Invitados de Honor
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Introducción
Introducción
¿Ha organizado usted una cena para un invitado especial?
Tal vez invitó a sus futuros suegros.
Tal vez invitó a su nuevo socio de negocios.
Tal vez invitó a una familia donde uno es médico, otro es abogado, y otro es empresario.
Pero, ¿cuántos de nosotros hemos recibido a un funcionario de gobierno, al presidente, o a algún miembro de la realza española o inglesa?
Si este fuera el caso, tendríamos los nervios de punta esperando que cada detalle de la cena salga bien:
Haríamos limpieza de toda la casa.
Prepararíamos los mejores platillos, la especialidad de la casa.
Sacaríamos nuestros mejores platos, cubiertos, y manteles, y servilletas para la mesa.
...nada puede salir mal porque estamos a punto de recibir invitados importantes.
Pero a final de cuentas, sin importar el rango político, estrato social, o apellido - somos humanos.
De pronto nos impresionan los títulos, las cuentas de banco, las camionetas, o la casa donde viven - pero somos iguales - humanos, de carne y hueso.
Ahora imaginemos que los invitados de honor son tres personas importantes - dos ángeles y el tercero es Dios mismo.
Es lo que le sucedió a Abraham y Sara, recibieron en su casita, sin cita previa, sin aviso, llegan a su casa a cenar.
En este pasaje vemos:
La visita de Dios
La promesa que Dios le da a Abraham
La reacción de Sara
Leamos:
1 Y el Señor se le apareció a Abraham en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda en el calor del día.
2 Cuando Abraham alzó los ojos y miró, había tres hombres parados frente a él. Al verlos corrió de la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra,
3 y dijo: «Señor mío, si ahora he hallado gracia ante sus ojos, le ruego que no pase de largo junto a su siervo.
4 »Que se traiga ahora un poco de agua y lávense ustedes los pies, y reposen bajo el árbol.
5 »Yo traeré un pedazo de pan para que se alimenten y después sigan adelante, puesto que han visitado a su siervo». «Haz así como has dicho», dijeron ellos.
6 Entonces Abraham fue de prisa a la tienda donde estaba Sara, y dijo: «Apresúrate a preparar 40 litros de flor de harina, amásala y haz tortas de pan»
7 Corrió también Abraham a la vacada y tomó un becerro tierno y de los mejores, y se lo dio al criado, que se apresuró a prepararlo.
8 Tomó también cuajada, leche y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos. Mientras comían, Abraham se quedó de pie junto a ellos bajo el árbol.
9 Entonces ellos le dijeron: «¿Dónde está Sara tu mujer?». «Allí en la tienda», les respondió.
10 Y uno de ellos dijo: «Ciertamente volveré a ti por este tiempo el año próximo, y Sara tu mujer tendrá un hijo». Y Sara estaba escuchando a la puerta de la tienda que estaba detrás de él.
11 Abraham y Sara eran ancianos, entrados en años. Y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.
12 Sara se rió para sus adentros, diciendo: «¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor?»
13 Y el Señor dijo a Abraham: «¿Por qué se rió Sara, diciendo: “¿Concebiré en verdad siendo yo tan vieja?”.
14 »¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Volveré a ti al tiempo señalado, por este tiempo el año próximo, y Sara tendrá un hijo».
15 Pero Sara lo negó, porque tuvo miedo, diciendo: «No me reí». «No es así, sino que te has reído», le dijo el Señor.
La visita de Dios
La visita de Dios
En los vv. 18:1-8 vemos la visita de Dios y dos ángeles.
1 Y el Señor se le apareció a Abraham en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda en el calor del día.
Aunque son tres hombres (18:2) los que Abraham ve, uno de ellos es Dios, pues 18:1 nos dice que fue “el SEÑOR” que se le apareció a Abraham.
Es la hora más calurosa del día, “en el calor del día”.
Abraham estaba sentado a la puerta de la tienda.
Vemos una escena común de hospitalidad en el medio oriente.
18:2, el anfitrión se para y corre a recibirlos.
18:2, los recibe dando honores, se postró en tierra.
18:3, les pide que se queden un tiempo con él.
18:4, les trae agua para lavar sus pies y que puedan descansar a la sombra del árbol.
18:6-8, Ordena que se traiga pan, un becerro tierno, cuajada (mantequilla o requesón) y leche.
Los recibe con un gran banquete.
No era cualquier alimento que les ofrece.
Les da de los mejores alimentos que podría preparar de forma rápida.
Los tres hombres no se han presentado pero Abraham los recibe con gran entusiasmo.
18:2, corre a recibirlos.
18:6, va de prisa a pedirle a Sara que prepare tortas de pan.
18:7, corre para elegir a un becerro tierno.
Y todo esto lo hace “en el calor del día”.
Luego, mientras ellos comen, vemos a Abraham “de pie junto a ellos bajo el árbol”.
Abraham está en posición de sirviente listo para atender a sus invitados de honor.
Es impresionante ver lo esplendido que fue Abraham en recibir a estos hombres que no han revelado su identidad.
