Bautizos

El que se quedó en la Orilla  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 1 view

El hombre Geraseno, es transformado y empieza su misión con sola una información: Lo que Jesús hizo en su vida.

Notes
Transcript

EL QUE SE QUEDÓ EN LA ORILLA

Imaginemos una foto de un grupo subiendo a un barco, cargando maletas, alegres. En la orilla está un hombre con rostro triste viéndolos partir. Si ves la foto sin contexto pensarías que el hombre no alcanzó lugar o llegó tarde.
La verdad es que ese hombre pidió subir al barco y quien le dijo que no iría ¡es Jesús mismo! Entonces la interpretación cambia. Hoy hablaremos de ese hombre que se quedó en la orilla.
¡Tenemos bautizos! muchos ya se bautizaron, otros llevan meses pensándolo. Para todos es la misma pregunta ¿qué vas a hacer con lo que Dios hizo en ti? Porque es posible ser rescatado y quedarte sólo con eso. Es posible que Jesús te cambie la vida y nadie a tu alrededor se entere, es posible tener una historia impresionante… guardada. Este pasaje existe, entre otras cosas, para que no nos quedemos callados.
En el capítulo 4 de Marcos vemos a Jesús cruzando el lago, se desata una tormenta, Jesús duerme, sus discípulos entran en pánico, Jesús se levanta, habla y el mar se calma. Los discípulos se preguntan ¿quién es este hombre?
El capítulo 5 empieza así:
“Entonces llegaron al otro lado del lago…” (Marcos 5:1–3, NTV)
Cruzaron, llegan a la región de los Gerasenos o Gadarenos, territorio no judío. Lo sabemos porque el texto nos dice que había como 2 mil cerdos, ningún pueblo judío tendría cerdos.
Jesús acaba de cruzar una tormenta para llegar a un lugar donde no lo esperan, no lo conocen y donde le van a pedir que se vaya. Cruzó una tormenta ¡por un solo hombre! Ten eso en mente.
“Entonces llegaron al otro lado del lago, a la región de los gerasenos. Cuando Jesús bajó de la barca, un hombre poseído por un espíritu maligno salió del cementerio a su encuentro. Este hombre vivía entre las cuevas de entierro y ya nadie podía sujetarlo ni siquiera con cadenas.” (Marcos 5:1–3, NTV)
“Siempre que lo ataban con cadenas y grilletes —lo cual le hacían a menudo—, él rompía las cadenas de sus muñecas y destrozaba los grilletes. No había nadie con suficiente fuerza para someterlo. Día y noche vagaba entre las cuevas donde enterraban a los muertos y por las colinas, aullando y cortándose con piedras afiladas.” (Marcos 5:4–5, NTV)
La descripción es cruda: vive entre tumbas, nadie lo puede sujetar, rompe cadenas y grilletes, día y noche gritando entre los muertos y se hiere a sí mismo con piedras afiladas.
No sé si alguna vez llegaste a tu casa, te encerraste en tu cuarto o el baño y frente te gritaste en silencio. Dijiste cosas que has dicho o pensado y que no le dirías a otra persona. Sé de gente que lo ha hecho; lo más triste de esa escena no es lo que se dice, es que uno sabe que ¡es verdad!
Ese hombre agarra piedras para lastimarse, de alguna manera convencido de que lo merecía. Si alguna vez creíste eso, quiero que sepas por qué estamos leyendo de este hombre: porque Jesús cruzó una tormenta para llegar a él. No cruzó por una multitud, cruza la tormenta por ti. Veamos algo de este retrato, porque cada punto es un espejo.
Vivía entre muertos. Un hombre vivo con domicilio entre los muertos. Hay gente que vive así, sin estar poseída, se han instalado en un lugar de la vida donde ya no tiene sentido estar: entre escombros de una relación que ya murió, con rencores de una herida pasada, rumiando el pasado. Son una versión vieja de ellos mismos.
