Libertad del temor
Justos en Cristo • Sermon • Submitted • Presented
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Como hijo de Dios, el creyente tiene la certeza de que nada en el universo puede separarlo del amor de Dios.
Existen tres fundamentos para la protección que el creyente puede esperar de Dios: una protección basada en el precedente (8:31–32), basada en la condición legal (8:33–34) y basada en el amor de Dios (8:35–39).
A partir del versículo 31, el apóstol plantea cinco preguntas cruciales que proporcionan una estructura de base a toda la sección final, que abarca los versículos 31 al 39. Las dos primeras preguntas tratan sobre el precedente:
Dios es por nosotros
Dios es por nosotros
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
Dios hace que todas las cosas obren a nuestro favor. En su persona y providencia, Dios es por nosotros.
Algunas veces, nos lamentamos como Jacob: “Contra mí son todas estas cosas” Génesis 42:36
contra mí son todas estas cosas.
Cuando todo realmente nos ayuda a bien. La conclusión es obvia: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
Pensemos en esta carta a los Romanos, el anhelo de Pablo era que los creyentes de Roma colaboraran con él para emprender una labor misionera en España y en las regiones más allá. ¿Qué grado de éxito podría alcanzar un solo hombre —o incluso todos los creyentes de una ciudad— en semejante empresa, especialmente ante la feroz oposición romana? A la luz de los versículos que Pablo acaba de escribir, parece evidente que aquellos a quienes Dios se propone salvar serán salvos, independientemente de la oposición humana. Dado que la salvación depende de la voluntad de Dios y no de la voluntad del hombre, la oposición a Dios por parte de los seres humanos no representa realmente un obstáculo
Aun lo podemos ver con Moises y las palabras que Dios le dio
Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo;
Podemos verlo en la confianza de las palabras del Salmo 118
Jehová está conmigo; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.
Cristo murió por nosotros
Cristo murió por nosotros
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Resulta difícil negar que, en este caso, el trasfondo de la historia de Abraham e Isaac (Gén. 22:1–19) Dado que Abraham no retuvo a su hijo —su único hijo, Isaac—, Dios lo bendijo con todo lo demás con que podía bendecirlo.
Resulta ilógico pensar que Dios entregaría su «posesión» más preciada —su único Hijo— para asegurar la salvación de los pecadores, y que luego no otorgara también todo lo necesario para llevar dicha salvación a su plenitud.
Jesús usó este mismo argumento cuando trató de convencer a la gente de que era una necedad preocuparse y temer. Dios cuida de las aves y de las ovejas, y aun de los lirios. Seguramente cuidará de sus hijos. Dios trata con los suyos sobre la base de la gracia manifestada en el Calvario, y no sobre la base de la ley. Dios da gratuitamente todas las cosas a los suyos.
Dios nos ha justificado
Dios nos ha justificado
¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
Todos han pecado, todos están destituidos de la gloria de Dios, pero todos (los que creen) son justificados gratuitamente por la gracia de Dios mediante la redención que vino por medio de Cristo Jesús. Como Juez, Dios fue perfectamente justo al pagar la pena y declarar «libre» al injusto (Ro. 3:23–26). Como resultado, no se puede presentar ninguna acusación contra aquellos a quienes Dios ha elegido (conocido de antemano, predestinado, llamado, justificado y glorificado).
Esto significa que nos ha declarado justos en Cristo. A Satanás le gustaría acusarnos (Apocalipsis 12:10; Zacarías 3:1–7)
Si un emperador romano intentara formular una acusación contra un creyente en Roma por adorar a un rey distinto del César, tal acusación no tendría efecto alguno ante los ojos de Dios. Si Satanás intentara presentar una acusación contra los elegidos de Dios para desacreditar su fidelidad, dicha acusación no sería tomada en cuenta.
Dios ya ha llevado ante el tribunal de justicia todas las acusaciones que pudieran formularse contra el creyente y ha declarado que han sido borradas:
anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,
Por tanto, ¿quién presentará alguna acusación contra aquellos a quienes Dios ha elegido? (para el trasfondo del Antiguo Testamento sobre la defensa que Dios hace de sus elegidos, Isa. 50:9)
He aquí que Jehová el Señor me ayudará; ¿quién hay que me condene?
