El amor que demuestra que conocemos a Dios
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El amor pone en evidencia una verdadera relación con Dios.
Quien verdaderamente conoce a Dios ha recibido su amor y, por eso, aprende a amar a los demás.
El amor cristiano no nace simplemente de nuestro carácter o de nuestros sentimientos, sino del amor que Dios manifestó en Cristo y que ahora produce en nosotros por medio del Espíritu Santo.
El amor tiene su origen en Dios — vv. 7–10
El amor de Dios transforma nuestra relación con los demás — vv. 11–16
El amor nos permite vivir con confianza delante de Dios — vv. 17–21
Introducción
¿Cómo sabemos que una persona realmente conoce a Dios?
Hay cosas que pueden fingirse.
Alguien puede aparentar conocimiento.
Puede aprender palabras religiosas.
Puede conocer himnos, versículos y doctrinas.
Puede incluso hablar muy bien acerca de Dios.
Pero hay ciertas cosas que son difíciles de fingir durante mucho tiempo.
Una de ellas es el amor verdadero.
Imaginemos una casa que tiene un hermoso árbol de naranjas en el patio. Alguien podría colocar naranjas artificiales en sus ramas para que pareciera que el árbol produce fruto.
Desde lejos podría engañar.
Pero llega el momento en que alguien toma una naranja, la abre y descubre que es de plástico.
¿Qué demuestra que el árbol es verdaderamente un naranjo?
El fruto.
Juan utiliza un principio parecido.
No está diciendo que nuestras obras nos salvan.
Está diciendo que la vida transformada revela la realidad de lo que Dios ha hecho en nosotros.
Y en 1 Juan, una de las evidencias más importantes es el amor.
Juan ya había dicho:
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.
Ahora desarrolla esta verdad con mucha mayor profundidad.
Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.
Y llega a una de las declaraciones más conocidas de toda la Escritura:
“Dios es amor.”
—1 Juan 4:8
Pero debemos tener cuidado.
Juan no está diciendo:
“El amor es Dios.”
Está diciendo:
Dios es amor.
Es decir, el amor verdadero debe entenderse desde el carácter de Dios, no debemos definir a Dios según nuestra idea humana de amor. Esta distinción es importante para evitar convertir el amor cristiano en simple sentimentalismo. (Working Preacher from Luther Seminary)
Entonces la pregunta del pasaje es:
¿Cómo se ve en nuestra vida el amor del Dios que hemos conocido?
I. Dios es el origen del amor
I. Dios es el origen del amor
Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Juan comienza con una exhortación:
“Amémonos unos a otros.”
Pero inmediatamente explica por qué:
“porque el amor es de Dios”.
A. El amor verdadero procede de Dios
A. El amor verdadero procede de Dios
Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.
Aquí encontramos una relación extraordinaria:
Nuevo nacimiento → conocimiento de Dios → amor hacia los demás.
El amor cristiano no es simplemente una característica de personalidad.
Hay personas naturalmente afectuosas.
Hay otras personas muy reservadas.
Juan está hablando de algo más profundo:
el amor como fruto de la obra de Dios en el corazón.
Mas el fruto del Espíritu es amor…
y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
Aplicación
La pregunta no es solamente:
“¿Soy una persona cariñosa?”
La pregunta es:
“¿La presencia de Cristo está produciendo en mí un amor que antes no tenía?”
B. La ausencia de amor revela un problema espiritual
B. La ausencia de amor revela un problema espiritual
El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
Juan presenta una afirmación muy fuerte.
No dice:
“El que no ama tiene una personalidad difícil.”
Dice:
“No ha conocido a Dios.”
¿Por qué?
Porque el Dios que conocemos es amor.
El amor no es simplemente una actividad ocasional de Dios.
Forma parte de quién Dios es.
Por supuesto, debemos mantener este texto junto con todo lo que Juan ha enseñado.
Dios también es luz (1 Juan 1:5).
Dios es santo.
Dios es justo.
Por eso no podemos usar “Dios es amor” para justificar cualquier conducta.
El amor de Dios nunca contradice la santidad de Dios.
