ESTUDIO DE SANTIAGO 4.

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ESTUDIO DE SANTIAGO 4.

TEMA: ¿GUERRAS Y PLEITOS ENTRE CRISTIANOS?
INTRODUCCION:
“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas” (1 Co. 1:10–11)
TEXTO: Santiago 4:1–11
EL ORIGEN DE NUESTROS CONFLICTOS.
1¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?
2Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
LA AMISTAD CON EL MUNDO.
4¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
5¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?
6Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
7Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.
8Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
9Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.
10Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.
OBSERVACIONES:
ESTUDIA GRAMATICAL Y LEXICO.
el texto inicia con una pregunta retorica:
<<de donde>> pothen: advervio interrogativo
desde donde — indica la idea de origen o fuente. de donde procede algo. aqui señala el origen y las causa de las guerras y pleitos.
<<las guerras>> polemos-guerra: batalla.
sustantivo, nominativo plural masculino.
sentido: contienda—guerra— una contienda, entendida como si fuera una batalla en un guerra.
significado: guerra, batalla, lucha. -actividad militar
lucha ostilidad, conflicto— pelea, contienda.
desatar un conflicto armado contra un enemigo.
listeralmente se usa para referirse a una guerra en sentido literal, es decir un conflicto armado entre naciones o grupos. pero dependiendo el contexto tambien puede describir una lucha o conflicto.
En este contexto no se refiere a guerras militares sino a un estado de conflictos, hostilidades y que producia enfrentamientos entre los miembros de la comunidad ala cual escribe Santiago. esta en plural entonces indica que era muchas las luchas entre ellos.
<<y>> kai conjuncion logico conectivo. es usasa para agregar algo mas en el argumento.
<<los pleitos>> mache: batalla, pelea.
sustantivo, nominativo plural masculino.
sentido: contencion— batalla- enfrentamiento abierto entre dos grupos contrincantes.
significado: lucha, pelea, riña,
enfrentamiento grave,
usos: 2 Cor 7:5; 2 Tim 2:23; Tit 3:9; Sant 4:1
describe un enfrentamiento o disputa entre personas especialmente en una situacion de conflicto y ostilidad.
la convinacion de estas dos palabra guerras— conflictos, — peleas- contiendas muestras e intensifican lo grave de los conflictos entre los creyentes.
las guerras describe el estado de hostilidad que habian entre los creyentes y los pleitos indica especificamente acciones de confrontacion y riña entre los creyentes unos con otros.
<<entre>> proposicion
<<vosotros>> sy
pronombre personal segunda persona dativo plural.
usado para indentificar a la audiencia ala cual escribe Santiago, los creyentes en la dispersion. Stg 1: 1
los conflictos y guerras eran una realidad entre los crenyentes. y Santiago en esta pregunta retorica esta llevando a su audiencia considerar el origen de los conflictos y contiendas entre ellos.
¿de donde proceden las guerras y los conflictos entre los creyentes?
para responder esta pregunta Santiago usa otra pregunta retorica que revela el origen de los pleitos.
LOS PLACERES PERSONALES.
<<no>> particula negativa. indicador de una pregunta que espera una respuesta afirmativa.
<<de>> preposicion.
<<vuestras>> sy
pronombre personal segunda persona genitivo plural.
usado para indentificar a la audiencia ala cual escribe Santiago, los creyentes en la dispersion. Stg 1: 1
se refiere alas pasiones de la audiencia ala cual escribe.
<<pasiones>> hedone— placer, deleite, pasion.
sustantivo genitivo plural femenino.
sentido: deseo(sentimientos) el sentimiento que acompaña a un estado de insatisfaccion.
significado: placer, sabor, alegria, lascivia.
pasion: deseo sexual)Ti 3: 3
placer o deseo de satisfaccion personal, en un contexto negativo, placer egoista, o deseo desordenado.
las guerras y los pleitos tiene origen en deseos internos que buscan satisfacer nuestros propios placeres y deseos.
<<las cuales>> articulo plural femenino. pronombre demostrativo. (refiriendose alas pasiones)
<<combaten>> atrateuo militar, pelear en guerra.
verbo presente medio participio plural genitivo femenino.
sentido: combatir— ir o hacer guerra.
prestar el servicio militar. hacer la guerra, luchar. lo opuesto es hacer la paz.
santiago afirma que las pasiones combaten hacen la guerrra,
<<en>> preposicion.
<<vuestros>>
pronombre personal segunda persona genitivo plural.
usado para indentificar a la audiencia ala cual escribe Santiago, los creyentes en la dispersion. Stg 1: 1
<<miembros>> melos. miembros (del cuerpo) parte del cuerpo extremidad.
sustantivo dativo plural, neutro.
sentido: uno mismo— partes- una persona considerada como un inidviduo unico, entendida como la usma de todas las partes del cuerpo, a menudo con un enfasis en el aspecto fisico de un serm humano como el asiento de habitos pecaminosos.
