Resolviendo conflictos (2)
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Texto base: Santiago 4:1
Textos complementarios: Gálatas 5:15-16; Mateo 18:15-17; Gálatas 6:1-2; Efesios 4:26-27; Romanos 12:18
Tema central: Los conflictos no se resuelven evitando conversaciones, atacando personas o buscando aliados; se resuelven examinando nuestro corazón, hablando directamente y procurando la restauración.
Introducción — Donde hay personas, habrá diferencias
Introducción — Donde hay personas, habrá diferencias
Nadie se escapa de tener un conflicto.
Hay conflictos en el matrimonio, en la familia, en el trabajo, entre amigos y también dentro de la Iglesia.
Donde existen relaciones, existirán diferencias.
El problema no es pensar diferente.
El problema comienza cuando tratamos como enemigo a quien piensa diferente.
Dos personas pueden amar a Dios y aun así no estar de acuerdo.
Pero cuando dejamos que el orgullo, la ira, la murmuración y el deseo de ganar gobiernen nuestra respuesta, la diferencia comienza a destruir la relación.
LEER - PÁGINA 274
Pero si siguen mordiéndose y devorándose, tengan cuidado, no sea que acaben por destruirse unos a otros.
La imagen es fuerte: personas que se muerden y terminan consumiéndose.
Un conflicto mal manejado consume la paz,
desgasta la familia,
divide los equipos y
roba tiempo que debería invertirse en cumplir el propósito de Dios.
Por eso, la pregunta no es si tendremos conflictos.
La pregunta es: ¿Quién gobernará mi respuesta: la carne o el Espíritu Santo?
1. Antes de mirar al otro, examina tu corazón
1. Antes de mirar al otro, examina tu corazón
LEER - PÁGINA 274
¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes?
¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?
Santiago no comienza preguntando:
“¿Qué te hicieron?” Comienza preguntando:
“¿Qué está luchando dentro de ti?”
Esto no significa que siempre seamos responsables de lo que hizo la otra persona.
Alguien realmente pudo mentirnos, traicionarnos o tratarnos injustamente.
Pero aunque no controlemos lo que otros hacen, sí somos responsables de nuestra respuesta.
El conflicto puede revelar:
• Nuestro deseo de tener siempre la razón.
• La necesidad de controlar.
• El miedo al rechazo.
• El orgullo que no quiere pedir perdón.
• Heridas anteriores que todavía gobiernan nuestras reacciones.
• El deseo de castigar a quien nos lastimó.
A veces decimos:
“Esa persona me hizo reaccionar así.”
No exactamente.
Esa persona tocó algo que ya estaba dentro de nosotros.
Si aprieto una naranja, sale jugo de naranja porque eso es lo que contiene.
De la misma manera, cuando la presión nos golpea, termina saliendo lo que hemos guardado en el corazón.
El conflicto funciona como un escáner espiritual: revela lo que necesita ser tratado.
El orgullo sólo genera contiendas,
pero la sabiduría está con quienes oyen consejos.
El orgullo dice: “Yo no hice nada.”
“Que venga él primero.”
“Si pido perdón, voy a perder.”
“Yo sé cuáles fueron sus intenciones.”
El orgulloso no busca comprender; busca vencer.
Pero antes de preguntarte:
“¿Qué tiene que cambiar la otra persona?”,
pregúntate: “¿Qué está revelando este conflicto acerca de mi corazón?”
SI SOLO QUIERO GANAR LA DISCUSIÓN,
PUEDO GANAR EL ARGUMENTO Y PERDER A MI HERMANO.
2. Ataca el problema, no la identidad de la persona
2. Ataca el problema, no la identidad de la persona
REVISAR - PÁGINA 275-276
Uno de los errores más destructivos consiste en convertir lo que alguien hizo en la definición de lo que esa persona es.
No es igual decir “Dijiste algo que no era verdad”, que decir “Eres un mentiroso.”
No es igual decir “Esta vez actuaste irresponsablemente”, que decir “Eres un irresponsable y nunca haces nada bien.”