C. Dios demostró su amor enviando a su Hijo
C. Dios demostró su amor enviando a su Hijo
En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Aquí Juan pasa de la definición a la demostración.
“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo…”
Esta es una de las claves del pasaje:
El amor bíblico no se define solamente por lo que se siente, sino por lo que se hace.
Dios no dijo simplemente:
“Los amo.”
Envió a su Hijo.
Y Juan continúa:
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros…”
El amor comenzó con Dios.
No fuimos nosotros quienes iniciamos la reconciliación.
No fuimos nosotros quienes buscamos primero a Dios.
Dios tomó la iniciativa.
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Juan 3:16 expresa la misma verdad.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
John Stott señala que el amor de Dios no debe reducirse a una emoción sentimental; el amor divino se hace visible en una acción costosa y concreta: Dios dio a su Hijo para tratar con nuestro pecado.
Esto es fundamental para predicar el amor cristiano:
La cruz es la definición más clara del amor de Dios.
Ilustración
Un padre puede decirle a su hijo:
“Te quiero mucho.”
Y ciertamente esas palabras son importantes.
Pero cuando ese hijo atraviesa una situación difícil, el padre se levanta de madrugada, lo acompaña, hace sacrificios y permanece a su lado, entonces el amor se vuelve visible.
El amor verdadero encuentra una manera de actuar.
Dios no solamente habló de amor.
Dios actuó.
Y su acción tuvo forma de cruz.
Aplicación
Preguntémonos:
¿Estoy comprendiendo el amor de Dios a partir de la cruz?
¿Estoy recibiendo el amor de Dios o tratando de ganarme su aceptación?
¿Mi amor hacia otros nace de haber experimentado el amor de Cristo?
¿Estoy convirtiendo el amor en palabras mientras descuido las acciones?
II. El amor de Dios transforma nuestra relación con los demás
II. El amor de Dios transforma nuestra relación con los demás
Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.
Juan ahora hace una transición lógica:
Si Dios nos amó de esa manera, nosotros debemos amar.
A. Hemos recibido una responsabilidad: amar a nuestros hermanos
A. Hemos recibido una responsabilidad: amar a nuestros hermanos
Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
La palabra “debemos” es importante.
No es una sugerencia.
No es:
“Sería bonito si los cristianos se amaran.”
Es una obligación que nace de la gracia recibida.
Hemos recibido amor → debemos expresar amor.
No amamos para conseguir que Dios nos ame.
Amamos porque Dios ya nos amó.
B. Aunque no vemos a Dios, podemos mostrar su presencia mediante nuestro amor
B. Aunque no vemos a Dios, podemos mostrar su presencia mediante nuestro amor
Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
“Nadie ha visto jamás a Dios.”
Pero Juan inmediatamente añade:
“Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros…”
¡Qué pensamiento extraordinario!
El Dios invisible se hace visible en cierto sentido mediante la vida de su pueblo.
No podemos mostrar físicamente a Dios.
Pero podemos mostrar algo de su carácter.
Cuando una iglesia:
perdona,
sirve,
recibe,
ayuda,
restaura,
soporta,
cuida,
comparte,
está mostrando al mundo algo del carácter de Dios.
Ilustración
El viento no puede verse directamente.
Pero podemos ver sus efectos.
No vemos el viento atravesar los árboles, pero vemos las hojas moverse.
De manera semejante, no vemos a Dios con nuestros ojos, pero la obra de Dios puede hacerse visible por sus efectos en nuestra vida.
C. El Espíritu Santo confirma nuestra comunión con Dios
C. El Espíritu Santo confirma nuestra comunión con Dios
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.
Aquí Juan conecta nuevamente:
amor + permanencia + Espíritu Santo.
El Espíritu no solamente nos da dones.
También produce carácter.
Mas el fruto del Espíritu es amor…
La presencia del Espíritu debe producir una transformación real.
Aplicación
No basta decir:
“Tengo el Espíritu Santo.”
La pregunta es:
“¿Qué está produciendo el Espíritu Santo en mi manera de vivir?”
¿Está produciendo amor?