miembro, organo. - miembro parte del cuerpo.
Santiago afirma que las guerra y los pleitos provienen del las pasiones que combaten en los miembros del cuerpo nuestro.
las pasiones combaten como pequeños soldados entre los miembros del cuerpo.
la primer pregunta retorica se enfoca en preguntar el origen de las guerras y los pleitos entre los creyentes y la segunda pregunta se enfoca en responde el origen de las guerras y los pleitos, afirmado que vienen de las pasiones del creyente que combaten en sus cuerpos.
Los conflictos entre nosotros se producen debido a nuestros propios deseos.
ahora santiago explica lo que ha dicho sobre el origen de los pleitos los cuales procede de las pasiones. como se manifiestan tales pasiones en los miembros. como se evindeciaba los conflictos entre ellos.
LOS DESEOS INSATISFECHOS.
<<codiciais>> apithymeo. codiciar, desear, tener lujuria.
verbo presenten activo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta.
sentido: ansiar— tener un deseo intenso por algo en particular.
desear, codiciar, aspirar. querer desear,
tener lujuria— un deseo maligno.
<<y>> kai conjuncion logico conectivo.
<<no>> adverbio negativo.
<<teneis>> echo. poseer, tener, aferrar.
verbo presenten activo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta.
sentido: tener — tener o poseer, en un sentido concreto o abstracto.
<<matais>> phoneuo matar, cometer homicidio.
verbo presenten activo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta.
sentido: asesinar— matar intencionalmente y con premeditacion.
usado en Santiago 2:11 "11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley."
<<y>> kai conjuncion logico.
<<ardeis de envidia>> zeloo rivalizar, luchar.
verbo presenten activo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta.
sentido: estar celoso— estar o llegar a estar deseoso de tener esclusividad en una relacion.
tener envidia, ser envidioso. — esforzarse por tener y mostrar gran interes.
codiciar: desear las poseciones de otros.
<<y>> kai conjucnion logica conectiva.
<<no>> adverbio negativo.
<<podeis>> dynamai ser apto.
verbo presente sea medio o pasivo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta sobre si mismos.
sentido: ser capaz— ser o llegar a ser suficientes para satisfacer una necesidad o tarea.
poder tener poder.
<<alcanzar>> apitynchano obtener, conseguir.
sentido: alcanzar (obterner) lograr y obterner una meta.
<<combatis>> machomai. lichar, reñir.
verbo presente sea medio o pasivo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta sobre si mismos.
sentido: discutir(argumentar) pelear verbalmente.
pelear, luchar, discutir.
enfrentarse seriamente, reñir.
<<y>> kai conjucnion logica conectiva.
<<luchais>> polemeo. luchar hacer la guerra.
verbo presenten activo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta.
sentido: argumentar, hacer guerra— pelear verbalmente, consebido como guerra activa.
pero>> conjuncion logico
<<no>> adverbio negativo.
<<teneis>> echo. poseer, tener, aferrar.
verbo presenten activo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta.
sentido: tener — tener o poseer, en un sentido concreto o abstracto.
<<porque>> proposicion.
<<no>> adverbio negativo.
//<<pedis>> aiteo pedir.
verbo presente medio infinitivo.
sentido: pedir(peticion)— hacer una peticion o demandar algo de alguien. //
LOS INTERESES EGOISTAS.
<<pedis>> aiteo pedir.
verbo presente medio infinitivo.
sentido: pedir(peticion)— hacer una peticion o demandar algo de alguien.
<<y>> kai conjucnion logica conectiva.
<<no>> adverbio negativo.
<<recibis>> lambano. tomar, recibir, sujetar.
verbo presenten activo, indicativo, segunda persona plural.
describe una accion contiua y real, realizada por la audiencia de esta carta.
sentido: obtener algo o entrar en posecion de: ya sea fisico o abstracto.
<<porque>> dioti. porque.
conjuncion advervial causal
<<pedis>> aiteo pedir.
verbo presente medio infinitivo.
sentido: pedir(peticion)— hacer una peticion o demandar algo de alguien
<<mal>> kalos. malo , dañino, incorrecto.
adverbio.
sentido: mal (incorrectamente) de una manera mala, maligna, o inadecuada.
<<para>> hina. para que.
conjuncion advervial de proposito.
<<gastar>> dapanao. guistar, destruir.
verbo aoristo activo subjuntivo segunda persona plural.
sentido: ejercer — gastar. aplciar, concebido como pagar con un ese recurso.
gastar, costear.
<<vuestros>>
pronombre personal segunda persona genitivo plural.
usado para indentificar a la audiencia ala cual escribe Santiago, los creyentes en la dispersion. Stg 1: 1
<<deleites-pasiones>> hedone— placer, deleite, pasion.
sustantivo genitivo plural femenino.
sentido: deseo(sentimientos) el sentimiento que acompaña a un estado de insatisfaccion.
significado: placer, sabor, alegria, lascivia.
pasion: deseo sexual)Ti 3: 3
placer o deseo de satisfaccion personal, en un contexto negativo, placer egoista, o deseo desordenado.
