo fuera simplemente un accesorio para ayudarte a construir tu propia vida.
Cristo no es la cereza encima del helado de tu vida.
No es algo que agregas para hacer mejor la vida que ya querías.
Cristo vino a salvarte y convertirse en el Señor de tu vida.

III. Cuando Cristo cambia mi centro

Gal. 1:10
Aquí Pablo hace una pregunta extraordinaria:
“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres?”
Observa cómo termina Pablo esta sección.
Comenzó hablando de un evangelio que no viene del hombre.
Ahora habla de una vida que ya no vive para agradar al hombre.
Porque cuando cambia mi centro, cambia mi vida. [ÉNFASIS]
El verdadero evangelio no solamente cambia dónde voy cuando muero.
Cambia para quién vivo mientras estoy aquí.
Antes vivía para mí.
Ahora vivo para Cristo.
Antes trataba de incluir a Cristo dentro de mis planes.
Ahora entiendo que yo he sido incluido dentro de Sus propósitos.
Por eso Jesús dice en Lu. 9:23: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
El evangelio centrado en el hombre pregunta:
“¿Qué puede hacer Dios por mí?”
Pero el discípulo que ha entendido el evangelio comienza a preguntar:
“Señor, ¿qué quieres hacer Tú conmigo?”
Y una de las ocasiones en que esto se hace más evidente es cuando Dios no hace lo que esperábamos.
Es fácil decir “Cristo es suficiente” cuando todo está funcionando como queremos.
Pero nuestra fe es probada cuando oramos y la respuesta no llega como esperábamos.
Cuando una puerta permanece cerrada.
Cuando atravesamos dificultades.
Cuando las circunstancias no cambian.
En esos momentos se pone a prueba qué ocupa realmente el centro de nuestra fe.
¿Amo a Dios solamente por lo que me da? [MIRAR A LA CONGREGACIÓN]
¿O amo a Dios porque Él es Dios?
El creyente puede atravesar dolor, puede llorar, puede tener preguntas y aun así decir:
“Señor, no entiendo, pero Tú sigues siendo Dios.”
[PAUSA]
“No recibí lo que esperaba, pero Tú sigues siendo bueno.”
[PAUSA]
“Mis circunstancias no han cambiado, pero Cristo sigue siendo suficiente.”
¿Por qué?
Porque la meta final de mi vida no es mi comodidad.
No es mi éxito.
Ni siquiera es mi felicidad.
Es la gloria de Dios.

CONCLUSIÓN

¿Quién está en el centro?
[MIRAR A LA CONGREGACIÓN — PAUSA]
¿Cristo es simplemente parte de la vida que yo quiero construir?
[PAUSA]
¿O Cristo se ha convertido en el Señor alrededor del cual gira toda mi vida?
[PAUSA]
El verdadero evangelio no anuncia:
“Jesús vino para ayudarte a construir la vida que siempre quisiste.”
El evangelio anuncia:
Jesucristo murió y resucitó para salvarte de tu pecado, reconciliarte con Dios y darte una nueva vida en la que Él sea el centro.
Y cuando Cristo ocupa el centro, entonces podemos decir con Pablo:
[PAUSA]
“Porque para mí el vivir es Cristo.” — Filipenses 1:21
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