Caminando en la luz (2)

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La verdadera comunión con Dios exige una vida de verdad, santidad y confesión.
Caminar en la luz no significa vivir sin pecado, sino vivir honestamente delante de Dios, reconociendo nuestro pecado y confiando en la obra limpiadora de Jesucristo.
Debemos examinar la autenticidad de nuestra comunión con Dios y a abandonar tanto el pecado oculto como la negación del pecado.
Introducción
¿Qué ocurre cuando encendemos la luz?
Imagine una habitación que ha permanecido cerrada durante mucho tiempo. Las ventanas están cubiertas, las cortinas cerradas y prácticamente no entra ninguna luz.
Mientras permanece oscura, podemos pensar que todo está en orden.
Pero alguien entra y enciende la luz.
De repente aparecen cosas que antes no veíamos: polvo sobre los muebles, manchas en el piso, objetos fuera de lugar, suciedad en las esquinas.
La luz no creó la suciedad; simplemente la hizo visible.
Algo semejante ocurre cuando una persona se acerca verdaderamente a Dios.
1 Juan 1:5–10 RVR60
Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
La presencia de Dios no solamente nos consuela; también nos revela quiénes somos.
Y eso puede resultar incómodo.
Preferimos muchas veces una religión que nos haga sentir bien sin confrontarnos con nuestra condición. Pero Juan presenta un mensaje completamente diferente:
Por eso, si afirmamos tener comunión con Dios, nuestra vida debe ser compatible con esa afirmación.
Juan presenta tres afirmaciones equivocadas:
“Tenemos comunión con Dios” mientras caminamos en tinieblas.
“No tenemos pecado.”
“No hemos pecado.”
Y frente a ellas presenta tres verdades:
Debemos caminar en la luz.
Debemos reconocer nuestro pecado.
Debemos confesar nuestro pecado y confiar en el perdón de Dios.
El pasaje, entonces, nos lleva a una pregunta muy importante:
¿Cómo se ve una persona que realmente tiene comunión con Dios?

I. Quién vive en comunión con Dios debe caminar en la luz

1 Juan 1:5–7 RVR60
Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
Juan comienza estableciendo el fundamento de todo lo que va a decir.

A. La naturaleza de Dios determina cómo debemos vivir

Juan no comienza hablando del hombre.
Comienza hablando de Dios:
“Dios es luz.”
La expresión “luz” comunica, entre otras cosas, santidad, pureza, verdad y revelación.
Dios no tiene una pequeña área de oscuridad escondida en su carácter.
No existe contradicción en Él.
No hay pecado oculto.
No hay engaño.
No hay falsedad.
Deuteronomio 32:4 RVR60
El es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.
Salmo 5:4 RVR60
Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti.
Isaías 6:3 RVR60
Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.
Habacuc 1:13 RVR60
Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él,
Santiago 1:17 RVR60
Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
Por eso, nuestra relación con Dios no puede separarse de nuestra manera de vivir.
No podemos decir que conocemos al Dios santo y al mismo tiempo abrazar deliberadamente aquello que Él llama pecado.
John Stott observa que la afirmación “Dios es luz” establece el fundamento moral de toda la carta: la comunión con Dios debe corresponder con su carácter santo. (StudyLight)

B. No basta con decir que tenemos comunión con Dios

Juan dice:
1 Juan 1:6 RVR60
Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;
Aquí aparece una de las expresiones características de esta carta:
“Si decimos...”
Juan está confrontando la distancia entre lo que una persona afirma y la manera en que realmente vive.
Podemos decir:
“Soy cristiano.”
“Amo a Dios.”
“Tengo comunión con Dios.”
“Conozco al Señor.”
Pero la pregunta de Juan es:
¿Nuestra vida confirma lo que nuestros labios dicen?
La fe cristiana no consiste solamente en declaraciones correctas.
La verdadera fe produce una vida que corresponde con esas declaraciones.
Mateo 7:21 RVR60
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Tito 1:16 RVR60
Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.
Santiago 2:17 RVR60
Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Juan 14:15 RVR60
Si me amáis, guardad mis mandamientos.
Aplicación
Hay una pregunta que debemos hacernos:
¿Existe coherencia entre mi profesión de fe y mi manera de vivir?
No estamos hablando de perfección.
Estamos hablando de dirección.
El creyente puede caer, pero no puede hacer del pecado su hogar.
Puede tropezar, pero no quiere permanecer en el suelo.
Puede pecar, pero cuando la luz de Dios revela su pecado, corre hacia Dios en arrepentimiento.

C. Caminar en la luz significa vivir delante de Dios con transparencia

1 Juan 1:7 RVR60
pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
“Caminar” habla de la manera habitual de vivir.
Caminar en la luz no significa que nunca pecamos.
De hecho, el mismo versículo 7 dice:
“...y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”
Si caminar en la luz significara ser absolutamente impecable, ¿por qué necesitaríamos continuamente la sangre de Cristo?
Caminar en la luz significa vivir abiertos delante de Dios.
No esconder deliberadamente.
No justificar.
No disfrazar.
No llamar “debilidad” a lo que Dios llama pecado.
No cambiar la definición del pecado para sentirnos cómodos.
Caminar en la luz no significa que no tengamos nada que esconder; significa que hemos dejado de escondernos de Dios.
Una persona que camina en la luz no dice: “Yo nunca fallo.”
Dice:
“Cuando fallo, voy a Dios.”