La primera expresión señala una conducta.
La segunda condena la identidad de la persona.
Cuando atacamos su identidad, la persona deja de escuchar el problema y comienza a defenderse.
Entonces aparecen palabras como:
“Siempre.” “Nunca.” “Todos saben cómo eres.”
“Eres igual que tu familia.”
En ese momento ya no estamos buscando una solución; estamos reuniendo municiones.
Debemos hablar de lo que sabemos, NO de lo que imaginamos.
No digas: “Lo hiciste porque quieres verme fracasar.”
Di: “Esto fue lo que ocurrió y así me afectó.
Quiero escuchar tu versión antes de sacar conclusiones.”
No leemos la mente.
Algunas veces llamamos “discernimiento” a una sospecha que nunca verificamos.
Por eso, en lugar de decir:
“Tú nunca me respetas”,
podemos decir: “Cuando tomaste esa decisión sin hablar conmigo, me sentí ignorado.
Quiero entender qué ocurrió y acordar cómo procederemos la próxima vez.”
Eso identifica el hecho, explica su efecto y abre la puerta a una solución.
NO ATAQUES A LA PERSONA; ENFRENTA EL PROBLEMA.
3. Habla con la persona, no acerca de la persona
3. Habla con la persona, no acerca de la persona
LEER - PÁGINA 278-279
»Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta.
Si te hace caso, has ganado a tu hermano.
Observemos la instrucción: “Ve a solas con él.”
Jesús no dijo: “Cuéntaselo primero a cinco personas para que oren.”
Hay conversaciones que parecen peticiones de oración, pero en realidad son chismes disfrazados con lenguaje espiritual.
El orden bíblico es claro:
Primero, habla directamente con la persona.
Si no escucha, busca la ayuda de uno o dos creyentes maduros y objetivos.
Si persiste en una conducta grave y rechaza toda corrección, busca la intervención de la autoridad correspondiente.
El mediador no debe ser alguien que venga a formar nuestro equipo contra el otro.
No buscamos refuerzos para vencer; buscamos ayuda para reconciliar.
Cuando hables con la persona, no comiences diciendo: “Dios me mostró cómo eres.”
Es mejor decir: “Quiero conversar sobre lo que ocurrió, explicarte cómo me afectó y también escuchar cómo lo viste tú.”
Ve con hechos concretos, en un momento adecuado, sin amenazas y dispuesto a escuchar.
La meta que Jesús presenta en Mateo 18 no es ganar la discusión, sino ganar al hermano.
No dice: “Demostraste que tenías razón.”
“Lograste avergonzarlo.” “Conseguiste que todos se pusieran de tu lado.”
Dice: “Has ganado a tu hermano.”
NO BUSQUES CULPABLES; BUSCA SOLUCIONES. NO BUSQUES ALIADOS; BUSCA RECONCILIACIÓN.
COMENTARIO PASTORAL
Una aclaración necesaria: cuando existe violencia, abuso, amenazas, peligro o un posible delito, la persona afectada no debe confrontar sola al agresor.
Debe buscar inmediatamente protección, autoridades competentes y acompañamiento responsable.
Mateo 18 nunca debe utilizarse para esconder un delito o mantener a una víctima en peligro.
4. El propósito de la corrección es restaurar
4. El propósito de la corrección es restaurar
LEER - PÁGINA 278
Gálatas 6:1, NVI: “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado.”
Pablo no dice: “Los espirituales deben destruir al que falló.”
Dice: “Deben restaurarlo.”
La persona espiritual no es la que grita más fuerte, la que publica indirectas o la que logra que todos se pongan de su lado.
La persona espiritual es capaz de decir la verdad con mansedumbre.
Mansedumbre no significa debilidad.
Significa tener fuerza bajo control.
Podemos decir la verdad sin gritar.
Podemos corregir sin humillar.
Podemos colocar límites sin odiar.
Podemos reconocer un pecado sin desechar a la persona.
