19- Las evidentes obras de la carne [parte 3]
El pecado es evidente porque brota de nuestra carne y no se puede ocultar. Los pecados que veremos hoy son el resultado directo del “egoísmo” del desmedido amor por uno mismo por encima de cualquier otra persona o cosa, lo que nos lleva a odiar, pelear, envidiar y romper la fraternidad entre nosotros como hermanos. Nuestro enemigo nos ataca con tal intensidad que quiere que el deseo de la carne triunfe sobre el deseo del Espíritu y con ello destruya todo a su paso.
Lectura Inicial
19- Las evidentes obras de la carne [parte 3]
[Gálatas 5.19-21]
I. Los deseos cristalizados
[Gál. 5:19]
A. Enemistades
ἔχθρα éjdsra
B. Pleitos
ἔρις éris
C. Celos
ζῆλος zélos;
en mal sentido, envidia, competencia, contienda.
Dios es un Dios celoso,
D. Enojos
θυμός dsumós;
E. Rivalidades
ἐριθεία eridseía
[ambición egoísta] aunque la idea es una “baja ambición” es decir, hacer lo que sea con tal de obtener algo, incluso a costa de lo que sea.
F. Disensiones
διχοστασία
G. Herejías
αἵρεσις jáiresis;
H. Envidias
φθόνος fdsonos;
«mirar con malos ojos, con envidia»; “ardéis de envidia”
Sentimiento de disgusto ante el bien o prosperidad de otros. El efecto nocivo y dañino de la envidia está ampliamente reflejado en la historia biblica.