COMENTARIOS:
Πόθεν πόλεμοι καὶ πόθεν μάχαι ἐν ὑμῖν Como se indicó antes en la introducción, en la Iglesia primitiva, y en general en cualquier tiempo de su historia, no sólo hay concordia y amor entre hermanos, sino también conflictos. Por lo que se aprecia en la Epístola, la situación vivida bajo el control del Espíritu, en el tiempo siguiente al comienzo de la Iglesia en Jerusalén, donde “la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común” (Hch. 4:32), dio paso a los conflictos y disensiones entre los cristianos. El cambio se produjo en el plazo de muy pocos años. No sólo ocurría esto en las congregaciones establecidas en el mundo judío, sino también entre las iglesias del mundo gentil; como ejemplo de ello la iglesia en Corinto, como se aprecia en el escrito del apóstol Pablo: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas” (1 Co. 1:10–11). Dentro de las congregaciones a quienes Santiago dirige la Epístola, se había introducido la falsa sabiduría, demoníaca, que producía celos y rivalidades (3:14). Para hacerles notar la dificultad, formula, según el estilo retórico utilizado como recurso habitual, una pregunta que exige la respuesta del lector. Con ella pretende que los lectores consideren la causa que producen los conflictos existentes entre ellos. La pregunta es sencilla, literalmente: ¿De donde guerras y de donde luchas entre vosotros?, dicho de otro modo, ¿Qué motivan las luchas y reyertas entre vosotros? El primer sustantivo que utiliza en la pregunta es πόλεμοι, que denota guerras, conflictos, en un sentido genérico de contienda; más que un conflicto ocasional, una guerra continuada, o un estado de guerra (cf. Mt. 24:6; Lc. 14:31; He. 11:34; Ap. 11:7; 12:17; 13:7). Es decir, que en la iglesia se vivía un estado de confrontación continuada entre los creyentes. La segunda palabra μάχαι, luchas, hace alusión a conflictos ocasionales o acciones puntuales dentro de una situación generalizada de contienda. Con esta pregunta les invita a reflexionar sobre las causas que estaban originando un estado continuado de conflicto interno y que en ocasiones se manifestaba en actos más expresivos de esa situación. Los creyentes en lugar de edificarse se enfrentaban unos con otros. La gravedad de la situación consiste, además de en el conflicto o los conflictos en sí mismos, en el hecho de que no se producían entre mundanos, sino entre creyentes: ἐν ὑμῖν, entre vosotros. La forma de vida cristiana que Santiago describe pareciera corresponder mejor a los impíos que a los cristianos. οὐκ ἐντεῦθεν, ἐκ τῶν ἡδονῶν ὑμῶν τῶν στρατευομένων ἐν τοῖς μέλεσιν ὑμῶν. La procedencia de los conflictos se pone al descubierto en una nueva pregunta retórica, literalmente: ¿No de allí, de los placeres de vosotros que batallan en vuestros miembros? El origen estaba en los ἡδονῶν, placeres personales de cada creyente. La palabra utilizada tiene la misma raíz que hedonismo, la doctrina que proclama el placer como fin supremo en la vida. Es el placer personal pernicioso que se asienta en la vieja naturaleza. La palabra aparece cinco veces en el Nuevo Testamento, dos en esta Epístola y las tres restantes en otros lugares. En la parábola del sembrador se utiliza para referirse a lo que puede apagar la acción de la Palabra, cuando está cae entre espinos, que son entre otros los placeres de la vida, que ahogándola no le permiten fructificar (Lc. 8:14). Pablo la utiliza escribiendo a Tito para referirse a la situación propia del hombre perdido (Tit. 3:3). Pedro la utiliza para describir aspectos de la vida de los falsos maestros (2 P. 2:13). Las causas de donde proceden los conflictos tienen asiento en las concupiscencias sensuales de quienes pretendiendo alcanzar lo que no tienen o lo que piensan que se puede perder, generan contiendas. Se trata de cristianos que por buscar sus propios intereses personales y satisfacciones, se involucran y provocan contiendas. Dice Santiago que estos placeres στρατευομένων, combaten, o literalmente guerrean, generan los conflictos puntuales que se manifiestan entre los creyentes. La forma verbal, que está en participio de presente, sugiere una acción continua, es decir, no es un conflicto esporádico o puntual, sino algo que se produce en forma habitual. Las pasiones íntimas y los intereses espurios, generan un estado de conflicto continuado. El problema se manifiesta ἐν τοῖς μέλεσιν ὑμῶν, en vuestros miembros. De otro modo, las pasiones íntimas que llenan el corazón, se manifiestan en acciones externas, mediante la perversión del buen uso del cuerpo. Antes habló de una situación íntima saturada de “celos amargos y de contención en vuestro corazón” (3:14); también de una forma de hablar influenciada por el infierno (3:6). Los miembros del cuerpo están al servicio de aquello que satura o llena el corazón, como centro de la sensibilidad y voluntad humana. Así lo dijo