Pablo también dice: “Cuídate a ti mismo.”
Antes de corregir, recuerda que tú también puedes fallar.
Quien reconoce su propia fragilidad no corrige desde la superioridad, sino desde la gracia.
Efesios 4:26-27 enseña: “Si se enojan, no pequen.
No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo.”
Sentir enojo no es automáticamente pecado.
El peligro comienza cuando el enojo controla nuestras palabras y decisiones.
Podemos decir: “En este momento estoy demasiado alterado para conversar correctamente. Necesito calmarme, pero me comprometo a retomar esta conversación.”
Tomar tiempo para calmarse puede ser sabiduría. Pero utilizar el silencio para castigar es manipulación.
LA VERDAD SIN AMOR HIERE; EL AMOR SIN VERDAD ENCUBRE. CRISTO NOS LLAMA A RESTAURAR CON AMBOS.
Una aclaración sobre el perdón
Perdonar, reconciliarse y volver a confiar no significan exactamente lo mismo.
Perdonar es renunciar a la venganza y entregar la justicia en las manos de Dios.
Reconciliarse requiere que ambas personas estén dispuestas a reconocer lo sucedido y reconstruir la relación.
Volver a confiar requiere cambios concretos y fidelidad comprobada con el tiempo.
Perdonar no significa llamar bueno a lo malo, eliminar todas las consecuencias o regresar inmediatamente a una situación peligrosa.
LEER EN LA BIBLIA
Romanos 12:18, NVI: “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.”
Hay una parte que depende de nosotros y otra que no podemos controlar.
No toda persona aceptará la verdad.
No toda persona reconocerá su responsabilidad.
No todo conflicto terminará como nosotros deseamos.
Pero sí podemos decidir que nuestra respuesta honre a Cristo.
EL PERDÓN PUEDE SER UNA DECISIÓN; LA RECONCILIACIÓN REQUIERE A AMBAS PARTES; LA CONFIANZA SE RECONSTRUYE CON EL TIEMPO.
Aplicación — Cuatro preguntas antes de enfrentar un conflicto
Antes de conversar, responde estas cuatro preguntas:
1. ¿Qué está sucediendo dentro de mí?
¿Quiero restaurar o castigar? ¿Quiero resolver o solamente demostrar que tengo razón?
2. ¿Qué ocurrió realmente?
Separa los hechos de tus interpretaciones. No conviertas una sospecha en una acusación.
3. ¿Con quién debo hablar?
Habla primero con la persona involucrada, no con quienes no pueden solucionar el problema.
4. ¿Qué solución debemos acordar?
No terminen diciendo solamente: “Ya, todo bien.” Pregunten qué debe cambiar, quién lo hará y cuándo volverán a conversar.
Un abrazo puede cerrar un momento emotivo, pero no reemplaza un acuerdo claro.
Conclusión — La paz también requiere valentía
Conclusión — La paz también requiere valentía
Evitar siempre los conflictos no nos convierte en pacificadores.
A veces solamente demuestra que tememos las conversaciones incómodas.
Un pacificador no ignora el problema.
Lo enfrenta sin destruir a las personas.
Jesús no evitó las conversaciones difíciles.
Corrigió a Pedro, confrontó el pecado y restauró a quienes se arrepintieron.
Y en la cruz hizo algo todavía mayor: no ignoró nuestro pecado, sino que lo enfrentó para reconciliarnos con Dios.
Por eso, cuando aparezca un conflicto, recuerda esta ruta:
Examina tu corazón. Ataca el problema, no a la persona.
Habla con la persona, no acerca de ella. Busca restauración, no victoria personal.
Quizá no puedas controlar la respuesta del otro, pero sí puedes decidir quién gobernará la tuya.
NO TODO CONFLICTO TERMINARÁ COMO YO QUISIERA, PERO PUEDO RESPONDER DE UNA MANERA QUE HONRE A CRISTO.
La madurez espiritual no se demuestra evitando todo conflicto, sino resolviéndolo como Cristo.