Cristo intercede por nosotros
Cristo intercede por nosotros
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
Pablo resume lo que ha enseñado anteriormente: «Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús», debido a haber sido liberados por medio de Jesucristo de la ley que nos condena a causa de nuestro pecado (Ro 8:1-2).
No hay condenación gracias a Cristo, quien murió, quien ademas resucitó, quien además esta a la diestra de Dios, y por si fuera poco, tambien intercede por nosotros.
Una doble intercesión guarda al creyente seguro en Cristo; el Espíritu intercede (Romanos 8:26) y el Hijo de Dios intercede (Romanos 8:34).
Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
El mismo Salvador que murió por nosotros está ahora en el cielo intercediendo por nosotros.
Como nuestro Sumo Sacerdote, nos puede dar la gracia que necesitamos para vencer la tentación y para derrotar al enemigo (Hebreos 4:14–16).
Como nuestro abogado puede perdonar nuestros pecados y restaurar nuestra comunión con Dios (1 Juan 2:1).
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
Intercesión significa que Jesucristo nos represente ante el trono de Dios y no tenemos que representarnos a nosotros mismos
Cristo nos ama
Cristo nos ama
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
P.: ¿Qué puede separar al creyente del amor de Dios? (v. 35)
R.: Nada puede separar al creyente del amor de Dios. (v. 39)
Se producirán muchos intentos, tanto naturales como sobrenaturales, de convencer al creyente de que ha sido separado del amor de Dios.
Pero, ¿es posible que nosotros le fallemos? Suponga que venga una gran prueba o tentación y que fallemos. ¿Y luego qué? Pablo trata el problema en esta sección final y explica que nada nos puede separar del amor de Jesucristo.
Para comenzar, Dios no nos protege de las dificultades de la vida, porque las necesitamos para nuestro crecimiento espiritual (Romanos 5:3–5). En Romanos 8:28 Dios nos asegura que las dificultades de la vida obran, no en contra de nosotros, sino a nuestro favor.
Además, nos da el poder para vencer (Romanos 8:37). Somos “más que vencedores” por medio de Cristo Jesús, literalmente somos supervencedores.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Nos da victoria sobre victoria. No tenemos que temer a la vida ni a la muerte, a las cosas presentes ni a las venideras, porque Jesucristo nos ama y nos da la victoria. Esta no es una promesa con condiciones adicionales: “Si haces esto, Dios hará aquello”. Esta seguridad en Cristo es un hecho establecido, y la reclamamos porque estamos en Cristo.
Juan Crisóstomo (¿347?–407 d. C.), quien llegaría a ser patriarca de Constantinopla
al ser llevado ante el emperador romano, fue amenazado con el destierro si persistía en su fe cristiana. La respuesta de Crisóstomo al emperador refleja la profunda convicción de quien comprende que la verdadera libertad en la vida proviene de la libertad en el Espíritu y de la seguridad en el amor de Dios:
«No puedes desterrarme, pues este mundo es la casa de mi Padre».
«Pero te mataré», dijo el emperador. «No, no puedes», respondió el noble defensor de la fe, «porque mi vida está escondida con Cristo en Dios».
«Te arrebataré tus tesoros». «No, no puedes, porque mi tesoro está en el cielo y allí está mi corazón».
«Pero te apartaré de los hombres y no te quedará ningún amigo». «No, no puedes, porque tengo un amigo en el cielo de quien no puedes separarme. Te desafío; pues no hay nada que puedas hacer para dañarme»
Conclusión:
El evangelio de Jesucristo hace posible una forma de vida totalmente nueva para el creyente: una vida vivida en abundancia en y por el poder del Espíritu Santo.
El capitulo 8 nos lleva a entender que para quienes están en Jesucristo existe libertad frente a la condenación y todos los temores que esta conlleva, así como una vida nueva en el Espíritu que garantiza nuestra glorificación final y eterna en la presencia de Dios.
• En Cristo, estoy libre de toda condenación.
¿Albergo un sentimiento de vergüenza o una conciencia culpable por cosas de las que sé que he sido perdonado?
• En Cristo, no temo nada, ni dentro ni fuera de este mundo.
¿A qué le temo —y por qué— a la luz de las promesas de Dios?