Jesús: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Lc. 6:45). Los miembros controlados por la carne se ponen al servicio de la iniquidad y no de la justicia, de ahí la exhortación que hace a los romanos el apóstol Pablo: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad” (Ro. 6:12–13a). El hecho de que el viejo hombre fue crucificado con Cristo, trae como consecuencia que el pecado ya no puede ejercer la tiranía de esclavitud a que antes sometía a quienes, como hombres, vivían en el mundo, y pertenecían a él. El elemento expresivo de la condición pecaminosa era el cuerpo que, por pertenecer a quien era esclavo del pecado, era también esclavo de la muerte. Sin embargo, debido a la nueva vida en el Resucitado, el actual cuerpo ha dejado de ser expresión de mortalidad para ser expresión de la nueva vida en Cristo. El cristiano vive en un cuerpo de debilidad. El término carne, significa no sólo pecado, sino también debilidad, o limitación. El Verbo de Dios se hizo carne (Jn. 1:14), lo que significa que se revistió de debilidad. En ese cuerpo débil que el hombre tiene, la vieja naturaleza activa las concupiscencias que son propias de ella, por tanto, como agente del pecado trata continuamente de seducir al cristiano para que vuelva a las prácticas que son propias de su estado anterior. Santiago enseña que las caídas del creyente no se deben a tentaciones satánicas sino a la propia naturaleza caída que habita en él (1:13–15). El creyente, con la asistencia de la gracia, en el poder del Espíritu, está dotado por Dios mismo para hacer frente esa situación, impidiendo que el cuerpo sea instrumento expresivo del pecado, obedeciendo las pasiones propias de la naturaleza caída. En la identificación con la muerte de Cristo, la carne con sus pasiones han sido crucificadas: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gá. 5:24). La Cruz ofrece la potencialidad necesaria para hacer inoperante en la vida cristiana las concupiscencias de la carne. Por esa razón en dependencia de la nueva vida en Cristo, vivida en el poder del Espíritu, el creyente puede mantenerse firme en el terreno de victoria en que fue colocado en el Señor. De otro modo, la acción liberadora de la gracia cancela la dependencia esclavizante del cristiano con el pecado: “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuiste entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Ro. 6:17–18). La identificación con Cristo trae una vida nueva, sin ignorar que eso no significa que ya las tentaciones y el pecado han quedado anulados para él. El creyente estaba en el mundo del pecado, donde reinaba también la muerte, ahora, Dios lo libertó de la potestad de las tinieblas y lo trasladó al reino de su amado Hijo (Col. 1:13). Quiere decir que operó un cambio de posición, de modo que de esclavo del pecado pasó a ser libre de él, en esa posición es donde debe mantener toda la firmeza para vivir la vida nueva. Viviendo en Cristo, está también al lado de Dios en la lucha, por tanto los recursos del poder divino están a su disposición para que pueda ser vencedor en Cristo Jesús. Sin embargo, la posición de victoria exige mantenerse en vela contra las asechanzas que vienen del antiguo mundo en donde se desarrollaba su vida. Es un continuo conflicto en el que el pecado trata de recuperar el dominio perdido a fin de someter nuevamente al cristiano bajo su poder. El cristiano ha sido liberado, por la identificación con Cristo, no solo de la pertenencia al pecado y a la muerte, sino también de la influencia esclavizante que el pecado tiene sobre el hombre. En la nueva posición en Cristo, como se ha dicho reiteradamente, la vieja naturaleza no ha desaparecido, sino que está presente en el cristiano hasta la glorificación. Pero, en la vida nueva que el creyente vive en Cristo, los recursos de poder sobre el pecado están a la disposición del salvo. Por tanto, es necesario permanecer en el terreno de santidad, lejos de la influencia del pecado y, por consiguiente, el cristiano no ha de presentar, es decir, poner al servicio del pecado los miembros de su cuerpo, en cuyo caso se convertirían en “instrumentos de iniquidad”, o instrumentos al servicio de la iniquidad. La obediencia trajo como resultado la liberación del estado de esclavitud bajo el pecado, en que se encontraban antes los creyentes. El cambio producido es evidente, los que eran esclavos del pecado pasaron a ser siervos de la justicia. La palabra es la misma para referirse al servicio bajo el pecado o bajo la justicia, de modo que podría enfatizarse la expresión traduciendo: vinisteis a ser esclavos de la justicia. En la condición de esclavitud bajo el pecado, éste ejercía tiranía, la condición de esclavitud bajo la justicia, es la expresión suprema de libertad, al concordar con la vida libre de Dios que la orienta. La libertad equivale a la certeza de servir a Dios. No cabe duda que el cristiano no puede servir a dos