Nadie podía controlarlo. No es que no lo intentaron ¡claro que sí! Cadenas, grilletes, más cadenas. Todo un pueblo intentando solucionar un problema tratando los síntomas. Hay cosas en tu vida que no se arreglan poniendo cadenas. Esto lo sabes porque lo intentaste. Ya pusiste alarmas, candados, compromisos de: “esta vez sí va en serio”, ya bloqueaste el número, borraste la aplicación, prometiste que mañana va de nuevo; funcionó 3 semanas y luego, la cadena se rompe otra vez. Cuando eso pasa, la conclusión que la mayoría NO dice es: “Necesito otro tipo de ayuda”, la conclusión es: “necesito hacer algo más”, “yo soy el problema”. Otra cadena más, una nueva relación, un nuevo trabajo.
Se hería a sí mismo. Cuando alguien fracasa varias veces, empieza a castigarse a sí mismo. Ya no necesita que nadie le condene ¡él o ella se adelanta! Hay personas que traen piedras en la mano, no literales, y se golpea con ellas todos los días: soy un tonto, otra vez lo mismo, porque atraigo ese tipo de personas, nunca voy a cambiar, esto es lo que soy.
Día y noche. Marcos no dice que lo hacía de vez en cuando, sino que era día y noche, todos los días, sin descanso.
Yo no creo que este hombre escogiera eso ¡nadie escoge vivir entre tumbas! Uno llega a las tumbas un paso a la vez, una decisión, una herida a la vez, hasta que un día levantas la cabeza y no reconoces dónde estás.
“Cuando Jesús todavía estaba a cierta distancia, el hombre lo vio, corrió a su encuentro y se inclinó delante de él.” (Marcos 5:6, NTV)
Aparece una barca en el horizonte. El hombre ve a Jesús de lejos, corre y se postra.
“Dando un alarido, gritó: «¿Por qué te entrometes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡En el nombre de Dios, te suplico que no me tortures!».” (Marcos 5:7, NTV)
El único en toda esa escena que sabe exactamente quién es Jesús… es lo que tiene atrapado a este hombre.
Jesús hace algo que no hace en ninguna otra liberación:
“Entonces Jesús le preguntó: —¿Cómo te llamas?…” (Marcos 5:9, NTV)
Jesús tiene autoridad para terminar todo en 2 segundos, así como calmó la tormenta la noche anterior: una palabra y listo. Pero antes de liberarlo, se detiene, lo mira y le hace la pregunta más humana que existe: ¿Cómo te llamas?
No sé cuánto tiempo llevaba este hombre sin que alguien le hablara. ¡Le gritan! lo amarran, lo evitan, pero: hablarle, mirarlo a los ojos y preguntarle su nombre, quizá nadie. Quién responde, es quien lo tiene poseído:
“…—Me llamo Legión, porque somos muchos los que estamos dentro de este hombre.” (Marcos 5:9, NTV)
La palabra “legión” es una palabra latina metida a la fuerza en el griego. Es un término militar romano, una legión era una división del ejército de entre 5 y 6 mil soldados.
El texto no lo dice, pero imagina esto, sus padres le pusieron un nombre, aun desde antes de nacer. Su mamá lo cargó, lo miró y dijo ese nombre por primera vez en voz alta. Por años su nombre se gritó por la ventana llamándolo a comer. Y llegó un día que ese nombre dejó de usarse.
Familia, hay algo que rompe por dentro cuando una persona deja de ser llamada por su nombre y se le llama o conoce por el problema: el borracho, la divorciada, el iracundo, la que se fue de la iglesia. Llega Jesús, y de todas las cosas que pudo hacer, lo primero es preguntar ¿cómo te llamas?
La respuesta fue: me llamo ejército. No dice su nombre, solo puede describir aquello que lo tiene tomado.
Hay personas que si le preguntas ¿quién eres? la respuesta en silencio es: soy ansiedad, soy mi divorcio, soy un desastre, quien no terminó la carrera, soy a quien nadie ha escogido, soy el enojo de mi mamá. Ya no es algo que tiene es ¡quién es! lo que lo describía se volvió identidad.
Marcos narra rápido lo que sigue: los espíritus ruegan que los deje entrar en 2 mil cerdos, Jesús los deja y esos cerdos se lanzan por el despeñadero al lago. Al decir el número de cerdos como que Marcos quiere que hagamos las cuentas: eso era el patrimonio de alguien, era dinero.