II. Quien vive en comunión con Dios reconoce la realidad del pecado

1 Juan 1:8 RVR60
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
1 Juan 1:10 RVR60
Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
Ahora Juan pasa de hablar de “caminar” a hablar directamente del pecado.
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” (v. 8)
Y nuevamente:
“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso...” (v. 10)
Aquí encontramos dos peligros.

A. El primer peligro es engañarnos a nosotros mismos

“Nos engañamos a nosotros mismos...”
Esto es especialmente peligroso porque el engañado no sabe que está engañado.
Una persona puede engañar a otra conscientemente.
Pero el autoengaño es diferente.
La persona comienza a creer su propia versión de la realidad.
Puede decir:
“No es tan grave.”
“Todo el mundo lo hace.”
“Dios conoce mi corazón.”
“Yo soy así.”
“No tuve otra opción.”
“El problema fue lo que me hicieron.”
“No necesito pedir perdón.”
Pero la luz de Dios no negocia con nuestras explicaciones.
Jeremías 17:9 RVR60
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
Proverbios 14:12 RVR60
Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.
Gálatas 6:7 RVR60
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
Santiago 1:22 RVR60
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
Aplicación
Uno de los mayores obstáculos para el crecimiento espiritual no es simplemente cometer pecado.
Es dejar de reconocerlo.
Porque mientras reconocemos nuestro pecado podemos arrepentirnos.
Pero cuando dejamos de reconocerlo, dejamos de buscar restauración.

B. Negar nuestro pecado significa negar la verdad de Dios

Juan llega todavía más lejos:
1 Juan 1:10 RVR60
Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
¡Qué afirmación tan fuerte!
¿Por qué?
Porque Dios ha dicho claramente que somos pecadores.
Romanos 3:23 RVR60
por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
Romanos 3:10 RVR60
Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;
Eclesiastés 7:20 RVR60
Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.
Negar nuestro pecado no nos hace mejores.
Nos coloca en oposición a la verdad de Dios.

C. Reconocer nuestro pecado no significa vivir bajo condenación

Aquí debemos hacer una distinción pastoral muy importante.
Juan no está intentando llevar al creyente a una vida de culpa permanente.
Está llevándolo a una vida de arrepentimiento permanente.
Hay una diferencia enorme.
La culpa dice:
“Fallaste; no tienes esperanza.”
El evangelio dice:
“Fallaste; ven a Cristo.”
Romanos 8:1 RVR60
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Por eso, la doctrina bíblica del pecado no tiene como propósito destruir nuestra esperanza.
Tiene como propósito mostrarnos por qué necesitamos desesperadamente a Cristo.

III. Quien vive en comunión con Dios confiesa el pecado y descansa en el perdón de Cristo

1 Juan 1:9 RVR60
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Llegamos al corazón pastoral del pasaje:
Este versículo contiene una de las grandes promesas del evangelio.

A. La confesión comienza cuando dejamos de escondernos

La palabra “confesar” implica reconocer nuestro pecado delante de Dios.
No significa simplemente decir:
“Señor, perdóname por todo.”
Aunque una oración así puede ser sincera, la confesión bíblica implica llamar al pecado por su nombre.
Ejemplo:
No simplemente:
“Señor, perdóname por haber fallado.”
Sino:
“Señor, mentí.”
“Señor, tuve una actitud de orgullo.”
“Señor, alimenté resentimiento.”
“Señor, mis palabras fueron injustas.”
“Señor, permití pensamientos que sé que son contrarios a tu voluntad.”
La luz nos permite decir:
“Esto es lo que soy capaz de hacer cuando me alejo de ti.”
Y entonces podemos llevarlo a Cristo.

B. Dios es fiel para perdonar

Observe que Juan no dice:
“Si confesamos nuestros pecados, Dios quizá nos perdone.”
Dice:
“Él es fiel...”
Nuestro perdón no depende de que Dios tenga un buen día.
No depende de su estado de ánimo.
No depende de que nosotros hayamos hecho suficientes obras para compensar nuestro pecado.
Depende de quién es Dios y de lo que Cristo hizo por nosotros.
Salmo 32:5 RVR60
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah
Salmo 103:10–12 RVR60
No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
Isaías 1:18 RVR60
Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
Miqueas 7:18-19 — Dios arroja nuestros pecados a lo profundo del mar.
Miqueas 7:18–19 RVR60
¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Efesios 1:7 RVR60
en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

