ESTUDIO DE SANTIAGO 4.
ESTUDIO DE SANTIAGO 4.
Puesto que todas las guerras y peleas vienen de las corrupciones de nuestros propios corazones, bueno es mortificar las concupiscencias que luchan en los miembros. Las concupiscencias mundanas y carnales son males que no permiten el contento ni la satisfacción. Los deseos y los afectos pecaminosos impiden la oración y la obra de nuestros deseos para con Dios. Pongámonos en guardia para no abusar o usar mal por la disposición del corazón, las misericordias recibidas cuando se conceden las oraciones. —Cuando los hombres piden prosperidad a Dios, suelen pedir con malas miras e intenciones. Si así buscamos las cosas de este mundo, es justo que Dios las niegue. Los deseos incrédulos y fríos oran negaciones; podemos tener toda la seguridad de que nuestras oraciones volverán vacías cuando responde al lenguaje de las concupiscencias más que al lenguaje de las virtudes
EN CONTRA DE LAS GUERRAS Y SUS ORIGENES: LAS CONCUPISCENCIAS DEL MUNDO; LOS JUICIOS MALEVOLOS; INTENCIONES PRESUNTUOSAS RESPECTO AL FUTURO. 1
Escoja entre Dios y los valores mundanos
La sabiduría de Dios no era la sabiduría populista de los violentos (3:13–18); así que aquellos cuya fe era genuina (2:14–26) no podían vacilar entre las dos opciones. Santiago aquí se dirige a muchos de los pobres, los oprimidos, quienes están tentados a tratar de derrocar a sus opresores y posesionarse de sus pertenencias.
4:1. La mayoría de los filósofos grecorromanos y muchos judíos de la *diáspora repetidamente condenaban a la gente que se dejaba llevar por sus pasiones, y describían esos deseos por el placer como “guerras”. Muchos escritores como *Platón, *Plutarco y *Filón atribuían toda guerra literal a los deseos carnales. De una manera similar, los judíos hablaban de un impulso malo que, según los *rabinos posteriores, dominaban las 248 partes del cuerpo.
4:2. La *diatriba a menudo incluía la *hipérbole, o exageración *retórica gráfica para lograr los efectos deseados. La mayoría de los lectores de Santiago presuntamente no habían matado a nadie literalmente, pero estaban expuestos a los maestros violentos (3:13–18) quienes consideraban que matar era un medio satisfactorio de obtener justicia y redistribución de las riquezas. Santiago, en su lugar, aconseja la oración. (Sin embargo, más adelante él dirige palabras mucho más duras a los opresores; cf. 5:1–6.)
4:3. Las oraciones judías típicamente pedían a Dios suplir las necesidades genuinas; ver el comentario sobre
El orgullo promueve la contienda (4:1–6)
Otra área en la cual los creyentes deben evidenciar buenas obras (1:22; 2:17) es en las relaciones piadosas y armoniosas. Este pasaje fluye naturalmente de los anteriores sobre la lengua (3:1–12) y en la mansedumbre de la sabiduría (3:13–18). Los malos deseos llevan a la avaricia para matar. Si los deseos fueran ordenados correctamente, serían traídos a Dios y serían concedidos. Tal como están las cosas, los deseos humanos a menudo están mal ordenados y, por lo tanto, no se conceden. Los celos de Dios son justos y anhelan las almas de los lectores de Santiago, pero Santiago reprende a sus lectores por ser “adúlteros” (una imagen bíblica resonante; véase
La influencia del mundo en la comunidad cristiana (4:1–10)
Este pasaje trata el tema de la tentación a justificar los medios que usamos para cumplir fines que encierran malas intenciones (4:3). Comienza señalando que los lectores tienen conflictos y desacuerdos que toda iglesia comparte. Según el texto, la razón de los conflictos es que las personas guardan envidia y hasta matan para obtener lo que desean. Normalmente cuando existe una discordia de este tipo, se debe a que uno desea algo que es pecado: la pareja del prójimo, las posesiones ajenas o el halago que en realidad le corresponde a Dios. Sin embargo, esto no es a lo que el pasaje se refiere, porque dice que los creyentes no tienen, porque no piden, y cuando piden, lo hacen de manera equivocada, para utilizarlo en placeres físicos (4:3). Por lo tanto, lo que están pidiendo no es pecado en sí, sino que el pecado consiste en que a lo que piden le dan prioridad en su vida.
VIII. CUIDADO CON LAS PASIONES ENGAÑOSAS, 4:1–12
Habiendo establecido el centro neurálgico de la fe cristiana como aquella sabiduría que proviene de lo alto, de Dios, Santiago continúa con una nueva serie de advertencias para sus oyentes. Ya les dio cinco, le quedan cinco más. En todas ellas advirtió a sus lectores sobre los peligros de tener un doble ánimo (1:8), del fariseísmo del decir pero no hacer (1:22), de la “fe” que no tiene obras (2:17), del hacerse a uno mismo juez de los demás (2:4), de hacerse a uno mismo maestro más allá de los dones y las determinaciones de Dios (3:1). En lo que queda de la epístola enmarca esas advertencias en las pasiones que nos engañan y en la enemistad contra Dios (4:1, 4), en la vanagloria de la vida (4:16), en la riqueza mal habida y en el oprimir al pobre (5:4), en el desánimo y el desaliento (5:9), y en el olvidarse de considerarnos los unos a los otros (5:15). Todas estas advertencias buscan desarrollar en sus oyentes de un modo práctico aquella sabiduría de lo alto que acaba de describir en 3:13–18.