La libertad de este hombre le costó algo a la comunidad. Recuerda eso, en 4 minutos volveremos.
Ahora una escena hermosa. Los que cuidan los cerdos salen corriendo a contarlo, el pueblo baja a ver qué pasó y encuentran una escena que no esperaban: el hombre sentado, vestido y en su sano juicio.
“Pronto una multitud se juntó alrededor de Jesús, y todos vieron al hombre que había estado poseído por la legión de demonios. Se encontraba sentado allí, completamente vestido y en su sano juicio, y todos tuvieron miedo.” (Marcos 5:15, NTV)
Sentado. El que corría día y noche entre tumbas, está sentado. No está huyendo o gritando. Está quieto. Hay gente que no ha estado quieta por años. Lo primero que hace el evangelio en una persona, muchas veces no es espectacular, es solo que por primera vez puede estar quieto consigo mismo, ya no busca algo para llenar su vida. Jesús es suficiente.
Vestido. El que andaba desnudo entre las tumbas, tiene ropa puesta. El texto no explica de dónde salió esa ropa. Alguien de la barca, abrió su bolsa, sacó una túnica y se la dio a un desconocido que olía a tumbas. Ese hombre el resto de su vida recordó, que anduvo por Decápolis contando su historia con ropa prestada.
Hay milagros que Jesús hace solo y hay milagros que hace, se voltea a los suyos y dice: ahora van ustedes. Cuando alguien llega a Casa de fe, deshecho, hay una parte que le toca a Dios y una que nos toca a nosotros: recibirle, amarle, darle la bienvenida con un café. No podemos quedarnos sentados esperando que Dios haga lo que ya nos encargó.
En su sano juicio. La palabra en griego tiene su raíz en la palabra —sōphrosynē— que era una de las 4 virtudes cardinales. Significaba mente sana, juicio sobrio, dominio propio. Era la virtud del hombre que gobierna sus propios impulsos. El que es dueño de sí.
El milagro no fue que el hombre dejara de gritar, el milagro fue que recuperó el gobierno de su propia vida. Esa es la diferencia entre alivio y transformación.
Alivio es que se te quite el síntoma, transformación es que cambie quien gobierna en tu interior. Este hombre no pasó de estar ocupado a estar vacío. Pasó de estar ocupado por una legión, a estar bajo el señorío de Cristo. Esa es la única razón por la que pudo, por primera vez en años, ser dueño de sí mismo. Nadie es libre en la nada, en el aire. Uno es libre bajo alguien. Hasta el río necesita cause para fluir libremente.
El texto no dice que este hombre tuvo una vida fácil, o que nunca más tuvo miedo o no se equivocó, dice que estaba sentado, vestido con la mente sana.
Quienes se bautizan deben saber que pasa algo similar. No están diciendo “ya soy perfecto”, están diciendo “ya tengo dueño nuevo en mi interior”.
La palabra clave es “—sōphrosynē, dominio propio, carácter—”. El carácter no se recibe en el bautismo, se construye día a día, viernes por la noche, cuando nadie te ve, cuando contestas o no el mensaje, cuando dices la verdad, aunque cueste, cuando cumples lo que prometiste, aunque ya no tengas ganas.
Sumergirse en el agua no produce carácter, pero un Señor nuevo en ti ¡sí!
El pueblo ve al hombre restaurado y les dio miedo.
“y la multitud comenzó a rogarle a Jesús que se fuera y los dejara en paz.” (Marcos 5:17, NTV)
Un hombre que lleva años destrozando a la comunidad está sentado, vestido, cuerdo y la reacción del pueblo es pedirle a Jesús que se largue ¿por qué?
Quizá por 2 razones: I. Perdieron 2 mil cerdos, la transformación del hombre les costó dinero. Hay gente que prefiere un problema barato a un milagro caro. Prefiero milagros pequeños de provisión, que un gran milagro financiero.