C. Dios no solamente perdona: también limpia

Juan añade:
“...y limpiarnos de toda maldad.”
Aquí encontramos dos dimensiones maravillosas.
Perdón: Dios trata con nuestra culpa.
Limpieza: Dios trata con la contaminación del pecado.
El evangelio no solamente dice:
“Tu expediente queda limpio.”
Dice también:
“Dios está obrando en ti para hacerte semejante a Cristo.”
La sangre de Jesús no es solamente la base de nuestra justificación; la gracia de Dios también inicia un proceso de transformación.
Salmo 51:7–10 RVR60
Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
Tito 2:11-12 — la gracia nos enseña a renunciar a la impiedad.
Tito 2:11–12 RVR60
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,
1 Pedro 1:15–16 RVR60
sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
2 Corintios 3:18 — somos transformados de gloria en gloria.
2 Corintios 3:18 RVR60
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
1 Juan 3:2-3 — la esperanza en Cristo produce pureza.
1 Juan 3:2–3 RVR60
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
Ilustración
Imagine una ventana que ha estado cerrada durante meses.
Desde afuera entra la luz del sol, pero el vidrio está cubierto de polvo.
Cuando finalmente alguien limpia la ventana, la luz que entra hace mucho más evidente todo lo que había sobre ella.
La luz no hizo aparecer la suciedad; la reveló.
De la misma manera, cuando nos acercamos a Dios, su santidad revela cosas de nuestra vida que quizá preferíamos no mirar.
Pero aquí está la diferencia:
Dios no revela nuestro pecado para abandonarnos en él. Lo revela para llevarnos a Cristo.
La luz de Dios puede incomodarnos, pero también puede conducirnos a la limpieza.
Observación importante
Este pasaje evita dos extremos peligrosos.

Dos extremos: Extremo 1 - “No tengo pecado.”

Eso conduce al orgullo y al autoengaño.

Dos extremos: Extremo 2 - “Tengo tanto pecado que Dios no puede perdonarme.”

Eso conduce a la desesperación.
El evangelio nos coloca en el punto correcto:
“Sí, soy pecador; pero Cristo es mi Salvador.”
No necesitamos negar nuestro pecado.
Tampoco necesitamos vivir esclavizados por él.
Podemos traerlo a la luz porque:
“La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”
Aplicaciones generales

1. Examina la distancia entre tu profesión y tu práctica

Pregúntate:
¿Lo que digo creer se refleja en mi manera de vivir?

2. No escondas aquello que Dios quiere sanar

Lo que escondemos delante de Dios termina gobernándonos.
Lo que confesamos delante de Dios puede ser tratado por su gracia.

3. No llames “debilidad” a lo que Dios llama pecado

La cultura puede redefinir el pecado.
Nuestra tarea no es redefinirlo.
Nuestra tarea es reconocerlo delante de Dios.

4. Aprende a confesar rápidamente

No permitas que un pecado pequeño se convierta en una fortaleza.
Cuando el Espíritu Santo te convenza:
confiesa, arrepiéntete y vuelve a Cristo.

5. No confundas perfección con caminar en la luz

El creyente todavía necesita confesar sus pecados.
La diferencia es que ahora no quiere esconderse de Dios.
Quiere acercarse a Él.

6. Recuerda dónde está nuestra esperanza

Nuestra esperanza no está en poder decir:
“Yo nunca fallo.”
Nuestra esperanza está en poder decir:
“Cuando fallo, tengo un Salvador.”
Y esto prepara naturalmente el paso hacia 1 Juan 2:1-2:
1 Juan 2:1–2 RVR60
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Conclusión
1 Juan 1:5-10 comienza con una declaración:
“Dios es luz.”
Y termina confrontándonos con otra realidad:
“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso.”
Entre ambas afirmaciones está el camino del evangelio:
Dios es luz → nosotros somos pecadores → debemos caminar en la luz → confesamos nuestro pecado → Cristo nos limpia.
Por eso, caminar en la luz no significa poder presentarnos delante de Dios diciendo:
“Mira qué bueno soy.”
Significa poder presentarnos diciendo:
“Señor, aquí estoy. Tú conoces mi corazón. No quiero esconderme. Confieso mi pecado y descanso en la obra de Jesucristo.”
John Stott destaca que caminar en la luz no describe una perfección moral sin pecado, sino una vida abierta ante Dios, en la que el creyente no oculta su pecado sino que lo confiesa y busca vivir en santidad. (Bible.org)
Y esa es precisamente la belleza del evangelio:
La luz de Dios revela nuestro pecado, pero la sangre de Cristo nos limpia de él.
No necesitamos esconder nuestro pecado de la luz; necesitamos llevar nuestro pecado a la luz, porque solamente allí encontramos la limpieza que Cristo ofrece.
¿Estoy caminando realmente en la luz?
¿Hay algún área de mi vida que estoy intentando esconder de Dios?
¿He comenzado a justificar algún pecado en lugar de confesarlo?
¿Estoy viviendo bajo culpa cuando Cristo me invita a recibir su perdón?
¿Estoy dispuesto hoy a traer mi pecado a la luz y descansar nuevamente en la gracia de Cristo?
No huyas de la luz porque revela tu pecado. Corre hacia la luz porque allí está Cristo, y en Cristo hay perdón, limpieza y restauración.
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