La promesa de Dios a Abraham
La promesa de Dios a Abraham
Mientras todos comen, Dios habla con Abraham y pregunta por Sara.
Era común que las mujeres estaban separadas de los hombres - eran las normas culturales entre la gente del medio oriente.
Dios le anuncia nuevamente el nacimiento de un hijo, y Sara será su madre.
Es impresionante porque estos tres hombres extraños que no se han presentado con Abraham:
Saben acerca de la promesa que Dios le hizo a Abraham - y la aclaración que Sara sería la madre del hijo de la promesa.
Saben como se llama la esposa de Abraham.
Saben el tiempo con el que Dios había ya anunciado el nacimiento de su hijo.
Esto permite a Abraham armar este rompecabezas y se da cuenta que está hablando con Dios mismo.
¿Puede usted imaginar el impacto a Abraham al ver que estaba hospedando a Dios mismo en su hogar?
Es díficil imaginar que nosotros podamos tener dentro de nuestro hogar al Dios eterno, cenando con nosotros, conversando, pasando el tiempo en nuestra sala.
Pero, por muy díficil que sea pensar en esto - fue una realidad para Abraham.
Abraham estaba compartiendo la mesa con el Dios eterno.
Él pudo haber testificado que llegó a cenar con Dios mismo.
La reacción de Sara
La reacción de Sara
Ahora, la tienda de Sara estaba atrás de la tienda de Abraham.
Sara estaba escuchando la platica que había dentro de la tienda de Abraham.
Ella escuchó cuando Dios le anuncio a Abraham la noticia del nacimiento de un hijo.
Pero veamos su reacción:
11 Abraham y Sara eran ancianos, entrados en años. Y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.
12 Sara se rió para sus adentros, diciendo: «¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor?»
13 Y el Señor dijo a Abraham: «¿Por qué se rió Sara, diciendo: “¿Concebiré en verdad siendo yo tan vieja?”.
La Biblia aclara la edad de Sara para que no haya dudas.
No solo era estéril sino que ya había dejado de menstruar - por tanto un embarazo era imposible.
Así que ella se rió al considerar que después de tantos años tuviera la dicha de ser madre - y sobre todo a su edad avanzada.
Tuvo la misma reacción que Abraham tuvo en Génesis 17:17.
Pero ahora Dios confronta a Abraham y le pregunta porque es que se ha reído Sara.
De hecho, en Génesis 18:15 Dios mismo la confronta.
15 Pero Sara lo negó, porque tuvo miedo, diciendo: «No me reí». «No es así, sino que te has reído», le dijo el Señor.
¿Acaso no tuvo Sara la misma reacción que Abraham en Génesis 17:17?
¿Por qué ahora Dios confronta a Sara mientras que no lo hizo con Abraham?
Seguramente después que Abraham se rió y Dios le aclaro que en verdad él sería padre...
Él tuvo que haberlo contado a Sara.
Él tuvo que haber compartido con Sara como Dios se le apareció para confirmar su promesa que serían padres de un hijo.
...pero tal parece que Sara sigue sin creer.
Tal parece que Sara cree que es imposible que ella pueda ser madre.
Bueno, en verdad, es imposible que Sara sea madre.
Pero, veamos lo que Dios dice:
14 »¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Volveré a ti al tiempo señalado, por este tiempo el año próximo, y Sara tendrá un hijo».
Para Dios no hay nada imposible.
Dios había establecido el tiempo en que Sara tendría un hijo.
Así que la lección para Sara es que no es suficiente creer que Dios tiene poder.
Una cosa es creer teóricamente que Dios tiene poder, que Dios es omnipotente.
Otra cosa es tener en frente una promesa de Dios y creer que Dios es poderoso para cumplir lo que ha prometido.
El problema es que tal vez Sara creía que Dios tenía poder, pero su fe estaba fallando en creer que Dios tenía suficiente poder para cumplir lo que ha prometido.
Conclusión
Conclusión
Es por esta razón que Dios confronta a Sara y le dice que para Dios no hay nada imposible.
De hecho, tarde o temprano Sara aprendió esta lección de tal manera que el autor de la carta a los Hebreos describe la fe de Sara de esta manera:
11 También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel a Aquel que lo había prometido.
Oh que maravilloso que Sara tiempo después, o ese mismo día cuando Dios la confrontó creyó que el Dios de Abraham, y ahora el Dios de Sara es un Dios que es fiel y cumple lo que promete.
Sara se aferro no solo al poder de Dios sino a la fidelidad de Dios - y creyó que podía confiar en el Dios que dio su promesa.
No es suficiente creer que Dios es poderoso - es necesario creer que él cumple sus promesas.
Y esto, es un reto para gente joven y anciana, para gente pobre y rica, para gente que ha conocido a Dios recientemente y para aquellos que han caminado con él toda una vida.
Es un reto cada día creer que Dios es fiel a cada una de sus promesas.
No olvida lo que ha prometido.
Y obra para llevar a cabo el cumplimiento de lo que ha prometido.
...y si somos sinceros, hemos sido testigos de la fidelidad de Dios una y otra vez.
