EL ADULTERIO: DEVASTACIÓN
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EL ADULTERIO: DEVASTACIÓN, ARREPENTIMIENTO Y RESTAURACIÓN
EL ADULTERIO: DEVASTACIÓN, ARREPENTIMIENTO Y RESTAURACIÓN
Texto base: Hebreos 13:4
Textos complementarios: Salmo 41:9; Jeremías 9:2
“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.”
— Hebreos 13:4
IDEA CENTRAL
IDEA CENTRAL
El adulterio no es solamente una crisis sexual; es una violación de la confianza y del compromiso matrimonial que puede llevar una relación al borde de la destrucción. Por eso debe ser tratado con verdad, discernimiento, arrepentimiento genuino, perdón y un compromiso serio con la restauración.
PROPÓSITO
PROPÓSITO
Mostrar la gravedad del adulterio, identificar los factores que pueden conducir a él, comprender las heridas que produce en el cónyuge traicionado y señalar el camino bíblico hacia el arrepentimiento, la verdad, el perdón y, cuando sea posible, la restauración del matrimonio.
CONTEXTO PASTORAL, HISTÓRICO, CULTURAL, LITERARIO Y TEOLÓGICO
CONTEXTO PASTORAL, HISTÓRICO, CULTURAL, LITERARIO Y TEOLÓGICO
Hebreos 13 pertenece a la sección final de la carta a los Hebreos. Después de presentar ampliamente la supremacía de Cristo, su sacerdocio y la necesidad de perseverar en la fe, el escritor lleva esas grandes verdades a la vida cotidiana.
La fe no debía quedarse solamente en conocimiento doctrinal. Debía manifestarse en la manera de vivir, en las relaciones personales, en el trato con los demás y también en la pureza matrimonial.
Por eso declara:
“Honroso sea en todos el matrimonio.”
El matrimonio debía ser tratado con honor.
Y añade:
“y el lecho sin mancilla.”
La intimidad sexual pertenece al pacto matrimonial y debe conservarse en pureza.
Esto tenía una importancia especial en una sociedad donde existían numerosas expresiones de inmoralidad sexual. El creyente no podía adoptar simplemente los valores sexuales de la cultura que lo rodeaba.
La razón final es seria:
“a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.”
El adulterio no es solamente una ofensa contra el cónyuge. Es pecado delante de Dios.
Esta verdad es fundamental cuando se aconseja a un matrimonio quebrantado por una infidelidad.
No basta preguntar:
“¿Qué ocurrió?”
También debemos preguntar:
“¿Cómo se llegó hasta aquí?”
“¿Cuál es la condición espiritual de ambos?”
“¿Existe arrepentimiento verdadero?”
“¿Está dispuesto el ofensor a abandonar el pecado?”
“¿Está dispuesto el cónyuge herido a considerar el camino del perdón?”
“¿Existe todavía disposición para trabajar por la restauración?”
La consejería bíblica comienza con una observación cuidadosa y una identificación sincera del problema.
1. EL ADULTERIO DEBE SER IDENTIFICADO CON VERDAD ANTES DE PODER SER TRATADO
1. EL ADULTERIO DEBE SER IDENTIFICADO CON VERDAD ANTES DE PODER SER TRATADO
Una de las primeras responsabilidades al enfrentar una crisis de adulterio es conocer lo que realmente está sucediendo.
No todos los casos comienzan exactamente de la misma manera.
Algunas veces un cónyuge sucumbe ante una tentación sexual inesperada y cae en la trampa del deseo. Después de la caída puede aparecer un remordimiento profundo.
En otros casos comienza lentamente.
Se desarrolla una relación cercana con un compañero de trabajo, un amigo o una persona del sexo opuesto. Lo que inicialmente parecía simplemente una amistad puede convertirse gradualmente en un vínculo emocional inapropiado.
En otros casos existe un patrón repetitivo.
La persona busca satisfacción sexual en múltiples relaciones impersonales. Puede existir un historial complejo, incluyendo heridas del pasado, pero también decisiones repetidas de pecado que han ido fortaleciendo determinados patrones.
Por eso es necesario conocer al aconsejado.
No debemos apresurarnos a tratar únicamente el acto externo sin examinar el camino que condujo hasta él.
Santiago 1:14–15
Santiago 1:14–15
“Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado.”
El texto muestra un proceso.
Primero aparece el deseo.
Después el deseo atrae.
Después seduce.