señores (Mt. 6:24), especialmente por la incompatibilidad de ellos entre sí. De modo que liberado de la opresión del primero, ahora puede decirse al servicio del segundo que es también quien lo ha liberado. Antes era esclavo del pecado, ocupado en sus concupiscencias, ahora su servicio está en el área de la justicia, es decir, de las acciones concordantes con la voluntad de Dios. La verdadera libertad no es dejar de servir, sino todo lo contrario, ocuparse en el servicio. Quienes están en el servicio de la justicia gozan de la verdadera libertad, que es la libertad del pecado. Nadie piense que la libertad del pecado es la impecabilidad del cristiano; no quiere decir que nunca más pequen, pero lo importante es que el pecado ya no es el amo que los esclaviza. Los miembros del cuerpo de cada creyente si están al servicio de sus propias pasiones o apetitos personales, generan contiendas entre los miembros del cuerpo de Cristo, que son los creyentes. Esta es la llamada de atención que Santiago pretende introducir en el pensamiento de los lectores, invitándoles a reflexionar sobre los motivos de aquella inquietante situación dentro de la iglesia, que contaminaba las relaciones entre ellos. Es interesante apreciar que la respuesta a las dos preguntas retóricas tiene que ver con la carne. Todos los problemas que se generan y que están recogidos en las dos preguntas son algunas de las manifestaciones visibles de la carne (Gá. 5:19–21). La carne forma parte de la naturaleza caída del hombre y está presente tanto en el creyente como en el no creyente (Ro. 7:5, 14, 15). La carne está plenamente identificada con la condición pecaminosa del hombre (Ro. 8:6, 7; Ef. 2:3). La carne es el elemento espiritual que actúa en el hombre desde la caída oponiéndose a Dios y a su santidad. Este elemento corrupto genera obras reprobables delante de Dios. En su acción pecaminosa no solo se opone a Dios, sino que combate contra el Espíritu en el creyente (Gá. 5:17). No es el combate de la carne contra los buenos propósitos del hombre. Eso no es necesario por cuanto en el no regenerado no surge nada bueno conforme a Dios (Ro. 3:12). La lucha es contra el Espíritu que no se ocupa de mejorar la vieja naturaleza del hombre, sino que produce en el creyente regenerado las obras de Dios (Gá. 5:22–23). La carne tiene una intención (pensamiento) antidivino, con una sabiduría opuesta a la sabiduría de Dios (1 Co. 1:18–21, 26–29; 2:5). De ahí el énfasis y contraste que aparece en la Epístola entre ambas sabidurías, la terrenal y la celestial. Muchas de las tendencias pecaminosas de la carne se expresan por medio del cuerpo y de la mente humana, instrumentalizados al servicio de ella (Ro. 7:18; 2 Co. 7:1; Ef. 2:3). Esto queda claramente evidenciado en el actuar de la lengua, en las fricciones entre creyentes, en la mundanalidad y en la arrogancia que se aprecia en el estudio general del escrito.
La carne afecta todas las áreas del ser humano, poniéndolas al servicio del pecado. Las cuatro primeras manifestaciones afectan el área moral (Gá. 5:19–21): “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia”; las dos siguientes afecta el área de la piedad: “idolatría, hechicerías”; las ocho siguientes afectan el área social: “enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias”; las tres últimas: “homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes”, afectan el área de la vida privada del individuo. Es notable apreciar que Santiago está refiriéndose especialmente a las manifestaciones de la carne en el aspecto del área de relación o área social, que genera contiendas y conflictos. Como consecuencia de que la carne afecta plenamente al hombre, no hay nada bueno, en el sentido que Dios establece, que pueda surgir naturalmente de él (Ro. 3:10–18). La naturaleza caída, dominada por la carne, hace surgir, como cosa natural en el hombre, todo lo opuesto a Dios (Mt. 15:19). Por esta misma razón, sólo Dios puede genera en el hombre lo que es bueno y agradable delante de Él (He. 13:21). Las manifestaciones de la carne se producen en el creyente en el momento en que el Espíritu deja de controlarlo y de obrar en él. Este es el gran problema que subyace en el fondo del escrito: creyentes que no viven bajo la dirección del Espíritu, no pueden sino manifestar en sus vidas las obras de la carne. De ahí que el apóstol Pablo requiera a los creyentes: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gá. 5:16), de otro modo: “Mientras andéis en el Espíritu, no satisfaréis los deseos de la carne”. Sólo viviendo en la plenitud del Espíritu se evitan los conflictos y contiendas de las que Santiago dice que se están manifestando en la iglesia. Andar bajo el control del Espíritu y en sumisión a Él no es algo opcional, sino la forma de comportamiento que corresponde a quienes han recibido vida nueva por el Espíritu (Gá. 5:25).
Comentario de la Biblia Matthew Henry CAPÍTULO IV

