La convicción de pecado

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La convicción de pecado

Lucas 7:36–39
“36Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.”

Introducción

Historias parecidas se relatan en los otros evangelios.
Mateo y Marcos mencionan una mujer que derramó un perfume de alto valor sobre la cabeza de Jesús. Juan relata que en casa de Lázaro, María su hermana lavó los pies del Señor y loa ungió con perfume.
Estos tres evangelios enfatizan el alto costo del perfume, como una ofrenda costosa que la mujer ofrece a Jesús.
Pero Lucas se enfoca en el perdón de los pecados.
Si consideramos que todos hablan de la misma mujer, concluimos que presenta a Jesús una ofrenda del alto precio, acompañada de adoración y quebrantamiento, en gratitud por el perdón de sus pecados.
Es interesante porque la mayoria de personas buscaban a Jesús para pedirle algo.
Pero esta mujer lo buscó para ofrecerle esta ofrenda, algunas otras personas que buscaron a Jesus fueron en su mayoría mujeres.
Esta mujer entendió el gran valor del perdón de Dios, no había nada más valioso que podía pedir.

Buscar al Señor a pesar del rechazo

La mujer estaba convencida que solo Jesús podía perdonar sus pecados, una revelación que había recibido de Dios, no de su inteligencia.
Como la revelación que recibió Pedro de que Jesús es el Cristo: Mateo 16:17 "Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos."
Ella se enteró que El Señor estaba el casa del fariseo Simón.
No había ninguna esperanza que fuese invitada a su casa, primero porque la juzgaban pecadora, y segundo por ser mujer.
Pero este obstáculo no la detuvo, se metió a la casa sin permiso a riesgo de ser humillada y acusada ante la ley.
Su necesidad era tan grande que no le importaba, al igual que la mujer cirofenicia estuvo dispuesta a sufrir humillación con tal de obtener un milagro del Señor. Mateo 15:21-28
De manera que ser humillada por causa de Cristo era un precio que estaba dispuesta a pagar.
Ella no buscaba la honra del hombre, sentarse a la mesa de este fariseo importante, tampoco codiciaba los banquetes, eso le era irrelevante.
Su necesidad y anhelo era Cristo y llegó para adorarlo, para ofrecer una ofrenda de alto precio.
Lavó los pies del Señor con sus lágrimas, los secó con su cabello y los ungió con el perfume.
Para secarle los pies debió quitarse el velo, acción que era considerado indecoroso.
Pero esta mujer estaba dispuesta a ser despreciada por causa del maestro.
Esta actitud tuvo David cuando se despojó de sus ropas reales para danzar frente al arca, sufrió el desprecio de su esposa Mical.
2º Samuel 6:21–22 "Entonces David respondió a Mical: Fue delante de Jehová, quien me eligió en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para constituirme por príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel. Por tanto, danzaré delante de Jehová. Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo a tus ojos; pero seré honrado delante de las criadas de quienes has hablado."
Vil = humillarse, hacer el ridiculo, rebajarse.
Es despojarnos de nuestro prestigio, posición social y honra ante los hombres.
Apocalipsis 4:10–11 "los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."
Encontramos el favor de Dios cuando nos humillamos:
Santiago 4:6 "Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes."

Relacionarse con pecadores

La mentalidad religiosa siempre despreciará a los que consideren pecadores… No se dan cuenta que ante Dios todos somos pecadores.
Lucas 7:39 "Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora."
Los fariseos tenían un concepto equivocado de la santidad, creían que podían contaminarse de pecado por el contacto personal.
Sus prejuicios eran fruto de su egoismo y su deseo de la alabanza de la gente.
Los fariseos equivocadamente confiaban en sus ritos, costumbres y estatus social para ser justificados ante Dios.
Por eso, con desprecio habla mal de la mujer que lavaba los pies del Señor.
Esa mentalidad lo alejaba más de Dios.
Pero esa pecado que despreciaba, va al reino de Dios antes que él, no por sus meritos sino por buscar la misericordia de Dios.
Mateo 21:31 "¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios."
El Señor no tenía problema en convivir con pecadores… nadie podía contaminar su santidad.
Toda persona con que Jesús se relacionó era pecadora… incluso María.
Lucas 1:47 "Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador."
Somos llamados a llevar el evangelio a los pecadores, no tenemos problema con relacionarnos con ellos mientras que no influyan en nosotros.