II. Si Jesús se queda, va a seguir cambiando las cosas. Habían organizado sus vidas alrededor del problema, ya se habían acomodado. Saben dónde está el loco, qué caminos evitar. Llega este hombre y ordena su desorden. Hay quienes le tiene más miedo al cambio que al dolor conocido.
Marcos usa el verbo “rogar, suplicar” 2 veces “. Una cuando el pueblo le ruega que se vaya. Y la otra es después, cuando este hombre le dice:
“Mientras Jesús entraba en la barca, el hombre que había estado poseído por los demonios le suplicaba que le permitiera acompañarlo.” (Marcos 5:18, NTV)
Le suplica -misma palabra parekálei - sugiere una acción continua: le suplicaba y suplicaba, le rogaba.
Un pueblo rogando que se vaya y un hombre rogando ir con ÉL. La respuesta de Jesús me rompe:
“Pero Jesús le dijo: «No…».” (Marcos 5:19, NTV)
Este hombre acaba de ser rescatado, le debe todo, quizá es el hombre más agradecido del momento. Y le pide a Jesús lo mejor ¡déjame ir contigo! No pide poder, salud, éxito, está pidiendo ¡cercanía! Jesús le dice que no porque tenía un plan mejor, para eso es necesario que se quede. Escucha lo que dice:
“…Ve a tu casa y a tu familia y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y lo misericordioso que ha sido contigo».” (Marcos 5:19, NTV)
Jesús no lo manda a un lugar lejano, lo manda al lugar donde creció, a los que saben cómo era antes. Lo manda a Casa. Ve a los tuyos, ahí está tu campo misionero.
Imagina la escena. Este hombre camina al pueblo del que salió hace años. Llega a una casa, toca la puerta. Del otro lado, quizá su mamá, esposa, hermano, papá que lleva años sin poder verlo sin miedo. Que aprendió a dormir con un oído alerta. Alguien que ya se había hecho la idea de que ese hombre no iba a volver Abre la puerta y ahí está, tranquilo, vestido, mirándolo a los ojos. ¿Qué se dice en esos momentos? Yo creo que no se dice nada. Sólo se llora y se abraza.
Familia, para muchos, la puerta que se abrió es la de esta Casa, algunos llevaban años buscando sin encontrar, alguien los invitó y ese día llegó.
Jesús no le dice: “ve y explícales la teología” o “convéncelos”, le dice
“…diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y lo misericordioso que ha sido contigo».” (Marcos 5:19, NTV)
Este hombre no tenía formación teológica, no había caminado 3 años con Jesús como los 12, tenía una tarde, una sola tarde con Jesús y con eso Jesús lo envió a hablar.
Si esperas saber más versículos para poder invitar, escucha: el requisito no es saber mucho, el requisito es que te haya pasado algo.
A veces lo más espiritual que puedes hacer no es subirte a la barca, es quedarte en la orilla. En tu casa, trabajo, escuela, grupo, con la gente que conoció tu peor versión y dejar que tu vida sea el argumento, porque a esa gente no le vas a poder mentir.
“Así que el hombre salió a visitar las Diez Ciudades de esa región y comenzó a proclamar las grandes cosas que Jesús había hecho por él; y todos quedaban asombrados de lo que les decía.” (Marcos 5:20, NTV)
Decápolis (10 ciudades), era una región griega del otro lado del Jordán. Jesús le dijo: ve a tu casa, él fue a su casa … y luego a 9 ciudades más.
Hay una expansión que este hombre no pidió, empezó contando su historia en su mesa y terminó contándolo en una región entera. Nadie que empieza a contar su historia sabe hasta dónde va a llegar, pero ¡tiene que empezar!
El versículo termina diciendo que todos quedaban asombrados, no dice que se convirtieron. Cuando cuentes tu historia, no todos van a aceptar a Jesús, algunos se van a asombrar y seguir su camino.
Tiempo después, Marcos narra que Jesús regresa a la región de Decápolis y nos dice un detalle interesante.