Puesto que todas las guerras y peleas vienen de las corrupciones de nuestros propios corazones, bueno es mortificar las concupiscencias que luchan en los miembros. Las concupiscencias mundanas y carnales son males que no permiten el contento ni la satisfacción. Los deseos y los afectos pecaminosos impiden la oración y la obra de nuestros deseos para con Dios. Pongámonos en guardia para no abusar o usar mal por la disposición del corazón, las misericordias recibidas cuando se conceden las oraciones. —Cuando los hombres piden prosperidad a Dios, suelen pedir con malas miras e intenciones. Si así buscamos las cosas de este mundo, es justo que Dios las niegue. Los deseos incrédulos y fríos oran negaciones; podemos tener toda la seguridad de que nuestras oraciones volverán vacías cuando responde al lenguaje de las concupiscencias más que al lenguaje de las virtudes

Comentario exegético y explicativo de la Biblia - tomo 2: El Nuevo Testamento CAPITULO 4

EN CONTRA DE LAS GUERRAS Y SUS ORIGENES: LAS CONCUPISCENCIAS DEL MUNDO; LOS JUICIOS MALEVOLOS; INTENCIONES PRESUNTUOSAS RESPECTO AL FUTURO. 1

Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento 4:1–12: Escoja entre Dios y los valores mundanos

Escoja entre Dios y los valores mundanos

La sabiduría de Dios no era la sabiduría populista de los violentos (3:13–18); así que aquellos cuya fe era genuina (2:14–26) no podían vacilar entre las dos opciones. Santiago aquí se dirige a muchos de los pobres, los oprimidos, quienes están tentados a tratar de derrocar a sus opresores y posesionarse de sus pertenencias.

4:1. La mayoría de los filósofos grecorromanos y muchos judíos de la *diáspora repetidamente condenaban a la gente que se dejaba llevar por sus pasiones, y describían esos deseos por el placer como “guerras”. Muchos escritores como *Platón, *Plutarco y *Filón atribuían toda guerra literal a los deseos carnales. De una manera similar, los judíos hablaban de un impulso malo que, según los *rabinos posteriores, dominaban las 248 partes del cuerpo.