Finalmente produce pecado.
Jesús lleva el problema todavía más profundamente.
Mateo 5:27–28
Mateo 5:27–28
“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”
Cristo demuestra que el adulterio no comienza simplemente cuando dos personas llegan físicamente a una relación sexual.
Existe primero una batalla en el corazón.
Por eso la prevención exige cuidar el mundo interior.
Pablo también advierte:
1 Corintios 10:12–13
1 Corintios 10:12–13
“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”
Y continúa enseñando que Dios da salida frente a la tentación.
Esto nos recuerda una verdad importante:
Toda persona puede caer, pero nadie está obligado a caer.
Precisamente por eso deben investigarse cuidadosamente los factores que rodearon la infidelidad.
Es necesario preguntar:
¿Cuál es la condición espiritual de cada cónyuge?
¿Existe un historial de fracaso moral?
¿Fue descubierto el adulterio o hubo confesión voluntaria?
¿Existe una relación emocional que todavía continúa?
¿Hay deseos sexuales desordenados?
¿Existe un patrón prolongado de conducta sexual compulsiva?
¿Hay arrepentimiento verdadero?
¿Existe disposición para rendir cuentas?
¿Está la persona dispuesta a abandonar completamente la relación pecaminosa?
También puede ser necesario examinar otros factores presentes en el historial: estrés, ira, autocompasión, exposición a materiales sexualmente provocativos, problemas profundos del matrimonio o incluso falta de una verdadera relación con Dios.
Examinar estas cosas no significa justificar el pecado.
Significa identificar correctamente el problema para poder tratarlo correctamente.
Aplicación práctica
Aplicación práctica
No esconda aquello que necesita ser llevado a la luz.
Si existe una relación emocional inapropiada, reconózcala.
Si existe lujuria secreta, confiésela.
Si existe un patrón sexual oculto, no lo minimice.
Si siente que está comenzando a debilitarse, busque ayuda antes de caer.
La prevención comienza cuando dejamos de jugar con aquello que puede destruir nuestro matrimonio.
2. EL ADULTERIO DEVASTA PORQUE DESTRUYE LA CONFIANZA DEL PACTO MATRIMONIAL
2. EL ADULTERIO DEVASTA PORQUE DESTRUYE LA CONFIANZA DEL PACTO MATRIMONIAL
El matrimonio se construye sobre una promesa.
Dos personas se comprometen a pertenecerse, acompañarse, respetarse, amarse y permanecer fieles.
Dentro de la seguridad de ese compromiso se desarrolla algo profundamente importante: confianza.
El cónyuge comienza a sentir:
“Aquí tengo un hogar.”
“Aquí puedo ser amado.”
“Aquí puedo ser respetado.”
“Aquí puedo confiar.”
Por eso el adulterio produce una devastación tan profunda.
No solamente introduce otra persona en el matrimonio.
Destruye la seguridad sobre la cual se había construido la relación.
El matrimonio parecía ser un lugar seguro.
Repentinamente deja de parecerlo.
Malaquías describe el matrimonio precisamente en términos de pacto.
Malaquías 2:14
Malaquías 2:14
“Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.”
Observe las palabras:
“tu compañera.”
“la mujer de tu pacto.”
El adulterio es deslealtad contra alguien a quien se había prometido fidelidad.
Por eso el cónyuge herido frecuentemente experimenta una profunda sensación de traición.
El Salmo 41 expresa perfectamente ese sentimiento.
Salmo 41:9
Salmo 41:9
“Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar.”
El dolor aumenta precisamente porque quien hirió era alguien en quien se confiaba.
No era un extraño.
Era alguien cercano.
Era alguien que compartía la vida.
Era alguien que había recibido confianza.
Por eso la herida dice:
“Confié en ti.”
“Compartí mi vida contigo.”
“Creí en nuestra relación.”
“Pensé que nuestra promesa significaba algo.”
Jeremías utiliza también el lenguaje de adulterio y traición para describir la profunda infidelidad de su generación.
Jeremías 9:2
Jeremías 9:2
El profeta describe una sociedad llena de adúlteros y personas traicioneras.
La relación entre adulterio y traición es significativa.
Traicionar significa violar una lealtad, una fe o una confianza que había sido depositada en alguien.
Eso es precisamente lo que experimenta el cónyuge lesionado.
Pero existe otra herida.
Además del sentimiento de traición puede aparecer el autorreproche.