MI GUSTO O LA VOLUNTAD DE DIOS
Cómo Terminar con las Guerras
A. Conviertan el odio en humildad (4:1–6)
La aparición de conflictos entre los seguidores de Jesús movió a Santiago a una intensa indignación. La severidad de su tono en esta sección se acentúa por la ausencia de las palabras “hermanos míos”, que utiliza tan frecuentemente en otras partes de la carta. Aquí revela la causa del conflicto, bosqueja las consecuencias del mismo y propone una cura para éste.
1. CAUSA DEL CONFLICTO (4:1–2)
4:1. Como lo había hecho antes, Santiago introduce esta nueva sección con una pregunta retórica: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿De dónde vienen las “guerras” (lit., “el estado de guerra”, polemoi) y “los pleitos” (lit., “disputas individuales” o “batallas”, maj̱ai)? Santiago contesta su propia pregunta diciendo: de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros. El conflicto surge de (ek) los deseos sensuales o placeres internos (jēdonōn, cf. v. 3). El hedonismo, la filosofía del “playboy” que convierte al placer en el fin principal de la humanidad, todavía batalla en el corazón de las personas.
4:2. La guerra es fruto de los deseos ilícitos. La concupiscencia trae consigo el asesinato. La codicia resulta en la frustración de no cumplir los antojos tan ardientemente deseados. Todo conduce a “las guerras” y “los pleitos” que “combaten” contra las personas que se mencionan en el v. 1. La última parte del v. 2, no tenéis lo que deseáis porque no pedís, se entiende mejor cuando se relaciona con el v. 3. Santiago no afirmó que la razón por la que los deseos no eran satisfechos era que las personas no pedían a Dios que los cumpliera. Simplemente revela que la fuente de conflicto está en la profundidad del codicioso corazón humano.
2. CONSECUENCIA DEL CONFLICTO (4:3–4)
4:3. La manera correcta de que los cristianos cubran sus necesidades legítimas es pidiendo a Dios. En gr., el vb. pedís está en voz media, queriendo decir, “pedir para sí”. Una razón por la que el creyente no recibe lo que pide es porque pide mal (lit., “con maldad” o “equivocadamente”, kakōs). La cláusula de propósito que sigue lo aclara aún más, para gastar en vuestros propios deleites. “Gastar” podría trad. “derrochar”. “Deleites” de nuevo es la palabra gr. j̱ēdonais (cf. v.1). ¡Dios jamás proveerá para que se haga un “derroche hedonístico”!
4:4. En lugar del acostumbrado “hermanos míos”, Santiago se dirige ásperamente a ellos con la frase: ¡Oh almas adúlteras! De nuevo formula una aguda pregunta: ¿No sabéis que la amistad (filia) del mundo (cf. “mundo” en 1:27) es enemistad contra Dios? Después añade: cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. La consecuencia es peor aún que terminar con las manos vacías; ¡un cristiano rebelde que tiene una relación ilegítima con el mundo está en enemistad con Dios!
3. CURA PARA EL CONFLICTO (4:5–6)
4:5. Este es uno de los v. más difíciles de trad. en toda la epístola. Una trad. muy lit. sería, “¿o acaso pensáis que en vano la Escritura dice: con celo anhela el Espíritu que hizo su morada en vosotros, pero da más grande gracia?” ¿El “espíritu” se refiere al Espíritu Santo o al espíritu humano? ¿Debe tomarse el espíritu como el sujeto del vb. “anhela” o como su objeto? ¿Debe verse “celosamente” como “un deseo mundano” o como “celo santo”? Muchas trad. son posibles: (a) “El Espíritu que mora en vosotros os anhela celosamente y él da más gracia”. (b) “Él [Dios] anhela celosamente al Espíritu Santo que mora en vosotros y él da más gracia”. (c) “El espíritu [humano] que mora en vosotros anhela envidiar, pero él [Dios] da más gracia. La RVR60 favorece (a). La NVI95 favorece (b), e incluye en notas (a) y (c) como lecturas alternas.
No solamente es la trad. de la oración un problema, sino también la evidente indicación de que procede de la Escritura. La pregunta de Santiago, típicamente retórica; ¿o pensáis que la Escritura dice en vano …?, (kenōs, lit., “vanamente”), introduce la sección. La oración ambigua que sigue no es una cita directa de ningún pasaje de la Escritura. Antes de suponer que Santiago citó algún otro libro sagrado, o alguna trad. gr. del A.T. desconocida, o que simplemente se refirió al sentido general de la Escritura, parece más razonable suponer que se enfocó en la cita del v. 6, declaración tomada claramente de