4:2. La *diatriba a menudo incluía la *hipérbole, o exageración *retórica gráfica para lograr los efectos deseados. La mayoría de los lectores de Santiago presuntamente no habían matado a nadie literalmente, pero estaban expuestos a los maestros violentos (3:13–18) quienes consideraban que matar era un medio satisfactorio de obtener justicia y redistribución de las riquezas. Santiago, en su lugar, aconseja la oración. (Sin embargo, más adelante él dirige palabras mucho más duras a los opresores; cf. 5:1–6.)

4:3. Las oraciones judías típicamente pedían a Dios suplir las necesidades genuinas; ver el comentario sobre

Comentario Contextual Lexham del Nuevo Testamento El orgullo promueve la contienda (4:1–6)

El orgullo promueve la contienda (4:1–6)

Otra área en la cual los creyentes deben evidenciar buenas obras (1:22; 2:17) es en las relaciones piadosas y armoniosas. Este pasaje fluye naturalmente de los anteriores sobre la lengua (3:1–12) y en la mansedumbre de la sabiduría (3:13–18). Los malos deseos llevan a la avaricia para matar. Si los deseos fueran ordenados correctamente, serían traídos a Dios y serían concedidos. Tal como están las cosas, los deseos humanos a menudo están mal ordenados y, por lo tanto, no se conceden. Los celos de Dios son justos y anhelan las almas de los lectores de Santiago, pero Santiago reprende a sus lectores por ser “adúlteros” (una imagen bíblica resonante; véase

Comentario Bíblico Contemporáneo: Estudio de toda la Biblia desde América Latina La influencia del mundo en la comunidad cristiana (4:1–10)

La influencia del mundo en la comunidad cristiana (4:1–10)

Este pasaje trata el tema de la tentación a justificar los medios que usamos para cumplir fines que encierran malas intenciones (4:3). Comienza señalando que los lectores tienen conflictos y desacuerdos que toda iglesia comparte. Según el texto, la razón de los conflictos es que las personas guardan envidia y hasta matan para obtener lo que desean. Normalmente cuando existe una discordia de este tipo, se debe a que uno desea algo que es pecado: la pareja del prójimo, las posesiones ajenas o el halago que en realidad le corresponde a Dios. Sin embargo, esto no es a lo que el pasaje se refiere, porque dice que los creyentes no tienen, porque no piden, y cuando piden, lo hacen de manera equivocada, para utilizarlo en placeres físicos (4:3). Por lo tanto, lo que están pidiendo no es pecado en sí, sino que el pecado consiste en que a lo que piden le dan prioridad en su vida.

Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 Y 2 Pedro, Judas VIII. CUIDADO CON LAS PASIONES ENGAÑOSAS, 4:1-12

VIII. CUIDADO CON LAS PASIONES ENGAÑOSAS, 4:1–12

Habiendo establecido el centro neurálgico de la fe cristiana como aquella sabiduría que proviene de lo alto, de Dios, Santiago continúa con una nueva serie de advertencias para sus oyentes. Ya les dio cinco, le quedan cinco más. En todas ellas advirtió a sus lectores sobre los peligros de tener un doble ánimo (1:8), del fariseísmo del decir pero no hacer (1:22), de la “fe” que no tiene obras (2:17), del hacerse a uno mismo juez de los demás (2:4), de hacerse a uno mismo maestro más allá de los dones y las determinaciones de Dios (3:1). En lo que queda de la epístola enmarca esas advertencias en las pasiones que nos engañan y en la enemistad contra Dios (4:1, 4), en la vanagloria de la vida (4:16), en la riqueza mal habida y en el oprimir al pobre (5:4), en el desánimo y el desaliento (5:9), y en el olvidarse de considerarnos los unos a los otros (5:15). Todas estas advertencias buscan desarrollar en sus oyentes de un modo práctico aquella sabiduría de lo alto que acaba de describir en 3:13–18.

Comentario Al Nuevo Testamento MI GUSTO O LA VOLUNTAD DE DIOS (Santiago 4:1–3)

MI GUSTO O LA VOLUNTAD DE DIOS

Maduros en Cristo: Estudio Expositivo de la Epístola de Santiago Capítulo 9: Cómo Terminar con las Guerras (Santiago 4:1–12)

Cómo Terminar con las Guerras

El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo Testamento, tomo 4: Hebreos–Apocalipsis A. Conviertan el odio en humildad (4:1–6)

A. Conviertan el odio en humildad (4:1–6)

La aparición de conflictos entre los seguidores de Jesús movió a Santiago a una intensa indignación. La severidad de su tono en esta sección se acentúa por la ausencia de las palabras “hermanos míos”, que utiliza tan frecuentemente en otras partes de la carta. Aquí revela la causa del conflicto, bosqueja las consecuencias del mismo y propone una cura para éste.