La persona comienza a pensar:
“¿Cómo no me di cuenta?”
“¿Cómo pude confiar tanto?”
“¿Fui un necio por creer que esto podía funcionar?”
Y entonces aparece otra tentación peligrosa:
dejar de creer.
El corazón comienza a endurecerse.
La persona se protege diciendo:
“Nunca volveré a confiar.”
“Nunca volveré a esperar.”
“Nunca volveré a abrir mi corazón.”
Aquí la consejería debe atender seriamente las dos heridas.
Primero, la traición que sufrió.
Segundo, el peligro de que esa traición transforme su corazón en un corazón permanentemente endurecido.
También debe recordarse que dentro del matrimonio existen necesidades profundas de amor y respeto.
Pablo enseña:
Efesios 5:25
Efesios 5:25
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia.”
Y posteriormente añade:
Efesios 5:33
Efesios 5:33
“Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.”
El adulterio ataca precisamente esa estructura de confianza, amor, respeto y compromiso.
Aplicación práctica
Aplicación práctica
Al cónyuge que cometió adulterio hay que decirle:
No minimice la herida que produjo.
No exija que su cónyuge simplemente “lo olvide”.
No piense que unas palabras rápidas pueden reconstruir inmediatamente una confianza que fue destruida profundamente.
Y al cónyuge herido hay que acompañarlo en su dolor sin empujarlo hacia la incredulidad, la desesperanza o un endurecimiento permanente.
La herida es real.
La traición es real.
Pero Dios todavía debe gobernar la manera en que respondemos al sufrimiento.
3. LA RESTAURACIÓN REQUIERE ARREPENTIMIENTO, VERDAD, PERDÓN Y UN NUEVO COMPROMISO CON LA PUREZA
3. LA RESTAURACIÓN REQUIERE ARREPENTIMIENTO, VERDAD, PERDÓN Y UN NUEVO COMPROMISO CON LA PUREZA
Después de descubrirse el adulterio pueden presentarse diferentes situaciones.
En algunos casos el ofensor abandona completamente el matrimonio y se va con la otra persona.
En otros, permanece en el matrimonio pero continúa impenitente.
En otros existe un arrepentimiento profundo y un verdadero deseo de restaurar la relación.
También el cónyuge traicionado puede estar dispuesto o no a trabajar por esa restauración.
Por eso una pregunta esencial es:
¿Existe evidencia clara de arrepentimiento genuino?
No todo remordimiento es arrepentimiento.
Una persona puede sentirse mal porque fue descubierta.
Puede lamentar las consecuencias.
Puede temer perder su familia.
Pero el arrepentimiento bíblico va más allá.
2 Corintios 7:10
2 Corintios 7:10
“La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse.”
El verdadero arrepentimiento produce un cambio de dirección.
No solamente dice:
“Me siento mal.”
Dice:
“Esto fue pecado.”
“He pecado contra mi cónyuge.”
“He pecado contra Dios.”
“Quiero abandonar este camino.”
El material presenta una perspectiva fundamental.
Cuando ambos cónyuges reconocen su propio fracaso delante de Dios, la pregunta comienza a cambiar.
Ya no es solamente:
“¿Qué me hizo mi cónyuge?”
También comienza a ser:
“¿Cómo debo aprender yo a amar como Dios ama?”
El culpable debe reconocer:
“No solamente le fallé a mi cónyuge; le fallé profundamente a Dios.”
Y el corazón que busca restauración comienza a preguntarse:
“Si yo soy un pecador que ha necesitado misericordia de Dios, ¿cómo debo responder delante de Dios hacia mi cónyuge?”
Esto abre la puerta al perdón.
1 Juan 1:9
1 Juan 1:9
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
La restauración comienza con confesión verdadera.
No con excusas.
No con encubrimiento.
No con medias verdades.
Por eso Pablo dice:
Efesios 4:25
Efesios 4:25
“Desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo.”
En una relación destruida por secretos, la restauración no puede edificarse sobre nuevos secretos.
Debe edificarse sobre la verdad.
Y después aparece el difícil camino del perdón.
Colosenses 3:13
Colosenses 3:13
“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros... de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”
El perdón no convierte el adulterio en algo pequeño.
El perdón reconoce que ocurrió algo grave, pero rehúsa convertir la ofensa en el dueño permanente del corazón.
Sin embargo, la restauración matrimonial requiere acciones concretas.
Debe cultivarse nuevamente la fidelidad.