Reconociendo nuestra condición

Lucas 7:40–43 “40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.”
Simón el fariseo no había dicho nada…
Pero el Señor conocía sus pensamientos, por eso le contó esta corta parábola.
Lucas 7:41–42 "Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?"
El perdón de deudas era conocido por el fariseos porque en la ley se establecía.
Deuteronomio 15:1 (NTV) “Al final de cada séptimo año, tienes que anular las deudas de todos los que te deban dinero.”
El fariseo sabía en teoría del perdón de deudas como también del perdón del pecados, pero no lo había experimentado.
Por eso el Señor quiere mostrarle cuál es la reacción de los que logran entender el valor del perdón de Dios.
A uno se le perdonó 50 denarios (Q.6,500) al otro 500 denarios (Q.65,000)
El fariseo responde que a quien se le perdonó más, va a amar más.
Jesús está revelando que todos somos pecadores, que algunos pecan más que otros, pero al final todos pecamos.
El ser humano no tiene manera de medir ni juzgar la cantidad de pecado cometido. Eso le compete solo a Dios.
Al final todos somos pecadores.
El punto es: Va amar más al Señor quien ha entiendo lo mucho que se le ha perdonado, pero los que creen que no han pecado mucho, no amarán al Señor.

Recibida por el Señor y perdonada

Por un lado la mujer ofrendó un perfume muy valioso al Señor como expresión de profunda grantitud y amor, además se humilló, se quebrantó y derramó lagrimas de gratitud y amor.
Por otro lado, el fariseo invitó a una comida al Señor sin darle la honra que Él merecía.
Lucas 7:44–46 “Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.”
Era una cortesía que el anfitrión lavara los pies de los invitados distinguidos.
Si el anfitrión era rico lo hacía un esclavo.
Este fariseo no lavó los pies del Señor, pero la mujer lavó los pies del Señor con lágrimas y los secó con su cabello.
También se acostumbraba dar la bienvenida con beso a quien consideraban amigo digno de honra.
El fariseo no lo hizo, pero la mujer besó los pies del Señor. Besar los pies era simbolo de adoración.
Un acto más significativo era ungir a los invitados colocandoles crema o aceites perfumados para refrescarlos y crear un ambiente agradable.
Este gesto se danba unicamente a invitados aun más distinguidos, pero el fariseo no lo hizo con Jesús.
Esta mujer usó un muy costoso perfume para ungir los pies del Señor, este gesto superaba todo gesto de hospitalidad.
Por un lado el fariseo no sabía quien era El Señor, por lo tanto, aunque lo invitó a comer, quizá para aparentar piedad ante los hombres.
Mientras que la mujer si sabía quien es El Señor, no podía ofrecerle los manjares que le ofrecía el fariseo, pero le ofreció algo mejor: una adoración y gratitud sincera, acompañado de expresión es de amor y devoción.

Conclusión

Nadie le enseñó a la mujer hacer esto, no lo hizo como rito religioso, tampoco con la intención de que el Señor le devoviera multiplicado el valor del perfume.
Lo hizo expontánemante, fruto de su amor, gratitud y devoción.
Podemos tener una religión con ritos, tradiciones y reglas, lo lo hacemos por puro trámite o costumbre, como queriendo comprar de Dios su favor… No será recibio por Dios.
Pero si lo hacemos expontáneamente, con gratitud por lo que Él ha hecho por nosotros, entonces será una ofrenda agradable delante de Dios.
Necesitamos pedirle que habra los ojos de nuestro entendimiento para que comprendamos lo mucho que nos ha perdonado, para poder así presentarle una adoración sincera, llena de amor y gratitud.
Juan 4:23–24 "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren."
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