1. CAUSA DEL CONFLICTO (4:1–2)

4:1. Como lo había hecho antes, Santiago introduce esta nueva sección con una pregunta retórica: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿De dónde vienen las “guerras” (lit., “el estado de guerra”, polemoi) y “los pleitos” (lit., “disputas individuales” o “batallas”, maj̱ai)? Santiago contesta su propia pregunta diciendo: de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros. El conflicto surge de (ek) los deseos sensuales o placeres internos (jēdonōn, cf. v. 3). El hedonismo, la filosofía del “playboy” que convierte al placer en el fin principal de la humanidad, todavía batalla en el corazón de las personas.

4:2. La guerra es fruto de los deseos ilícitos. La concupiscencia trae consigo el asesinato. La codicia resulta en la frustración de no cumplir los antojos tan ardientemente deseados. Todo conduce a “las guerras” y “los pleitos” que “combaten” contra las personas que se mencionan en el v. 1. La última parte del v. 2, no tenéis lo que deseáis porque no pedís, se entiende mejor cuando se relaciona con el v. 3. Santiago no afirmó que la razón por la que los deseos no eran satisfechos era que las personas no pedían a Dios que los cumpliera. Simplemente revela que la fuente de conflicto está en la profundidad del codicioso corazón humano.

2. CONSECUENCIA DEL CONFLICTO (4:3–4)

4:3. La manera correcta de que los cristianos cubran sus necesidades legítimas es pidiendo a Dios. En gr., el vb. pedís está en voz media, queriendo decir, “pedir para sí”. Una razón por la que el creyente no recibe lo que pide es porque pide mal (lit., “con maldad” o “equivocadamente”, kakōs). La cláusula de propósito que sigue lo aclara aún más, para gastar en vuestros propios deleites. “Gastar” podría trad. “derrochar”. “Deleites” de nuevo es la palabra gr. j̱ēdonais (cf. v.1). ¡Dios jamás proveerá para que se haga un “derroche hedonístico”!

4:4. En lugar del acostumbrado “hermanos míos”, Santiago se dirige ásperamente a ellos con la frase: ¡Oh almas adúlteras! De nuevo formula una aguda pregunta: ¿No sabéis que la amistad (filia) del mundo (cf. “mundo” en 1:27) es enemistad contra Dios? Después añade: cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. La consecuencia es peor aún que terminar con las manos vacías; ¡un cristiano rebelde que tiene una relación ilegítima con el mundo está en enemistad con Dios!

3. CURA PARA EL CONFLICTO (4:5–6)

4:5. Este es uno de los v. más difíciles de trad. en toda la epístola. Una trad. muy lit. sería, “¿o acaso pensáis que en vano la Escritura dice: con celo anhela el Espíritu que hizo su morada en vosotros, pero da más grande gracia?” ¿El “espíritu” se refiere al Espíritu Santo o al espíritu humano? ¿Debe tomarse el espíritu como el sujeto del vb. “anhela” o como su objeto? ¿Debe verse “celosamente” como “un deseo mundano” o como “celo santo”? Muchas trad. son posibles: (a) “El Espíritu que mora en vosotros os anhela celosamente y él da más gracia”. (b) “Él [Dios] anhela celosamente al Espíritu Santo que mora en vosotros y él da más gracia”. (c) “El espíritu [humano] que mora en vosotros anhela envidiar, pero él [Dios] da más gracia. La RVR60 favorece (a). La NVI95 favorece (b), e incluye en notas (a) y (c) como lecturas alternas.

No solamente es la trad. de la oración un problema, sino también la evidente indicación de que procede de la Escritura. La pregunta de Santiago, típicamente retórica; ¿o pensáis que la Escritura dice en vano …?, (kenōs, lit., “vanamente”), introduce la sección. La oración ambigua que sigue no es una cita directa de ningún pasaje de la Escritura. Antes de suponer que Santiago citó algún otro libro sagrado, o alguna trad. gr. del A.T. desconocida, o que simplemente se refirió al sentido general de la Escritura, parece más razonable suponer que se enfocó en la cita del v. 6, declaración tomada claramente de

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