Debe reconstruirse la confianza.
Debe eliminarse la vida secreta.
Debe fortalecerse la pureza personal.
Y precisamente aquí aparecen cuatro principios preventivos importantes.
Primero: afirme continuamente a su cónyuge
Primero: afirme continuamente a su cónyuge
Exprese su compromiso.
No suponga que la otra persona ya lo sabe.
Dígalo.
Muéstrese abierto.
Rinda cuentas voluntariamente.
Segundo: cultive la intimidad matrimonial
Segundo: cultive la intimidad matrimonial
No permita que la relación se convierta simplemente en convivencia.
Continúe expresando cariño.
Conserve las demostraciones sinceras de afecto.
Guarde lo mejor de usted para aquella persona a quien prometió amar y honrar.
Tercero: intensifique la pureza en su mundo privado
Tercero: intensifique la pureza en su mundo privado
No juegue con el pecado sexual.
No mantenga secretos.
No alimente lujuria escondida.
No permita que aquello que comienza en privado termine destruyendo públicamente su familia.
Cuarto: sea absolutamente franco
Cuarto: sea absolutamente franco
No viva detrás de una máscara.
Diga la verdad.
Si siente que comienza a debilitarse, pida ayuda.
No espere hasta después de la caída para reconocer que necesitaba ayuda antes.
La fórmula presentada es sencilla pero seria:
La verdad o las consecuencias.
Conozca la verdad.
Ame la verdad.
Obedezca la verdad.
Viva la verdad.
Hable la verdad.
De lo contrario, tarde o temprano llegarán las consecuencias.
Aplicación práctica
Aplicación práctica
Si usted ha cometido adulterio y realmente quiere restaurar su matrimonio, no comience exigiendo confianza.
Comience demostrando arrepentimiento.
Abandone completamente la relación pecaminosa.
Deje de esconderse.
Diga la verdad.
Acepte rendir cuentas.
Busque ayuda.
Vuelva a practicar pureza.
Y comprenda que reconstruir aquello que fue destruido requerirá humildad y perseverancia.
Si permanece impenitente, la situación requiere una respuesta mucho más seria y puede ser necesaria incluso la disciplina de la iglesia.
Pero si existe arrepentimiento verdadero, existe también una puerta para comenzar a trabajar hacia la restauración.
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
El adulterio puede llevar un matrimonio hasta el borde de la destrucción.
No es simplemente una aventura.
No es simplemente un error.
No es simplemente una debilidad momentánea.
Golpea la confianza.
Golpea el compromiso.
Golpea la seguridad.
Golpea la intimidad.
Golpea profundamente al cónyuge que había depositado su confianza en la relación.
Por eso el tratamiento del adulterio exige conocer toda la verdad.
¿Qué ocurrió?
¿Cómo comenzó?
¿Existe un patrón de pecado?
¿Existe arrepentimiento?
¿Existe disposición para abandonar completamente la inmoralidad?
¿Existe voluntad de decir la verdad?
¿Existe disposición para trabajar por la restauración?
Pero por encima de todas esas preguntas existe una todavía más profunda:
¿Qué está haciendo cada uno delante de Dios?
Porque finalmente el problema no es solamente:
“Le fallé a mi esposo.”
“Le fallé a mi esposa.”
El verdadero arrepentimiento reconoce:
“Le he fallado a Dios.”
Y precisamente cuando una persona comprende la misericordia que ella misma ha necesitado de Dios comienza a comprender también la necesidad de misericordia, perdón y restauración en sus relaciones.
LLAMADO PASTORAL
LLAMADO PASTORAL
Si su matrimonio está sano, no juegue con aquello que puede destruirlo.
Proteja su corazón.
Proteja sus ojos.
Proteja sus conversaciones.
Proteja su mundo privado.
Cultive la intimidad con su cónyuge.
Exprese su compromiso.
Viva transparentemente.
Y si siente que está comenzando a debilitarse, pida ayuda ahora, no después de caer.
Si usted ha cometido adulterio, deje las excusas.
Llámelo por su nombre.
Confiéselo delante de Dios.
Abandone el pecado.
Diga la verdad.
Busque ayuda.
Demuestre con hechos un arrepentimiento verdadero.
Si usted ha sido traicionado, reconozca que su herida es profunda y real. Pero no permita que la traición de otra persona transforme permanentemente su corazón en un corazón incapaz de confiar en Dios, incapaz de esperar y consumido por la amargura.