“Le trajeron a un hombre sordo con un defecto del habla, y la gente le suplicó a Jesús que pusiera sus manos sobre el hombre para sanarlo.” (Marcos 7:32, NTV)
Ahora le ruegan que lo sane. La primera vez le rogaron que se fuera, ahora le ruegan que se quede y ponga sus manos sobre alguien. El pueblo que le rogó que se fuera se convirtió en la región que lo recibe.
¿Qué pasó? ¿cómo llegamos a esto? ¿qué pasó en medio? El que se quedó en la orilla contó su historia.
Marcos no habla de bautismo, no está ahí, pero sí hay algo en esta historia que es lo que pasará hoy. Este hombre tuvo un momento en que su transformación -que había sido privada, entre él y Jesús -, se volvió pública. Hubo un momento en que el pueblo entero lo vio sentado, vestido y en su sano juicio. Hubo un momento que abrió su boca delante de la gente que sabía cómo había sido antes. ¡Eso es un bautismo!
El bautismo no es lo que te salva, el bautizo es donde tu historia deja de ser tuya y se vuelve un anuncio, una declaración pública de una decisión y transformación interna.
Los que se bautizan hoy, están narrando su primer sermón, dirán a los presentes, sin palabras: “Pertenezco a Cristo”. No saldrás del agua siendo perfecto, vas a salir perteneciendo a alguien y eso es suficiente.
A quienes aún no se han bautizado, la pregunta cariñosa del pastor es ¿qué estás esperando? La respuesta que he oído mil veces: ¡estás esperando estar listo! O: dejar o empezar a hacer algo primero. Si el requisito fuera estar listo ¡este hombre jamás hubiera calificado! Llevaba una tarde de conocer a Jesús ¡Una tarde!
Nadie llega listo, se llega rescatado. Si lo estás pensando y sientes una inquietud, eso es lo que se siente cuando estás ante una decisión importante. Ser bautizado no celebra tu desempeño, celebra SU Misericordia.
A los ya bautizados les toca la parte del verso 19.
“…Ve a tu casa y a tu familia y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y lo misericordioso que ha sido contigo».” (Marcos 5:19, NTV)
La trampa silenciosa en la vida del cristiano de tiempo es: convertir el rescate en un recuerdo. Contarlo una vez hace 8 años y archivarlo. Este hombre fue a 10 ciudades. No hablo de predicar en la calle, hablo de tu casa, tu familia, el gym bro. No necesitan un argumento, necesitan tu historia. Para eso haz lo siguiente:
I. Ponle nombre a tu legión. Toma 5 minutos en la semana y contesta con honestidad: ¿qué es lo que gobierna mi vida más de lo que me gustaría admitir? No para castigarte, para nombrarlo: rencor, envidia, enojo, lujuria, ira, avaricia, control. Jesús empezó ahí. Lo que no se nombra, no se entrega.
II. Escribe tu historia en 3 frases. Cómo era. Qué pasó. Cómo soy hoy. Tres frasee ¡no 3 páginas! Muchos no invitan a nadie porque no saben qué decir. Prepara las respuestas, guárdalas en el cel, que esté lista para cuando alguien pregunte.
III. Escoge una persona. Un nombre, una sola persona que vas a invitar a Casa antes que termine septiembre. No 10, sólo una. Ese nombre escríbelo hoy.
Para terminar, tengamos 30 seg. de silencio. En tu lugar, pon las manos sobre tus rodillas con las palmas hacia arriba. Manos abiertas. Las manos cerradas son de quien está agarrando algo. Las Manos abiertas son de quien está entregando y recibiendo al mismo tiempo.
Si estás en las tumbas, una parta de tu vida está estancada viviendo entre escombros - abre las manos y di en silencio-: Ya no puedo con esto, te lo entrego.
Si te has estado hiriendo con piedras. Si el que más duro te habla eres tú mismo. Abre las manos y suelta la piedra. No te hables más de esa manera. Di en silencio: Soy perdonado y amado por mi Padre.
Si has pensado en bautizarte y no te decides. Abre las manos y di: estoy listo, no porque esté limpio, sino porque tienes misericordia de mí.
Si ya eres bautizado. Abre las manos y di un nombre. Una sola persona. Tu Decápolis, empieza con un nombre.
Palabra de Dios
Oremos
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.