¿Está produciendo paciencia?
¿Está produciendo perdón?
¿Está produciendo compasión?
D. El amor cristiano está centrado en Cristo
D. El amor cristiano está centrado en Cristo
Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Juan vuelve a enfatizar la confesión:
“Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.”
Esto es muy importante porque conecta el pasaje con los versículos anteriores sobre el discernimiento espiritual.
La verdad acerca de Cristo y el amor cristiano no pueden separarse.
Una iglesia que dice:
“Tenemos amor”
pero abandona la verdad acerca de Cristo, no está siguiendo a Juan.
Y una iglesia que defiende doctrina correcta pero no ama a sus hermanos, tampoco está siguiendo a Juan.
Verdad y amor deben caminar juntos.
D. A. Carson ha destacado repetidamente en sus escritos sobre la iglesia y el evangelio que la doctrina cristiana no es un ejercicio intelectual aislado; la verdad del evangelio debe producir una vida coherente con esa verdad.
E. El que permanece en amor permanece en Dios
E. El que permanece en amor permanece en Dios
Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.
Aquí Juan vuelve a la gran declaración:
“Dios es amor.”
Pero fíjate en la lógica:
Dios es amor → conocemos a Dios → recibimos su amor → permanecemos en Él → amamos a los demás.
El amor cristiano es, por tanto, una evidencia de comunión con Dios.
Aplicación
¿Cómo trato a las personas con las que no estoy de acuerdo?
¿Cómo trato a quienes me han ofendido?
¿Cómo trato a los hermanos que tienen menos recursos?
¿Cómo reacciono cuando otro recibe reconocimiento?
¿Estoy dispuesto a perdonar?
¿Estoy dispuesto a servir aunque nadie me agradezca?
Porque:
Es relativamente fácil hablar de amor en la iglesia; mucho más difícil es amar a las personas concretas que Dios ha puesto a nuestro alrededor.
III. El amor nos permite vivir con confianza delante de Dios
III. El amor nos permite vivir con confianza delante de Dios
En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.
Ahora Juan lleva el tema hacia el futuro:
el día del juicio.
A. El amor perfeccionado produce confianza
A. El amor perfeccionado produce confianza
En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
Aquí Juan no está diciendo que podemos presentarnos delante de Dios confiando en nuestros propios méritos.
Nuestra confianza está fundamentada en Cristo.
Pero el amor de Dios ha sido perfeccionado en nosotros de tal manera que produce una vida transformada.
Y esa transformación produce seguridad.
B. El amor expulsa el temor
B. El amor expulsa el temor
En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.
Este versículo se cita muchas veces fuera de contexto.
Juan está hablando específicamente del temor al juicio.
No significa que un cristiano jamás sentirá temor ante ninguna circunstancia.
Significa que aquel que comprende y experimenta el amor de Dios en Cristo no tiene que vivir esclavizado por el terror de ser condenado.
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
J. I. Packer insistió en que una comprensión correcta de la adopción y del amor paternal de Dios transforma profundamente la manera en que el creyente se relaciona con Él: ya no vive solamente desde el temor, sino desde la seguridad de pertenecer a la familia de Dios.
Ilustración
Un niño pequeño puede entrar en una casa durante una tormenta y sentirse completamente seguro cuando encuentra a su padre.
La tormenta no ha desaparecido.
El ruido continúa.
Pero el niño sabe:
“Estoy con papá.”
La seguridad no viene de controlar la tormenta.
Viene de saber con quién estamos.
Así ocurre con el creyente.
No tenemos todas las respuestas.
No controlamos el futuro.
Pero conocemos al Padre que nos amó y entregó a su Hijo por nosotros.
C. Amamos porque Él nos amó primero
C. Amamos porque Él nos amó primero
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.
Este versículo podría resumir todo el pasaje:
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
¡Qué hermosa declaración!
Nuestra vida cristiana comienza con Dios.
No comienza con:
“Yo decidí amar a Dios.”
Comienza con:
“Dios me amó primero.”
Nuestra respuesta es una respuesta a su gracia.
Y esto también explica nuestra capacidad de amar a otros.