Y si ambos desean verdaderamente restaurar el matrimonio, comiencen desde el lugar correcto:
delante de Dios.
Que cada uno pueda decir:
“Señor, enséñame a amar como tú amas.”
“Enséñame a caminar en verdad.”
“Enséñame a vivir en pureza.”
“Enséñame a perdonar conforme a tu misericordia.”
“Y restaura aquello que el pecado ha llevado al borde de la destrucción.”
Porque en el camino de Dios no podemos construir sobre secretos.
No podemos construir sobre mentira.
No podemos construir sobre inmoralidad.
Tenemos que volver a la verdad.
Conocer la verdad.
Amar la verdad.
Obedecer la verdad.
Vivir la verdad.
Y hablar la verdad.
EL AMOR FIEL EN EL MATRIMONIO Y LA POSICIÓN DE DIOS FRENTE AL ADULTERIO
EL AMOR FIEL EN EL MATRIMONIO Y LA POSICIÓN DE DIOS FRENTE AL ADULTERIO
Texto principal: Hebreos 13:4
“Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin mancilla, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios.”
Hebreos 13:4
INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Vivimos en un tiempo en el que muchas personas han cambiado su manera de pensar acerca del matrimonio, la sexualidad y la fidelidad. Sin embargo, aunque las opiniones humanas cambien, la posición de Dios permanece firme.
La Escritura presenta el matrimonio como algo digno de honra. Hebreos 13:4 no presenta la fidelidad matrimonial como una simple recomendación, sino como parte de la voluntad moral de Dios para su pueblo.
El texto declara:
“Sea el matrimonio honroso en todos.”
Esto significa que el matrimonio debe ser tratado con respeto, dignidad y fidelidad.
Después añade:
“Y el lecho matrimonial sin mancilla.”
Dios demanda pureza dentro del pacto matrimonial.
Finalmente encontramos una advertencia solemne:
“Porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios.”
Por lo tanto, cuando hablamos de adulterio no estamos tratando solamente con un problema matrimonial o emocional. Estamos hablando de una conducta que Dios mismo condena.
CONTEXTO DEL PASAJE
CONTEXTO DEL PASAJE
Contexto literario
Contexto literario
Hebreos 13 forma parte de la sección final de la carta, donde aparecen diversas exhortaciones prácticas para la vida del creyente.
Después de desarrollar grandes verdades acerca de Cristo, la fe y la perseverancia, la carta muestra cómo esas verdades deben manifestarse en la conducta.
Dentro de esas exhortaciones aparece Hebreos 13:4.
La fe en Dios también debe reflejarse en la manera en que una persona considera su matrimonio y su sexualidad.
Contexto pastoral
Contexto pastoral
La exhortación es profundamente pastoral porque protege algo que Dios considera precioso: el matrimonio.
El adulterio no ocurre aislado de otras personas. El material que estamos considerando señala que el deseo desordenado puede llevar a una persona a pisotear relaciones, compromisos y responsabilidades.
Por eso Dios establece límites.
No para destruir el matrimonio, sino para protegerlo.
Contexto cultural
Contexto cultural
A lo largo de la historia humana, la inmoralidad sexual ha buscado justificarse mediante los deseos personales.
Sin embargo, la Escritura no permite que el deseo humano determine lo que es correcto.
El estándar lo establece Dios.
Por eso el mandamiento aparece claramente desde los Diez Mandamientos:
“No cometerás adulterio.”
Éxodo 20:14
Y también:
“No codiciarás la mujer de tu prójimo.”
Éxodo 20:17
Contexto teológico
Contexto teológico
El matrimonio pertenece al diseño de Dios.
Por eso Jesús, hablando del matrimonio, recordó:
“Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.”
Mateo 19:5
Y añadió:
“Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”
Mateo 19:6
El adulterio es grave porque atenta contra aquello que Dios ha establecido y llamado honorable.
La enseñanza central es clara:
Dios llama al creyente a honrar el matrimonio, rechazar la codicia y la inmoralidad sexual, y vivir en santificación.
1. DIOS HA DISEÑADO EL MATRIMONIO PARA SER HONRADO Y PROTEGIDO
1. DIOS HA DISEÑADO EL MATRIMONIO PARA SER HONRADO Y PROTEGIDO
“Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin mancilla.”
Hebreos 13:4
La primera declaración del texto no comienza hablando del adulterio.
Comienza hablando del matrimonio.
Antes de mostrarnos aquello que destruye el matrimonio, Dios nos muestra cuánto valor tiene el matrimonio delante de Él.
“Sea el matrimonio honroso.”
El matrimonio no debe ser tratado ligeramente.
No debe considerarse como una relación que puede mantenerse solamente mientras satisfaga los deseos personales.
Jesús reafirmó el diseño de Dios cuando declaró:
“Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.”
Mateo 19:5
Y luego dijo:
“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”
Mateo 19:6
Por eso Hebreos declara que “el lecho matrimonial” debe permanecer “sin mancilla.”
La fidelidad sexual forma parte de la honra matrimonial.
El adulterio introduce contaminación precisamente en el lugar donde Dios exige fidelidad.
Por eso la Escritura advierte:
“Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace.”
Proverbios 6:32
El pecado puede prometer satisfacción momentánea, pero trae consecuencias profundas.
El material que estamos estudiando afirma una verdad importante:
Dios perdona ese pecado cuando se confiesa debidamente, pero ese pecado afecta la vida de los que caen en él.
El perdón de Dios no convierte al adulterio en algo pequeño.
Aplicación práctica
Aplicación práctica
Honrar el matrimonio significa proteger deliberadamente aquello que Dios nos ha confiado.
El creyente no debe esperar hasta encontrarse frente a la tentación para decidir ser fiel.
La fidelidad debe convertirse en una convicción establecida previamente en el corazón:
“Mi matrimonio pertenece al diseño de Dios y voy a honrarlo.”
No debemos jugar con aquello que puede contaminar el matrimonio.
El mandato es:
“Sea el matrimonio honroso.”
2. EL ADULTERIO COMIENZA CUANDO LA CODICIA GOBIERNA EL DESEO
2. EL ADULTERIO COMIENZA CUANDO LA CODICIA GOBIERNA EL DESEO
Existe una conexión directa entre dos mandamientos:
“No cometerás adulterio.”
Éxodo 20:14
Y:
“No codiciarás la mujer de tu prójimo.”
Éxodo 20:17
Esta conexión no es accidental.
El adulterio no comienza únicamente cuando ocurre el acto físico.
Antes del acto existe un deseo que no fue gobernado.
El material lo expresa claramente:
El adulterio se basa en la codicia.
La persona comienza deseando algo que Dios no le ha dado.
Puede ser una persona específica.
Puede ser una experiencia sexual.
Puede ser una satisfacción personal.
Pero cuando ese deseo crece y comienza a gobernar la mente, puede llevar a la persona a justificar aquello que Dios condena.
La codicia dice:
“Yo quiero esto.”
Aunque pertenezca a otro.
Aunque destruya compromisos.
Aunque lastime relaciones.
Aunque Dios lo prohíba.
Por eso la Escritura advierte repetidamente en Proverbios acerca del peligro de permitir que la seducción controle el corazón.
Proverbios 5 dice:
“Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa.”
Proverbios 5:8
Observe el lenguaje.
“Aléjate.”
“No te acerques.”
Proverbios 6 añade:
“No codicies su hermosura en tu corazón.”
Proverbios 6:25
Aquí encontramos nuevamente la raíz.
La codicia en el corazón.
Y Proverbios 7 describe el peligro de una persona que permite que esa atracción la conduzca cada vez más lejos.
El problema comienza cuando el deseo deja de estar sometido a Dios.
El material señala que ese deseo puede cegar a la persona hasta el punto de llevarla a justificar su pecado y pisotear relaciones y compromisos.
Aplicación práctica
Aplicación práctica
No espere a que el pecado llegue al acto final.
Examine los deseos.
Examine lo que alimenta en su mente.
Examine aquello que está permitiendo crecer en secreto.
Si existe una relación, conversación, pensamiento o situación que está alimentando una codicia prohibida, la respuesta bíblica no es acercarse para demostrar que puede resistir.
La respuesta es:
“Aleja de ella tu camino.”
No negocie con aquello que puede destruir su fidelidad.
3. LA RESPUESTA BÍBLICA A LA INMORALIDAD ES HUIR Y BUSCAR LA SANTIDAD
3. LA RESPUESTA BÍBLICA A LA INMORALIDAD ES HUIR Y BUSCAR LA SANTIDAD
La Escritura no utiliza un lenguaje ambiguo respecto de la inmoralidad sexual.