No fabricamos amor desde nuestro interior; aprendemos a amar al recibir y contemplar el amor de Cristo.
D. No podemos amar a Dios mientras odiamos al hermano
D. No podemos amar a Dios mientras odiamos al hermano
Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.
Juan termina con una confrontación directa:
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso…”
¡Qué palabras tan fuertes!
Juan no permite separar:
Amor vertical:
Dios.
Amor horizontal:
Amor horizontal:
el hermano.
Jesús enseñó exactamente lo mismo:
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Y Jesús dijo en Juan 13:34
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
Ilustración
Podemos imaginar a alguien diciendo:
“Yo amo muchísimo a Dios.”
Pero al mismo tiempo no quiere hablar con su hermano, no está dispuesto a perdonarlo, disfruta cuando le va mal y se niega a ayudarlo cuando está en necesidad.
Juan diría:
Hay una contradicción entre lo que esa persona dice y lo que su vida demuestra.
No porque amar al hermano sea fácil.
Sino porque el amor recibido de Dios necesariamente comienza a transformar nuestras relaciones.
APLICACIONES
1. El amor debe comenzar en casa
1. El amor debe comenzar en casa
Antes de preguntarnos:
“¿Estoy amando a la iglesia?”
preguntémonos:
“¿Estoy amando a mi familia?”
¿Cómo hablamos?
¿Cómo respondemos?
¿Cómo perdonamos?
¿Cómo servimos?
2. El amor debe alcanzar al hermano difícil
2. El amor debe alcanzar al hermano difícil
Es fácil amar a quien nos ama.
Jesús dijo:
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?
El amor cristiano se vuelve especialmente visible cuando amamos a quienes no nos resultan fáciles de amar.
3. El amor debe expresarse en acciones
3. El amor debe expresarse en acciones
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
Preguntémonos:
¿Qué puedo hacer esta semana para demostrar amor a alguien?
Una llamada.
Una visita.
Un perdón.
Una ayuda.
Una oración.
Una palabra de ánimo.
Un acto de servicio.
4. El amor no elimina la verdad
4. El amor no elimina la verdad
Este punto es especialmente importante después de 1 Juan 4:1–6.
El mensaje anterior nos enseñó a discernir la verdad.
Ahora Juan nos enseña a amar.
No debemos escoger entre verdad y amor.
Debemos tener:
verdad con amor y amor con verdad.
sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
CONCLUSIÓN
Juan comenzó diciendo:
“Amados, amémonos unos a otros…”
Y termina diciendo:
“El que ama a Dios, ame también a su hermano.”
Entre esas dos afirmaciones encontramos una montaña de verdad:
Dios es amor.
Dios nos amó primero.
Dios manifestó su amor enviando a su Hijo.
Cristo murió por nuestros pecados.
El Espíritu Santo habita en nosotros.
El amor de Dios produce amor en nosotros.
Y ese amor se hace visible en nuestra relación con los demás.
Por eso, la pregunta final no es simplemente:
“¿Creo en el amor de Dios?”
La pregunta es:
“¿El amor de Dios está transformando la manera en que trato a los demás?”
Porque una persona puede hablar mucho acerca de Dios.
Puede conocer mucha doctrina.
Puede cantar muchos himnos.
Puede predicar grandes sermones.
Pero Juan nos recuerda que una de las evidencias más profundas de que realmente conocemos a Dios es esta:
Hemos aprendido a amar como Él nos amó.
“El amor de Dios no solamente nos salva del pecado; también transforma la manera en que tratamos a las personas.”
“No amamos para que Dios nos ame; amamos porque Dios ya nos amó.”
¿Hay alguien a quien necesito perdonar?
¿Hay alguien a quien necesito acercarme?
¿Hay alguien a quien he dejado de amar?
¿Hay alguien que necesita experimentar el amor de Cristo a través de una acción concreta de mi parte?
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
El evangelio comienza con el amor de Dios.
Y cuando ese amor realmente entra en nuestro corazón, no termina en nosotros: pasa a través de nosotros hacia los demás.
(BibleGateway)