Pablo escribe:
“Huid de la fornicación.”
1 Corintios 6:18
No dice:
“Analícenla.”
No dice:
“Acérquense para ver hasta dónde pueden llegar.”
Dice:
“Huid.”
El material lo expresa con mucha claridad:
“Huir quiere decir eso. ¡Escápese! Rehúse. Mantenga una distancia segura. Detenga todo avance hacia la lujuria.”
Y Pablo explica por qué:
“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”
1 Corintios 6:19
Después añade:
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.”
1 Corintios 6:20
El creyente no puede decir:
“Es mi cuerpo y hago con él lo que quiera.”
La Escritura dice:
“No sois vuestros.”
Hemos sido comprados por precio.
Por eso nuestra sexualidad también debe estar sometida al señorío de Dios.
Pablo lo reafirma en otro lugar:
“Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación.”
1 Tesalonicenses 4:3
Y continúa:
“Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.”
1 Tesalonicenses 4:7
Aquí encontramos la voluntad de Dios expresada claramente:
Santificación.
No inmundicia.
No pasión descontrolada.
No adulterio.
Santificación.
Por eso Pablo vuelve a ordenar:
“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz.”
2 Timoteo 2:22
Observe que existen dos movimientos.
Huye de algo.
Y:
Sigue algo.
Huye de las pasiones.
Sigue la justicia.
Huye de la inmoralidad.
Sigue la fe.
Huye de la codicia.
Sigue el amor y la paz.
Romanos también declara:
“Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.”
Romanos 13:14
La victoria no consiste solamente en decir:
“No cometeré adulterio.”
También consiste en:
No proveer para los deseos de la carne.
Aplicación práctica
Aplicación práctica
Sea radical contra aquello que alimenta la tentación.
Si existe algo que despierta o fortalece una pasión pecaminosa, no lo alimente.
Mantenga distancia.
Haga lo que dice la Escritura:
Huid.
Guarde el templo.
No permita que la tentación lo acorrale.
El material recuerda las palabras de Pablo:
“Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre.”
1 Corintios 9:27
La disciplina personal no es exageración cuando está en juego la santidad.
La Biblia no dice que juguemos con la tentación.
Dice:
“Huye.”
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
Hebreos 13:4 nos deja tres verdades que no podemos ignorar.
Primero:
Dios estableció el matrimonio para ser honrado.
“Sea el matrimonio honroso en todos.”
Segundo:
El adulterio está estrechamente conectado con la codicia.
“No cometerás adulterio.”
Y:
“No codiciarás la mujer de tu prójimo.”
Tercero:
La respuesta del creyente frente a la inmoralidad debe ser huir y buscar la santidad.
“Huid de la fornicación.”
“La voluntad de Dios es vuestra santificación.”
“Huye también de las pasiones juveniles.”
La posición de la Escritura no es confusa.
Dios prohíbe el adulterio.
Dios llama a la fidelidad.
Dios llama a la pureza.
Dios llama a la santificación.
Y Hebreos termina su advertencia diciendo:
“A los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios.”
No debemos interpretar la paciencia de Dios como aprobación del pecado.
La advertencia es seria.
Pero también debemos recordar lo que señala el material:
Dios perdona este pecado cuando es confesado debidamente.
Por tanto, la respuesta correcta no es justificar el pecado.
Es reconocerlo, confesarlo, apartarse y volver a caminar conforme a la voluntad de Dios.
LLAMADO PASTORAL
LLAMADO PASTORAL
Quizá alguno está escuchando esta palabra y sabe que ha permitido que una codicia crezca dentro de su corazón.
Tal vez todavía no ha llegado al acto de adulterio, pero está caminando hacia una situación peligrosa.
La Palabra hoy le dice:
Aléjate.
Huye.
No proveas para los deseos de la carne.
Quizá alguien ya cruzó esa línea.
No esconda el pecado.
No lo justifique.
No culpe a otros.
Reconózcalo delante de Dios.
Busque su perdón y tome decisiones concretas para abandonar aquello que lo está alejando de la santidad.
Y a aquellos que están casados, la exhortación permanece:
Honren su matrimonio.
Protejan aquello que Dios les ha confiado.
Guarden su corazón.
Guarden su cuerpo.
Guarden sus compromisos.
Porque:
“Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin mancilla, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios.”
Hebreos 13:4
La voluntad de Dios no es nuestra impureza.
La voluntad de Dios es nuestra santificación.
